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^
.m.J •
I.
l 1/
ARTES
DE LA
INQUiSIZION ESPAÑOLA.
PRIMER TRADUCZION CASTELLANA ,
DE LA OBRA ESCRITA EN LATÍN.
POR EL ESPAÑOL
BAIMUNDO GONZÁLEZ DE MONTES.
I En tettem produco Re^naldum Goasal*
Tium Montanutn , Hispanum , partem
maximam libelH {quem ilentm in lucem
producimus , non tamen sine psnore)
autorem. Hie igitur prodeat , tí artes
Inquisitorum secreíiores nobis exponat.
Quas qui legerit , mirum , ni in lacry-
mas protinua resolvatur 1 mirum , m
protinus ohslupescai ! >
[J. Ursino , en el Prólogo.]
• - ^ -
• <• j
AÑO DE MDCCCLI.
Cil titulo de un libro , que con éntüta verdai
-exprese , del todo, su asunto i contenido, cuan-
do ambas cosas sean de interés jenerál , debe
asegurarle una merezida estimazion de sus lec-
tores ; si la odiosidad , o la prevenzion , contra
el objeto o la persona del Escritor , no se pu-
sieren de por medio. — I si esto es asi ; el titu-
lo de este Libro , que , pareze , no puede ser
ni mas proprio , ni mas verdadero ; le hará re-
comendable seguramente , ante sus lectores :
pues , conforme vayan pasándole , irán viendo,
que cuanto abraza , haze verdaderas , las pro-
mesas afntepuestas «n su Portada.
Mas lo que realmente constituye la impor-
tanzia de e^e volumen , no se zifra sólo (para
los que ahora vivimos) en el adecuado , i bien
desempeñado titulo , i en lo raro ¿el libro ; ni
>aun en el asunto de que trata , considerado en
jenerál. Libros antiguos bai , cpn títulos bien
expresivos i propios , cuya reimpresión , seria
hoi tan insufrible , como inútil: — I, en cuan-
II
'to a ia Inquisizion , i sus prozederes , asunto
^Ae la obra ; no digamos, en aquellas partes del
mundo , bendezidas por la Providenzia , con el
goze inestimable de una amplia libertad de
conzienzia ;'pero , hasta en nuestra España ,
hai ya , en ámanos de muchos , varios escritos
exzelentes ,.qne demuestran, cuan ajena de
humanidad , cuan pestilente i anticristiana co-
sa, era la Inquisizion. — La importanzia pe-
culiar jde este volumen ^consiste , en ser el pri-
mero , que en el siglo xvi publicó los ocultos
prozederes de la Inquisizion de España , i con
tal verazidád , que nadie hasta ahora le des-
mintió con fundamento : al paso , que los mas
acreditados escritores de todas clases , i los
mismos documentos del Santo Ofízio,porlos
amigos de la Inquisizion publicados , corrobo-
ran i afirman dicha verazidád.
Véanse dichos Escritores i Documentos. De
ellos se hazen algunas 4ndicaziones , las menos
que se puede , en el Apéndize que va al fin de
este volumen.
Léanselas Relaziones de sus Autos de Fé,
impresas i aprobadas por el Santo Ofizio ; los
Prozesos que formaba : los Indizes Expurgato-
rios , Reglas , Directorios , Manuales : en su-
III.
ma , todo cuanto aquí , por brevedad , apelli-
daré , «Memorias Orijinales Históricas , Mer-
cantiles I Literarias del Santo Ofizio» ; —
i se conozerá > de lleno , la exactitud , i la im-
porfónzia de esta obrita de Montes.
Se tradujo a las prinzipales lenguas de Eu-
ropa : se reimprimió en su orijinal latino ; i
apesar de ésto , apenas de nombre , se conoze la
obra en España , ni de ella bai publicada , tras-
lazion ninguna en castellano. La presente , su-
plirá , . en% parte , el vazio. — I para que no se
condene su ejecuzion, con demasiada ¿everidad^.
considérese lo que sigue.
La traduczion se hizo , teniendo á la vista el
solo orijinal, sin su&traducziones: i la encargó
el editor , a persona que aun jioi mismo ignora,
que baya trasladádose a otras lenguas. Asi hai
una seguridad de estar solo traduzidas las vo-
zes e ideas del Autor , sia ir mezcladas con*
las de sus interpretadores. La versión es , de
quien estudió las lenguas latina i griega con-
algún detenimiento : pero que no tiene ape-
go , o parzialidad, a esta clase de^investigazio-
nes relijiosas , i que, cual otros en España , no
perteneze a escuela ni secta determinada de
iglesia conozida. Quizá por esta circunstanzia ,
preBrió el editor , al propio , el ajeno trabajoi
Se hizo ademas esta (raduciion , para reini-
prímir junto con ella el teito : lo que se hubie*
ra llevado a- efecto , a no haber considerado ,
que iba a duplicarse el costo i volumen del libro.
mutitmente ;. pues boten dia apenas hai espa-
ñoles, que lean los Autores Clásicos : i menos ,
aun entre jente eclesiéslica, hai quien se ocupe
en leer el latín de libros como el de Montes ,
cuyo latino estilo se 1^ habia ftrsado a tener ,
como a Antonio Pérez, la neceñdad de la pere-
grinación , retoñando en la vejez acaso , los
prínzipios, que aprendió en su raozedad.* Mas
QO temo asegurar . que quien ladeare este vo-
lumen con el teito^ latino del Montes, le baila-
rá tan bteral, que está como estarzida cada una
de sus frases, í aun cada una de sus vozes, fue-
ra de (Miquísimas. Por ejemplo , el superlativo-
latino, con otro superlativo está aqui traduzido .
aunque ocurran tres o mas superlativos , poco
separados, i esto cause mal efecto en castellano,
í recuerde la bien-becbacciticade Cervantes. —
En la paj. 218 del texto, al pintar la sagazidád
ibioiue uUo ordií
1 40-41 i el p[
V
dé los Inquisidores de Se?iUa , se usan estas
frases metafóricas : =slnqui8itares eo fiU capiU
deprehenso alque apprehmso insequutoque in
totum iUius EedesÜB fUdulum perveneruni , ce-
peruni matrem cum pMis, ac nidum íp««m« sa»
etc. que, en latín, corren bien admitidas, hasta
en nuestros tiempos: pero que tienen que cho-
car, i aun parezer ridiculas , en esta traduc
zion, paj. 239 i 240, por no ser sufribles para
la delicadeza castellana , apesár de qm el no
traduzir ahí literalmente — nidulum illíus Ecle-~
sise — , es alterar, o falsificar el orijinal » que , .
con semejantes vozes, describe claramente, la
pequenez , i todavía tiernos prinzipioe , de lfr.> ^
rezien nazída reforma hispalense. — No sin cui-
dado se pone que el orijinal vaxomo estarzido
en la versión: pues , realmente , en ella se sa-
crifican, a tal intento, asi los ornatos, lindura,
artifizios de estilo , i las maneras con que los
modernos escritos aspiran a recomendarse (tal ■
vez con tino i gusto dé poca fuerza) ; como la t
pasión, i aun recursos de literarias eleganzías, .
con que, acaso, hubiera podido presentarse ata«^
viado este volumen. Propio trasunto , i sacado >
por mano española, del escrito de un espaftol ,
en que se expresan con las naturales e inafecta-
VI
das frases de un perseguido peregrino , la tíra*^
nía i desolazion del fanatismo , constantemente
aplaudidas i triunfantes , donde no se halla es*
tablezida i amada , la libertad relijiosa ; — este
libro ,^ ni tiene , ni puede tener armonías retó-
ricas , ni compasadas bellezas de elocuzion.
Consiste su mérito, en ser trasunto del latino ,
exzeptuadas mui pocas vozes , i esas pocas , no
sin motivo. Sirva de ej. este paso, de la paj. 140.
«Tiene esta aczion sus ciertos aczesorios , o por
«mejor dezir , tiene esta Pascua del pueblo de
«Dios (o sea tránsito desde Ejipto a aquella tier-
ttfa prometida , desde el mundo al Padre', su
«Parasceve , esto es , su preparazion. Juan 13*",
i.»-que es traduczion del siguiente , que se lee
en la paj. 150 del or. lat.- «Habet haec actio
«sua parerga quaedam , seu! ut aptius dixeri-
«mus , habet hoc populi Dei Pascha (pelah id
«est transitus ab Aegipto ad terram illam pro-
«missam , e mundo'ad Patrem ) suum Parasce-
«ve , idest prseparationem.» - Donde , como se
ve , la voz-peía^,-que es manifiesta errata de -
pesah, - solo se indica en la traduczion , por la
otra voz tramito , que equivale a la del testo -
transitus. De modo^ que por esa repetizion ,
ella es una de las mui pocas vozes aqui supri-
midas. Las que ocunen con mucha frecuenzia
en el texto , i que tienen una importanzia oías
privativa i peculiar, se dejan intactas, i casi
literales. Por ejemplo : con la de piedad , se
traduze casi siempre la voz pietas^ que tanto
juega por toda la obra : porque el vocablo reít-
jion , su equivalente vulgar , seria traduczion
mas ambigua . pues en Espafla , hemos hecho
vozes como esta , de varia i aun sospechosa azep'
zioD. Suele tenerse por Telijion , lo que no es
piedad : 1 muchos , dentro de la Península , no
llaman piedad, al conoztmiento , amor , 1 culto
verdadero de Dios. De otras vozes , traduzidas
con flojedad , se dá el texto latino en las Notas :
i en ellas se menzionan las erratas del mismo.
Va , pues , esta versión , mui literal, mui atada
a las palabras del texto; i tiene que aparezer en
partes , diñcnltosa , pesada , desapazible. Siem-
pre son diferentes , el carácter i síntesis parti-
culares de cada idioma : pero , el seguir cuida-
dosamente , afectadamente , si se quiere, a un
Autor, por donde él va, como si se pusieran los
pies sobre sus misinas huellas , me pareze in-
dispensable , en casos como el presente , i en
países como el nuestro , donde aun se brinda
por el reatablezimiento del Santo Ofizio , en los
comités do algunos clérigos. Creo bastan esa»~
indicaciones, para que el lector oo condene esta.
vei-üiun, i en ella juzgue resultados de la pereza
o descuido , lo que es determinado propósito
de una bien intenzionada voluntad.
[ ahora , veamos lo que hai de notable en la
¡tuerte e historia de esta obra . desde su publi*
cazion. Esta se hizo , por vez primera , en
Heidelberga en el aiTo<de 1567 , según lo dite
(aPorlada. Pero , sien el mismo aíio ,se hi-
zieron dos ediziones de toda la obra , o solo de
la Portada , es lo que no me atrevo a dezJdir.
Que la Portada se imprimió dos vezes, se lo-
probarán al lector , las dos que le presento cui*
dadosamente reimpresas. El eiactisimo Joeef
Hendham , mas que por sus largos aBos , res*
petable por sus escritos , para todo el que ame-
la verdad ; posee un ejemplar del Montes , con-
la portada de 2.' Edizion , a mi parezer. La 1.
portada , es la que tienen los dos ejemplares-
vistos por mi : i de la otra , me dio aviso B. B.
WirTen , cuya constante dilijenzia en el estudiO'
de nuestros relijiosos Autores , le reúne siem-
pre en mi memoria , a laque tengo de eltoe.
En el conrronto de ambas portadas , se notarát-
cn la lin. 15 diversidad en la vot-suppliciü: —
i que las que son lineas 16/ i 17/ en la una ^
son 17/ i 18/ en ia otra. La voz » HeidelbergíE,
difiere también » en el diptongo , i en el espazio*
que ocupa en ambas. En cuanto a las pajinas ,
que son 297, i al escudo que va al fin , i a las
28 lineas que tiene cada pajina , pareze que- se
conforma en un todo el ej. que J. M. posee ,
con los dos por mi vistos : i éstos , entre si ,
después de haberlos examinado con detenimien-
to , los he hallado enteramente parejos , fuera
de que en la paj. 54 lineas 5 i 6 se lee en el
unoxagentisqui accusarat»-i en el otro-«agen-
ti is qni accHsarat.» Pero esta sola discrepanzia,
no es sufiziente para asegurar , que se hiziesen
dos ediziones en dicho año. Lo que sí me consta
es , que 44 afios después , se hizo otra edizion,
con este titulo :-Hispanic8e Inquisitionis et car-
nificinae Secretiora. Ubi prseter illius originem;
processus tyrannicus , in Fidelium Religioni» ^
reformatae confessorum , comprehensione : Bo-
norum secHestratione : Audientiis varii generis:
Testium publicatíone , et confutatione : Artibus
inquirendi alus , etiam secretioribus : Captivo-
rum victu, et reliquis vitae subsidiis : Carcerum
yisitatione : sententiarum denique publicatione
et interpretatione , describitur : Exemplis itlus-
triuríbus tutn Hartyniin , (iim Arliculoram el'!
Itegularum laquisitoiiarum , in Fine adjectis.
Per JoACHiHtiH Ursimiv , Anli-Jesuitam , de
lesuitis , i|ui [nquisitionem Hispanicam in Ger-
nianiam et Itohemiam vicinam introducere mo-
liuntHr.preerantein.-Ainbergn,— ApudJohan-
nem Sebón fe Id i uin. — M.DCXI. =>Esta edi-
zion , apesar de esa var/ada Portada , contiene
iiUegra , i mejor reimpresa , la obra de nuestro
González de Montes. Oigo , mejor reimpresa ,
porque Ursino .dividió en párrafos el texto (di*
visión que he adoptado ) , enmendó algunas
erratas , i nada suprimió , ni alteró , de la Gd.
orijinál. La adizionó , a mas , con varias noli-
zias al priiizípio , i Gn del volumen , que no sin
razón . tuvo por buen engaste , para la prenda
de nuestro paisano : i por eso dize que * con
usuras . la devolvia al publico: Pondré , talvét ,
al Gn , Nota , azerca de Ursino . i su volumen :
pero aquí baste repetir , que su Libro , contiene
integro el de Montes : — i que hoi, es tan rara ,
sino mas . la reimpresión hecha en Amberga el
aOode 1611 como la EdizioD orijiual de Hei-
delberga de a. 1567.
Draioo, pueilD ea la portada.
XI
^o es , cierto , la suerte que ba cabido a las
'producziones literarias de los españoles , el
punto menos interesante en nuestra patria Li-
teratura , ni el menos enlazado , con los desa-
fueros , i atropellos , que de nezesidad , perpe-
tró la Inquisizion en España. Al meditar sobre
eso , limitémonos , únicamente , a la obríta de
Montes. Uno , al cual conozemos bajo tal nom-
bre , aunque, es dable , fuese el Lie. Zafra o
cualquier otro; — huye de las cárzeles de la In-
quisizion de Sevilla : estropeado el cuerpo por
-los tormentos : dilazerada el alma con la inten-
sidad de amargos dolores : cuenta, para adver *
tir a sus amigos , como leczion de su bautismo,
cual fué la causa , de aquellos susdias de pena:
i esto , lo refiere , de modo , que toda clase de
evidenzia interna i externa , favorablemente le
abonan : i le abonan como testigo verazisimo ,
e irrecusable por .parte de la Inquisizion. I, en V
-semejante estado , ¿qué había de hazer , a no
renunziar a su propia exislenzia « el llamado
Santo Ofiziof Tenia que prohibir rigurosamen-
te, el libro del acusador , al mismo tiempo, que
del revelador de sus misterios: i lo prohibió : i
con toda cautela , rejistraba sus connotados en
los Indizes : desacreditaba al Autor i a la obra
\
I
todo lo posible : i quemaba ctiaoloe 'qemplaret
adqairia. — No exittír , o proieder ni , en todo
cafio, fué siempre la disynDtWa a qae ae lió m-
jeu la InquiBiiion. I siempre loa resnludoa ,
contrarios del todo , a los buenos propósitos i
fines, por ella proclamados. Los Indiiei Expur-
gatoriút , han venido o ser la recomeadanon
mas eficaz i jeneral , de las produciiones del
pensamiento. — I las cárzeles, juiíios, i bogoeras
del que se llamaba Tribunal de Fé , son ahora
la fé del verdadero bautismo , i la prenda de
imperezedera salud, de Ins, por él, acrisolados.
I , luego : i qué se logró con las Inquisitorias
artes T Ahí está bosquejada la suerte e historia
de este Libro, por claro comprobante. No aca-
bó a los rigores de la persecuzion, ayudada por
el trascurso de los siglos : i hoi reaparete . í
vulgarizado, como antes no, en nuestra lengua
castellana, i con cierta afizion i cariño impreso.
— Lecziun bastante , que nos instruye en sos
dos extremos. La exislenzia de ia InqniBÍiioii.
penderá siempre de las artes, que Montes dm
revela. La exístenzia de la Inquisiuon , jamás
dará los buenos resultados , que , ciegos , los
Inquisidores proclaman.
Súfraseme , que para prueba de los efectos
'de la Inquisiiion , recuerde aquí , con poquisi-
'masfrasM , la situazioQ de Espafla , i manera
-de eiUtir de loe Españoles. El estado actual de
España , es menos inmoral , menos irrelijioso ,
que el de los pasados siglos : pero, todavía , es
el resultado, del sistema de educanion nazíonal,
-establezido por la Inquisizion. Aun hai jente
dentro de Espafia , que considera a Satanás,
■como a Plutón , soberano de las rejiones infer-
nales : que mira a laVirjen Haría , revestida
'con todalabellezai atribu tos de Venus, i la ado-
ra como a Reina del Cielo , i madre del mismo
Dios : — i la supone ud ilimitado poder en el
Cielo! Aun bai espafloles , qne se dizen Cristia-
nos , i creen , no en un solo Mediador entre
Dios i el bombre , Jesu-Crísto , sino en miles
-de ánjeles, i de arcánjeles , i en millones de es-
pirituB de deificados hombres i mujeres, a qoie*
oes dirije» oraiiones , i erijen altares : i de cu-
yos milagros está imbuido el vulgo del pueblo.
El despotismo espiritual , se establezió por la
Inquisizion de tal manera en España , qu^aun
tiraniza , con una crueldad que desconoze el
remordimiento, sobre nuestros cuerpos i nues~
tras almas. Prohibido e«tá el uso libre de las
Escrituras : i a la expresión de opiniones reli-
jiosas, que no tienen la sanzióD de Roma, se la
mai'ca con el nombre de herejía , i al hereje ,
se le encausa,! con de na. —Siguen perdonándose
los pecados espafloles, con la venta de Bulas e
Induljenzias; í España, aturdida , o aletargada
aun coa los narcóticos inquisitoriales , sigue
llenando la áurea copa de la iniquidad pontifi-
zia. I, como si los espafloles, por liaber sufri-
do la liiquisizion , i la esclavitud del africano ,
i aun del indio, debiéramos tener perpetuamen"
te esclavizada el alma, i extinguido en nuestros
pechos todo sentimiento moral , todo pensa-
miento cristiano; nuestra educazion inquisito-
rial DOS represenu, como peligrosa , la lectura
del sagrado volumen : i la mayor parle de los
espanoles temen , tocar siquiera , el desnudo
texto de la Biblu , i todavía mas , examinarla
por si mismos con cristiana libertad, i , solo uno
que otro, se atreve a mirarla revestida , i en-
mantada ya, coD el ropaje de comentos , i ano-
laziones, i traslaziones, a la malizia, que los In-
dizt^ (le la Inquisizion señalan. — 1 de aqoi di-
mana, que la relijion, en vez de inculcamos a
los esjiarkDles , grandes prinzipios , i dejarnos
libre el entendimiento , para desenvolverlos i
aplicarlos ; nos ñja determinadas fórmulas de
XV
fé » i de prácticas. I habiendo enseñádonos
Cristo , que toda la lei i los profetas , penden
de los dos grandes mandamientos , de amar a
Dios, i de amar al hombre ; — nosotros, creemos
aun, con nuestra Inquisizion española , que el
prohibir a nuestro prójimo el libre ejerzizio de
sus relijiosas creencias, o perseguirle i aun que-
marle , si rehusa obedezer a los opresores de
coneienzias ; es obra , i deber de cristianos. — I ,
cuando no ignoramos , que Cristo no enseñó
metafísicas, ni constituyó sistemas, ni inculcó
creencias inintelijibles , ni recomendó , como
cosa meritoria, a sus discípulos, el postrar su
razón; los españoles, quietos en el brete In-
quisitorio, deben todos ellos dezir, que piensan
de un modo mismo, sobre un mismo credo es-
crito , i que juran i tienen una misma fé reli-
jiosa, como provechosa , indispensable, i única
verdadera. I esto no basta. Es preziso , que los
españoles, los buenos españoles , para merezer
ese dictado, o el de españoles ranzios , i netos;
crean , que la inlerpretazion de la Escritura ,
es privativa de los clérigos , i de los clérigos
inquisitorios ; i que éstos, son los únicos men-
sajeros acreditados, los únicos expositores ver-
daderos de los oráculos del Altísimo. La som-
\
bra solo de la Inquisiiion basta toOavia , pan
exijir de los españoles una confesión de infali-
bilidad de loE Papas , no creida nunca por na-
die: i para que Espada aumente fuerza , i au-
toridad de Prinzipes terrenales, a Papas , que
la saben recompensar, con el azote de un Con-
cordato , planeado en la fábula que i'efiere los
conciertos del Lobo i de la Oveja. * En Espafia
debe ser todavía el majistrado civil , el laca-
yuelo de los clérigos , i ha de ir unas vezes
alumbrando la prozesion, i otras ba de llevar a
la carzel , al que los clérigos le seflalen : — i el
español, ba de tener toda su vida , por articulo
de fé, que el brazo del hombre, es la ayuda ne-
zesaria de la omnípotenzia de Dios; í que la es-
pada de bien templado azaro , es la constante
i mas eGcaz aliada de la Espada del Espirito. I
todo esto , lo ha de mezclar el español . en la
práctica de su vida, con un completo olvido de
otra existenzia, i de otro destino futuro : i los
españoles, para ser puros católicos, hemos de
correr . vestidos con chambergo , zamarra i es-
capulario . de la cama a la misa , de la misa a
los toros, i a la cofradía, i a los teatros , i al
XVII
estanco a comprar el cigarro i la Bula: i Ihv
mos de comer de TÍernes , i pagar dotes de
monjas, i edocamos besando en la calle las ma-
nos tabacosas del clérigo : si no queremos ser
considerados como protestantes !!!
Ahora bien , si paraque exista la inquisiiion,
tiene que existir del modo que nos refiere Mon-
tes , plenamente justificado , en esto , por Ma*
canáz , Puigblanch, Llórente , i otros muchos:
— i , si de la existenzia de la Inquisixion , se
orijinan , para un pais , los resultados que ahi
se trazan , i que conduzen a una irrelijion na-
zional ; i falla asi todo cálculo de buena inten-
zion , lo mismo que todo cálculo de interesadas
miras , que puedan tener , o tengan, los Inqui-
sidores , i fautores de la Inquisizion; — ¿no será
cosa justa i saludable , i enteramente cristiana ,
el huir ya , para siempre , de las trájicas e inú-
tiles Artes Inquisitorias , como de la mas pes- r "^v
tifera i vergonzosa dolenzia de la mente huma-
na? ¿Cual fué siempre el fruto de toda persecu-
zion? ¿No le señalan bien claro , los hechos bien
lagrimosos , de los que , en cualquiera deno-
minazion extraviados , se pusieron a servir con
violenzias materiales » al delirante dogmatismo
de las sectas ? Las vidas de Torquemada » de
XVIIl
Malvenda, de Bartolomé CAaaANí*, de Calh-
Kti , de oíros muchos iareliieB , persegoidorM i
perseguidoB ¡ nos muestran de ana manera ia-
tiudable , que uno de los príowros deberes de
todo hombre, es el de no cohibir , o reapeUr la
lAerlad relijioia de otro : i que uno de los debe-
res prinzipales de todo cristiano , es no tras-
pasar , la mas minima tHde . de aquellos bendi-
tos prezeptos del Efanjelio, que nos recuerdan,
Mateo XIII , 37—30 , i Lucas ii. 49—55 . Juan
XIII , 34 — 55 , i que son para los hombres, ina-
gotable tesoro de Libertad , i fuente perenne
de Paz. Siguiendo esos dulzes preceptos , no
volverá a produíirla Literatura de Espafia , Li-
bros tan lúgubres como el de Montes ; porque
DO volverá a reaparezer en ella , la mas iufa-
maate i devorarlora lepra que manchó su suelo:
el estabiezimiento anticristiano de la Inquisí-
zion. 1 asi se cumplirá en santidad , la verdad
santa , que la irreverenzia consignó en los es-
tandartes , inquisitorios,^ Exurge Deui , íw
dica causam tttam= : ya que El solo ,'puede ser
el único juez de los espíritus.
8. G.-m. 1851.
\
i
SANCTvE
INQVISITIO-
NIS HISPANICE ARTES ALI-
quot delectas , ac palam traductae.
EXEMPLA ALIQVOT , PRAE-
ter ea qua suo qu£qu3 loco in ipso opere apar
sa sunt , seorsum reposita , in quibas easdem
Inquisitorias artes veluti in labulis
quibusilam in ipso porro exer-
cilio intueri licet.
ADDIDIMVS APPENDICIS VICE
piorufü qttorumdam martyrum Chrisli elogia, qui
cammorlissupplictumoblideicotifessionemChrisíi-
ana consUtntia tulerint , Inquisitoi'es eos tuis ar-
tibus per/idice ac defectümü infamorint.
Ex urge Deus iudica causam tuam Psat. 74.
REGINALOO GONSALVIO
Montano aulhore.
HEIDELBERGAE
M.D.LXVIl,
PorltulB del ej. que poie» I. Hvadham-
SANCTAE
INQVISITIO-
NISHISPANICAE ARTES ALI-
qaot detectas y ac palam traductae.
EXEMPLA ALIQVOT, PRAE-
ter ea quae suo qu£q3 loco in ipso opere spar
sa sunt , seorsum reposita , in quibus easdem
Inquisitorias artes veluti in tabulis
quibusdam in ipso porro exer-
citio intueri licet.
ADDIDIMVS APPENDICIS VICE
piorum quornmdam martyrum Christi elogia, qui
€um moriis supliciu ob fidei confessionem Ch ristia-
na conftantia tulerintjnquisitores eos suis ar-
iibtis perfidicB ac defectionis infamarint.
REGINALDO GONSALYIO ^
Montano authore.
• •
Exurge Deus, indica causam tuamPsal. 74.
HEIDELBERGiE
M.D.LXVII.
ALGUNAS ARTES
DE LA
SANTA INQÜISIZION
ESPAÑOLA
DESGCBIBRTAS * 1 AL PUBLICO MANIFIESTAS.
CON VARIOS EJEMPLOS . PUESTOS POR
separado , además de aquellos » que van dise-
minados , en convenientes lugares , por toda la
obra. En los cuales ejemplos , pueden verse
puestas en práctica las artes inquisitorias,
como en cuadros pintadas.
I POR VIA DE APÉNDIZE, SE AÑADEN
elójios de algunos piadosos mártires de Cristo ,
que por sufrir la muerte en un suplízio , con
cristiana constanzia , por la confesión de su fé ;
se vieron infamados , i de perfidia , i defeczion, ^^^
por los Inquisidores , con sus malas ^^^
arterías , acusados.
POR REYNALDO GONZÁLEZ DE MONTES.
«Levántate, Dios , juzga tu causa. S. 74.»
HEIDELBERGA
M. D. LXVII.
i
tapitíüos de las cosas contenidas en la parle
primera de este librito : dispuestos por el orden
€on que los mismos Inquisidores proceden en sus
juiztos.
Jmpr
i
43
17
39
54
63
82
86
103
123
129
162
1 Razón particular , o modo peculiar , que
suele guardarse por los ínquisidoi^es ,
al hazér comparezér los delatados an-
te su tribunal , i el que tienen para
prenderlos.
2 Secuesirazión de bienes » dicha comíin-
mente secuestre.
3 De las varias Audienzias.
4 De la Publicazión , que llaman , de tes-
tigos.
^ Délas confutaziones de los testigos.
6 De las sentenzias de tormentos , i de su
^cuzion.
7 De oíros modos de inquirir.
8 De otras artes mas secretas.
9 De la manera de tratar a los cautivos
en <:t(anto al raimen de vida.
10 Délas visitas de cárzeles.
11 Da los autos de fé ,o publicazión de
las sentenzias.
12 De la interpretazion de las sentenzias.
Lo demás , azerca del oríjen de la Inquisi-
ción i otras cosas dignas de saberse , entenderá
el lector por el prefazio.
;.
PUEFAZION.
Ejn la gran coofusion de cosas por las que tan- 1
tos pueblos i nazioaes, contra sus propios vezL
nos i Gonc ludada DOS , esto es , contra las entra-
ñas mismas de su patria , por causa de la Inqni-
sizioQ (si es licito dezir la verdad) toman las ar-
mas , defendiéndola unos como cosa sacrosanta
i sobre lodo provechosa a la república , i esFor-
zándose otros por el contrario , no tanto en es-
tirparla , cuanto en rechazarla de sí , como una
servidumbre indigna de hombres libres ¡ ¿ podrá
alguien dudar con fundamento . cuales son , en-
trellos, los que como locos, se enTurezcan?
Pues DO es posible que teniendo unos i otros
prestas ya las armas, estén también por unos i
por otros la justiiia i el derecho , cuando es
tanta la diversidad de parezeres como la de vo
!uatade8 : i si los unos tomaron con razón las
armas , no pueden los otros con razón tenerlas.
Tampoco pare¿e verosímil que las supremas
potestades del orbe , (dejando a un lado el nu-
meroBO roigo de las clases mu humildet qae
juzgaron deber tomar a Bñ argo el defendeiia
de todos modos , i que todos los aflos con so-
ma derozion i no menor pompa a ras decretos
bajo juramento se obligan , se apartrat de lo
2 verdadero i de lo justo : * sobre todo . cuando
ni ellos Tueron sus primeros inventores , ni la
defienden como cosa , poco ba de ia tierra en-
jendrada , sino que rezibida de ans mayores ,
por la fama de santidad i por m misma anti-
güedad digna de venerazion, con sobrehumano
poder , a manera de un numen celestial entre
loe mortales , prevalezió hasta el presente. A
estos ilustres titulos acompafian ademas no
despreziables veDUyaB , a saber , el atajar con
mañosa industria , el contajio de las herejías
Judaicas i Uahometanas i otros muchos erro-
res , que diariamente apareieo bajo úertos o
indertos guiaa i nombres , puesto que , deje-
mos a un lado , el aumento , aunque conside-
rable , del fisco real i el de algunas furlunas
privailas , como cosa de menor importancia.
Pero como según el testimonio de la misma
Verdad i según la naturaleza misma de las co-
sas nadie puede juzgar con mas certeza ni
mas fazilidad , azerca de la bondad o malizia
^ un árbol , que por sus frutos ; en esle , no
menos útil , por cierto , que peligroso juizio ,
aparte de cualquiera envidia , debemos seguir
la misma regla , puesto que llegamos ya a tal
^tremo que vienen los hombres ,. a poner en
duda , * las cosas que hasta aquí por un error 3
grandísimo , no digamos estupidez , como san-
tísimas veneraron. Ahora bien si la Inquisizioii
es árbol bueno , o si se quiere > santo , tolerará
(me pareze) de buen grado que sus frutos sal-
gan a la luz, paraque según la bondad i aun
santidad de ellos , apesar de todo fraude o en-
vidia , su propia bondad o bien santidad se
aprezien. Pues la luz ama la luz , i el que prac-
tica la verdad , aun resistiéndolo las mismas
tinieblas , sale de grado a la luz , paraque se
manifiesten sus obras hechas según Dios. Pero
el que obra el mal , aborrezc la luz : i si le
ayuda la fuerza , imponiendo un tiránico silen-
cio a las lenguas de los hombres , encubre sus
propios hechos , no sea que la luz los redargu-
ya. Contemple pues el orbe Cristiano entero ,
estos frutos de la Santa Inquisizion , que de su
varia fecundidad conzede , sin duda la divina
Providenzia , recojer , i por olios mismos sin
gran dificultad determine por sí ,o bien la con-
I
servaxÍDii de eslc sanio árliol , o bien al Gii su
RsUrpazion.
Mas solo en un punto estriba prinzipalmen-
te toda esta deliberazion , i es , en saber si son
verdaderas las cosas que azerca de la Sania In-
4 quisiziun aquí vamos a referir; * i ademas de
donde las hayamos tomado. Pues nadie dudará
ya , que sea razón cortai' de raíz el árbol . si de
algún modo consta de buena fé que dá tan peir-
tilenles frutos. Pero hai grandísimo peligro en
fiarse en cuanta a esto de los berejes, es dezir,
de los que aborrezen la misma Inquisizion co-
mo un gravísimo i severísimo azote , i son por
lo tanto justamente sospechosos. Asi que esti-
mamos también conveniente indicar an méto-
do breve i certísimo al mismo tiempo, por el
cual sin gran esfuerzo pueda alcanzarse la ver-
dad en este asunto. El método consiste en que
el reí mismo a quien sobre todo interesa ad-
ministrar justizia en su jurisdiczíon se persua-
da lo primero de que por sí puede i debe oblí-
^r a ciertas reglas, al tribunal inquisitorio; i
de que no pueden estorbarle cumplir este de-
ber , leyes algunas de la misma ínstituzion, ni
tampoco privilejios , bulas , índnljenzias ni
juramentos. Propóngase después, eslableiida
5
una veriladera e incorrupta inquisizion cuntí a
la misma Inquisizion , dejarse informar azerca
de estas cosas por graves e incorruptos varones,
quienes , valiéndose de cuantos crean pueden
tener de ellas alguna notizia * (según acostum- 5
bra hazerse con aprobazion jenerál de todos en
las que llaman residenzias de otros juizios) , las
indaguen por su medio. Para tales indagazio-
nes debieran antes que todos ser llamados los
mismos presos de las cárzeles inquisitorias , los
que lo son ahora i los que en otro tiempo lo
fueron ; pero quitadas de sus bocas aquellas
mordazas mas que de hierro,con las cuales ase-
guró la Inquisizion su tiranía. Estas mordazas
son el eterno silenzio , que bajo gravísimo ju-
ramento se les intima , paraque absolutamente
nada revelen de cuanto azerca de la Inquisizion
i de toda su manera de proceder , mientras es-
tuvieron en la cárzel , supieron , o vieron , o
esperimentaron por sí mismos : antes bien en
esa parte hagan cuenta estuvieron muertos to-
do el tiempo que allí habitaron : i para asegu-
rar mas la fé del juramento se añaden horri-
bles conminaziones. Con esa arte prinzipalmen-
te , todas las demás artes inquisitorias estuvie-
ron , hasta ahora , encubiertas ; i bajo el zelo
I
lie la piedad fueles lízito robar sin miedo , ann
(|ue no tan de oculto , que lodo el orbe no se
haya tiempo haze apercibido , si bieo confusa-
inenle . i como de lejos , de su tiránica cruel-
dad. Pero enfrenan todos su lengua , por no
verse forzados a esperimentar aquella en cabe-
" za propia * mas distinta i especialmente. Esta
mordaza debe quitarse enteramente a los que
hayan de ser preguntados , dejándoles primero
hbertad para hablar sin miedo , si alguien
quiere sacar a la luz , aquellos misterios , con
tanto daño de la república secretos , con tanto
estudio , hasta ahora , a todos encubiertos. 1 así,
si acaso a nosotros , como , sosj)echosos , se
nos diere poca o ninguna fé en la presente
narrazíon , cuando provocamos a una lejitima
i forma) averiguazíon de las cosas , privándo-
nos a nosotros mismos de todo crédito , no es
ciertamente porque alguno mida cosa tan gran-
de o por nuestra autoridad n por nuestra i>e-
queflez sino por ella mismo.
Pero de donde , estas cosas nos consten ,
tampoco perteneze al asunto; por lo cual, aun-
que también en cuanto a esto estemos sincera-
mente satisrechos , no obstante , ni queremos
aprovecbarnos de ello , ni pospuesto el conozi-
7
mteato de la misma caosa » nos lo pueda echar
en cara nadie con raion.
Por lo demás , que en aquellas notables ven-
tajas , por nosotros arriba menzionadas , i que
ordinariamente suelen decantar los protectores
de la Inquisizion , no tienen ellos mismos de-
fensa alguna , i si , mui grande , la parle con-
traria t fazilroente lo conozerá * quien , (dejan- 7
do a un lado el real fisco i las riquezas de otros*
por cualquier titulo adquiridas , porque no pa-
rezca que solamente se las envidiamos observe
con nosotros que de cuantos millares de hombres
de Judies , de Mahometanos , de Cristianos en
fin, o verdaderos, o herejes, i que se apartan de
la fé Romana , cayeron en las manos de los In-
quisidores ; podrán ciertamente mostrarse mu-
chos miles de Sambenitos , de los cuales, a unos 0^
acabaron por el fuego , a otros , ademas de la
nota de indeleble ignominia impresa en ellos ,
«n su linaje i en toda su posteridad , despoja-
ron de todos sus bienes ; i para dezirlo de una
vez , podrán ciertamente mostrarse tantos des«
pojos de hombres infelizes cuantos por cual-
quier mínima causa incurrieron en la censura
de los mismos : pero ni uno solo , en verdad ,
a quien , mas s:.ludablemeute , hayan enseña-
8
do en su error , o reduzido a mejor camino;
Ahora , para manifestar con que derecho la
Inquisizion se atribuya cuanto azerca de su ori-
jen . i azerca de la antigüedad i esplendor de
su nombre deslumhra a la jente ( pues ¿ quién ,
ante estos sacrosantos nombres , «.Sania Inqui-
sizion ; Padres de la fé ; inquisidores de la heré-
tica pravedad i aposlasia ; » no se postrará re-
8 verente? ) * diremos de antemano alguna cosa.
Habiendo acabado los reyes católicos Fer-
nando e Isabel de feliz memoria aquella guerra,
en que fueron , al fin , echados del reino i ciu-
dad de Granada i de toda Espafia , los Mahome-
tanos que , desde el rei Rodrigo , último de los
Godos, por espazio de setezientos setenta i ocho
años cumplidos, la hablan ocupado; i en la que
ganaron para su patria el sosiego i la libertad ,
i para si, gloria inmortal; volvieron sus ánimos
del tumulto de tan larga guerra a la depurazion
i fomento de la relijion. Dieron ocasión a esto,
así ya los pueblos de los Moros venzidos , a
quienes los reyes católicos dejaron en sus po-
sesiones , bajo condizion de abrazar la fé Cris-
tiana ; ya también la multitud de aquellos Ju-
díos, no inferior a la de Moros, a quienes, man-
dados salir de España , i que hablan pasado el
9
estrecho de Hércules,se les permitía bajo la mis-
ma condizion que a los moros, permanezer en
ella. Habian yivido en España los Judíos, según
refieren sus antiquísimos anales, desde la des-
truczion de Jerusalém por Tito , emperador de
los romanos, el cual los mandó trasportar allá
bajo dura, ala verdad, i * casi servil condizion, ^
si bien, por esto , no enteramente desdichada ;
pues que nadie^ hasta entonzes, les había nunca
obligado a mudar de relijion. Deseaban , pues ,
los Beyes proveer a la mejor enseñanza de es-
tos, solo en el nombre, cristianos nuevos, i vi-
siblemente, a la fuerza, mas bien que de volun-
tad , iniziados encías Cristianas solemnidades :
pensamiento piadoso sin duda , i muí digno de
reyes Cristianos, si sus haraganes * directores,
o mejor dicho , trastornadores , no hubiesen
malignamente echado a perder tan buenos pro-
pósitos. Pues en calidad de directores perpe-
tuos de todas sus acziones i designios asistían a
los reyes (cual linaje de hombres sin vergüenza,
que con presunzion de saber i santidad acos-
tumbra penetrar hasta los mismos aposentos
mas secretos de los prínzipes] algunos del orden
* baraganes.'^El orginal— mafe/éríiKoí.
10
monacal, en particular deUbando Dominicano ,
a-qui^nes los buenos de los Reyes en todo con-
sultaban , prinzipalmentc en las cosas de reli-
jion ¡ de sus conzienzias. Con estos directores
délos piadosos designios de los Reyes ; en lugar
demaestros de pía doctrina, pastores i doctores
10 que con la debida caridad y dilijencia* aparta-
sen a aquellos forzados Cristianos de sus inve-
terados errores , reduziéndolos a abrazar de
corazón la verdad Cristiana ; se erijió un nue-
vo tribunal de Inquisidores , por el que los
hombres , aun sin eso harto desdichados , en
vez de aquella mejor enseñanza , que hubiera
podido compensarles , lo bastante , la calami-
dad presente , fuesen perseguidos , saqueados ,
desterrados i arrastrados , ya a los horrendos
suplicios de la muerte , ya a los azotes i per-
petua ignominia , ya también , arrebatándoles
todos sus bienes , a la indijencia. Ni era siem-
pre menester para esperimcntar estas cosas ha-
ber maldezido de Cristo hasta mas no poder :
bastaba el renovar alguna insignificante cere-
monia del Mahometismo o Judaismo : o , por
lo menos , cualquier levísimo error en la fé ,
de la cual ni los primeros rudimentos hubie-
sen aprendido. No faltó . para afirmar el nue-
il
To invento , con su ayuda Sixto cuarto , a la
sazón Romano Pontifize : i asi , finalmente ,
con la real al mismo tiempo que con la ponti-
fizia autoridad , se fortalezió de manera , que
a no combatirle su propia grandeza , por la
cual llegó ya , a ser al mundo intolerable , hu-
biese podido parezer eterno. ¿Era así , por cier-
to /como debia proveerse al muevo aumento
de la grei Cristiana, de piadosos pastores , que
apazentasen el rebaño ; que ni * devorasen la il
leche hasta ordeñar sangre ; ni se cubriesen
con la lana , i aun con las mismas pieles cruel-
mente arrancadas? ¿Que no matasen lo que
apareziese pingüe , antes bien afirmasen al dé-
bil , curasen al enfermo , recojiesen benigna-
mente al abatido, redujesen al ahuyentado, bus-
casen con piedad pastoral al errante : i no man-
dasen con aspereza i violenzia a los que , por
ser peculio de Cristo , con suma humildad de
ánimo debieran antes servir? Buscaban, es ver-
dad, i buscan todavia, las ovejas errantes, ahu-
yentadas, dispersas, i esto con suma dilijencia;
mas para el mercado , no para salvación de
ellas. Pero prosigamos.
Como los padres Dominicos fueron los auto-
res de aquel consejo , asi también, con la auto-
12
ridad que tenianparacon los Reyes, sealurou
razilmente con aquella tiranía , bajo prcteslo ,
sobre todo, de la doctrina de la fé , cuyos de-
fensores , ya de mui antiguo ellos mismos se
llamaban. Pero estos.por la avarizia, soberbia i
ambizion (achaques que prinzipalmenle los tie-
nen para con el mismo Tulgo tiempo baie de-
sacreditados) por la crueldad también i dureza
con que mandaban en su alto puesto , por no
dezir suma majistratura , haziéndose intolera-
12 bles aun a los mismos reyes,' que poco antes a
tal alteza los babian levantado , fueron de su
lugar , aunque bajo honestos pretestos, separa-
dos , i transferido a los clérigos aquel oficio. De
esta dignidad , primero i)oseida i después per-
dida son hoi vestijios enire los Dominicos sus
mas antiguos templos, adornados, como si
fueran trofeos, de los Sambenitos de aquellos ,
a quienes, mientras tuvieron dicha majistratu-
ra, malamente condenaron. «Pero:
''manet alta meóle reposlum
ludicium Paridis , sprela; que iniuria forms ,
Et gcnusinvisum, ct rapli Ganymedis honores».
(Virg. Aeneid. 1.30 Isig.)
Has aun conservan ahincadamente el antiguo
; de Inquisidores , pensando sin duda
13
recobrar algún düi su dereclio . A estos solo i
no a otros , ambiziosos i perversos consejeros,
que malignamente convirtieron en sn provecho
i hoiirra propia los pensamientos de los Reyes,
piadosos i a la iglesia de Dios s'iludables, de-
bemos boi la Inquisizion : de otra manera ¿a
qué venia en vez de oÜziosos i fieles precepto-
res de la fé Cristiana, i de prudentes celadores,
erijir un tribunal nuevo i hasta enlonzes a to-
dos dcsconozi do, que para enseñar la relijion e
infundirla en los ánimos pertinazes , estuviese
armado . no de la piadosa erudición , doctr iua * I S
i caridad , que , en particular en el c. 21 de
S. Juan , requiere únicamente Cristo en el
pastor , sino de poder , crueldad , majestad .
imperio , cadenas , tormentos , cuerdas, mor-
dazas , Sambenitos , corozas ? No rodeado áf.
coadjutores en la obra de Dios , santos i doc-
tos en los misterios de la relijion Cristiana ,
sino de procurador , fiscal , escribanos , algua-
ziles , alcaides de las cárzules i del nutucruso i
casi infinito séquito de los que llaman familia-
res? ¿Quién no dirá , están todas estas cosas
establezidas para imponer al pueblo el yugo de
una nueva servidumbre , de donde resulten
también al íisco nuevas riquezas , antes que
14
para aumento de la relijion? Como si escojien-
do a uno muí práctico en el arte de la caza ,
armado de arco i saetas , provisto de lazos ,
trampas i redes , de lijeros perros acompaña-
do se le enviase a predicar el £vanjelio i a
propagar la relijion Cristiana : ¿ quién , pre-
gunto , estando en su juizio , i mas mirándole
las manos siempre empapadas en sangre , de
andar entre espesos sotos , no tendrá a éste
por un cazador insigne antes que por un pre-
dicador Evanjélico ? Era ciertamente propio de
14 obispos * piadosos , si algunos hubiese habido ,
el cargo de enseñar la verdadera piedad , así
a los nuevos como a los viejos cristianos : i
cargo no por los hombres sino por Cristo mis-
mo a ellos encomendado : mas ignorando o
despreziando ellos mismos su ofizio , ni uno
solo del orden de obispos o de teólogos hubo,
que juzgase se le quitaba una buena parte de
sus funziones en cuanto se creaba aquel nue-
vo tribunal : tan en completo desuso estaban
todas las leyes de la disciplina Cristiana.
Pero instituida i afirmada de esta manera
la Inquisizion , por mas que en virtud de la
autoridad suprema del mundo , esto es , de la
real i de la pontifizia , i apesar también de
!S
(|uc por la singular aioiiencia de !>ant¡iÍ3i) se
mostrase según los cálculos de todos digna de
ser aprobada , no Tue ¡lor to<los al |iunto rezi-
bida , pues que intentando el Rei Femando
introduzirla a la Tuerza en su patrio reino de
Aragón , se opusieron los gi-andcs del Reino ,
moderadamente por cierto al piinzipio : des-
pués amenazándoles la fuerza , resistieron
también con la Tuerza . alegando que aquello
antes se dirijia a disminuir la libertad del rei-
no que a purificar la relijion. I no se rezibió
(si puede dezírse que se rczibe lo que a la fuer-
. za se impone) hasta que después de mucha * 15
I sangre derramada por ambas partes , se afir-
I mó de asiento. Atestigúalo hoi . ademas del
odio que tienen a la santa InquJsizion, asi los
i Grandes todos, como el pueblo, en aquel reino;
el maestro Epila ' enviado alli por f I rei con
I suma autoridad para ese ofizio i muerto por
los grandes en Zaragoza en el primer templo
I de la ciudad , lo cual le valió después la divini-
dad para con el vulgo supersticioso. Pues tié-
I nese por indudable que la sangre del recion
í
• Otro» le UamsB— S. Pedro Arbués. Fui, comn yo, colcjb
16
iniierto subió humeando bastad mismo altar,
declarando el cielo con este prodijio la inocen^
cia del muerto i la justizia de la causa porque
murió. I aunque en su mismo sepulcro fre-
cuentes milagros atestigüen esto mismo toda-
via (que tal es la vanidad de los hombres i el
poder del diablo para engañar a los que, se-
gún dize S. Pablo 2. Thes. 2 , desecharon el
<imor de la verdad) con todo el titulo de Santo,
el que le llamasen San Epila , aun no lo con-
siguió, porque muerto por una causa santísi-
ma sin duda, se le encontró armado debajo de
la ropa, no solo con una camisa de hierro , (lo
cual , según dizen , nada se oponia al llama-
miento divino), sino también de una espada :
1^ pues esto solo * es lo que impide honrra tan
grande.
Mas , volviendo a nuestro propósito , se di-
rá : No se establezió la ¡Inquisizion para ins-
truir a uno en los preceptos relijiosos , sino
para castigar i estirpar los errores i las here-
jías. Convenimos a la verdad. Pues que los pia-
dosos reyes pensasen al prinzipio otra cosa de
la que después salió de sus malignos conseje-
ros , lo demuestra su misma piedad : por lo
cual , instituida la Inquisizion para los fines
íjuc liizcn , i según quieren algunos , aiilts do
h guerra de Granada , que ésto nada estorba
a nuestro propósito , aquel <'uidado sin duda
de enseñar la fé a ios nuevos Cristianos se de-
jó totalmente [irimero a los párrocos i por es-
tos . desputis , a sus clérigos i sacristanes , ca-
da uno en su pueblo o nidéa , quienes debían
enseúar a las orejuelas , miserablemente enga-
ñadas, el AveMaria, Padre nuestro , Credo.
Salve-regina , en palabras mas bien bárbaras
que latinas , i poi- vía de juego ademas i para
irrisión de los infelizes , mas bien que con se-
riedad : i esto no de valde, sino a gran precio ,
muchas vezes , a|iarte de la común exacción .
aun a costa del pudor de sus [mujeres e hijas.
I'ero en aquellos cinco preceptos de la Iglesia,
absolutamente necesarios * para la salvazion , 17
oír misa las fiestas i los domingos , confesar ,
comulgar , ayunar cuando lo manda la santa
madre iglesia, pagar diezmos i primizias , de-
bían insistir con palabras mas (|ue claras, has-
ta dar náuseas. Con semejante instituzion en la
relijion, ¿qué otra cosa al parezer se procuraba
sino los errores perpetuos de algunos hombres
desdichados, para que la inquisizion, estable-
zitJa por otra parte a causa de esos mismos er-
^
Í8
rores , se apoderase siu i'enii'dío Je su presa t
como hazen los robustos i arinadoB cazadores
que azeclian la suya desde una atalaja? Pero
volvamos al asunto.
Aun suponiendo instituida la Inquisiziou pa-
ra esos lincs. i que no le peitenezca instruir en
laféya i|ue le importa estirpar los errores:
con lodo, los buenos i circunspectos consejeros
debieran procurar que los obispos Cristianos
no fuesen defraudados del derecho de su ofizio
que tienen en virtud de las mismas sagradas
escrituras. I también que no se fiase la cstirpa-
zion de las herejías a otro hierro o a otro fuego
que a la palabra misma de Dios. Enseflaba cla-
ramente el Apóstol ambas cosas en la epístola a
Tito, donde, entre otras dotes del obisi» Cris-
tiano , quiere , que sea constante en la plática
fiel , que es según doctrina , paraque pueda
\% [dize] exhortar ' i convenzer a los que contra-
digan. Pues como nunca se sacará de la fuer-
za o de los tormentos la fé verdadera i salutí-
fera , (que es ta) por naluraleza) asi tampoco
se estirparán las herejías , ni con la muerte
misma de los herejes : mas , para lo uno i lo
otro , es muí apropósito la misma palabra de
Dios , con la cual sola , se enjendia i aumenta-
19
la fe : i examinando las cosas a la luz de la
misma palabra , se echará de ver, al instante,
todo lo que no es conforme a la verdadera fé.
Debieran pues consultarse las sagradas Escri-
turas , i ver qué penas establezieron contra
los pertinazes i contra tos que obstinadamen-
te resisten a la verdad : ¿ acaso los azotes , o
los suplicios de fuego , entre todos los usados ,
los mas crueles ? Porque ¿qué n'.ayor avarizia
que aquellas confíscaziones de bienes? ; que co-
sa mas inicua , mas absurda i mas ajena de la
profesión Cristiana? Ahora bien ¿ con qué pa-
labras , convertiremos en mérito el usar de
este jénero de multas (pasando por alto aque-
lla ignominia , después en ninguna manera
compensable) aun contra los que volvieren de
su error? San Pablo , en el lugar citado , nin-
gunas penas estableze. Pues es posible , que
alguno, convicto, vuelva en si, con el cual de-
be usar el pastor Gel, no de multa de ningún
jenero, sino antes de suma blandura i benig-
nidad. * Pero: oigamos lo que en otra par- 19
te claramente estableze contra^ el contumaz.
'Evita, ' dize, * al hombre hereje después de
una i otra amonestazion/ Manda ([uc se le
amoneste en sü error, una, dos vezes, i esto, el
m
K
obispo, no (|uc se le anastir a juizío , ni quc
cn e\ acto se le üaga pasar por las penas de su
error, ¡estas, en cstiemo gravísimas. Sí hizie-
re caso de la amoneslazion, asi el obispo , co-
mo laijjlesia, tienen ile donde alegrarse . por
haber ganado, para la vida, a un bermano, a
un miembro de Críslo. Si no: manda, que se
le cscomulgue ; esto es , que se le separe i es-
cluya de la congregazion de los Relés, i cslu,
no en venganza de su error ó contuinazion ,
sino por remedio. Concuerda esta sentcnzia
del Apóstol con el precepto de su Maestro.
Mat. 18. 'Si ni a ti' (dize)' ni a aquellos', esto
es , a los que por segunda vez le amonestaron,
'oyere, dilo a la iglesia , i si no oyere a esta ,
tenleporjentili publicano.' Esto es, juzga que
no pertcneze a la congregación de los fieles i al
reino de Cristo con mejor titulo que los que
nunca hubieren rezibido la fé. En este grado
de severidad, harto rigoroso si bien se conside-
ra, detiene el paso la diszipUna cristiana. Con
este tribunal , con estas leye», con esle mcto-
20 do de prozcder en las audiencias * contra los
hermanos descaminados i contra todojéneru
de herejías , medios que usó felizmente la igle-
sia para estirpar todas las qite en cualquier
21
tiempo pulularon en ella , hubiera debido es-
timar la piedad cristiana [úes que existia), que
Cristo habia mirado por si superabundante-
mente. Pero el que quisiese estirpar los erro-
res con la muerte de los que yerran , baria cier-
tamente lo que un médico próvido , sin duda,
que deseando librar de algún mal a sus enfer-
mos los matase de propósito. Añádase , que los
que dizen que de este modo cstirpan las bcre-
jias , además de no consegairlo, (pues, aun
permaneze la mentira con opinión de verdad)
quitando de en medio al qu e yerra , le cortan
todo camino de salud. Pues pudiera suzcder
según l9s recónditos e incomprensibles que
son los jnizios de Dios , que , conservado en
la vida , se redujese por fin , alguna vez , a
mejor acuerdo. Pero corre peligro no infizio-
ne con su mal a otros. Confesamoslo , i por
eso manda el Maestro i el Apóstol que se le
huya i separe del cuerpo de la^ Iglesia. I si
por razones quizá mas probables , era lízito
castigar a los tales contumazes con penas aun
mas severas , ¿no era acaso para ello sufiziente
i harto lejítimo * el majistrado ordinario? 21
Sin duda , responderán , que a los majis-
trados seglares no puede pertenezer ^1 cono-
22
zi miento de las herejías , por estar destituidos
de la erudizion en la sagrada doctrina i de la
práctica de las cosas eclesiásticas. Pues se tie-
ne por cosa mas (¡ue averiguada , entre esos
mismos doctísimos maestros de los sagrados
ministerios , que al majistrado ( a quien por
afrenta llaman secular ) no perteneze ni el co-
nozimiento ni aun la ciencia de lo sagrado.
Pero , ¿con qué práctica , pregunto , en las
cosas sagradas , o con qué erudizion de la
doctrina de la fé , son promovidos al cargo
inquisitorio , los mismos que han de conozer
de la fé , de la cual no obstante se llaman pa-
dres , i azerca de las herejías , de las que se
dizen estirpadores , i los que por fin han de
pronunziar la sentenzia ? Júzganse bastante
idóneos para este empleo sr son Doctores en
ambos derechos , a saber , Real i Pontifízio. A
ningún teólogo de aquella teolojia sea cual fue-
re, vimos en ese ofízio desde la remozion de los
Dominicos , de que ya hablamos. ¿ Qué dire-
mos , si ademas , desde entonzes , previnieren
las leyes inquisitorias , que ningún teólogo
suba á aquel tribunal ? Mas en lo que atañe al
22 conozimiento del derecho seglar , * los In-
quisidores no aventajan a los majístrados se-
25
glares : i no pueden negar que en las causas
de la fé, otro tanto , como la mayor crudizion
en el derecho portifízio , sirve i ayuda la ju-
risprudenzia seglar. ¿ Pues , cómo podía ser
que puestos a juzgar de relijion , enteramen-
te faltos de todo conozimiento i ciencia en las
sagradas letras , contentos solo con el apoyo
del derecho humano , no mezclasen lo amar-
go con lo dulze i lo dulzo con lo amargo , no
llamasen a la luz tinieblas i a las tinieblas luz?
Es dezir , que mientras se declaran padres de
la fé , estirpen la fé , i alimenten portentosos
errores: acaben con los hijos de Dios i fomen-
ten los hijos de satanás: maten los siervos de
Cristo, conforten empero , conserven i aumen-
ten los miembros del Antecristo.
Responderannos a esto , que aunque efec-
tiyamente no puedan ellos mismos juzgar me-
jor de las controversias de la fé , que los cie-
gos de los colores, llaman no obstante por eso
a la deliberazion i consulta de semejantes can- ^
sas a algunos teólogos para resolver según su ^
dictamen ; i prinzipalmcnte a los Dominicos , a
quienes , de todo aquel cúmulo de negozios
inquisitorios , pareze que solo queda el ser
llamados a las consultas i a las que llaman * 25
24
ualilicaiiuiiea de duclrina. Pero aunque aquí- no
evainincnios , ahora , de que espezie de teolo-
jía entran provistos en el empleo ; no es sinem-
bargo diGzíl averiguar , si esos mismos . por
)as causas que arriba brevemente apuntamos ,
separados de su oGzio i juzgados ineptos para
él, vinieron ya d ser mas aptos para su desem-
pefio : sobre todo , cuando se junta también
a los antiguos achaques del ánimo el dolor de
la antigua ignominia rczibida.que se recrude-
ze cada dia . al contemplar aquel tribunal des-
de tan bajo puesto i ciertos zelos perpetuos de
su perdida dígoiilad , causados por los rivales
que les remplazaron. Apelamos sobre esto a
los inquisidores mismos nadie mejor sabe las
seriales que de su exacerbada úlcera interior
sucli'n dar cuantas vezes se les cita , a tan gra-
vas (iL'liberaciones: i por esto quizá , en alguna
parle se pensó en cerrarles totalmrnte las
puertas de la inquisizion. Pero supongamos
que estén ya mas sanos ¿acaso no podria ct
inajistrado ordinario llamar a tales consultas
a los mismos teólogos ? Abora bien ¿ qué ini-
quidad es esta ,que total inversión del de-
recho, constituir a cualquiera por juez de co-
sas, que no entienda absolutamente , paraque
25
le sea de todo punto nezesario estar siempre * 24
colgado de los juizios de otros cualesquiera que
sean? •¿Quién pues se admirará ya , con Justi-
cia, si cuando contemplamos sentada a la San-
ta Inquisizion en aquel su divino tribunal de-
zimos con Salomón. «Vi en el lugar del juizio
sentarse la impiedad, i en el lugar de la justi-
zia la iniquidad? » Entre tanto por el siguiente
ejemplo podrá observarse , cuanto se permiten
los inquisidores en aquellas mismas cosas que
por mui heréticas severisimamente castigan
en otros. Suzedió Jxaze pocos años en Barcelo-
na , ciudad celebérrima del * Principado de
Cataluña , que debiendo, en la fiesta del Cor-
pus-Cristi salir en procesión el pan de la Misa
dispuestas todas las cosas para tan solemne
pompa , el sacerdote , que habia representado
aquella trájica misa mayor , advirtió , al ir ya
a encerrar en el viril de oro la hostia consa-
grada, que su circunferencia era mayor de la
que podia caber en aquel viril. Suspensos to-^ \
dos i detenido todo el aparato, nadie habia en
tan célebre concurrencia a quien ocurriese lo
que se debia hacer en aquel inopinado caso.
• regni CathalonicB—, en el ory.
V
V
26
Farsa cu verdad ridicula i digna de tan gran
5 concurso. ' Solo un medio talvez bailaban los
maR prudentes. Af salir de ai|uella dificultad ,
i era intentar , bajo mejores auspizios , otra
misa , * en otra roda¡uela de pan , recortada
jirimcro a la medida del viril. Has era ya muí
tarde para empezar tan larga pompa i aquella
no ¡lodia sin grave inconveniente detenerse
por mas tiempo . Acaso , de los sacerdotes ,
ninguno liabia que , para sobrellevar el próxi-
mo trabajo de t:m gran solemnidad , no bubiese
almorzado un tanto largamente. Porque el que
habia cantado la misa mayor (como quiera que
los parezeres de los teólogos le autorizaban pa-
ra dezir otra inmediatamente , en caso de ne-
zesidad ) habia sin embargo consumido en la
primera (pues cómo pudiera hazer otra cosa? )
no previendo aquel inopinado suceso. Estaba
presente cierto Inquisidor miii nombrado ,
Mnlonio , Aragonés. Kste , por hábito impa-
zienle , i fiado sobre todo en su autoridad in-
(jiiisitoria , cojiendo unas tijerillas cortó lo
supérUuo a la hostia consagrada dispuesta pa-
ra el viril , i a todo el pueblo aquella perple-
■ ton, pDreiedcbe d«iir. El lal. tn alia panii orbit'lo.
37
^dad. Alabarán unos la admirable industria
de aquel bombre en la dificultad presente.
Abominarán otros impíamente de su temera-
ria audacia. Lamentarán alj^unos i se dolerán* 26
de la calamidad de su Dios recortado i reduzí-
do por las execrables manos de un Inquisidor.
Pero, (o, buen Dios ! ) si cualquiera , no inqui-
sidor, i prinzipalmente oriundo por algún lado
de la Judaica estirpe . hubiese tenido tal atrevi-
miento ¿qué penas no se le habrían impuesto ?
Separósele , por aquel atentado . d Molonío de
su ofizio. Has porque no se perdiese un tan
valiente soldado de la ¡nquisízion fué otra vez
a los pocos dias enviado de inquisidor a Sevi-
lla. Pero , i a qué hablar mas , del modo que
tienen , ya de ensalzar la autoridad del Papa ,
ya de deprimirla . ya de adorarla ya de des-
preziarla : ya de vengarla , con la mnerte de
los que pecan contra ella , ya , según pareze
requerirlo el provecho o detrimento del santo
ofizio , de desacreditarla , de ofenderla , pro-
fanarla ?
No es a la verdad nuestro ánimo insistir
ahora masen esto: solo en cuanto nos parezió
tocaba, a la materia del prefazio, manifesta-
mos de qué prinzípios o con qué ocasión nazió
^
'i8
la ¡nqulsizioii, cual sea su antigüedad, cual sn
Ranli<la(1,cuales en fin atjucllas ventajas que con
expurgar sin duda la relijion projiorzionó al
mundo hasta el presente. Siendo estas. Ules
cuales hemos rererido (pues ningún hombre
27 recto habrá (jiie ' lo niegue o que con cualquier
justa causa las disculpe) , no debe estrafiarse
que los pueblos, hasta aqui. por respeto, obe-
dientisimos a sus majislrados, para apartar de
sus términos lan terrible calamidad , ya que
por otros medios no pueden, al cabo acudan a
las armas. Protegían que de ningún modo re-
husan la purilicazion de la relijion puesto que
de todas veras la desean: pero la quieren, dig-
na de su nombre; esto es , la que exija el man-
damiento de la palabra de Dios , que debe ser
para todos los guardadores de la verdadera re-
lijion la única regla de Relijion: de la inquisi-
mn en esta parte, fuera de lo que hasta aho-
ra dio (le si , ¿qué pueden esperar? Protestan
que deben asu lejitimo majislrado , i en ver-
dad, según la misma palabra de Dios, obedien-
zia , honrra i tributo, i que están aparejadísi-
mos a prestárselo con su acostumbrada pron-
titud: pero ruegan que se les reziba, todo ello
sin agravio de Dios i sin la tristísima cautivi-
29
dad de sus conzienzias , cosas que á los varones
rectos ¡ piadosos deben ser mui recomenda-
bles , i mucho mas caras que la misma vida.
Protestan , que de ningún modo , quieren sa-
cudir el yugo de la obedienzia lejitima a su ma-
gistrado pero quéjanse con razón de qu€ á aquel
suave * i humanísimo yugo , que hasta aqui 28
con la debida conformidad de ánimo llevaron ,
se añada ahora el freno de hierro de la inquisi-
zion , que no se aplica á otra cosa que á matar
inozentes ciudadanos i a confiscar bienes. Po-
diasc tal vez en otro tiempo culpar a los arago-
neses, por no haber, según arriba dijimos, rezi-
bido sin tumulto i muertes la inquisizion , dis-
frazada con aquella hermosa i aun reziente
máscara de santidad , i cuando no se ensañaba
contra todos indistintamente , sino solo contra
Moros y indios , i esto por titulos al menos
plaus3)les ; pero cuando por espacio de seten-
ta i cinco años cumplidos no cesa de produzir
los frutos que aqui referimos , no parece en
verdad que están enteramente locos los que se
empeñan, como pueden, en echarla de sus tér-
minos. Antes bien se juzgaría que lo estaban ,
si como a padres de la fé , pastores i propaga-
dores de la relijion recibían en su casa , a sa-
G
30
biendas i queriendo, a los verdaderos enemigos
i cruelísimos estirpadores de la relijion. Mas
los que ignoran que aquellos sean tales , lean
atentamente y consideren algunas de sus artes
(pues el dezirlas todas sería imposible] i algunos
modos de prozeder , aqui descubiertos, i juz-
guen después al fin.
I
\
)
ALGUNAS ARTES*
INQDISIZIOIV ESPA^OLH
DESCUBIERTAS I AL PÚBLICO
MANIFIESTAS.
MODO PECULIAR QUE SUELEN TENER
LOS Inquisidores de citar i prender
A LOS DELATORES.
Ijos inquisidores , rezibida de alguno la que
llaman denunziazioR , o mas bien delazion , eu
las cosas por lo común mas leves , ( aunque pa-
ra este tribunal nada casi es tan leve , que
no acarree una muí grave pérdida a los acusa-
dos reos) suelen usar del siguiente estratajema.
Envian secretamente a alguno de los muchos
que para esle ofizio tienen ensenados, (familia-
res los llaman ) el cual haziéndose el encontra-
dizo liable al denunziado con semejantes estu-
diadas palabras. «Ayer por casualidad estuve * 2
con los señores Inquisidores , que preguntando
por ti , dijeron tenian algún negozio que qu¡-
r
BÍeraii comunicarte i me encargaron que de su
parte te lo hiziese saber para (|ue mafkana a tal
hora te presentes a ellos.» .No le vale al llamado
rehuir o dilatar el pregentaree , a no ser qne
quiera hazerlo con grandísimo daño suyo. El
denunziado . pues , acude al día siguiente i di-
ze al portero que avise a los señores padres , de
su venida. En cuanto lo saben , se juntan todos
tres , si están : si no , dos ( pues por lo común
es un triunvirato ) en el cónclave en que suelen
ventilarse estas causas ; tal como el fuerte de
Triana en Sevilla i en semejantes lugares , en
otras ciudades : i mandándole después entrar ,
le preguntan a él mismo r{ué se le ofreze. El
llamado responde haber rezibido de su parte el
dia anterior orden de presentarse a ellos. Pre-
gúntanle entonzes como se llama i oído su nom-
bre le preguntan otra vez , qué se le oñ'eze :
«porque , en cuanto a nosotros , (dizen) ignora-
mos si eres el que mandamos venir. Mira si
tienes algo que manifestar a este santo ofizio ,
en descargo de tu conciencia , bien sea de li
mismo , o bien de otro cualquiera etc.» A csLo,
el llamado , o responde que nada se le ocurre
•5 ( i * el responder así i mantenerse firme en es-
ta respuesta basta lo último , ante aquellos ,
que no buscan sino la ruina del que a sí propio
se denunzia , o la de los que denunzia , fué
siempre el mas saludable i humano consejo), o
ignorando los lazos en que se enreda, canta in-
consideradamente alguna cosa de si o de otro.
Entonzes los señores inquisidores , alegres por
su hallazgo» para amedrentar con mas fazilidad
i confundir al imprudente que de grado se les
dio por presa , se miran uno a otro , jeslean ,
como si algo hubiesen descubierto , fijan los
ojos en la cara del declarante, se susurran algo,
al oido, o en realidad nada, i al cabo resuelven,
o que el llamado se quede en la carzel, si aque-
llo de que se acusó pareze grave ; o si nada de-
claró , le mandan que se vaya , pretestando ig-
norar , basta ser mejor informados , si es él ,
el mismo a quien mandaron citar. Mientras se
tiene este examen, ya cuidaron ellos de que es-
té tras de algún tapiz secretamente escondido,
el que delató al interrogado , paraque sin ser
visto pueda reconozerle en la cara, si es que no
le conozieren los inquisidores.
Al denunziado ( pues asi llaman a aquel cuyo
nombre fué delatado en este consejo de * in- 4
quisidores) del modo que ya dijimos , le man-
dan que se vaya , ciertos ya de que es él quien
4
ha de prestar asunto a la futura trajedía , í sa^
zcde , a vezes , que no le vuelven a llamar sino
después de pasados algunos meses , prinzipal-
mente si es indíjena > porque al advenedizo no
le conzeden tantas treguas. Asi cuando les aco'
moda exhortan de nuevo al citado , a que si al-
go sabe , o algo oyó , que a aquel santo tribu-
nal pertenezca , lo declare: pues ellos tienen
notizia de haber él tratado , con algunos sos-
pechosos en la fé , cosas pertenezíentes a esta:
las cuales si de suyo confiesa , tenga por cierto
no le resultará perjuizio alguno : asi que , mire
bien por sus intereses : que ellos creen que ,
cual cumple a un buen Cristiano , repasará en
su memoria , cuanto acerca de eso le baya acón-
tezido , por ser posible olvidarse (según lo fra-
jil que es la memoria de los hombres] i que de-
clarará cuanto supiere, si acaso se le recuerda.
Con estos i otros halagos semejantes reduzen a
muchos imprudentes : cuando no , los sueltan,
pero de manera , que no se crean enteramente
absueltos , antes al contrario , estén en conti-
nua zozobra, i miedo, de poder ser otra vez ci-
tados. Suzede también el disimular con alguno
22 por muchos * dias i a vezes aun por años, antes
de mandarle prender, pero envian siempre uní>-
5
n otro de sus allegados, que couasluzia i reserva
sea perpetuo e inseparable compañero del impru-
dente , qve ningunas asechanzas sospecha i que
con sagazidad se insinué en la amistad i familia-
ridad del mismo> para poder con mas franqueza
visitarle todos los dias, observar con quienes tra-
ta, adonde va, qué haza i aun lo que en su men-
te revuelve : de manera que sin un especial au-
xilio i providencia de Dios, no es posible que na-
die logre escaparse de semejantes lazos. Si algu-
na vez acaeze, el que uno de los inquisidores en-
cuentre en alguna parte a aquel a quien deja-
ron ir , le saluda con agrado, le abre su pecho,
le muestra mui benigno semblante i se le ofreze
por amigo , i todos estos ofizios de benevolen-
zia , tienden a hazer mas confiado al hombre ,
hasta oprimirle de repente con su propia ruina.
No se puede prever qué utilidad saquen de esta
sutileza , para todos los hombres sinceros i 0^
rectos detestable, fuera de aquel deleite que sa-
ca el cazador, de jugar i divertirse con su mis-
ma presa viva, o el pescador , con el pez que
ya clavó en el anzuelo^ i a quien alarga mas se-
dal para que se divierta debajo del agua * con un o ^
deleite vano i que luego ha de acabar : o bien el
gato con un ratón al que para que no se escape,
(I
quebraiitü lui lomos , con el cual agradable-
mente se regala ; dejándole a vezes libre , i
apretándole luego con los dientes con mayor
crueldad que antes. Mas puede ser , que aun
sin saberlo nosotros , también aqui se oculte
alguna arte no de todo inútil al Santo Ofízio.
No con todos, a la verdad , guardan la costum-
bre de jugar , como dezimos , con la presa :
tienen en cuanto a esto mui buena elección de
personas i de cosas , de cuya elección puede ser
una prueba el que ni con los forasteros tienen
este método , ni con los naturales que creen
pueden escaparse , si se les da tanta libertad :
ni aun tampoco con los que fueron delatados
de cosas mas graves , que a su juizio requieren
un pronto remedio , i sobre todo cuando por
su confesión esperan tener de otros notizia.
Cuando ya tienen resuelto prender al delata-
do , citan al vizejerente del obispo de la dióce-
si , esto es , del supremo pastor (llamante Pro-
visor, Vicario, o bien Ordinario) i mostrándole
la informazion (asi llaman a la deposizion de los
7 testigos) que * tienen contra el delatado , deli-
berado con él el asunto, suscriben todos al auto
de prisión. La razón pareze sobre todo espe-
ziosa: no quieren que parezca liaber ellos pues-
7
io las manos en una ovcjuelu ajena , sin apro-
bación i consenlimicnto de su pastor^ quien tan
ignorante de su ofízio pastoral (como por lo co-
mún son todos sus semejantes en el papado) con
fazilidad se aviene a aquella sentenzia , i con-
desciende a que una ovejilla puesta a su cuida-
do, arrancándole primero el vellón, sea después
bárbaramente despedazada. Hasta el presente
ningunos pleitos se vieron entre los inquisido-
res i el Provisor, por pedir los unos a cualquie-
ra para el suplizio i defender piadosamente el
otro al que le fué encomendado, i sí, se vieron,
^ se ven todos los dias no pocos , a quienes ,
como a injustamente prendidos i tratados, dan
*os mismos Inquisidores un testimonio de su
inocencia, después de la continua maceracion
de un largo encierro, después de descoyuntados
^odos sus miembros i huesos en aquellas atro-
zes i mas que inhumanas torturas , i aun hai
algunos que espiraron en los mismos tormentos
entre las manos de los verdugos, según diremos
en su lugar. Por aquí se ve claro, que el citar
al Provisor a deliberar sobre prender a una
oveja suya fué siempre * mas bien una frivola 8
ceremonia por ambas partes , que no una cosa
formalmente i por equidad practicada: i si d¡-
8
járemos que lo convidan a un imnquete prepa-
rado con la sangre de su ovejuela como a lobo
que de acuerdo con otros lobos ha de azeptar su
parte , no diremos mas que lo que pasa. Yenga
ya el Principe de los pastores i recompense a
cada uno según sus obras. Suzede también
muchas vezes que esta ceremonia de citar al
Provisor a la deliberazion no se haze hasta des-
pués de prendido el denunziado. Pues como se
tiene por cierto que nada ha de dezir en con-
tra , les pareze bastante el enseñar al pastor el
prozeso de la causa , cuando ya el denunzia-
do está en la "cárzel , paraque liberalmente
apruebe de plano lo hecho i lo que está por
hazer.
Si acaso suzede que algún denunziado estor^
be por medio de la fuga la prisión ; o que se
escape de las mismas cárzeles, emplean entón-
zes admirables astuzias, o mas bien engaños ,
para hallarle o reduzirle. Pues no les basta el
dar de palabra a los que envian en su busca las
señas comunes, tales como el traje , la figura ,
los perfiles de su cara, la edad etc. por las que
se pueda reconozer al fujitivo , sino que ade-
9 más * procuran hazer pintar en varios pañizue-
los la efijie del ausente , sacada aFvivo i con la
9
«xaetítHd posible , distribuyea estas efijies en-
tre los indagadores , paraque hallándole , co-
nozcan por ellas fazilmente a quien tal vez
nunca vieron. Ilustrará semejante astuzia el
«jemplo siguiente.
Pren£eron en Sevilla no haze mucho tiempo
a un Italiano , que en Roma , había herido a
cierto ministro de la Inquisizion (vulgarmente
llamado alguazil inquisitorio.) Los famihares
enviados en su busca, aunque según costumbre
tenian consigo el retrato, sin embargo habien-
do dado con él en Sevilla , no mui ciertos de
que fuese , prinzipalmente por haber él muda-
do con estudio de traje i de nombre, perseguían
hazia tiempo , al mismo que sospechaban ser
por el retrato. Acométenle pues con nueva i
digna astuzia de espíritus familiares, en el tem-
plo prinzipal de Sevilla , a tiempo que se pa-
seaba i hablaba con otros. Acércanse a él dos o
tres , i al volverles la espalda para repetir el
paseo, uno de ellos le grita detrás llamándole
por su antiguo nombre. Él, entregado todo a la
conversación que traía , i no sospechando cosa
semejante , * vuelve de repente la cara , i res- 10
ponde a su antiguo nombre: al punto le pren-
dieron los mismos azechadores , a quienes no
10
dejó ya lugar alguno de duda. Paw) en las cár-
zelesínquisitoriasmuchosilias, ialfin, después
i\p. largas prisiones , publicaincnle azotado i
condenado a galeras en perpetua servidumbre,
pagó la pena , no tanto de haber herido al al-
guaiil ioquiaitorio, cuanto de su imprudenzia>
descuido.
Aunque estos estratagemas sean muí injenio-
sos i níngttna prudenzia humana baste al pare-
cer a preca\erlos, no será fuera del caso tnani-
l'estar con otro ejemplo raro , de que manera
los ofusca Dios muchas vezes , proveyendo de
cuando en cuando a los suyos de cierta astnzia
santa para eludirlos. Haze un afto se escapó de
la carzel inquisitoria de Valladolid un Belga ,
que, cojído por causa de la profesión del Evan-
jelio , había pasado muchos dias en aquellas
cárzeles. Salieron en su busca , según costum-
bre, aquellos familiares cazadores. Alcánzanle
a poras leguas de alli i le cojen en medio del ca-
mino. £1 Belga afirma constantemente no ser
el que ellos buscan, no por eso desisten los fa-
It miliares, * antes por el contrario, a la fuerza ,
i atándole , trataron de llevarle , afirmando ser
él: i no indezisos, sino con toda seguridad, «¿no
eres tu ,• le dizen. -el qut: liaze ocho dias se es-
11
«apó de la cárzel de la Inquisición Vallisoleta-
na?» Él, con semblante sereno, «miradlo mejor'
dize,' porque ése no soi yo , antes vengo ahora
mismo de León, en donde me dediqué por va-
rios dias a mi ofízio, i paraque de cierto sepáis
ser asi, leed este testimonio, que azerca de ello
traigo conmigo.' T sacando al punto un escrito
se lo dá a leer: el cual leido, danle fé al momen-
to i le dejan libre , no sin vergüenza de haber
errado puerilmente en prender a uno por otro,
según creían. Pero azerca del testimonio con
que tan oportunamente se libró , lo que hai es
esto. Después de su salida de la cárzel, ponién-
dose no sin prisa en camino, encontró en él por
casualidad a un paisano suyo, de antes conozido
que venia de León ciudad de España. Este, por
exijirlo asi sus negocios , se habia procurado
aquel testimonio. El cual, ignorándolo entram^
bos, dispuso Dios, por un decreto impenetrable
de su providencia , paraque aquel se librase de
tan gran peligro : pues , habiéndose ido el uno
dos dias antes, dejando al otro ese testimonio,
para que se lo guardase; con * él , engañó éste 12
tan oportuna como chistosamente a aquellos si-
cofantas i se salvó por fin.
Suelen estos espíritus familiares usar de di-
^
12
versa ilil^cncia para desnuliríi- n loa fujitivos.
I'ups algunos de ellos seguirán, o bien las bue-
llan que ya )iall.iroii del ausente , o bien el ca-
uiino que según su sagazisimo juizío, les pare-
ze llevar. Otros (pues aun para una sola mosca
que se escape de la Inquisizion sueleo despa-
charse varios en su busca) velan en los mismos
caminos azechando de noche . como que tienen
por averiguado, que el que huye ha de caminar
de noche mas bien que de dia. Contra esta di-
lijcncia, preparará Dios al que quiera librar,
Esto, en cuanto a la prisión : vamos ahora a lo
f{ue acostumbra a hazerse después de la pri-
sión i encarzelamienlo.
DE Llí SECUESTRACIÓN DE BIENES
mCHA COHUNHEnTE SECCBSTBO.
13 * Ti
rendido por el alguazil o por los familiares
el delatado , al instante le piden i quitan todas
las llaves de sus arcas i papeleras , si las jtiene,
i envían un notario con algunos familiares i el
mismo alguazil , para que reduzca a inventa río
cuantos bienes Icnga en su casa , sean cuales
fueren : lo cual dilijen te mente ejecutado , de-
^'^ 15
positan , para que lo guarde , todo, lo que ha-
llaron , en manos de algún vezino rico , quien
promete dar de buena fé cuenta de todo ello ,
cuando se la pidan. En este, que llaman secues-
tro , conviene sobre todo , que los interesados
no aparten los ojos de las manos de los que en
él intervienen , i por quienes se baze ; i mas ,
cuando hayan de reduzirse a dicho inventarío,
dinero , cadenas de oro o plata , o cosas en fin
de algún valor, que fazilmente pueden ocultar-
se : porque se les pega muchas vezes algo de es-
to, cuando falta tan dilijente observación. Pues,
consta por lo regular este gremio de familiares,
de rufianes , ladrones , i de toda espezie de
hombres rapazes * i malvados , que acostum- 14
brados a vivir del robo , no pueden ni quieren
contener sus manos. Añádese a esto,que no juz-
gan ellos van a poner las manos ep unos bienes
enteramente ajenos , i a los que no tengan de-
recho alguno.
Réstanos , ahora, el manifestar brevemente,
con que fin se haze este secuestro de bienes. El
fin es , que si aconteziere por casualidad , ser
condenado el preso a la pérdida de sus bienes ,
o a la confiscazion de alguna parte de ellos, na-
da , ni aun una sota escudilla , pierda e\ Santo
D
14
Ofizio. Pues , CB claro , que en lodo negozio ,
lo que ellos buRCan es . la presa i despojos de
los ¡nrdizes : De otra suerte . ¿qué tienen que
ver ¡Oí padres dellafé, los letadores de la so-
la piedad , con los bienes de los que proclaman
querer rcduzír al camino"! O iquién será tan ne-
cio que crea poderse cor r^ir el error en la fé ,
con la confiscasion de bienes^ Tampoco sin em-
bargo , es ajeno de hombres cristianos el ser ,
por la confesión de Cristo, despojados, por los
enemigos , de todos sus bienes , i aun de sus
vestidos ; puesto que eso mismo se hizo con el
Seüor, cuyos miembros son, i cuya verdad pro-
fetian, decretando , después de quitarle cruel-
mente la vida, echar suertes sobre sus vestidos
no de gran prezio i aun acaso raidos por el uso.
{5 * Este sacrílejio está ya tan santificado por el
voto común de los teólogos , es dezir, de frailes
i clérigos, que despojándose de toda vergüenza,
predican i ensenan, que el que no consienta con
la doctrina del Papa de todos modos, o disintie-
re de ella alguna vez, queda por )o tanto obli-
gado en conzienzia (según dizen] a entregar al
íisco todos sus bienes, a quien se los debe to-
dos, como si antes se los hubiese quitado. La
razón, dizen , es, que en el mero hecho de ba-
berse apartado de la doctrina de lalgleeia Ro-
mana, se constituyó poseedor ilejítimo de lodos
sus bienes , i pospedor lejitimo dellos al rei , a
quien el Papa los adjudicó. Por lo tanto está
obligado a restituírselos Íntegros , aunque la
Inquisizion nada hubiere sabido nunca azerca
de su negozio. De esta suerte, i con ese solo la-
zo de sagazisimos cazadores, se hazen ante todo
mui azeptos a los reyes , i enredan al mismo
tiempo las conzienzias i las bolsas del miserable
i estúpido pueblo , que los tiene por lum-
brera.
Pero voWieado a nuestro propósito . así que
entra el cautivo en la primera puerta de la cár-
zel , el alcaide con el notario le pregunta si tie-
ne consigo algún cuchillo * o dinero , anillo o 16
alguna alhaja preziosa. I sí es mujer i tiene col-
gada de la cintura, alguna cajilla do |)unzones,
anillos, collares, aretes, o alguno de tales ador'
nos mujeriles; la despojan de todos ellos , i por
lo común ceden como presa a los despojadores.
Esto se haze para que nada tenga el cautivo en
su cautiverio con que se puede ayudar. * Escu-
drinan además si acaso mete consigo ocultamente
16
algún escrito, o librillo, o cosa semejante. Pero
luego que entro en la carzel , le encierran ea
alguna de las muchas celdillas , no desemejan-
te al sepulcro en lomui ai^usta , en el olor i
tinieblas ; a algunos se lesencarzela, solos por
ocho o quinze dias, a otros por algunos meses,
i a otros para siempre: a algunos , desde el pri-
mer dia de su cautiverio , se les dan compañe-
ros , según por sus artes les pareze a los seño-
res Inquisidores mas conveniente.
DE LAS VARIAS AIIDIENZIAS.
17 * Uespues de uba o dos semanas de encarzela-
miento, los Inquisidores , de concierto, envían
secretamente al alcaide de la carzel , paraque ,
como si saliese de él , aconseje al encarzelado
que pida una audienzia , lo cual , a saber , el
que el encarzelado entable primero la acción ,
no debe creerse careze de algún misterio. El
alcaide , pues , a la hora dd almuerzo , o a
otra mas cómoda para ello , se azerca al cauti-
vo, i mezclando diferentes pláticas, viene a pa-
rar en preguntarle como no pide , paraque se
despadie luego su negotio , que se le dé una
17
audienzia. 1 así le aconseja, que cuanto antes la
' pida, i le advierte que con esto ayudará no po-
co a su causa , i llevará mas pronto su negozio
a un fin no mal: o que en cuanto a si propio, se
ve obligado , por la amistad que ya con él le
une, a advertirle su interés , i a prometerle pa-
ra lo suzesivo fiel i amigable ayuda. Piadosa-
mente se puede creer , que el rehusar el encar-
z^ado pedir audienzia , i esperar a que le lla-
menlos Inquisidores ha * de ser mas ventajoso 18
a su causa , si es que le queda alguna ventaja
al infeliz entregado ya como presa a las fieras
inhumanas. Al menos , si otra cosa no, suzede-
rá , por esperar , que no tenga el cautivo otro
cuidado que el de responder a las objeciones de
los mismos. Pero siendo esto un misterioso ar-
cano , quede la decisión piara loa que coa roas,
prudenzia opinen.
Ignorante el encarzelado de estas artes, por
lo común sigue en el asunto , el consejo del al-
caide, porque piensa haberle este aconsejado lo
mas saludable i le ruega que al pedir la audien-
zia haga sus vezes. A cuya petición aczede al
punto el Inquisidor. Entrado^pues el preso en
el tribunal, el Inquisidor, al descuido, como si
nada supiese , le habla casi en estos términos :
18
•El alcaide déla carzul viene i dize, que (u pi-
des audienzia , ¿qué es pues lo i|ue quicresN E
preso responde que desea que se entienda en su
negozio. I si acaeziere ser poco cauto , empie-
za 3 confesar algo de aquello porque piensa le
delataron , obligado a ello por el tedio de la
carzel , i por el miedo de lo que para adelante
augura. Agrada éslo sobre manera a los padres,
puesto que esla vez i otras muchas después
19 suelen para esc fin * coiizeder audienzia a los
presos i llamarlos . de cuando en cuando , al
tribunal, antes de darles copia de su acusación
integra i de las deposiziones de los testigos (que
debia ser el primer paso según el orden lejiti-
mo del derecho ) paraque el reo vomite de si
algo que aun no saben. Amonéstanle , que con-
fiese, ile prometen , que si reconoze degrado
sus yerros, le dejarán ir al punto a su casa, que
rri breve resolverán su negozio i usarán para
con el de mucha misericordia. Pero si ( lo que
i'S mas saludable) calla obstinado, a todas estas
promesas vanas i llenas de engafto , le advierten
süriamenteque descargue su conzienziai que pi-
tlaaudienziacuando hubiere yadeterminadocon-
Icsar de grado: que ellos entre tanto examinarán
.^it uegozio : i con eslo le remiten a la cárzel.
i
19
Al cabo de seis u ocho días después , o mas,
según les pareze , mandan que se presente de
nuevo, i le preguntan sí determina confesar al-
go. El preso o responde que nada tiene , i que
está inocente, o confiesa por casualidad alguna
cosa. Cualquiera que sea su respuesta, ellos re-
piten la antigua amonestación , que mire de
descargar suconzienzia, pues , por su parte ^ , 20
no buscan mas que su bien i salvazion, estando
como están, mui propensos a tener con él mise-
ricordia, que si desprezia tanta lenidad, llegará
a esperimentar un juizio mas severo, acusán-
dole el fiscal; i con esto , le envían de nuevo a
lacarzel. Fiscal, llaman, al que después de re-
zibir las acusa ziones , de los delatores , en la
sustanziazion de toda la causa haze ofizialmente
de actor : llamado sin duda asi, porque mira en
particular por el fisco , i le presta su trabajo
por un estipendio.
Citado Juego el reo a la terzera audienzia
(pues asi llamamos a las acciones jurídicas va-
liéndonos de nombres ya usados i conozidos) le
preguntan , si tiene cousigo mismo algo delibe-
rado, i le instan, en virtud de la antigua cauzion
muchas vezes repetida , a que de grado mani-
fieste la verdad : de lo contrario obrarán con-
20
fDrme a derecho: (entienden, en este logar , por
derecho, atormentar atrozmente , i despedazar
a hombres , que aun según sus misaas leyes
nada de eso merezieron): que tenga por cierto ,
que aquel Santo Tribunal, a nadie haae úcyaria,
ni prende nunca a nadie , sino cuando está su-
fizientemente informado etc. Si el reo descubre
algo, aun finjen, que no están satisfechos, i que
•
creen que oculta a sabiendas muchas cosas; *
21 asi le remiten a su cárzel , * abierta tanio mas
la herida , i multiplica después las audien-
zias, según advierten que va poco a poco decla-
rando mas. Pero si el debtado responde con
ánimo constante que nada tiene que declarar en
aquel lugar , mudando de ardid, le tientan con
una nueva astuzia, exijiendole juramento , para
lo cual le ponen delante un idolo, que represen-
ta un crucifijo cubierto con un velo negro para
infundir temor , i no sé que otros Ídolos; i tam-
bién, el libro de la misa, o misal: a vezes algu-
na simple iraajeo de la cruz, porque omiten o
multiplican estos ardides, i meros juguetes , se-
gún les pareze que conviene, teniendo en cuen-
ta el hombre con quien tratan. Este es, para el
hombre cristiano, un paso como forzado, de su
camino , en el cual por necesidad tiene que ha*
21
zer una clara i perfecta confesión de su fé. l*or-
que si el acusado fuere verdaderamente íiel , ^
hubiere de corazón abominado la idolatría, mi-
rando a aquel solo Fuerte i Zelador, que en su
sacrosanta leí reservó para si solo , esta gloria
de jurar por su nombre ; se guardará cierta-
mente de comunicarla a vilísimos ídolos de ma-
dera, o de hierro, que en cuanto se les viste con
la imajen de las cosas mas sublimes, son por lo
tanto mas * abominables a los ojos de Dios i de ^
su Iglesia. Se guardará, pues, el hombre piado-
so, de tan impío e indigno juramento, aunque
de no prestarlo hayan de ser descuartizados sus
miembros, puesto que ídolos son verdadera-
mente, no Dios a quien se debe entera esta
honra , sin que puedan negarlo los mismos In-
quisidores. Después de rezibir al encarzelado el
juramento empiezan a examinarle con tales pre-
guntas. Quien es: de qué reino: de qué arzobis-
pado u obispado: de qué ciudad, villa o aldea :
de qué abuelos i bisabuelos desciende : cómo se
llamaban : si tiene hermanos o hermanas ; en
fin , que parientes, i como se llaman : cuales
sus ofízios i modos de vivir? Si el mismo , o al-
guno de su linaje , incurrió alguna vez , en la
censura de la Inquisizion , i por qué causas.
V
22
Cuántos años lioiic , im <lón<le , en qué <:jerzi-
zios, finalmente, en compaflia tie que personas
pasó los aflos que dizc tener de edad.? ¡ aquí
se le ubiiga a dar una cuenta esacta, de toda su
vida , por años , i por cada uno de los lugares
en que residió : pues Uu cada circunstanzia de
estas , sacan argumentos , no leves , con que
agravan después sobre manera ta causa del
desdichado. Oida la respuesta a tales act^eso-
rios, repiten la antigua ainoncstaziun.valiendo-
25 se, ya de halagos , ya * de amenazas , esortán-
dole a (¡UH espontáneamente diga la verdad, te-
niendo por cierto , que ellos nunca mandan
prender a nadie sin justa causa i sufizicntes
pruebas,! con esto, oconfeso, o de otra suerte,
le remiten a la cárzel.
En e^as tres primeras audienzius suelen mu-
clios , bien sea atraídos por la esperanza de las
promesas de que. con Lodo estudio, los colman,
lie dejiírlos ir a su casa en cuanto confiesen lo
que se les pregunte: o, ya sobrecojidos, del ex-
Iraurdinario temor que por las terribles ame-
nazas concibieron; declarar muchas cosas ente-
ramente ocultas a loa inquisidores, por nu ha-
berlos nadie basta cntonzes acusado de ellas ,
creyéndose descubiertos por aquellos con <|uie-
!2r>
nes azerca de las mismas cosas trataron alguiüi
vez. De esa manera, mientras por imprudeuzia
propalan lo suyo , envuelven también en su ca-
lamidad a otros, que quizá nada de eso temian,
de quienes nada hasta entonzes sabían los pa-
dres: especialmente, cuando llegan ya a enten-
der que con esto han de agradar muchísimo a
los santísimos padres , ansiosos de nuevas i)re-
sas, cuya grazia, por cualquier medio que sea,
con tal de librarse ellos mismos de aquella ca-
lamidad , procuran merezer. Asi es, que mu-
chas vezes , los mismos encarzelados , por leví -
simas causas * presos en un prinzipio, se pier- 2 i
den a si i a otros muchos,por fiarse de las falsas
promesas i halagos de los inquisidores , i por
ignorar asi la conducta que deben observar en
sus negozios , como el concepto en que deben
tener a aquellos padres , esto es , no en el de
padres (según quieren ellos llamarse para escar-
nio de toda humanidad i piedad) sino en el de
cruelísimos enemigos, que con astuzia, engaños,
mentiras i fraudes de todo jénero, azechan a la
vida i a los bienes, así de los culpados como de
los inocentes. Contra todos estos lazos > solo
queda un remedio , a saber, que el que por su
Hado, esto es, por la Providencia de Dios, caye-
21
re en sus rnaaos, ert primer lugar, nádale» crear-
mmqne le prometan grandes cosas , nada lema,
aunque le conminen con las mayores penas, te-
niendo siempre delante de tos ojos, d temor i el
amor ile Aquel, que después de matar el cuerpo
tiene poder para mandar el alma a ta gehenna.
Este, que tiene exactamente contados , todos
nueslros cabellos , no permitirá, que ninguno
caiga al suelo, contra su voluntad, exsdente sin
duda para los suyos. En segundo lugar; refrene
sulengtM, con grandísima constaniia, hasta sa-
ber suacusaiion i la deposiiion de los testigos a
que tiene qué responder, según d orden naturat'
del derecho.
Después, en )a cuarta audienzia se le eiije de
25 nuevo * al reo un juramento, añadiendo graví-
simas deprecaciones, paraque espontaneamente-
declare lo que supiere ; de lo contrario , ge le-
tratará conforme a derecho, intentando el fiscal
h ;inisazion contra <■! , etc. Si él , constante,
alii-ma, aun , qui; nada mas tiene que declarar,
le Jiiitílican por último la acusazion, por escri-
to, poro llena de muchos i supuestos cargos ,
sohrc cosas, que ni al mismo reo se le ocurrie-
ron nunca , ni le delató jamás oadi« , de ellas ,
aula los inquisidores : porque es una arte in-
25
quisitoria, propia i lejitima de los santos padres
"de la fé, el forjar de su cosecha estos cargos, o
-mas bien delitos,prinzipalmentc con estos fines:
primero, para dejar atónito al infeliz, abrumán-
dole con la multitud i gravedad de los crímenes
forjados, i paraque , fuera de sí, no sepa donde
está, ni a donde volverse , ni que responder : i
después , para ver si tal vez el acusado admite
alguno de los crímenes que se le atribuyen , o a
lo menos, si azerca de alguno de ellos, pueden
trabar con él unas palabras, por donde puedan
iraerle ala red. ¿Es esto, acaso, imitar eljuizio
de Dios , cuya causa se jactan de defender los
padres de la fé , ante el vulgo miserablemente
ignorante , sobre todo , en * el umbral mismo 26
del espectáculo i del triunfo en que presentan
a los inocentes que han de entregar luego a los
suplizios, cantando con grandísima impudenzia
i manifiesta irrisión , «levántate. Dios, juzga tu
«ausa»? ¿Enjendra , acaso , estas artes , la fé ,
cuyos padies quieren llamarse? ¿Las enseñaron
por ventura, los verdaderos padres de la fé o las
usaronalguna vez? ¿Son estos, los medios propios
de reduziral camino, al que imprudente se apar-
tare de la fé, i déla palabra de Dios; de enseñar
al ignorante , de correjír al que en fuerza de la
»w
26
Immana comlizion delinquiere? ¿Oson, masbien
lazos (leSatancís que con frecuenzia usaron siem-
pre los hombres calumniadores i diabólicos ,
ocultamente tendidos para armar zancándilla *
al pobre, o estorbos capziosos i con maligna ar-
te dispuestos, de intento , paraque tropieze en
ellos i al íin se estrelle, el que incauto, i miran-
do por su vida, según la común senzillez , me-
nos de lo que debiera , pasare por allí ? Pues
¿quién creerá que los santos padres se entretie-
nen en armar semejantes lazos? Pero, algún dia
manifestará el tribunal de Cristo, de aquel in-
quisidor verdaderamente católico, cuántos des-
dichados cayeron en estos lazos, i perdieron en
ellos sus cuerpos, i quizá sus almas, por indus-
tria i manejo detestable de estos artíñzes de
iniquidad i violenzia.
27 *Los primeros de aquellos cargos suelen ser
comunes a casi todos los que a tal conflicto
llegan en este santo tribunal. He aquí los tér-
minos eu que están conzebidos. Que habiendo
sido bautizado , i dádose por hijo de la iglesia
Romana, desertando de su profesión, se pasó a
la secta luterana, admitiendo i rezibiendo los
* El orij. dize— ad supplantandum,— i el trad. había puesto-
suplaníar,— latinizando la azepcion de la voz.
27
-errores de esla herejia : i no contento con ser
hereje, hizo a otros también herejes, enseñando
i dogmatizando, etc. Por este estilo , añaden
muchas palabras hinchadas i campanudas, para
infundir terror a los simples. A este primer
cargo siguen otros varios a vezes de mayor ,• a
vezes de menor peso , entre los cuales, de pro-
pósito injieren aquello de que fue delatado el
reo , o la sospecha que de él conzibió alguno, i
ésta> nó como sospecha , sino como hecho afir-
mado i atestiguado, pues cu este santísimo tri-
hunal , todo lo que conviene es lízito.
Responde entonzes el acusado uno por uno, a
los cargos que se le oponen, o confesando o ne-
gando según mejor le viene, i dictando él nota un
escribano sus palabras. Rezibida * esta repentina 28
impensada , i no mui exacta confesión, le ofre-
zen papel i tinta , paraque pueda , si quiere ,
responder por escrito. Su designio en esto es
hazer ver, quenada omiten , paraque pueda el
reo mas cómoda i ampliamente demostrar i de-
fender su inocencia : pero bajo ese pretestq es-
pezioso , se oculta una arte Inquisitoria , i con-
siste, en'que,' rezibida ya por ellos de boca del
reo una confesión oral e improvisada , quieren
añada otra, con mas cuidado i dilijenzia com-
28
puesta, en que sea fazil hallar alguna diferenzia
(1c la primera, la cual, por cierto, ni tiene de-
lante, ni puede acordarse de todas las palabras
que, o dijo en ella, o se le escaparon , conster-
nado prinzipalmente por el miedo. Sí esto no ,
([ue añada al menos mucho o dlgq a la prime-
ra. Pues les conviene tener de donde sacar
con su peculiar dialéctica , las contradicziones
que desean, i un nuevo i limado escrito del reo,
presta mas amplia materia, a nuevas calumnias.
El que quiera saludable i prudentemente ocur-
rir a esta treta , no responderá allí nada de
repente , i sin premeditazion: sino que , mas
mudo que un pez , para cualquier otra cosa ,
pedirá en suzintas i contadas palabras « que le
20 den una copia de la acusazion , tinta * i papel ,
i tiempo además , para poder responder con
despazio i madura deliberazion a los cargos
que se le hazen. I como ellos , sin duda , no se
darán por satisfechos con esta respuesta , i se
empeñarán en obtener las dos , para los fines
que dijimos ; convendrá , que el que haya de
responder , esté mui sobre si , i eluda con tan
lacónica respuesta , sus conatos: i aun cuando
le pregunten i sonsaquen , i se valgsm ya de su
gravedad, ya de su perversidad inquisitoria, no
29
se deje arrancar de aquella breTisima i cortada
respuesta. Aunque estos padres solizitadores
desean con i^ehemenzia la contestazion improvi-
sada , que dijimos , aprezian con todo sobre
manera la escrita , prinzi pálmente de los hom-
bres de letras , los cuales , por una casi cons-
tante esperiencia saben , que son de tal natura-
leza , que mientras se esfuerzan en defender o
interpretar, a su manera, uno que otro error ,
a Tczcs no de grande entidad , suelen añadir
otros varios, o al menos , mientras sacan mu-
chas cosas de. su caudal literario, suministran
también a los hombres capziosos , mucha ma-
teria para calumniar. I asi suzede i amenudo,
que tales doctos varones, cayendo primero en
aquel abismo, aun por levísimas causas, abru-
mados después * con muchos i gravisimos car- 50
gos , salieron de alli , o para la hoguera , o
para la pompa triunfal , poco mas tolerable ,
teniendo luego que pasar el resto de su vida en
las perpetuas tinieblas de la vergüenza , como
pudiéramos comprobar con muchos ejemplos,
si no rezelasemos tejer de comentarios , la ver-
dadera historia de las artes inquisitoriales. En
aquel lugar, pues, será cuerdo, a tiempo, el que
con madura deliberazion suzinta i resueltamen-
E
te respondiere , acoDsejándose de la prudenzia
cristiana, que ni daña la conzienzia terjiversan-
do o menoscabando la verdad, ni con una res-
puesta, larga en demasía, da a los adversarios
asa, para armarse de nuevos lazos , que es lo
que sin duda buscan ellos en la respuesta escri-
ta. Convendrá también, al que baya de respon-
der, confirmar, si puede sus dichos, coa los cáno-
nes de ellos mismos, o con los que llaman teólo-
gos sentenúarios. Pues entonzes ni perderá de
suyo nada la verdad, ni la contestazion quedará
tan fazilmente espuesta a las calumnias, defen-
didaauncon las armas de loscontrarios. Cuando
alguno les declara de palabra, o por escrito algo,
para ellos abiertamente herético, suelen habér-
selas de este modo. De aquella propoñzion de-
31 duzen ellos otras , en buena ' o mala conse-
cuenzia ; i con cada una en particular , le gra-
van , como si , en particular , las hubiese afir-
mado o enseñado, aunque el reo nunca las haya
proferido, ni las conzeda , ni aun las entienda.
Para aclarar mas esto con un ejemplo , presen-
taremos uno , que snzedió pocos afios haze en
Sevilla : pues no se nezesitan ejemplos supues-
tos en una cosa , practicada casi todos los dias
en aquel santo tribunal , con gran detrimento
31
prlniípalmente de los senzillos i rudos. Pre-
sentóse a la Inquisizion de Seyilla uno , a quien
habían citado , por haber dicho en un corro de
amigos Íntimos, que fuera de la sangre de Cris-
to, que diariamente lava i purga a los suyos de
sus pecados, no recenozia otro purgatorio. Era
el tal un hombre senzillo , dedicado continua-
mente al campo, i en fin sin otra mas culta ins-
truczion. Quizá él una vez habia oido aque-
llo a alguno de sus allegados , i no le
habia disgustado. Hallándose ante los padres
de la fé , confiesa que, en efecto, fué de aquella
opinión , pero supuesto que sus reverencias no
la aprueban , que él de grado la rovoca. Mas
¿ qué te áproTechó , miserable , esta tan preci-
pitada i repentina palinodia ? Cuando confesas-
te el hecho, los inzitaste : callando los hubieses
instigado , sinzerandote , en fin, habrías perdi-
do el tiempo. No * bastó esto a los señores in- 52
quisidores , tenían aun que buscar un nudo en
el junco , (a) sin duda paraque los órganos in-
quisitorios no se corrompiesen enmoheziéndo-
se por un dilatado ózío. De aquella premisa de-
duzen en daño del infeliz labrador: «luego la
a buscar dificultades donde no las liai. Prov. lat.
32
iglesia Romana , que , de antiguo , decretó lo
contrario en sus leyes , yerra. Yerra también
el concilio. ítem mas: «la justificación, solo con-
siste en la fé , en virtud de la cual queda el
hombre libre de culpa i de pena » i , para aca-
bar de una vez, de aquí deduzen todo el enca-
denamiento de aquellos dogmas que ellos llaman
herejías , i con cada uno de esos dogmas abru.
man al doblemente desdichado , como si con
palabras espresas los hubiese afirmado ; aun
cuando porfiadamente reclame i asegure que no
sabe a la verdad lo que aquello quiere dezir , i
que , mucho menos , pudo nunca ocurrírsele.
¿Quién no vé cuan lleno está este modo de pro-
zeder de fraude i engaño i de calumnia mani-
fiestamente diabólica , en cuanto atañe a aquel
santo ofizio? Pero débese aquí contemplar i ado-
rar sobre todo la divina Providenzia, para con
sus escojidos, a quienes, cuando están privados
de otros medios mas conduzentes a su propia
vocazion i enseñanza , llama por este mismo ,
tan contrario, que no lo es mas el agua al fue-
go , los enseña i los ilumina. Pues los inquisi-
33 dores que * se declaran estirpadores de la fé i
de la misma verdad, esos mismos , repito , son
de la manera que dijimos , los predicadores ^
55
doctores ¡propagadores de tal verdad. Asi apa-
reze de los clarísimos ejemplos de muchos, que
en sus manos cayeron , ignorando varias cosas
a su propia salud pertenezientes, tan solo, a la
verdad, porque sin fundamento, mas bien que
con premeditado consejo, charlaron que no ha-
bía Purgatorio, o cosa semejante ; quienes sin
embargo , por las preguntas , consecuenzias ,
inducziones mas o menos lejítimas de los mis-
mos inquisidores , salieron notablemente ense-
ñados ; de lo cual , el rústico de que ahora ha-
blamos, puede ser ejemplo manifiesto.
Suelen también entonzes (esto es, cuando ya
el reo les concedió algo ) tender un nuevo lazo
harto peligroso. Pregúntanle de quien aprendió
aquello, sea lo que fuere , a quien se lo oyó, o
si acaso lo leyó, en que libro? Ademas , si de-
partió con otros sobre el asunto , o ensefió a
otros, o habló de cualquier modo sobre lo mis-
mo delante de otros? En dónde. Anle quienes :
piles iodos los que lo oyeron , aun contra su vo-
luntady por no haber delatado inmediatamente
al autor ^ a los inquisidores.aunque sean sus pa-
dres, o estén ligados con el mas estrecho vínculo
de la naturaleza, corren gran riesgo i vienen a
ser presa * no dudosa de los Inquisidores, Todo 34
u
esto cunviene saber, pura(|ac cada uno iwr íeí
i voluntad divina esté de antemano prevenido i
enseiiado azerca de lo que a semejantes pregun-
tas debe responder , para no |>erderse a si i a
oíros inozentcs , con BU imprudenzia, si acaso
le acontezicru , por disposizion de Dios , caer
en estos lazos.
Entablada por fin la acusazton , si et reo es
aun pupilo (al cual llaman menor de edad) en
esta misma audienzia le proveen de patrono
(procurador o curador suelen llamarle.) Piado-
so inLento a la verdad , si para lat ofizio se es-
cojiera uno , que esforzadamente i según eii^
el cargo, desempeñase su parte. Pero éste , no-
es el que pide el pupilo , »el que mas le con-
vendría para mirar mejor por su causa ; sino el
que ellos escojen, que, o ea un lobo, que en con-
tra de la ovejuela se agrega de refresco a los
demás, o que al menos no haze otra cosa que
llevar por insulsa ceremonia el nombre de Pa-
trono, por cuyo medio solo , cumple con el de-
recha. Por lo común , desempeña este ofizio el
])oi'ti'L'o de la Inquisizion , i en su defecto ,
cualquier otro fámulo de esta oGzina : por
que. fuera de representar la pecsona i nom-
bre de curador , comonada tiene que hazer en
55
SQ ofizio , bien puede a la verdad , el curador
de * la muía del seüor Inquisidor, hazer de cu>
rador, sin ningún * trabajo, de todos los presos 55
de la carzel a un mismo tiempo: ademas el por-
tero, no por eso, dejará de responder, a tiempo,
a todos los que llamen a la puerta. Sin duda asi
observan las leyes divinas i humanas aquellos
santos padres para con los pupilos , tan reco-
mendados por la lei de Dios i por la misma
humanidad a todos los hombres , i en particu-
lar a los juezes.
Ñiparan, en este punto de irrisúm del dere-
cho. Pues por el mismo tenor cumplen con otra
parte no menos importante del derecho i déla
equidad, a saber, la d& proveer a todos los reos
de abogado jurisperito, que dirija prudentemen*
te su causa i su derecho, según la norma délas
leyes i de la equidad misma; que defienda su ino^
zenzia si la tieíien; i si no, que mitigue al menos
la justizia,para que no dejenere en una suma in-
juslizia: a estaparte, digo, del derecho, tan im*
portante, i que parezia quedar por único refujio
a los miserables aflijidos, satis fazen, solo con la
* El oriuoal— «curador mulcB domini inquisitorist — e. d. su
mozo de caballos, o el que le cuida la muía ; pero el traductor
deja ahí el juego del vocablo latino.
36
misma ineficaz (a) ceremonia que antes, al dar
curador a los pupilos: si ya no es, que como la
cosa es gravísima, procuran ademas, con algún
espezioso prelesio, encubrir aquí, la impiedad i
el desprezio de las leyes , i aparezer algo mas
humanos. Nombran al reo, tres o cuatro de los
mas célebres jurisperitos, para que, a su gusto,
escoja uno que defienda su causa. I no satis fe-
chos con tanta benignidad, le acons^an (sin dur
da con animo paternal) que elija al que eüos tie-
56 nen por mas docto. * ¿Qué hai que desear aquí ?
Pero se guardará el abogado elejido, quien
quiera o cualquiera * que sea , de advertir al
reo, de cuya defensa se encargó, punto alguno
del derecho « que pueda en cierto modo aliviar
su causa. Pues sabe, que si por algún medio lo
llegaren a averiguar los inquisidores , no que-
dará impune : supuesto que, en realidad, no se
le provee aqui al reo de abogado , paraque ten-
ga un defensor su causa , (i por eso no pueden
el abogado i el reo comunicarse o tratar juntos
secretamente alguna cosa , sino en presenzia de
los señores inquisidores i del escribano) , sino
a El traductor puso, fria: porque en latín dezia frígida .
* Lat. — quicumque aut qualiscunque.
7^7
mas bien , paraque el vulgo crea , que ellos
cuando obran contra todo derecho divino i hu-
mano ; obran jurídicamente , i usan de la equi-
dad , que a tales padres corresponde. ¿A (|ué
pues el abogado? rezibe (según luego diremos)
del reo, la ruda i mal pe rjeñada respuesta, a la
acusazion , i trasladándola al estilo forense (a
vezes aun adulterada), la reduze a orden jurídi-
co. Entretanto conserva todavía el nombre de
abogado , paraque los señores inquisidores elu-
dan el derecho. Prosigamos.
Al terzer día pues de rezibir el reo una copia
de su acusazion, le citan * al tribunal: allí está 57
ya pronto su abogado, como quien ha de apartar
denodadamente del que va a rezibir luego bajo
su tutela , todos los dardos de la iniquidad. Ta
el inquisidor , como dispensando al reo un su-
mo benefízio, i eximiéndose enteramente de esa
parte del derecho , apuntando con el dedo ,
muestra al reo su abogado : después , con su
sólita perversidad , le canta la acostumbrada
cantinela , a saber , que diga la verdad , que
consulte i atienda seriamente a su conzienzia, i
que esponga , si tiene algo mas que esponer.
Mientras , nuestro abogado se sienta, o está de
pie , muí atento, como si fuese^ de palo. Porque
\
58
si algo tiunc que dezir, no puede manifestarlo,
RÍno consultando antes al inquisidor , i mirán-
dose uno a otro atentamente , mientras habla.
Pues rezela el inquisidor que el abogada por su
liabladnria , * o por sü imprudenzia , charle
alguna co?a, con que advertido el reo de su de-
recho, se enreden los hilos, astutamente encu-
biertos para su captura. El abogado por el con-
trario horrorizándose del peligro , se sobrecoje
(le temblor, no sea que, por imprudenzia, se le
escape alguna palabra , que ofenda at seftor in-
quisidor. El abogado admitido por el reo , solo
dize con seguridad en alivio de su defeodido ,
8 que tenga buen ánimo , i que * declare sobre
todo la verdad , pues solo eso vale , * en aquel
sanio tribunal. Que, por su parte nada omitirá
de lo que en él consista ele. Entona , después .
el luquisidor la misma cantinela, i con esto, se
lemite al reo a su sepulcro.
De todos modos , después de esta audienzia ,
empieza a animarse el reo , persuadido de que
su negozio toca ya al término. Pero suzede muí
' o.— ¡fornalidad ; pues el Fol. asi— ^rmUtale.
' Donde si: habla Dincho do salud , allí bai peale, DoihIc so
liiibla murhD de lerdud, alU lolo hai niíDlira jeDenJnienlc.
i
59
de otra manera: Pues a algunos , euli egados a
un largo olvido, se les suele dejar en la cárzel ,
como para ablandarlos i curtirlos en la cal i
tinaja de los curtidores, por espazio de un año,
o de ano i medio, o también tres o cuatro afios
enteros , según el arbitrio de los padres de la
fé , i en todo ese tiempo , ni los llaman , ni se
trata seriamente de despachar su negozío. Si
alguna vez aburridos los reos por el tedio del
largo enzierro i laceria intolerable , piden au-
díenzía ; a unos se la conzeden , para otros se
hazen los sordos , pero al fin, es igual su suer-
te. Pues a los que al cabo de muchas instanzias
se les eonzedió; mandándoles entrar en el cón-
clave , les preguntan , con tal aire i tono , que
bien dan a entender no cuidarse absolutamente
de ellos , lo que * seria propio preguntar a los 39
mas dichosos, a saber: ¿Qué se les ofreze? A es-
to dize el reo: que se trate de su negozio , i se
resuelva por fin. Contestan ellos, que con todo
cuidado i dilijencia , están sobre el asunto , i
que no piense le tienen olvidado. Que si de ve-
ras desea el término de su negozio , piense ya
en declarar la verdad; ¿a qué descuidar tanto su
conzienzia? etc. Asi, echando la culpa al infeliz,
que aun para la hoguera saldría de buena ga-
40
na, le remiten a su calabozo. Auaque después ,
le conzeden mas a menú Jo audienzia en que
suplicar lo mismo , también ellos le responden
lo mismo, hasta que, al fin, les pareze que está
en sazón de comunicarle ya los dichos de los
testigos contra él: a esto llaman publicazion d»
testigos.
PUBLICAZION DE TESTIGOS.
liuanJo a juizio de los padres está, pues, ya el
triste encarzebdo , ])or la larga i en cstremo
inmunda prisión , tan decaído de ánimo , que
les pareze que aun con el mismo suplizio com-
40 praria *de buena gana la salida, i que ha de de-
clarar,por lo tanto mas de lo que le pregimten ,
llamándole a la audienzia i con una estudiada
ai'enga , entre reprensión i blanda amonesta-
ción, le preguntan: ¿qué cosa, le haze estar tan
olvidado de su negozio? que descubra ya la ver-
dad: i a esto, añaden muchas exortaziones, con-
forme a las cuales, en la misma o en la siguien-
te niidiciizia, entablando el fiscal su aczion. pi-
di', ([ue se haga publicazion de testigos , i con-
zedido esto en el acto , le presentan al reo las
41
deposiziones de los testigos pero suprimiendo
sus nombres. El orden i estilo de estas deposi-
ziones , demuestra bastante , cuánto desea el
santo tribunal , que se descubra por fin la ver-
dad. Porque » de tal manera se lee todo , esto
es , con tantas dificultades i rodeos , torzido i
desfigurado, i con palabras tan ambiguas i du-
dosas ; que cualquier cosa puede parezer me-
jor, que dicbos de hombres que usan de su ra-
zón. Se haze asi , de intento , por artiOzio del
santo tribunal, primero , paradejíir siempre al
reo en incertidumbre i duda , aun azerca de
aquello mismo que sabe ya depusieron contra
él. Además, con el fin, de que, en cuanto pue-
da ser, de ningún modo conozca a aquellos cu-
yos testimonios en contra suya se leen , para
que no se defienda, oponiendo escepciones con-
tra sus personas. * Finalmente, en terzer lugar, 41
paraque si hubiese hablado con otros, que con
sus delatores , azerca de lo mismo de que sabe
le delataron, i procurare, ignorando completa-
mente quien le delató , envolver al delatante ,
descubra quizá a todos , i venga por fin de ese
modo a arrastrar mas pezes a aquella red bar-
redera del santo tribunal.
De buena gana rogariamos aquí a los padres
42
(le la fé, que nos dijesen (ya que tan versados
son por lo regular en el derecho), cómo es, que
siendo de derecho común , la publicazion de
testigos, integra se entiende, i hecha de buena
fé ; no tiene lugar alguno en su santo tribunal,
ni tampoco la reconoze su derecho , sino a me-
dias i zerzenada en su mejor parte, esto es, su-
primidos los nombres de los testigos : i, ni aun
la que queda, se lee integra i con buena fé, si-
no con mala, o aun pésima fé , como luego di-
remos. Ademas, si la escepzion contra las per-
sonas de los testigos no solo es de derecho , si-
no también mui nezesaria paraque la inozen-
zia de los buenos, no esté por todos lados abier-
ta a las calumnias de los malos (pues,con razón,
escluye el derecho , de atestiguar en el foro ,
aun en los negozios civiles de no gran impor-
tancia , a los enemigos , mentirosos , infames ,
simples o locos , borrachos , infieles , siervos i
42 semejante linaje de hombres) *¿porqué, en aquel
santísimo Foro no le dejan lugar alguno? ¿Quién
habilitó a todo ese hnaje de hombres nulos ,
para atesliguar en las causas de fé, entre todas,
las mas graves , i paraque se rcziba su testi-
monio, i valga, aun para condenar a muerte al
reo , cuando , según todo derecho , son tan in-
43
hábiles, que, por solo su testimonio, a uadie se
condena en las otras causas, aunque lo den so-
bre la menor de las que se controvierten? Dirán
quizá : «negamos que no haya aquí lugar a la
escepzion contra las personas , puesto que el
reo por algún medio , o conjetura , puede des-
cubrir quién atestiguó contra él. Luego cuando
suzede , que al tal testigo , descubierto por las
conjeturas del reo, le dan ellos mismos por nu-
lo, i le escluyen por lo tanto del foro, injurian
en gran manera a uno i a otro , o al menos , a
uno de ellos. Al testigo , en verdad , echándole
del foro^ si es que con razón suprimieron antes
su nombre , porque no le descubriese el reo :
o , sin duda , al mismo reo , ocultándole con
tanto empeño el nombre de ese testigo , si es
que admiten por fin sus escepziones , con tal
que por alguna sutil conjetura , o por otro
cualquier medio le conozca , i tenga por donde
oponer sufízientemente escepziones * contra él. 45
Esto a la verdad , en todos los juizios en que
queden algunas semillas de equidad, es una in-
juria atroz e imperdonable. Pero, volvamos a
las artes inquisitorias.
Asi que, las deposiziones de los te:tigos in-
dican bastante en su orden , frase i método , sí
44
pasaron por la ofízína de la santidad , o por la
de la malizia , fraude i calumnia. Pues es mas
(¡ue cierto que por lo común, no solo no se leen
delante del reo, tales, cuales las depusieran los
testigos; sino que, si acaso dijo algo el testigo
que sea o pueda convertirse en favor del reo ,
lo desechan enteramente como inútil a su pro-
pósito , admitiendo solo lo que sea en su daño,
i aun esto vaziándolo de nuevo en sus piedras *
con toda dilijenzia. Mas paraque eso se vea
claramente , convendrá referir aqui el estilo
que usan al ordenar semejantes deposiziones.
Es el siguiente : «El testigo N. (suprimiendo ,
por supuesto , su nombre) jurado i ratificado
etc. dize haber oido en tal lugar , en tal año ,
en tal mes i dia (si señaló también el dia) delan-
te de tales personas que nombró, a cierta per-
sona, que nombró , que el dicho N. (este es el
acusado) dijo esto i esto etc.» En su ejemplar
44 orijinál * (que llaman prozeso orijinál) tienen
ellos espresas todas estas circunstancias , que
seguramente exijen de los testigos para la ma-
yor confianza del reo : pero en el traslado que
al mismo entregan , suprimiendo fraudulenta-
* 0:— aDlicailas dilijentcmente sus aguzaderas — Or. aá ipsO'
tum coles ailigenlpr applicnlo.
45
mente todas esas circunstanzias de tiempo i
personas, por cuya observazion hubiera podido
el reo descubrir al delator o al testigo, las lle-
nan con estas palabras «un cierto sujeto i otro
sujeto i otro terzer sujeto.» En esta espezie de
deposizion hai sobre todo que observar execra-
bles sutilezas , a saber , cuando dizen , que lo
oyó de cierta persona » que nombró ; debe en-
tenderse, que el mismo reo es, de quien lo oyó
el testigo , i que por arte inquisitoria se ba-
ze , que en la copia entregada al reo , se escri-
ba , como que lo oyó de otro , para que el reo ,
con sus conjeturas , no descubra al testigo : i
paraque si acaso ( como arriba dijimos ) hubie-
re hablado de aquello mismo con otros , que
con el testigo, los nombre cuando en su incerti-
dumbre se le obliga a adivinar quién le hirió.
Si entonzes nombra a algunos de quienes antes
nada hubiere sabido el santo tribunal , inme-
diatamente los proscriben i los cuentan entre
los fautores de los herejes . por no haber dela-
tado , al punto , a un hereje que tan pestilen-
tes errores vomitó delante de ellos. * Pero si en 45
la deposizion del testigo se lee «que lo oyó de
cierta OTRA persona , que nombró , etc.» en-
tienda^entonzes, el delatado, que este testigo es
F
46
realmente de oidas , según su testimonio , por
lo cual no tiene fuerza alguna para disputar
con otro, aunque valga mas de lo sufíziente para
aumentar la sospecha de él conzebida. La dife-
renzia entre estas dos fórmulas de deposi2Ío-
nes consiste , solo , en que en la segunda , se
añade esta voz OTRA que no está en la pri-
mera , que solo dize , «haberlo oído de cierta
persona», etc. Esto perteneze, a aquel libro de
los secretos misterios de la * madre Ceres. Con
esta capziosa i fraudulenta sofistería , engañan
los señores Inquisidores , a los infelizes , que
ignoran sus artes , tranquilos i seguros en su
conzienzia, porque de ningún modo mintieron.
Lamentable es , sin duda , que los infelizes i
muchas vezes inozentes, a quienes nunca ** res-
petan aquellos astutos cazadores , se vean de
este modo , por ignorar las artes inquisitorias,
tan inhumanamente enredados. En todo caso ,
sin embargo , podrá servirles este nuestro con-
sejo : i asi , para mejor descubrir estas artes i
eludirlas , si puede ser , procurará primera-
mente el acusado , con todo estudio , no profe-
* El oríj. «EleusinsQ matris.»
** El orij. 'inunquam ab astulis istis accuj^ihus ohservatis»*
Oscuro , i errado.
47
rir'ffn esta audienzia palabra alguna , para re-
falar los dichos * de los testigos (ya fueren fal- 46
sos o calumniosos), aunque para hazerlo de re-
pente se crea mui dispuesto : o los mismos In-
quisidores , con su acostumbrada perversidad ,
se empeñen en arrancarle una confutazion im-
provisada. Pida , antes bien , que se le dé , solo
una copia , de los testimonios , para responder
a ellos por escrito ,'i con despazio i madura de-
liberazion , en la audienzia siguiente , o cuanto
antes pudiere : i en esta respuesta observará ,
sin duda , todo lo que azerca de la acusazion
£scál arriba le aconsejamos. En segundo lugar,
rezibida la copia de los testimonios , notará con
toda dilijenzia (pues en cuanto a ésto ni en su
abogado ceremonial , ni mucbo menos en los
mismos señores juezes debe * fiar esperanza al-
guna sería) cuáles testigos están contestes , cuá-
les no : porque los contestes en una misma co-
sa ; bastan para condenarle , en aquello sobre
que están conformes. Aun mas , dos testigos ,
de oidas tienen en este tribunal , a ninguna lei
ligado » la fuerza de uno solo ocular : de donde
resulta , que si a dos testigos , de oidas , se
Mejor quizá : debe esperar con algana seria esperanza :
•iillam seriam sperare spem d^et**
añade uno solo ocular , puede el reo ser con-
denado. Mereze también notarse , que un solo
Guarda de la carzel Inquisitoria [llamado vul-
garmente Alcaide) vale por dos testigos ocula-
7 res : * i así , su testimonio solo , azerca de lo
que viere en la carzel , basta para condenar a!
que él delatare. Suzede , de cuando en^uando,
haber un solo testigo de alguna deposizion o
acusazion : si éste es de oídas , causa al reo la *
sentenzia de tormento si es que " el mismo reo
no puede obtenerla contra aquél . Para evitar
el lazo de aquella fórmula de deposizion , que
arriba manifestamos , (si hubiese quedado en
este tribunal , libre para ocasionar cualquier
injuria , algún respeto o miramiento al lejiti-
mo derecho) bastariale , al reo , para librarse,
o al menos para sinzerarse , a juizio de todos
los piadosos , el rechazar simple e injenuamen-
te el testimonio que , de oidas , le levantaron ,
tuviese o no aquella palabrita OTRA , con que
se justifican los señores Inquisidores de la men-
tira i capziosa calumnia. Pues entonzes suze-
ilirja , que SÍ era realmente de oídas , se daria
|>or rechazado , i de ningún valor : pero , sí era
49
ocular , con su lejitima recusazion , se cortaría
el lazo alli escondido , i se verían obligados los
santos Padres a declarar , dejando todo artifí-
zio , que aquel testimonio , era de un testigo
ocular , i que requería por lo tanto mas esme-
rada refutazion. Pero * ¿a dónde volvernos 48
aquí ? * Pues ellos , como que se ^sobreponen a
todo derecho , o mas bien lo miran como bár-
baros tiranos , sabiendo que aquel testimonio
es de un testigo ocular , aparentarán que rezí-
ben la escepzion del reo , que lo tiene por de
oídas , i según convenga a su negozio resolve-
rán después , creyendo entre tanto el reo ha-
ber rechazado sufízientemente aquel testimonio
i no temiendo ya nada por ese lado. Adivine
pues sagazmente , o mejor , ruegue a Dios que
le releve lo que debe hazer en aquella perple-
jidad.
Abrénse , además » espontáneamente las puer-
tas en esta santo tribunal , a delatores de todo
jénero i condizion , aunque sean locos i mente-
catos , siervos, o inhábiles de cualquier modo,
según el derecho , para deponer testimonios.
Pues al cazador muí codizioso aun el perro mas
• Qu6 hic te verlas?
k.
50
cobarde i ruin le es gratísimo , cod UI qatr
muestre la presa. 1 si al delator le rallaren ei'
orden o las palabras al delatar a alguno , o bien
ae le borraren de la memoria las que oyó al que
delata , con tal que se acuerde de la sustanzia,
los señores Inquisidores ofiztosamente ayudan
su memoria , en términos, que mas de una vez
el delator depone ante ellos , no lo que oyó o
50 io que * trataba de declarar , sino lo que ellos
mismos le dictaron. Piadosamente se cree que
eslo no siempre es lo mejor. Ofuscólos Dios
sínembargo cuando , en Sevilla , el afio 1555 ,
cierta mujer loca , escapándose en ausenzía de
sus guardadores de las cadenas , en que por ra-
zón de su locura la tenian en casa de un piado-
so sujeto , penetró hasta los mismos Inquisido-
res en el alcázar de Triana para descubrir a to-
da la Iglesia , que se ocultaba en los escondri-
jos de aquella vastísima ciudad. Grande i rica
presa , si Dios maravillosamente no hubiese
apartado aquella tempestad de su Grei , enton-
zes mui tierna , i no en sazón para los suplizios,
i|ue no obstante padezió después , por la cod-
Icsion de Cristo. Había sido esta mujer antes de
su locura uno de los miembros prínzipales de
;«|uella Iglesia , si atendemos , no a su sexo-.
W
51
iñno a las muestras de su piedad i a su erudi-
zion mas que femenil en las cosas sagradas , i
por esa razón particular conozía familiarmente
a todos los que con tanto riesgo se alistaran en
las banderas de Cristo. Mas , en la locura, con-
vertida su piedad i caridad primera para con la
Iglesia , en un odio azerbísimo i furibundo , se
ii?ritaba.de tal modo contra la Iglesia de los fíe-
les , que * el tema perpetuo de su furor no era 51
otro » que los Inquisidores , las llamas, las ho-
gueras , alborotándola sin duda el diablo , que
en la locura de una infelizísima mujer , azecha-
ba la ocasión , de destruir por sus cimientos
aquella piísima Iglesia. Libre pues de sus pri-
siones la mujer , aprisa i en derechura , dirije
su camino al alcázar Inquisitorio : llama a sus
puertas , que , según costumbre , se abrieron,
al instante , a quien iba a delatar a la inozente
turba. Entra , i pide se junten inmediatamente
los padres. Reunense ellos al momento , como
para un negozio de grande entidad , siéntanse
en su cónclave , introduzen a la mujer , i<. la
oyen. Ella , desde luego dize , que trae un lar-
go catálogo de Luteranos de que está llena la
ciudad , mientras ellos , que debieran velar con
todo cuidado sobre tan malos acaezimientos, se
estaa sentados , i por el largo ozio i sueño en'
torpezidoE. Empieza, después. a rezitar (le me-
moria su catálogo , en el ijue hubiera delatado
a mas de 300 , que con suma piedad profesaban
el Evanjelio , si los mismos Inquisidores atóni-
tos al prinzipio con aquel suzego , al parezer
prodijio (pues hasta cntonzee Dada e mui poce
se habia hablado de Luteranos) no la hubiesen
oportunamente detenido , al observar algunos
desvarios que en su locura mezclaba la mujer
entre cosas por lo demás verdaderas. * Has poi-
que no pareziese , que dejan de prestar sus ofi-
zios en cosa no mui seria ; deteniendo allí a la
mujer , mandan llamar al que en su casa la
guardaba , quien , por el dolor de los azotes
con que la castigó para reprimir su locura ,
quiso fuese el primero de los delatados. Lla-
mábase Francisco de Zafra , * benefiziado en la
Iglesia de de S. Vicente , cuyo busto , habién-
dosele prendido después por causa de relijion ,
i escapádose milagrosamente de la carzel in-
quisitoria ; fué quemado en el primer triunfo
sübre los Luteranos. Llamado éste , a quien se-
^ ReiiDundo S. da MoDtei , ei nombre snnueslo : i Um-
I , linde > Serrano , u de lá Sierra : eele latn , ei qoiiá
sr '^
dO
guramente tenían ellos entonzes por hombre de
bien, le preguntan , qué era lo que aquella mu-
jer había declarado , de tantos Luteranos ; etc.
él, forzando al momentoi finjiendo la risa, em-
pezó como a burlarse de ellos , por no haber
eonozido la locura de la mujer : pues , hazia ya
algunos meses , estaba loca rematada , en tér-
minos de nezesitar de azotes i cadenas , como
lo podían atestiguar sus amoratadas espaldas i
sus rodillas , que conservaban aun las señales
de las cadenas. I que teniéndola , por caridad,
presa en su casa , habiéndose soltado de las pri-
siones ; la buscaban él i los suyos por toda la
ciudad , pero se alegraba muchísimo haberla
hallado incólume. Mas , en cuanto a lo que di-
ga de Luteranos ; [entendiesen] que esa era la
perpetua manía de aquella loca , como * suelen ^^
los poseídos de locura , enfurezerse continua-
mente , con alguna particular manía. Vayan a
su casa , a ver las prisiones : pregunten tam-
bién a los vezinos ; i hallarán que así es : que
les ruega , manden a sus fámulos , prender a la
mujer , i volverla a su prisión. Reclamando
pues aquella , i aun llenando el alcázar de des-
compasados gritos , afirmando que ella de nin-
gún modo estaba loca , sino que él era un per-
54
verso Luterano , el mas pestilente de cuantos
Luteranos había en la ciudad , que cargándola
de hierro , la hería todos los dias con tantos
azotes. Ellos , reventando de risa , mandan a
sus fámulos prenderla , atarla i volverla a su
prisión , alabando la piedad del sujeto , que tan
molesto cuidado se tomaba , por amansar a una
loca ; i amonestándole que en adelante la guar-
dase mejor , no fuese que suelta de su prisión
levantase de nuevo aquellos alborotos. Descui-
dadas pues de esta manera sus artes i leyes ;
perdieron , por esta vez , los señores Inquisi-
dores en aquella ocasión » no del todo mal , la
rica presa , de que se apoderaron dos o tres
años después , madura ya , por cierto , la ven-
dimia de aquella Iglesia. Volvamos ahora al
asunto.
54 * Debe observarse además que en este santo -
tribunal el actor no es el que delató o acusó a
alguien , sino el Fiscal. Este rezibe por sí , las
acusaziones , i haziendo dé actor , le sirve en
lugar de testigo , el que acusó , muchas vezes ,
aun , solo. De esto , como de todo lo demás ,
no hai para que alegar testimonio alguno fuera
del de ellos mismos : resta que cualquiera juz-
gue con qué lei, o con qué derecho se obra así.
55
CONFUTAZIOISES DE TESTIGOS.
Al terzer , o cuarto dia , después de esto ,
mandan comparezer al reo , para que respon-
da a los dichos de los testigos. Asiste también
su abogado. No debe omitirse aquí , el que ,
siendo en los juizios rectos , oGzio del abogado^
notar dilijente , i juntamente con el reo a quien
defiende , los dichos de los testigos , i según
ellos , advertirle de los prinzi pales capítulos de
su respuesta , i con su propia destreza , sobre
todo , idear la contestazion , ordenándola del
modo que mas pueda favorezer a su causa * 55
(cuál será el ofizio del abogado si este no es ?) ;
dejan al infeliz preso que discurra él solo , co-
mo pueda , la respuesta , sin otra ayuda que la
de Dios. Si preguntas , ¿porqué , también en
esta parte » pervierte el santo tribunal aquella
costumbre , que dimana sin duda del mismo
derecho natural ? No tienen otra cosa que res-
ponder , sino que este santo tribunal , no es
como los otros tribunales : i asi es realmente :
pues ^ nada servirian sus artes , si a los reos
que en él comparezen les quedase integro i
5fi
l'ranco aquel medio de defensa . que las leyes
todas les conzeden. Has cuando ya el preso res-
pondió , Eegun pudo , entonzes por fin , opor-
tunamente sin duda, le asiste su abogado. Este,
delante de los mismos Inquisidores , con toda
la circunsiieczion , i sabedor él mismo de que
le es preziso acometer una muí arriesgada em-
presa , no sea que tambieu él por falta de cau-
tela caiga quizá en los lazos inquisitorios ; ín-
dica a su defendido qué testimonios con mas
fuerza le acosan . qué cargos contra él se com-
prueban , cuáles testigos están contestes , cuá-
les no : i le da a entender que solo le queda un
remedio , a saber , el adivinar sagazmente por
si mismo , quién le hirió , para meditar . si es
5g posible , algunas eszepziones contra él. * Ni
conviene aquí que el abogado , sobre lo qne ja
averiguó el mismo reo por las deposiziones exa-
minadas en sus ratos de ozio , charle mucho ,
para avisarle quizá de alguna cosa , como por
zelosia : solo le advierte que durante algunos
dias (como a quien le sobra el tiempo] procure
ropnsar en su memoria , si acaso tuvo enemis-
!:id con alguien, que puede suzeder , que algu-
]i<> lie sus enemigos sea el que le delató. Porque
si [luede constar la enemistad , mediante un
57
lejitimo examen ; esta sola eszepzion impide a
cualquier jénero de hombres el atestiguar en
aquel tribunal. Le advierte también , que pue-
de negar los testimonios cuando entre si no
fueren bastante conformes o fueren (según se
dijo) de enemigos ; si prueba , con muchos tes-
tigos , que mas bien tuvo por costumbre i ejer-
zizio frecuente, lo contrario de aquello , que le
echaron en cara; i que muchas vezes se opuso '
al negozio de que le acusaron. Ciertamente ,
este es el mayor auxilio que de su abogado
puede esperar el reo ; i así le mandan volver a
su prisión , conjurándole antes el señor inqui-
sidor, según su costumbre, a que manifieste la
verdad : amenazándole también , un poco mas
desvergonzadamente , con que si no obedeze a
tiempo , habrán de sacársela a la fuerza : ^ en 57
cuyas palabras oye el reo un no dudoso presa-
jio de otro * examen mas severo.
Cumplidos pues los tres o cuatro dias que al
reo se conzedieron para repasar en su memoria
o mas bien^ para adivinar ; llamándole a la au-
dienzia le preguntan si se acuerda de algo que
esponer. Declare o no declare algo de nuevo ,
* En el orij. hai la errata de «exanimis» por examinis.
pregímlale el abogado, siazerca de los testigos
<) delatores adivinó algo. Aquí el reo , sien
cuanto a esto se acuerda de algo , lo espone .
pidiendo, que vean si acaso sus delatores fue-
ron tales o tales, entre quienes, i él, mediaron
antes , i median en el dia, algunas diferenzias.
Si no azertó , se pierde , además de la respues-
ta, el trabajo de adivinar durante tres o cuatro
días , i su acusazion queda en pie. Pero si le
aconteziere el azertar ; el abogado, preguntán-
dole de que eszcpziones podrá valerse contra
las que nombró , no con sufiziente claridad le
significa , que azcrLó ; puesto que bazerlo mas
abiertamenLe no le es lizito. Asi que, espuestas
las eszepziones i nombrados por el reo los tes-
tigos para compraba rías, el abogado, como ha-
llándose ya en un terreno mas libre, toma a su
58 cu¡daili> el hazer tales indagaziones. Suele *
taiTibie» preguntar al reo el abogado , si para
purificarsccompletamentc , podra probar , ha-
ber sido amigo i familiar de frailes , haber ob-
servado puntualmente los preceptos i ceremo-
nias dula Iglesia Romana: haber usado con
frecui-tuia de la confesión auricular i de la co-
inunioii , üsto es , de la partízipazion del pan *
59
de la Misa: item mas , haber adorado las imá-
jenes ilas cruzes , cuantas vezes las haya en-
contrado , con aquella venerazion que pueda
apartar de él la sospecha de herejía Luterana.
En suma, si puede probar , en total , de si mis-
mo, lo contrario de aquello de que le acusaron.
Si se compromete a probar todo esto , el Inqui-
sidor , en virtud de una solemne aczion del de-
recho , declara , que le admite a probarlo en el
término de nueve días , cuyo trabajo , nombra-
dos por el reo los testigos , (según poco antes
dijimos) corresponde todo al abogado. Este be-
nefizio de purificarse no a todos se conzede ,
sino solo a aquellos de cuya criminalidad no
fueren conformes , ni completamente seguros
los testimonios. Pues , aquellos de cuyas dela-
ziones hai testimonios conformes , no tienen
amparo alguno en estas purifícaziones , solo se
les admite a las eszepziones contra los testigos
arriba dichas.
* Cuando el reo llegare a tal estado en sus 59
negozios , conviene se persuada , que Dios le
trajo a la prueba de su verdadera pureza i fé.
Pues, si por huir del presente peligro del cuer-
po, pensare en buscar su defensa en las puriñ-
caziones de ese jénero ; podrá acaso suzeder
60
que en cuanto al plan de la Iglesia Romana i de
sus idolatrías perteneze , quede purificado en
aquel santo tríbunál ; pero tenga por cierto ,
que otra cosa será en aquel tribunal de Dios pa-
ra todas las criaturas respetable , i en el juizio
de su verdadera Iglesia. Convendrá, pues , que
el tal cautivo, una i muchas vezes, mire lo que
haze i mui atentamente pruebe i examine en
aquel lugar su ánimo i las * causas de su cau-
tiverio. Pues si la gloria de Dios, i la confesión
injénua de su verdad, son las causas de su cau-
tiverio , cuando abjurado Cristo , i hollada la
sangre de su testamento , i negada la luz de la
verdad, a cuya comunicazion le condujo Dios ,
desde las tinieblas de la ignoranzia i del peca-
do ; quisiere , maldiziendo i condenando estos
designios, evitar la crueldad de los hombres ;
se librará quizá (según dijimos) del tormento
gQ que le amenaza , recobrando también * la gra-
zia de los hombres: pero, tenga por cierto, que
no se escapará del severo juizio de Dios, a cuya
verdad renunzió , i el cual , muerto el cuerpo ,
tiene después potestad para arrojar su alma a
tinieblas perpetuas i vazias de todo consuelo.
* Nótese bien lo que dize aquí el Aulór.
61
Pero si algnn zelo le queda i)or la gloria de
Dios i de su propia salvazion , i algún peso tie-
ne para él , la autoridad de su Redentor que
dize:=«al que me negare delante de los hom-
bres, le negaré yo también delante de mi Padre
celestial : pero al que me confesare delante de
los hombres , le confesaré yo también delante
de mi Padre celestial i de sus anjeles etc.» de
esa sola autoridad, como de una sagrada i fir-
me áncora, estará enteramente colgado en aque-
lla hora , i renunziando con el corazón , i con
la boca , a todos los medios de salud temporal,
que el abogado i los mismos juezes le ofrezcan
aquí , (como quien no puede asentir a ellos sin
injuria de su criador i daño cierto de su alma)
prestará una clara i manifiesta confesión de su
fé, juzgándose mil vezes dichoso aquel, a quien
Píos trajere a tal estremo , que por el nombre
úe su Salvador Jesús , pueda padezer algunos
trabajos en su terreno domizilio; esto es , en su
cuerpo débil i caduco , quebrantado i derriba-
do por tan feliz i tan ilustre causa. * Pues esos ^^
reprobados medios de salvazion, que aquel san-
to tribunal de toda iniquidad, en esta audienzia
suele ofrezer a los reos, con la misericordia sin
duda del cocodrilo; de ningún modo es nuestro
G
62
ánimo referirlos aqui , para que con ellos pro-
vean los piadoBOs a su salvazion ; sino antes
bien para que los conozcan i detesten ; i para
que sepa el orbe entero, cómo todos los desig-
nios, esfueruM i planes de la sacrosanta iaqui-
sizion , a un solo fin se enderezan , a saber , a
prezipitar en una muerte eterna de cuerpo i de
alma al que cojieren entre sus manos crueles,
i siempre empapadas en la sangre de los hijos
de Dios , si el tal hubiere renunciado a la luz
divina : cuando no , del cuerpo solo , en el que
únicamente tienen conzedida potestad de ensa-
ñarse , respecto de los qne de veras temen a
Dios. Permitiéndole al reo , después de esto ,
descansar en su calabozo algunos meses, a ar-
bitrio de los padres, le llaman de nuevo al cer-
tamen , i la dize primeramente ei inquisidor
que los testigos que nombró para su puriñca-
zion, ya fueron oídos , que vea por lo tanto si
tiene aun algo que dezir en su favor, o si quie-
re ya por &a concluir. Aflade después aquella
BU importuna exfaortazion , de que diga la ver-
dad , pues a ellos , nunca se les habrá dicho lo
^2 bastante. * A esto responde el preso , según
conviniere al estado de sus cosas. Muchos sue-
len ser, una i otra vez interrogados, por sumi-
65
uístrar cada palabra de las respuestas por ellos
prestadas, argumentos sin térmiDo a tan sutiU-
simos sofistas. * Concluyendo en fin el reo ,
concluye también el fiscal: i después los mismos
inquisidores con sus consejeros 4 asesores ,
[ cuando les plaze i como les plaze , dan la sen-
^ tenzia , examinando antes los neólogos frailes i
clérigos, i reduziendo.a su censura , cuanto di-
jere el reo perteneziente a la doctrina i a la fé.
A esto llaman* Galificazion de doctrina. Allí, si
el reo probó plenamente, en aqueUa su purífi-
cazion , no baber tenido nunca comerzio algu-
no con el Evanjelio de -Cristo , ( que , mudada
enteramente la jenuina nomenclatura de las
cosas, es lo que llaman herejías Luteranas) o le
absuelven por entero , o según con mas fre-
•cuenzia acaeze , mitigan o agravan el juizio ,
por razón déla sospecba que el rea dejó en sus
ánimos, cuidando siempre , no obstante , de
que nadie escape de sus manos , aunque en
igual impiedad compitiere con ellos , que no * 63
atestigüe con eternos , i perpetuamente indele-
bles cardenales , permanentes en su piel , ha-
ber estado alguna vez en las ufias , mas que
* El orij . — argutíssímis cauillatoribus.
fi4
leoniaaB , de la santa Inquisizion. Las señales
de esas uñas , son las coafiscaziones , las cárze*
les perpetuas o temporales , el vestido amarillo
adornado con la cruz roja , vulgarmente llama-
do Sambenito i la infamia perpetua en fin para
toda la descendencia , que ninguna edad ni
tiempo pueda borrar : de estas cosas hablare-
mos mas abajo en su lugar. Pero si el reo per-
maneziere en la confesión constante de la fé , o
negare constantemente los dichos de los testi-
gos contestes contra si , do habiéndoles sin
embarga opuesto eszepziones; le entregan a los
tormentos de que ahora hablaremos.
LA SENTENZIA DE TORMENTO .
1 BU EJBCUZION.
l/ura a la verdad i , de ordinario , muí des-
dichada fué siempre , desde un prinzipio ( be-
nignísimo lector ) , la condizion de los pios •
si se compara con la prosperidad de los impíos
en esta vida; i , según las palabras de Cristo en
San Juan , creen haier ana obra agradable a
65
^ Dios, Igs que, por cualquier causa los mataren,
i los que ^maquinan, cada día, nuevos lazos para G4
enrredarlos, lo cual en parte dejamos sufiziente-
mente comprobado. I aunque en las cosas hasta
ahora referidas , hai tal iniquidad i tal fraude
que con razón parezen intolerables a las jentes
injénuas i que desean ser gobernadas con jus-
tizia, regla i equidad ; no obstante, compara-
das con las que en adelante hemos de contar,
no solo aparezerán en todo caso tolerables , si-
no también llenas de humanidad i de equidad.
Puesexzeden a toda barbarie i aun a toda bestial
ferozidad , i nadie con razón las atribuirá a
otra naturaleza , por feroz que sea , sino a
aquella misma , que al viyo representan i de
la cual verdaderamente dimanan , esto es ,
a la del diablo , que ni en las cosas humanas ,
ni aun en todas las que es dado ver, iguala taa
monstruoso i abiertamente diabólico ejempla
de crueldad. Prezisoes ,pues , que el corazón
humano se endurezca i deponga , un tanto , la
ternura déla humanidad^ si quiere , conenju^
tos ojos , oir lo que sigue , cuando , azercándo-
nos mas a esta ofízina de crueldad , donde se
despedazan a miseros hombres , muchas vezes
por levísimas causas , i muchísimas también , a
66
inozentes ; arrancando nosotros el velo de san-
tidad con que , hasta aquí , tan perniziosamen-
te engañó al mundo ; la espongamos , cual es,
a la contemplazion de todos. *
Pronunziada pues la sentenziar , si el reo no
ha de ser atormentado , ya no le citan hasta
que sale con otros el dia de aquella pompa tea-
tral (en que sacan a todos los presos , para que
oigan sus sentenzias en público espectáculo , i
65 sufra * cada uno inmediatamente sus suplizios,
de lo cual hablaremos en su lugal*) ; a nb ser,
que le absuelvan de toda culpa , i le declaren
inozente , pues entonzes aun , le guardan en la
misma carzel hasta dos o tres dias después de
aquella solemnidad , paraque parezca al vulgo,
entre los otros reos salió éste también. Aun es-
to se hazepor el santo artifízio de que no se crea,
que ellos prenden a aílgüno prezipit adámente ,
i sin acusazion sufizienle , según muchas vezes
suelen inculcárselo a los presos , mientras los
exhortan a que declaren lo c(ue ellos desean.
Para el Santo tribunal no hai injurias que lo
sean , cuando se cometen contra sus cautivos.
A algunos de estos , a quienes por ciertas i ocul-
* Hasta aquí en letra bastardilla el orijinal latía»;
67
las oausas determinaron favorezer , envían li-
bres a su casa , dos o tres días antes de aquella
pompa ; esparziendo entre el vulgo con el mis-
mo fin , la Yoz , de que fueron acusados por
falsos testigos : pero fazilmente advertirá el ar- ^
tifizio , el que ve que a ningún testigo falso se
f le castiga por esta causa (cuando , por otras ,
suelen castigarlos severisimamente). Has , al
que decretaron atormentar , cuando él menos
lo piensa , 1» mandan llevar a la audienzia : allí
' los Inquisidores todos , o su mayor parte , se
constituyen en tribunal : asiste también el pas-
I tor de la ovejuela que ha de ser luego desoHa-
I da , * esto es , el Provisor o Vicario , que por 65
su ofizio pastoral (como arriba dijimos) debe in-
tervenir en la sentenzia , i en los tormento»
: mismos.
I En esta audienzia ^dizen al reo , que toda su-
¡ causa está ya revisada i examinada , por aque-
r líos señores , i por sus consejeros , quienes ave-
riguaron como cosa cierta, que él no quiso ma-
nifestar la verdad por entero: i que por lo tan-
to, han decretado, darle cuestión de tormento,
para sacarle a la fuerza la verdad : i asi una i
La numerazíoDy paj. 05 estü duplicada en el orginal.
68
mil vez«H le amonestan, que «legrado la espun- i
ga, si i|uieri- que no le entreguen al tormento. |
A esta ÍDltinazion acompaDan horribles comtní- '
naziones, palabras Irájicas , * muestras, en fin. .
en el semblante de gran severída.d. IteSérenle |
los jéneros de tormento , lo mas atrozmente '
que pueden, para infundirle sumo terror. Con-
fiese o niegue el reo , alguna cosa, tiene, al fin, ,
que ir al tormento. 1 asi, llamando al alcaide ,
le mandan que lleve al reo a la sala del tormen-
to. Suele ser esta , por lo regular , una bóveda
subterránea i mui oscura , a la que se llega ,
(para que de ninguna parte puedan oírse los je-
midos i alaridos de los que a!li atormentan . )
después de. pasadas muchas puertas. En ella se
levanta un tribunal, en donde se sientan el In-
6 quisidor, * el Provisor , i el escribano *' a pre.
senziar la anatomía del que alli introduzen.
Enzendidas las luzes , i entradas las personas
de la trajedia; el verdugo , que ya espera, den-
tro, a todos los demás ; es , entre todos ellos ,
digno de que se le repare , i contemple. Está ,
todo cubierto con un traje negro de lino, largo
09
i cerrado hasta los pies, pegado , por iodos la-
dos , al cuerpo , a manera de los que suelen
usar, los que, por superstizion, se azotan el dia
del jueves magno , o santo , en muchos , o casi
todos , los lugares del papado. Tiene cubierta
la cabeza, con una prolongada i negra capucha,
con que se tapa toda la cara , dejando dos ven-
tanillas para ver. Todo esto se dirije, a inspirar
en el infeliz mayor terror de alma i cuerpo prin-
zipalmente con esta imajen de diablo, por cuyas
manos debe ser atormentado. O santas artes!
Sentados pues los señores en el tribunal ,
empiezan a amonestar al reo, con nuevas exhor-
taziones, a que esponga de grado la verdad; de
lo contrario, si en el tormento (cosa que a mu-
chos suele suzeder) se le quebrare un brazo
o algún miembro, o muriere; (pues no con mas
blandura determinaron tratarle ) ; a él habrá
de imputársele. Con esta sola amonestazion es-
tán ya , a su juizio, los santos padres, * libres i 67
seguros en su conzienzia , delante de Dios i de
los hombres; e inculpables en cualquier daño que
al pazientele aconteziereen el tormento, aunque
en él espire, inozente, i exento de toda culpa.
Entre fieras amenazas por una parte , i
reprensiones por otra , mandanle , que se des-
I
w
jtoje (le BUS vestidos, aun cuando sea mojer , a
alguna donzella lioaestisima, i castiairaa, de las
cuales suelen tener muchas en aquella carnize-
ria ; i para quienes , el verse desnudas delante
de ellu3 , fué , por su pudor un tormento mas
duro que aquellos mismos tormentos. Como
quiera que s«a , aquellos impíos no teniendo
respeto alguno a la humanidad , ni a ningu-
na honestidad tampoco , ( aunque por otra cosa
no fuera , que por razón de sus barbas i largas
ropas , i de la santidad del nombre , que con-
sigo llevan ; ya que ni por Dios , ni por la ho-
nestidad de piadosas matronas i virjenes, creen
deber ceder algo de aquella suma barbarie); las
hazen despojar hasta de las mismas camisas, i ,
después de quitadas , las visten [ permítase el
dicho ) , basta sus partes vergonzosas , unos
estrechos calzoncillos de lienzo , les desnudan
luego los brazos , hasta los hombros , como si
los tormentos con que han de despedazarlas, no
pudiesen penetrar la camisa , o lo que , tanto
se avergüenzan de desnudar , hubiese de ocul-
tarse mejor , con los calzonzillos , que con la
misma camisa. Aqui manifiestan , que no
i8 quieren perder aquel frivolo deleite , que *
de tan feo espectáculo sacan , inmundos e im-
71
puros célibes , aunque les conste ser a costa
del gran dolor i vergüenza de las castas muje-
res , que allí son atormentadas. I , fuera bue-
no entonzes , sabida ya i conozida por aqui , la
cruel impudenzia de esos señores padres de la
fé , que todo el poeblo , asi de los papistas ,
como de los no papistas , los esterminase del
orbe entero , como un mal pestifero i común ;
por cuanto sus mujeres o bijas , cuya honesti-
dad i castidad deben estarles prinzipalmente
recomendables , o cayeron en las manos impu-
ras de aquellos , a están ya en ellas, o llegarán
a estar acaso , alguna vez , i habrán de rezibir
tan ignominiosa afrenta.
Mas, volviendo a nuestro propósito,despojado
el reo de sus vestidos, sea hombre o mujer, i cu*
biertas sus partes, solo con unos cortisimos cal-
zonzillos y insinúan al verdugo el jénero de tor-
mento que debe usar con el infeliz: porque , aun
en esto también, tienen ellos cierto arte, i * un
jénero peculiar de ciertos signos, i palabras , i
lenguaje ; con que, tanto los juezes , como los
verdugos, i demás ministros de aquella maldita
* El orij. diie — <et cermonis peculiari genere:»— etc. pero
el traductor corrije , como, pareze, debiera deíir: a saber, «ser-
monis pecuüare genus.» etc.
K
7'2
MÜziiia.su entienden entre bí. Los jénerosde tnr-
inento, con que los padres de la Té acostumbra-
^^ ron enseñar su fé , son muchos, i un reo * solo,
no puede saberlos todos. Pero, los mas usados,
son : el de la garrucba o polea , el de las cuer-
das, i el del agua i fuego : de cada uno de ellos
hablaremos en su lugar.
Aquí otra vez con nuevos conjuros i eibor-
taziones amonestan al reo a que declare de sí.
i de otros conozidos suyos , lo que supiere ,
i entre estos conjuros , al que destinaron al
tormento de ia garrucha le amarran a la espal-
da las manos con un cierto número de vueltas ,
es dezir , hasta ocho o diez, rodeándole fuerte-
mente el verdugo cada vez la cuerda a las ma-
nos , por mandado del mismo inquisidor , para
que se vea , que todo se haze prescribiéndolo
el mismo derecho! guardando toda equidad.
A esta primera atadura al tormento , siguen
nuevos conjuros, i durante ellos, además de la
susodicha ligadura de las manos , se le atan
¡untos los dos pulgares , con otra cuerda mí»
delgada , i esto fuertemente. Después atan es-
lus dos cuerdas , es dezir , la de las manos i la
lie los pulgares , a una maroma pendiente de la
garrucha o polea. Hetenle luego en los pies.
73
«nos muí pesados grillos, si no los lleva ya el
reo , i a estos » añaden por la primera vez , un
peso de 25 libras, que cuelgue de los grillos en-
tre los mismos pies. Ataviado el reo de esta mane-
ra, se repiten las exhortaziones i conjuros* i en- 70
tre estas canziones , empieza , por obra del ver-
dugo, a ser levantado en alto, acompañando los
conjuros del escribano i del Inquisidor , la ma-
niobra del verdugo. Guando el reo toca con la ca-
beza la misma polea , 4e nuevo le amonestan ,
que declare etc. que inmediatamente le bajarán
si obedezo: de lo contrario, permanezera allí un
rato , hasta que manifieste lo que se le pregunta.
Mas , después de estar asi colgado mucho
tiempo , sin confesar nada , mandan bajarle ,
i añadirle en los pies , al primer peso otras
tantas libras, i levantarle de nuevo en alto ,
amenazándole con que morirá dili , sino des-
cubre lo que ellos desean saber de él, i man-
dando al verdugo , que le tenga colgado en el
aire mucho tiempo , para que con la gravedad
del peso pendiente de los pies, se estiren sobre
manera todos los miembros i articulaziones.
Entre los clamores i jemidos que exhala el reo,
por el atroz tormento de todos sus miembros ,
le vozean aun, alternativamente , a que manifíes-
74
le la verdad , de lo contrario le prezipitarán
desde allí. I hazenlo , como lo dizen , * paes per-
severando él constante , mandan al verdugo ,
que aflojando la cuerda le prezipite, i detenién-
dola otra vez de repente en el aire , estorbe la
71 caida, con lo cual * todas las $ junturas del pa-
ziente , asi de los brazos como de las piernas,
se desatan con grandes dolores , separándose
unos de otros los miembros , con el peso de los
pies, por la suspensión repentina de la caida ,
estirándose todo el cuerpo , con mas fuerza i
violenzia.
Ni se acaba aquí. Pues con nuevas exhortazio-
nes i amenazas , si no obedeze , aumentan , por
terzera vez , peso a los pies , i mandando le-
vantarle en alto , ya medio muerto , añaden a
los dolores las afrentas , llamándole muchas
vezes perro , hereje . que con tamaña pertiná-
zia oculta la verdad , i que allí ha de morir al
fin. Mas , cuando invoca , el preso , a Cristo ,
en medio de los dolores , para que socorra , a
r
quien ya moribundo , por El , tan inhumana-
mente atormentan , (como ciertamente hazen ,
* Literal— M no falta la obra a la amenaxa.*
§ O— coyunluras:— pero el orij. diM—junctur» omoes.
75
i cuantos son , por su yerdad , atormentados ] ;
' escarneziéndole con mofas i risotadas dízen :
«Jesucristo, Jesucristo: deja ahora a Jesucristo.i
manifiesta la yerdad. ¿A qué ínyocas a Cristo? *
I confiesa lo que preguntamos.» A la yerdad ,
bien se yé , cuan parezidas son estas blasfe-
^ mías a aquellas : «A Elias llama este , en Dios
confia , que le Ubre ahora , si quiere , pues
dize , que es hijo de Dios. » * Ciertamente no 72
dejan aquí de dar los padres de la fé un claro
testimonio , de que el mismo Cristo es a quien
hazen la guerra , en esta controyersia , cuyo
^ nombre » inyocado por los que padezen por El,
tan odioso les es, tan molesto, i tan intolerable
en fin, el oirlo.
Si alguna yez pide el paziente , que le bajen
de allí, para declarar alguna cosa, i la declara ;
acrezieata él mismo con el hecho, su tormento;
pues entonzes * creen, que empieza a declarar,
4 asi, en acabando él de hablar, repiten ellos los
preludios desús exhortaziones, amenazas, i aun
del tormento mismo , mandando que le levan-
ten de nuevo en alto , i de allí leprezipiten se-
gunda yez, como arriba dijimos. Este tormento
* El org.— cQualem ioclamationem Cristi edis?»
•• o: — «se oonsideni»;— etc. porque el orij. dize ;— «depro-
mere ezistimatar.»
7()
se alarga, por io común , desde las nueve de la
mañana hasta las doze o la una.
Pero cuando les acomoda a los padres el ter-
minarlo , preguntan simuladamente al mismo
verdugo si tiene alli preparados los instrumentos
de otros tormentos ; para aumentar nuevo ter-
ror, al que dejaron medio -muerto los tormentos
anteriores. Respondiendo el verdugo , que no
los trajo, le mandan, que los prepare para el dia
siguiente , i procure , que nada falte. Veamos ,
dizen, si de este, podemos arrancar la verdad.
73 I al mismo preso , * quebrantado en todo su
cuerpo, le consuelan, al irse ya, con estas pala-
bras. «Por ahora , basta. Sin embargo , de hoi
a mañana , procura repasar en tu memoria , lo
que has de declarar : de lo contrario , morirás
en el tormento. I no pienses, que lo que te res-
ta por padezer, es semejante a lo que hasta aho-
ra sufriste.» Con esto, en saliendo ellos, el ver-
dugo compone como puede al infeliz las juntu-
ras de los brazos i piernas, i vestido con sus ro-
pas , le vuelven a su calabozo, o , mas bien , le
llevan , por no poder de ningún modo tenerse
en pie , i aun muchas vezes , le arrastran con
harta crueldad, de las piernas, o de los brazos.
Aqni también el alcaide de la carzel, para satis-
77
Tazer a las leyes de la humanidad, con una me-
ra, * i en realidad, i de hecho, vana ceremonia
tlize, al preso , que se llamará a un médico , si
es menester.
Al que no quieren atormentar mas, le llaman
41 la audienzia , dos o tres dias después , i al ir
^ ella , desde su encierro , le hazen pasar por
delante de la puerta de la sala donde se dan los
tormentos , i alli el verdugo se deja ver , de
proposito , en aquella figura de diablo , que di-
jimos , para que , en el mismo tránsito , tenga
«1 preso que * saborear , a su vista , los pasa-
dos tormentos. Entrado en la audienzia ve al
Inquisidor^ * al Provisor i al escribano , senta- 74
dos ya en su tribunal, quienes , con las anti-
guas exhortaziones i conjuros , según su cos-
tumbre , le aconsejan que diga la verdad , i si
tampoco esta vez le arrancaren algo , le man-
dan volver a su prisión. Pero si entonzes decla-
ra algo, le apremian mas estrechamente, i tal
puede ser lo que declarare , que desde allí le
manden llevar al tormento , pensando poder
arrancarle algo mas.
Pero al que determinaron atormentar otra
* Ceremonia reiaut facti yacua.— el orij.
•* El orij. — cogatur viactus delibere.
H
78
yez , al terzer dia , cuando es Tehementibinio
el dolor eo las coyuQluraa , le llaman a la aii-
dienzia , i alli se renuevan los conjuros , i airo-
zes amenazas , se entiende . para qne desculira
las herejiaB , i también; a aquellos coa quienes
trató alguna vez , acerca de esas cosas ; i ade-
más , a los que sabe son de la misma opinión :
de lo contrario, prepárese para loa tormentos ,
i si en ellos rezibiere su cuerpo algún daño , o
muriere, será por culpa suya. I si aun perseve-
ra constante en bu parezer, por medio del alcai-
de de la carzel, mandante llevar otra vez a) tor-
mento , i alli sentándose , como arriba se dijo
en BU tribunal , despojado el preso de sus ves-
tidos, algunas vezes * le atormentan con el mis-
mo jéuero de tormento que antes , aumentado,
sin embaiigo, de este modo. Colgado el reo de la
75 polea, por las manos * amarradas a la espalda,
según arriba dijimos , liganle juntos ambos
muslos al rededor , con delgados pero fuerles
cordeles; luego, de la misma manera, las pier-
tias basta media espinilla : después , metiendo
un paloen cada cuerda de entre las piernas, las
^prietan fuertemente , paraque sepultándose
' El iBt.— •torlurs raüone ■ qua prÍDi, ilLam eieroent.> — el
79
las cuerdas , en la misma carne del pazíente ,
se le añada al infeliz un nuevo i vehementísimo
tormento. Pasa en osla angustia * el preso ,
tres o cuatro horas , a voluntad de los Inquisi-
dores , sin cesar , entre tanto , las preguntas ,
conjuros , denuestos i escarnios.
a ^Cuando les pareze , hazen experimentar a
otros, esta vez , otro jénero de tormento, que,
aunque usado también en otros tribunales con
los malvados, nobstante, añadiéndole una singu-
lar crueldad, con razón, lo hizo proprio suyo **
el santo tribunal. Llámanle vulgarmente el del
burro , o potro : nosotros le apellidamos arriba,
el del agua i cuerdas, b § Prepárase empero de
este modo. En un escaño de madera sólida ,
ahondado en la parte superior en forma de ca-
nal , de manera que pueda caber un hombre
echado de espalda. La parte que pudiera cojer
la espalda , tiene atravesado un palo redondo ,
que encontrando la espalda del que alli ponen
echado , nu le deja tocar la canal , para que el
que en ella ha de ser atormentado , ni aun en * 76
el mismo Burro pueda tener algún sosiego. Pe-
* El lat. «Exigil in hac tortura.»
n Lo que hai entre ^ % está ea bastardilla en el orijtnal.
** El lat. «sibi proprium Tecit.*
b El hit. taques ct uerrorum nupra apj}eUauimus,''
80
ro el escaño está colocado de suerte que aquel ,
a quien en él tienden para el tormento , tiene
los pies mas altos que la cabeza. Tendido en
aquel nicho el que , de ese modo van a atormen-
tar , atan las canillas , o cañas , de los muslos,
piernas i brazos , con fuertes , pero delgadas
cuerdas , que aprietan después poco a poco, in-
terponiendo * unos palos , basta que escondidas
aquellas cuerdas en la carne del paziente , to-
quen casi los mismos huesos i desaparezcan
por completo de la vista del espectador. Añá-
dese además un sutilísimo paño de * lino , que
estendido sobre la cara del paziente , le tapa
también las narizes, paraque al rezibir el agua
por la boca , le impida la respirazion por las
narizes. Después se va el agua destilando en la
boca por medio del paño , hasta cierta medida,
a arbitrio de los juezes , i cayendo en la boca
del paziente , no gota a gota , sino a chorro ,
arrastra consigo , fazilmente , el delgadísimo
paño , hasta lo profundo de la garganta.
Diríase aquí , que el infeliz moribundo estaba
en la agonía , en que suelen hallarse los que van
* En el oríj. •palis iotercertis» : el trad. ba tradnzido corrí-
jiendo •interceptis» : i en palos , q. d. a mi ver , unas elavyas,
tuercas , estacas , pértigas: o cosa semejante. * o lUenio.»
81
a exhalar el último aliento; a no ser , porque (a)
a estos , nadie les quita el recurso de la respi-
razion ; i aquel no tiene modo de respirar , im-
pidiéndole el agua , hazerlo por la boca , i por
las narízes , el paño. Pero cuando se saca de lo
último de la * garganta el paño (lo cual sehaze 77
muchas vezes para que el atormentado respon-
da a las preguntas) empapado en agua i sangre,
diríase que (6) con él se le arrancaban al infeliz
las entrañas : de esta manera pasa el paziente
en el tormento , todo el tiempo que ellos quie-
ren , amenazándole siempre con otros mas atro-
zes que los que haya sufrido , i al cabo le vuel-
ven a su encierro.
Si aun les acomoda, (c) proseguir en ios tor-
mentos (pues preciso es que todo se haga a ca-
pricho , donde ningún lugar queda , al derecho
i a la equidad) , en uno , o dos me¿es ,.mas tar-
de o mas temprano , según les pareze , se repi-
ten los tormentos ccm mayor o menor rigor ,
volviendo a llamar a ellos, a unos solo una vez;
a otros r dos , tres , cuatro , cinco , seis. Suelen
n £1 orij. dize- baíc - a este: pero es errata , síq dada , por
•his.rt
b El lat. «viscera misero cooTeli dixeris.»
c O -ir mas allá , -adelantar: el lat. dIze: «progredi patri-
bus Ubet.
82
aflijir a otros , con otro jénero de tornienlo, pe^
culiar de este santo tribunal , que llaman del
fuego , mas breve por cierto en su descripzionr
mas no asi en angustias i dolores. Mandan traer
un mui gran brasero de hierro , lleno de car-
bones enzendidos , al cual hazen arrimar las
plantas de los pies del que han de atormentar ,
untadas con tozino , para que pueda penetrar
el calor del fuego mas adentro. *
Cuando ya aguzaron i embotaron todos los
78 instrumentos de la crueldad del santo tribunal/
i no bai ya esperanza de arrancar algo mas del
preso ; le dejan descansar por tm poco- de tiem-
po. Después , llamándole a la audienzia , le
preguntan , inquieren i escudri/ian , con nuevo
orden i método de preguntas , suministrándo-
les cada palabra r de las que antes dijo , mate-
ria para argumentar.
Estas preguntas suelen estar con tari artifizio
dispuestas (pues, solo en ellaSr pareze haber un
resto de esperanza Inquisitoria i están, por con-
siguiente , forjadas con sumo artifizio) , que
conzedida una ; es nezesario conzeder otra , i
* En la Hist. de la Inquisizioo por F. Limborch. Edic. de
Londres de 1731 de la Trad. de Cnandler , tomo 2 paj. 222;
hai una lámina grabada en cobre, que representa, bastante bien,
las tres clases de tortura aquí descritas por Montes.
83
negar la contraría. Pues los padres de la fé ,
son admirables dialécticos , i refinadísimos [a)
sofistas , en so arte i facultad ; i no falta apli-
cazion a su injenio , ejerzitadisimo en esta pa-
lestra, para forjar con incansable i perseyeran-
te trabajo esas preguntas , que no como quiera
llevan ideadas en su mente , sino también por
escrito , i las tienen delante , paraque nada se
les pase , habiendo de interrogar por ellas al
reo. 1 asi , si el interrogado aflojare un poco en
el cuidado de precaverse atentisimamente , se-
rá imposible que no caiga en sus lazos.
La única defensa será aquí , una exacta i re-
ziente memoria de lo que ,. ante ellos , prime-
ro hubiere depuesto : pues en vano pedirá ,
que se lo lean , porque , o no se lo leerán , * 79
o lo leerán con suma perfidia. I si no se fia
mucho de su memoria , responda , a ojos
cerrados , que se refiere a lo que antes hubiere
dicho; {b) i no se deje arrastrar , a disputar con
ellos. I , si de las cosas que antes* confesó , de-
dujereq ellos , con su dialéctica , otras , que, o
ignoró del todi , o ciertamente no dijo ; vea ,
a Lat. largutissimi sofistae.»
h EL lat. «referre se obturatis ocutts respondeat , - i es un
poco dudoso si -obturatis ocuiis-se refiere d reitpondeat , o a
referre.
84
una i machas vezes , cómo ha de responder ^
para que ni le tiendan un nuevo lazo , ni venda
impíamente , la verdad de Dios. En fin , lo
mas seguro será , cortarles todos los hilos , con.
esta rotunda respuesta : a saber , que él , no ha
aprendido el arte de disputar , ni ejerzitádose
en tan injeniosas disputas. Son tan admirables-
artifizes , en estas disputas i cuestiones ; tan
capziosos , i al mismo tiempo , tan molestos i
malvados , que mas de una vez acaeze , que
arrancan por este solo medio , lo que no pudie-
ron , con ningunos tormentos o suplizios.
Prendieron en Sevilla , por causa de relijion,
a cierta piadosa matrona , a quien poco antes
habían hecho viuda , quemando a su marido ,
varón piadosísimo. Pero , por cuanto , lo que
había confesado , en los tormentos azerbísimos
80 que le dieron , no bastaba * paraque por ello ,
según sus designios , o fuese quemada , o
al menos , se la despojase de sus bienes : mas ,
1^ confesase , no ignorar que la Iglesia Romana,
tenia decretado , lo contrario délo que ella afir-
mara, esto solo bastaría, para despojarla de los
bienes que la quedaban , para pasar no sin po-
breza su viudez ; en esta audienzía , por últi-
mo , acosada , mas bien que envuelta , por la
85
perversidad de semejantes sofisterías ; la obli-
garon al cabo a confesarlo. Pues viendo , que
de otro modo , no tendría fin tanta * impor-
tunidad , «Sabía , dijo , que la Iglesia Romana
asi lo establezió , escribidlo pues i dadme por
despachada , í resolved ya , como os pareziere ,
azerca de mi , i de mis bienes.» Ellos , enmu-
deziendo a esta alegre respuesta , escriben eso
mismo , pues no buscaban otra cosa. Pero que
sea o no sea asi , ¿qué les importa a ellos , con
tal de que el preso lo confíese , i les vengan des-
pojos de cualquier parte i cualesquiera que
fueren ?
* DE OTROS MODOS DE INQUIRIR I DE 81
ESTRECHAR A LOS ENCARZELADOS A QUE
CONFIESEN LO QUE A LOS INQUISIDORES
CONVIENE SARER.
lia violenzia de los tormentos , i las sofísticas i
sutiles, artes arriba dichas ; frustradas, según,
ellos piensan , por la obstinazion , i sagazidad
de los presos ; vuélvense los padres , a otras
• Gorrejida aquí la errata del orij. paj. 80 lin. 12.— oportu-
nitatis,— por— importuntfatt».
80
artes mas poderosas, i a otras marafias ,*en las
cuales el que aventaja i se maneja con mas des-
treza , suele ser tenido por dilijentísimo» i dig-
no« por lo tanto, del lugar supremo en el San-
to ofízio.
Con aquel , a quien determinaron envolver ,
cuando se les frustra,como acabamos de dezir, la
esperanza de toda violenzia; se muestran benig-
nos, misericordiosos, llenos de caridad , i como
que les afecta tiernisimamente su desgrazia » i
aílíczion. Lloran con él, ruegan, consuelan.acon-
sejan i aparentan darle , paraque se libre de
aquella calamidad, un consejo reservado, que no
darían sino a su padre, hermano, o a un íntimo
amigo ; i otras muchas cosas a este tenor. * De
este artifizio, suelen usar mas amenudo, con los
que creen mas senzillos o menos sagazes, i prin-
zipalmente con las mujeres, que, por lo regular,
no tienen tanta astuziacomofueranezesaría para
conozer las lágrimas de cocodrilo. El preso ,
pues , cuando viere que el Inquisidor le trata
con tanta humanidad , tenga por indudable ,
que entonzes nezesita vista mas aguda i mayor
perspicazia de injenio , para poder descubrir a
' Marañas — o trazas: pues el orij. — artes ac fila convertUQ-
tur:— que literalmente suena: — a otros hilos.
87
tiempo a donde se encaminan esos finjidos ha-
lagos: en la certeza, de que son meras zalame-
rías i lisonjas, debajo de las que se ocultan cap-
ziosos lazos,cebo, i ratoneras. Demostraremoslo
mejor con ejemplos , ya que tantos tenemos a
mano.
En aquel primer inzendio , que por causa de
relijion, se levantó en Sevilla, liaze ocho o nue-
ve años, entreoíros muchos, prendieron acier-
ta piadosa matrona , con dos hijas donzellas i
una sobrina ya casada , hija de su hermana.
Yenziendo estas, con una constanzia verdadera-
mente varonil , todos los jéneros de tormento
con que se buscaba por ellos, que pérfidamente
denunziasen a sus hermanos en Cristo , i sobre
todo , a que se delatasen una a otra , el señor
Inquisidor * con fictizia i frivola piedad , pro-
pia suya, en estremo conmovido, házia aquellas
infelizes mujeres, manda * que le lleven a la au- 83
dienzia a una de las hijas , i alli , a solas con
ella , entabla una arenga consolatoria , si bien
oportuna, no mui breve. Acabada ésta, remitió
a su enzierro a la muchacha. Repitió después ,
esto mismo , por algunos dias, haziendo que se
• El lat.— «dorainus InquisiloF nugatoria illa sua pietalc ve-
hementer commotus. — etc.
ir
la llevasen cada dia al aoochezer, i deteniéndola
allí , ya manifestándole cuánto se dolía de sus
trabajos; ya mezclando, harto mas familiarmen-
te, otras alegres i agradables pláticas.
Todo ésto (según demostró el éxito mismo)
se encaminaba , a que después que la mucha-
cha, con senzillcz corderina , * se persuadiese .
de que él verdaderamente , i con ánimo pater-
nal , se interesaba en su desgrazia , i de que le
acons«^rta lo que a su negozio i a su saWazion
propia , a la de su madre i hermanas , conve-
nia ; se pusiese toda , bajo su proteczion. I asi,
pasados en esa familiar conversazion algunos
dias , en que ya él habia llorado con ella su
desgrazia , i dádole todas las pruebas de con-
raiserazion , para testificar que le afectaban sus
trabajos , i todas las señales , además , de bue-
na voluntad , para evitarlos en cuanto pudiese:
cuando vio , repito , el sagaz lobo engañada ya
a la muchacha , empieza a persuadirla que de-
84 clare de si , de su madre , hermanas i tias , *
no presas aun, prometiéndola con juramento ,
que si de buena fé le manifestaba cuanto acerca
del asunto supiese , daría él traza de ocurrir a
* Solo con esa impropin i afectada frase, pueden conservarse
las mismas rozcs del lat. — «OTÍna simpticitate.»
89
iodos aquellos males » i las enviaría al fin li-
bres a sus casas. La muchacha , como que era
de índole senzillisima , ganada por las prome-
sas i persuasiones del padre de la fé , empieza
a dar lo santo al perro , i a echar las mar-
garitas al puerco , declarándole algunas cosas
pertenezientes a la pia doctrina , que entre si .
solían comunicarse. Cojido el cabo del bilo ,
empezó el Inquisidor a procurarse diestramen-
te la salida del laberinto , llamando a la mu-
chacha repetidas vezes a la audienzia , para que
segan el orden del derecho , se notara lo que
depusiese , persuadiéndole aun entonzes , que
ese sería el medio lejitimo de curar iodos los
males. Renuévale , en la última audienzia , to-
das las promesas con que antes le habla ofrezi-
1 do la libertad etc.
Pero , cuando la muchacha esperaba , que
iba a cumplirse lo prometido, elseñorlnquisidor
con sus satélites conoziendo la virtud del arte
con que habían ya en parte conseguido , lo que
no pudieron antes arrancar de la muchacha
' con los tormentos , para sacarle lo que a su pa-
I rezer , restaba , decretan entregarla de nuevo
a los tormentos , de los que sufrió los mas crue-
les de todos , como son , la polea * i el Burro , 85
90
hasta que como en una prensa esprimieron de
ella lo que buscaban , es dezir , herejías í déla--
ziones de personas : pues delató la muchacha ,
en fuerza del estraordinario suplizio, a su ma-
dre i hermanas, i a otros muchos, que cojídos i
iitormeutados, después, fueron por último, con
la misma donzcUa, entregados al fuego.
* Esta misma donzelladió, después , un ilus-
trisimo ejemplo, en testimonio de su fé. I fué ,
que en aquel teatro solemne , en el que a pú-
blico espectáculo la sacaron con otros que cor-
rieron su misma suerte , oida la sentenzia , en
que la condenaban a la hoguera , al volver a su
sitio , desde el lugar en que suele pararse cada
uno de los condenados , para oir su sentenzia ,
llegándose a su tia, que la había instruido en la
fé por cuya confesión hubo de ir luego a la ho-
guera, con firmísima voz i semblante, i bajando
modestamente la cabeza , le dize : que le agra-
dezia infinito el benefízio de su enseñanza , i le
pide perdón, si en algo la hubiese ofendido, es-
tando ya a punto de rezibir la muertq. No con
menor constanzia la consuela su tia , exhortán-
dola , a que tenga presenzia i tranquilidad ae
":l •
Elvira, o Teresa Nuñez. Véase a Llor. Hist. de la Inf.t^.
4. paj. 89. Edic. do Barcelona.
91
ánimo, puesto que, dentro de muí pocas horas,
se hallará con Cristo en los cielos: i ésto, vién-
dolo todo el pud[)lo, * oyéndolo muchos, i prin- 80
zipalmente , d mismo santo tribunal , con los
suyos. * [Esta su tía , era aquella mujer , que ,
exaltada por la locura, dos años antes había de-
iatado tpda la Iglesia a los inquisidores , como
arriba dijimos. La cual, recobrando algún tanto
su juizio por benefízio de Dios , i convertida a
mejor camino, en cuanto se lo permitían las re-
liquias de su locura, habiendo confesado a Cris-
to , después de largas i hediondas prisiones ,
tormentos, azotes, publicamente rczibidos, su-
frió , finalmente , por él mismo , § en aquella
clámide Cristiana, cárzdes perpetuas. Volvamos
ya a las artes.] *
DE OTRAS ARTES MAS SECRETAS.
JLa escelencia de las artes siguientes exijc, que
no se agreguen , como toscas e ignobles , al
montón de las demás , puesto que aventajan
* •
* Todo lo qae hai entre [ 1 , está de letra bastardilla en el
oriJInal.
% El lat. dize: — in Christmno illo paludamento—eic,
* Hasta aquí de bastardilla en el orij.
92
tanlo a todas las piH'zedentes , cnanlo el santo
tribunal a los otros tribunales vulgares. De es-
ta clase , pues , la primera i la mas secreta, i
al Santo ofízio mas útil que otras muchas , es
el abuso d^ la que creen confesión sacramental,
g7 que según * sus mismos cánones , es un no le-
ve pecado : pero , según repetidas vezes antes
dijimos , al santo tribunal , todo le es lizito.
Cuando alguno de los presos cae enfermo ,
aunque no sea gravemente , le preguntan si
(¡uiere usar de la sagrada confesión : i esto con
dos fines : el uno , para que apruebe , o re-
pruebe la sagrada confesión , el otro para ver ,
si pueden persuadirle en ella, a que de si , o de
otros , declare alguna cosa , con que tenga el
santo tribunal entretenimiento. Si el enfermo
aczede , se le presenta , luego , un * sacrificulo
con un escribano , i dejando a éste secretamen-
te , es dezir , al escribano , a las puertas de la
prisión , en que yaze el enfermo , emprende el
clerigote la confesión, i en adelantando un tanto
en ella , pregunta al enfermo , si ya en jeneral
ya en particular , está imbuido en algunas opi-
niones luteranas : señaladamente acerca de tal
* En el ory.— adest sacríQculus:^^. d. un sazcrdote supers-
tizioso, o fanático. Lo mismo, mas abajo.
93
t> tal artíeaio ; o si trató con otros azerca de
esas mismas cosas , por quién , en fin , i cómo
ias supo » etc. que confiese injenuamente , i no
rezele de él perfidia alguna , que él trae facul-
tad de los seAores inquisidores para (a) purificar-
le de todo : que descargue ya su conzienzia , i
lo demás que para semejante fin suele alegarse.
Si el enfermo asiente , i empieza a poner por
obra el tal * consejo > cae sin duda en la na^- ^
sa. Porque después que aczediendo al deprava-
do consejo del sacrificulo (6) vomitó temerario, lo
que del asunto sabe , trata oportunamente en
segundo lugar el sacrificulo de tender un lazo
a su conzienzia , haziendo, que lo deponga to-
do ante el escribano , no habiendo de tener, de
otro modo , lugar alguno su purificazion. Si le
persuade , llama al escribano, que no está le-
jos , i sé pone la cosa en ejecuzion.
Pero , si el enfermo , o no creyéndole , o des-
confiando acaso algo de él , rehusare deponerlo
ante escribano , no por eso , se librará de los
lazos , mejor que si hubiera depuesto , pues que
el fraudulento confesor , pronunzia i aun repi-
te todo lo que pasa , en tan alta voz , que hziU
a El lat. - ab omnibtts enm expiandi. - etc.
b El Or. sacrifieulfu.
I
mente Jleiy a) suj'elu , a que le responda casi
con el mismo tono de voz . por falta de cautela
en observar , o en rezelar siquiera , las redes
del escribano , que atento lo escucha todo a la
puerta , i lo apunta. Con semejantes apunta-
ziones , o hazen después cargos al sujeto , o al
menos , aprenden per ellas lo que han de ave-
riguar de él con (a) mas molestas preguntas.
Queda aqui el bueno del coaresor sin escrúpulo
alguno de conzienzia , i sin temor de delito , o
escomunioD, por la conresion revelada, ya por
89 que cree , no * haber revelado nada , aunque
baya hablado mas alto de lo que requieren los
misterios de la confesión ; ya porque lo becbo ,
sea lo que fuere, se hizo en grazia i obsequio del
Santo tribunal.
Juliano Apóstata, según refieren bistorias muí
fidedignas , quitaba a los cristianos , todos sus
bienes i haziendas , b dando por pretesto de su
sacrilejio , el que Cristo ordenó a los suyos ,
amar la pobreza, i no aplicarse a adquirir los
IiLcnes terrenos. Perseguíalos con cuanta cruel-
dad podia, i luego los exhortaba a la toleranzia
puesto que , asi los babia enseñado Cristo. De
95
este maestro , aprendieroD los padres de la fé
una de sus artes: i consiste , en que cuando ven
a alguno , guardar con cristiana constanzta la
fé i piedad para con los ^ cohermanos conozidos,
le envuelven en este argumento «Tu eres / dí-
zen ,* mal cristiano; puesto que , vosotros ase-
guráis , que seguís la doctrina de los apóstoles
i de la primitiva iglesia: mas los apóstoles i los
mártires de aquellos tiempos, cuando compare-
zian ante los juezcs jentiles, i les preguntaban ,
si eran cristianos, respondían lo somos. I cuan-
do les preguntaban sobre sus compañeros de
relijion los nombraban candidamente. Luego ^
si vosotros * profesáis seguir sus ejemplos, de- 90
biérais delataros a vosotros mismos i a vuestros
compañeros.» Tal, i de este modo, es su argu-
mento. Pero , Juliano Apóstata dize bien : que
los cristianos no deben entregarse a amontonar
riquezas terrenas ni ser flacos en los trabajos :
también los señores inquisidores afirman , con
Igual derecho, que el hombre cristiano pregun-
tado en los tribunales del mundo, azerca de su
fé , debe dar de ella razón clara i categórica :
pero , unos i otros faltan a la verdad , cuanda
• El l«t.— confratres.
96
dizen, que los cristianos de aquel tiempo , con
el misnifl piadoso zelo con que declaraban su fé,
deecubriaD a sus hennanos ante los jaetes jen-
tiles, DO permiliéndoeelo nunca la caridad. Por
lo demás , la impiedad de Juliano, i la de estos
seflores , se praeba ser la misma , puesto qoe
intentao llegar a un mismo fia, i por unos mis>
mos medios , esto es , a desolar la Igle-
sia de Cristo , i despedazar sus hijos , con irri-
sión de las leyes de la Relijion Cristiana.
Uno de loe prinzipales Inquisidores , de quien
lo aprendieron otros muchos de sus compañe-
ros , i al cual convendrá nombrar , paraqtte
pueda reconozer aqui sus mismas palabras , si
acaso lee esto , (llamábase Juan Gonzalo obis-
91 po * de Tarragona InquisidM- Hispalense); solia
dezir , hablando de los fieles presentados en sb
tribunal: que pareze milagro, que aquellos he-
rejes, tengan grabado en los últimos * rincones
del corazón , aqnel precepto de : 'Amarás a tu
prójimo como a ti mismo :' de manera , qne a
no ser después de desollados, i casi despedaza-
dos en los tormentos , nunca descubren a sus
compañeros, i ni aun así , se logra eso, de mn-
' ElUL— in íjwii cord» penelraliliui.— I el puÉDt»» qoe
lireHds, H tulla tm poco •añado del orijinel.
í
97
«boí de ellos. Tan ilustres testimonios tiene la
verdadera rf^lijion, hasta de sus enemigos. Pues
tan grabada i sellada está, (a) en todas sus par-
tes , la lei de Dios en los corazones de los ver-
daderos Cristianos , como dijo su Reverenzia.
Fuera de ellos no se encuentra esta firmeza en
el sello de la lei de Dios , estando selladas las
leyes de toda carne con este sello ; «primero yo:
después tu.» Mas, sobre todo debiera avergon-
zarse un obispo Cristiano , de estar en tan su-
pina ignoranzia , azerca de una cosa , que no
seria completa si no fuese aun acompañada de
igual blasfemia.
A este mismo señor obispo (ya que de él bizi«^
mos menzion)le babian enviado,.del realconsejo^
a Sevilla, para desempeñar el cargo de Inquisi-
dor^ cuando en los años pasados, (6) aparezió de
* repente en aquella ciudad aquella multitud 92
de fíeles dé la que , hasta hoi , se levantan aun
grandes hogueras, en determinados dias. Pues,
a los que antes hablan sido allí Inquisidores ,
no se les tenia en las inquisisitorias'artes , por
tan activos i hábiles , como (c) a este solo ; que
a El lat.— tquoad atramque ejus tabiilam.»
b FJ lat.^repente erupit;— que me pareze un pleonasmo :
paes se}o>-enipit — sígniflca lo mismo.
c D. Joaa doazalez da Nunebrega , erd este sujeto : i Lio-
^
M creyese podían ocurrir al grande raal ere
ziente , i a la ruina que n la iglesia Román»
amenazaba. Cuáles eran la» dotes que en él
suponían para desempeñar cargo semejante ,
publiquelo él mismo , publiquenlo , los que ie
elijieron para aquel menester , publiquenlo en
fin cuantos le conozieron , si fué acaso su emi-
nente doctrina i erudizion en las sagradas le-
tras , o su profundo i puntual conozimiento .
ya de las historias eclesiásticas, ya de las obras
délos doctores antiguos i modernos , cuya au-
toridad con razan venera b iglesia ; o bien , su
eaperienzia * insigne en las cosas i doctrina de
la fé , de la cual quieren llamarse padres los
inquisidores , i de cuyos errores , o verdades ,
tan ambiziosamente se declaran juezes ; o ya
por último , si una probada piedad i santidad
(de la que se lisonjean , por cierto , tanto que
de ella toman un ilustre i plausible titulo) fue-
ron las dotes, por las que entre sus camaradas
se distinguía prínzlpalmentc : o si fué , antes
bien, el aventajarlos a todos ellos en crueldad ,
95 inbumani * dad, i aun en todas las artes ínqui-
99
sitorias , por lo que lograra , aquel soldado ve-
terano , la exenzion de tal milizia , i un pingüe
obispado , en premio de su trabajo : habiéndolo
llamado de ían cómodo ocio, a la antigua müizia,
aquella fatal calamidad de la iglesia Romana.
Mas en aquella legazion Hispalense, época en
que tenia las casas particulares llenas de pre-
sos , por causa del Evanjelio , no bastando las
cárzeles públicas a tan abundante presa , no le
faltaba a su Reverenda Señoría, tiempo ni ózio
para divertirse, en pasear por el río , en esqui-
fes adornados de púrpura i seda , i con tal apa-
rato, cual convendría a un discípulo de Sarda-
nápalo, mas bien que a un varón modesto, por
no dezir , a un obispo Cristiano ; acompañán-
dole ciertas musas , aunque iliteratas , i una
servidumbre numerosa, * a los apartados huer-
tos, concurriendo, entre tanto , al espectáculo,
una buena parte del pueblo. I , a la verdad ,
aquellos triunfos i alegrías , no eran intempes-
tivos para él , i para los suyos, en un estado de
cosas tan lleno de luto , tristeza , lágrimas i
afliczion , para la iglesia de Dios, de la que era
él , encarnizado enemigo.
* Et lat. di2e— tiu non prop« distantes hortos.»— etc.
100
Volviendo , pues , a las artes , cuando esto»
probos señores desean tener un indizio cierto
94 de algunos de ios * presos , de quienes , por
vivir en una misma carzel , i estar en fin sumi-
dos en tanta desdicha , sospechaa que se comu-
nican entre si alguna saludable doctrina para
exhortarse mutuamente , consolarse , i animar-
se en su fé ; meten secretamente , entre ellos ,
alguna Mosca , (asi suelen llamar los presos, al
que desempeña semejante ofízio.) Metido este ,
fraudulentamente , entre ellos , por los Inqui-
sidores , bajo el nombre de preso , observa con
mucha sagazidad cuanto hablan.
I después de pasar entre los mismos , algu-
nos dias, durante los cuales llega a insinuarse
dolosamente en su familiaridad , empieza a to-
car lijeramente , i como por enzima , * algunos
puntos doctrinales , aparentando que desea , o
bien aprender de otros , o bien enseñarlos , i
por este medio , engaña fazilmente a los mas
senzillos que no se recatan de tales fraudulen-
tas insidias. Los que ya estuvieren, pues, avi-
sados de estas mañas , no se ñen , de lijero , ni
fazilmente , de los desconozidos , que de ante-
* El lat.— «leviter ac Teluti extremis digit»*»
101
mano se introduzcan en su compañía. I en
cuanto al Mosca, fazílmente le conozerán i des-
cubrirán, en esto solo, en que, por lo regular ,
él mismo se injiere, sin que nadie le provoque,
en tales coloquios , i empieza , aun sm yenir a
cuento , a sacar semejantes pláticas doctrina-
les : * mas entonzes obrarán con prudenzia , si 95
le dejaren razonar hasta que se canse , sin res-
ponder nada a su razonamiento. Este , si acas»
saca de sus concautivos algo de lo que deseaba,
ruega al alcaide de la carzel , cuando según
costumbre visita a los presos , que pida se le dé
una audienzia , según es también costumbre
hazer los presos , i al fin , por este medio se
abre la puerta , i poco después , los que en la
carzel quedaron , tienen que esperimentar los
frutos de su conipañia.
Cosa es , por cierto , de admirar , que haya
* hombres dotados de una índole tan Satánica ,
que espontáneamente alquilen su trabajo para
tales ofizios , i aun con tanto detrimento pro-
pio , que por salirse con la suya , presos con
los presos , en nada tienen un enzierro estre-
chísimo de dos o de tres meses , sufriendo ellos,
de buena gana , todas aquellas molestias de la
carzel , asi del hambre como de la inmundizia
102
i hediondez , (]ue inal de su grado suelen tole*
rar los presos : i , lo que es mas de admirar ,
ruando salen de una carzel entran inmediata-
mente en otra , i luego en otra« dos , tres , cua-
tro vezes , para volver a las mismas incomodi-
dades , i pasar la vida en aquel mundo de deli-
zías. I así , éste, cuando sale de la carzel a dar
cuenta de su encargo , no solo declara lo que
^" entre los presos oyó, sino con qué semblante, *
alegre o airado, rezihieron los presos lo que él,
en cuanto a doctrina , les propuso etc. i aun
cuando ninguna respuesta hubiere de ellos al-
canzado; lo que azerca de los mismos, le pare-
ze: i sus delaziones, tienen la fuerza de un tes-
timonio probadísimo, i mayor de toda escep-
zion , aunque por otro lado , sea hombre * de
ninguna fé o estimazion , hombre en fin de la
ínfima hez de las sentinas públicas , alquilado ,
por poco dinero , para ese empleo: pero enton-
zes se le tiene por miembro digno de aquel
cuerpo en aquel lugar del Santo Ofizio.
Suzede también , muchas vezes , que los
presos por causa de relijion , vienen a estar en
compañia de otros , a quienes prendieron por
* El or. - ulioqui sil nihíli nullius íidfii eU;.
103
otras causas , i de estos algunos , por cougra-
ziarse con los Inquisidores i merezer su aproba-
zíon , delatan con suma perfidia a los compa-
ñeros de carzel , a quienes oyeron conferenziar
sobre la pia doctrina ; i el testimonio de tales
hombres suele hazer gran fé , i valer mucho ,
en aquel santo tribunal : pues para la que lla-
man califícazion del dicho , se atiende prinzi-
palmente a las circunstanzias de la carzel , ya
del delatado va también del delator.
Hai también otros Moscas i azechadores, que
sirven al santo ofizio en aquel menester , fuera
de la carzel , * azechando i envolviendo en las 97
susodichas artes , a los que en el pueblo tienen
por sospechosos de herejia Luterana , esto es ,
de pia doctrina ; i algunos de estos Moscas ,
vuelan tan alto , que pasando el mar , i pene-
trando en estraños i apartados reinos , azechan
a los que saliendo de España , i desterrándose
voluntariamente , escojieron en otra parte do-
mizilios mas seguros : tan vehemente es el zelo
de la gloria de Dios , i de la salud de los hom-
bres en que se abrasan los padres Inquisidores.
Pero concretándonos solo , a los que suelen
andar volando dentro de las mismas ciudades
de España en que hai eslablezidos tribunales
\
\
iU4
liiquisi [ocios , muchos santos conresorea , ya-
clérigos , ya Trailes , ocupan en esta Orden de
los MoMCas un no ínfimo lugar. Sí a ellos se
azerca alguno mas senzJllo , a quien Dios haya
empezado a alumbrar con su luz , i durante su
confesión , espone su sentir, en tono de dada •
o de certeza , descando instruirse o confirmar-
se . no solo procuran estii^uir con sus tinie-
blas la luz divina que comenzara a iluminar
con BUS rayos aquel entendimiento , sino, que-
le exhortan , le conjuran i aun se esfuerzan en
persuadirle , con fieras amenazas , que se pre-
98 senté por si, disanto tribunal, i se delatea*sí
mismo , a prometiéndole , que los sefiores In-
quisidores le tratarán con toda benignidad. Su-
zede , en fin , mas de una vez , que la b misma
oveja, se entrega por este medio , a si propia ,
en las bocas de los lobos , para ser acaso des-
pedazada con lobuna crueldad.
Suelen otros, usar de olra arte mas inhuma-
na, i prestada , sin duda, de la ofizina iuquisí'
loria : conozida la opinión del incauto, que de
modo alguno , rezela semejante perfidia en la
sacrosanta confesión , i menos , de un Varón
a El tnid. 1«8 U iiltimd üaea de la paj. 97— ipu Bileat,_(lc.
105
consagrado ; disimulan , por entonzes , i no le
€ontradizen ; antes , le avisan , que vuelva al
otro dia , pues asi tendrán mas lugar de oirle ,
i podrán mas holgadamente que entonzes , tra-
bar de aquel asunto , i asi, mediada o mal aca-
bada la confesión , le despachan : su designio
es, que volviendo el pobrezillo ai dia siguiente,
i tratando con ellos , mas despazio fuera de la
confesión, del mismo negozio, quede en su ma-
no, sin tener que revelar la confesión , el dela-
tarle a los inquisidores ; i no se descuidan en
poner por obra su designio , vomitando tan re-
lijiosos varones el mosquito i tragándose el ca-
mello.
Algunos de este gremio de hombres fraudu-
lentos , prestaron tan importantes i útiles ser-
vizios a los inquisidores , que , aunque por er-
ror "^ o por descuido (como suzede muchas ve- 99
•zes) , se dejaren dezir alguna cosa, que ante el
santo tribunal les acarrearía a otros el suplizio
del fuego , i pudiese esto , sin gran trabajo ,
comprobarse contra los tales , no obstante , los
padres inquisidores suelen disimularlo fazil-
mente, i llevarlo con prudenzia,peosando, que,
faltándoles las ventajas que de la industria de
estos reziben , habían de perder , mucho mas ,
i[ue ganarííiD , con lo (jiio bubiosen tio. perzibir
(lo sus (Icspojus. quemándolos.
A algunos de estos pudierairos señalar por
.sus nombres , i cicrlamcnte por razón de sus
impiedades en este jónero de empico, mereze-
rian se les nombrase , para que fuesen conozi-
dos en los tiempos présenles , i en los venide-
ros: sin embargo , creemos deber respetar sus
nombres, considerando el sumo poder i bondad
de Dios, quien, tal vez, se apiade algún dia de
ellos i les conzeda l^y cual sabemos acontezió ya
a algunos), una saludable penitenzia : tarde, e
inútilmente, nos arrepentiríamos entonzes , de
que por nuestra causa, si bien por tulpa suya ,
.pasase a la Iglesia , su memoria, como infame i
execrable en lo suzesivo.
Tuvieron , ciertamente , no pocos de estos ,
al prinzipio , conozimiento de la verdad . i aun
100 también * algunos de ellos la ensenaron a otros
pero luego que vieron levantada la tempestad ,
que babia de esplorar si el ediGzio de cada uno
se apoyaba en cimiento arenisco, o en otro mas
firme i de piedra , determinaron rrtrozeder a
tiempo. Mas , sabiendo de cierto . que para
con mucbos , eran sospechosos . parezioles no
poder borrar esta nota de otro modo , que de-
107
clarándose delatores, i azecfaadores de sus her-
manos , i familiares , i ministros dilijentes del
santo tribunal.
Por este medio , en fin , parezeles haber mi-
rado por si , lo bastante para con los señores
Inquisidores : con todo , ellos mismos , mejor
que nadie, saben qué remordimiento i qué tes-
timonios del horrible juizio de Dios , que les
espera, llevan dentro de si. Convendrá apuntar
esto, como de paso , para que adviertan los
hombres , primero, que en la realidad , no es
el zelo de purificar la fé, i de estirpar las here-
jias , el que impele a los señores inquisidores
a estas carnizerias, según ellos propalan, i se lo
cree el vulgo ignorante ; aunque supongamos ^
que realmente existen las herejías que con tan-
ta severidad castigan. Porque , si asi fuese ,
no perdonarían ni aun a los que , con tanto
provecho de ellos , según acabamos de dezir, * joi
Jos sirven.
Zelo es , por cierto , del real fisco i de sus
bolsillos de ellos mismos : pero, si bien lo mi-
ramos , la causa superior que los mueve, a eje-
cutar los suplizios , muertes , tormentos , de
tantos hombres inozentes ; i a los engaños ,
fraudes, mentiras, perfidias i estratajemas, ver-
108
daderamente Ratánicos , con que los procuran ;
t-B ' el rspirilu del mismo Salanas , liomliida
de los hijos de Dios , pad^jf , deade el prinupio,
de la mentira , i de artes Beroejantes. Pues
¿quién será tan cic|;o, <|uc no vea , qne este su
modo de prozeder , no puede dimanaf de otro
espirilu? o ¿quién tan blasfemo , que le dé por
acepto al eepiritu de Uios? Aprovechará, en fin,
esta advertenzia , para qne los inozentea sean
avisados, miren atentamente con quién tratan,
a quiénes admiten para bu ramiliaridad, i no
se lien , tampoco , de cualquiera : pues . si al-
guna vez, en otra ocasión, o en algnn jénero de
negozios. fué cierto lo que se lee en Jeremías, a
saber, que todo hermano , armará zancadilla
etc.: en estos tiempos, prinzipal mente, iazerca
de estas cosas, en particular , puede con razón
dezirse.
Usan los señores inquisidores de otro ardid ,
con el cual, aunque echen sus anzuelos a la ven-
tura , i con suerte dudosa, suelen do obstante,
Q sacar por lo común abundante presa. * Cuando
llegan a cojer algún varón señalado que saben
haber enseñado a muchos, o al menos, a quien
' o— el eslro.— Ellat. di!*— MttmaeBtivHaiSaUíiB.
109
muchos acostumbraban visitar , por razón de
su doctrina, i erudizion , sea quien fuere, doc-
tor , o bien algún orador de gran celebridad ,
tienen costumbre de esparzir , entre el vulgo ,
por medio de sus familiares, algunos rumores,
de que el tal , con azerbos tormentos aflijido ,
ha denunziado muchos de sus adictos ; i para
hazerio creer, sobornan también a algunos , de
las cercanías de la carzel, que aseguren, oyeron
los gritos del hombre, dados en los tormentos.
Espárzense estos rumores por tan santo arti-
fizio , con el fin , de que, los que hubieren tra-
tado al tal doctor preso , o de cualquier modo
fueren amigos suyos, se presenten a tiempo, al
-santo tribunal , confesando su culpa , e implo-
rando misericordia , antes de que los citen o
prendan. Pues , han logrado persuadir al vul-
go, que a los que se entregan sin que los em-
plazen , o llamen , no suele el santo tribunal
imponerles pena alguna, o solo, una mui leve ,
que vulgarmente llaman penitenzia. Por este
medio, en fin, engañan a muchos, que si aguar-
dasen a ser citados , nunca lo hubiesen sido ;
o , si acaso les hubiese acontezido serlo ; no los
hubiesen tratado con mas severidad, que a los
* que se fiaron de la palabra inquisitoria. 10
K
DE COMO SE TRATA A LOS CAUTIVOS,
Elf CDAKTO IL SUSTRNTO.
Ul modo , con que en las cárzeles inquisito-
rias , suelen tratar a los presos , en cuanto al
sustento, i demás nezesidades de la vida ; cor-
responde, en todo, a la opinión que de ellos tie-
nen los señores inquisidores, i demás ministros
de aquella sania ofizina. Por el vulgo de ellos ,
son considerados como perros , herejes : i asi ,
suelea tratarlo.-, no cómo tratan los hombres a
sus perros, de quienes reziben alguna utilidad,
o algún deleite ; sino como acostumbran los
hombres tratar a aquellos sus semejantes , a
quienes, para escarnio de la humanidad, tienen
por perros, i Uaman perros.
No estará aquí fuera de su lugar, * ni se ten-
drá por impertinente , este capitulo ; pues ser-
virá a los pios primero, para que no se les ocul-
ten los trabajos de sus hermanos , i se comuni-
104 quen también con ellos como pudieren. Después,*
para saber lo que tienen que pasar aquellos , a
quienes Dios guarda para que le sirvan en este
jcnero de obsequio gloriosisímo , esto es , el de
' eitra locum Dlessie.— el orijintl.
111
■confesar su nombre delante del mundo. En
terzer lugar finalmente , para que todo el orbe
€onozca, aquella crueldad de los santos padres
de la fé, mucho mas atroz , que las otras cuali-
dades que vamos recontando de ellos, i de su tri-
bunal, con tanta sangre de inocentes manchado.
Aquel en realidad feliz i bienaventurado a pre-
dicador Hispalense Constantino (pues llamo bie-
naventurado conforme a la sentenzia de Solón a
aquel , a cuya vida , pasada con honrra i ala-
banza, suzede al fin una muerte dichosaj cuan-
do metido en esta cárzel , como diremos en su
lugar , por causa del Evaujelio de Cristo , espe-
rimentaba su rigor, aun sin haber probado nun-
<la los suplizios de los tormentos , quejándose
de su desgrazia , clamando a Dios muchas ve-
zes; «¿Faltaban», dezia,» Señor mió, en el mun-
tlo. Escitas , o Caníbales , mas crueles i feroze?
que ellos ; en cuyas manos, paraque no cayese
en las uñas de estos , me. hubieses entregado ?
¿Olmedo, otro varón insigne, en piedad i eru-
dizion, que, por la piadosa doctrina en que era
a El orij. — «re vera foelix Constantinus Hispalensis»— Pero el
Dr. Constantino nazió en San Clemente, a orillas del Rus, en la
Diócesi de Cuenca.
h Veasc a Llórente H. de la Inq. tora. 4 paj. 81 Edizion de
Barcelona del a. 18.15.
IÍ2
notablemente instruido , cajera en Sevilla en
las manos de los inquisidores, i el cual en faer'
za solo de aquella inhumanidad que bastó por
3Í a acarrear * la muerte , a Conslantino , que
primero cayó gravemente enfermo , i murió ,
por fin , entre la misma inmundizia i lazéria ;
solia también dezir : «Arrebatado llévame, Se-
ñor mío , donde quiera que te agradare , i no
me entregues , le ruego en manos de éstos.*
Porque el modo con qne suelen tratar a los que
allí son echados, es tal, <\ae mas bien que cár-
zel, mereze llamarse tormento perpetuo.
Primeramente, el lugar que a cada uno sirve
de cárzel particular , por su estrechez , hedor,
i si es subterráneo, por su humedad ; mas bieo
debe llamarse sepulcro, que carzel de vivos ; si
es alto, en verano , por el demasiado calor , es
mui suniejunte a un horno. En cada uno de es-
tos sepulcros , por lo coman, ( espezialmente
en las capturas abundantes, cuando la multitud
de presos excede a la de tos entierros ) suelen
echar juntos a dos o tres presos ; a quienes ,
para conziliar el sueQo cuando se acuestan, co-
mo no sea el espazio de un pie , que ocupan el
urinal ■ un cántaro de agua fria para apagar la
sed, no queda otro lugar en el sepulcro.
115
Guando amaneze, fuera de la luz que de arri-
ba les entra a los infelízes , por un agujero ,
menor que a una naranja ; o por una ventanilla
prolongada, no mas ancha que el dedo , no les
es dado disfrutar de mayor claridad. Suele ha-
ber algunos enzierros algo mas anchos , * pero 106
éstos cuestan no poco, i ademas solo sirven pa-
ra aquellos de cuya .relijion no tienen un con-
cepto del todo malo, b [Hai también algunos ,
mas estrechos que los primeros , i por lo tanto
mas terribles , como que apenas cabe un hom-
bre echado , por lo cual los que alli meten , no
salen sino medio consumidos por una c tisis
horrible ; todos los cuales jéneros de enzierros
suelen dispensarse, según la dignidad o mérito
de los presos , i las mas vezes , según el odio o
amistad del mismo inquisidor, i aun del alcaide
de la cárzel. Esto , en cuanto al lugar. ]
La calidad del alimento, es en todo conforme
a la del lugar. Los presos ricos, pagan al Santo
Ofíziomui considerables pensiones; considerada
la persona del preso, a arbitrio del mismo San-
to Ofízio. De esta pensión para todo el gasto dia-
a pomo aramio minus.— en el lat.
b Ed el orij. está de bastardilla, lo que va entre [ ].
c 0«-podredumbre:-El iat.-*ntst dirá tabe semipulridi, t-eic.
k
rr4
rio se le dejan al |ires(> treinta ili|)ariilÍos ; (quc
vulgarmente llaman maravedís : — 17 de estos
liazen una íto^to» jcrmánica, ocLo i medio , un
sueldo Trances . diez, un Stufer de Itrabante) *
si quiere regalarse mas opiparainenle , podrá
ha ze rio, pero de lo sujo. I no suelen Iratarcon
esta induljenzia a todos los presos de cualquie-
ra condición (¡ue sean , sino solo a aquellos de
cuyo caudal no esperan los inquisidores cojer
presa , por ser nrui leve la causa de su prisión.
Pues a los que, por su misma delazion, cono-
zen que han du salir condenados * en lá pérdi-
da de todos sus bienes; a esos, nunca les dejan
TÍYÍr tan lautamente; manteniéndolos con pan-
moreno i poca agua , aunque sean riquisimos ,
sin permitirles hazer gasto alguno estraordina-
rio , seguros , de que otro tanto se disminuirá
para ellos la presa fiscal , cuanto mas liberal-
mente los trataren.
Pero cuando los que cojeii son pobres, i de
tan escasos bienes , que no les bastan para
muntcncrse en la cárzel, tienen señalada por el
reí una pensión de media pieza de plata, al dia,
que llaman medio real , i que conLiene una ba-
' Tal Vil, lo que ahora llapiBniDs , :ir real de ullon , o Mi
115
cton Jermánica, esto es, dos sueldos franzeses : i
de este dinerillo , hai que pagar al comprador
de los \iveres , ( pues tienen- su Mayordomo ) [
al lavandero , i los demás gastos nezesarios pa-
ra el sostenimiento común de la vida.
Ademas, esta misma mesada o mejor, limos-
na, señalada por el rei a los presos , no llega a
ellos , sino después de pasar por muchas ma-
nos, i estas no mui fíeles. Primero , por las del
rezeptor , asi llaman , creo , al tesorero que
guardando el dinero ñscal lo distribuye des-
pués: i este empleo en aquella Santa oñzina, es
sobremanera lucrativo, i no suele conñarse sino
a los que tienen gran favor. ^ Después , por las 108
del Mayordomo, esto es, por las del comprador
de los viveres i provisiones , el cual gasta el
dinero siempre con dudoso crédito. En terzer
lugar , por las del que prepara las viandas : fi--
nalmente, el último diezmo es el del'alcaide de
la cárzel , quien en virtud de su peculiar ofízio,.
las reparte entre los presos. Referimos esto con
tanta puntualidad , porque todos estos, viven ,
i sacan sus provechos seguros , de aquella mó^
dica limosna que dá el rei a los presos, la cual,
pasando por las corvas manos de estas harpías ,
no llega a las de los presos , sino después de
1Í6
diezmada en gian parle, por cada una de ai|u^
lias. Pues , en esta escuela , así los maestros
como los ministros , desde el primero al iilli-
mo , todos se aplican a la avarizia , ¡ aun a la
rapiña. I si alguna vez suzede, por don singu-
lar de Dios , que alguno de ellos tenga miseri-
cordia de los padezimientos de los presos , i se
propone , aunque no sea mas que por humani-
dad , aliviarles con algún buen ofizio; es éste el
ciimen mas graveen la Santa Ofízina, i absolu-
tamealc inespiable, si no es con sangre i azotes .
Pusieron en Sevilla haze pocos años por al-
caide del castilla de Triana , que es una de las
cárzeles inquisitorias , a uno , no del todo mal
sujeto , (pues que aun no había acojido en su
pecho , las leyes de la insigne avarizia i cruel-
i09 dad de la Santa Ofizina ) , * sino, mas bien, hu-
mano i de edad aun no provecta : llamábase
Pedro de Herrera. Este tal , trataba a los pre-
sos con la humanidad posible, pero oculta i di-
simuladamente , como que no ignoraba la bar-
barie Inquisitoria.
Suzedió, según suele acontezer cuando se ha-
ze una captura abundante i sin distinción, que,
entre otros presos, le toco una honrrada matro-
na con dos bijas, las cuales, por habitar en di'
117
versos calabozos , deseaban sobremanera verso,
i en tamaña desgrazia conhortarse mutuamen-
te. Ruegan, pues, a dicho alcaide, que les per-
mita estar juntas siquiera , un cuarto de hora
no mas , que mientras se a1)razazen. Él , por-
que era humanidad, movido a compasión , hizo
que estuviesen juntas , media hora , i se habla-
sen , i después , que se entregaron un rato a
los afectos maternos , las condujo otra vez ca-
da una a su enzierro , según antes estaban.
Pasados algunos días , como fuesen las mis-
mas, cruelmente atormentadas, temiendo el al-
caide que en medio de los atrozes tormentos
revelasen a los señores padres aquella pizca de
humanidad, que con ellas había usado , de de-
jarlas hablarse, por media hora, sin orden del
inquisidor; ^ lleno de miedo, se presenta al 110
Santo tribunal , confiesa de grado su culpa ,
pide perdón , creyendo neziamente evitar con
su confesión la pena que le amenazaba por lo
hecho.
Pero , los señores inqui§idores , cuyo insti-
tuto , es , aborrezer siempre toda clase de hu-
manidad , tuvieron por un crimen tan grave
aquel hecho, que inmediatamente le mandaron
meter en un calabozo ; en el cual , ya por la
118
suma crueldad con que le trataron , ya por la^
pasión de ánimo , que de aqui conzibió , rebo-
sando en él la atrabilis , cayó en furiosa locura,
i no por esa, su locura i enfermedad , le libra-
ron de otra pena mas grave ; sino que, después
de pasar un año en dura carzel , sacándole en
procesión triunfal , vestida una túnica amarilla
i atada una soga al cuello, como se acostumbra
con los ladrones; le condenaron a sufrir prime-
ro , doszientos azotes por las calles i plazas de
la ciudad , i luego , a seis años de galeras.
Mas al otro dia del triunfo , como le llevasen
con la solemnidad de costumbre desde el casti-
llo de Triana , para azotarle , le cojió al infeliz
la locura , que miserablemente solía darle a
ratos , i dejándose caer del asno en que por ig-
nominia le llevaban , acomete a uno de los
111 Alguaziles inquisitorios, i arre^batandole su
propia espada le hubiera muerto sin duda, a no
cojerle al punto la turba que le rodeaba ; i
subiendo de nuevo en el asno , i atado a él con
mas cuidado, volvieron a repetir los azotes. Be-
zibidos ya doszientos azotes mandaron los seño-
res inquisidores , que por baberse propasado
con su Alguazil , se añadiesen cuatro, a los seis
años de galeras : asi suelen recompensar los
119
padres de la fé , con suma crueldad , los bene-
fízios i la piedad , o bien bumanidad ; i ni aun
el estar loco , es lizilo entre ellos.
A este alcaide del alcázar habia precedido
otro , llamado Gaspar Benavides , hombre de
portentosa avarízia i crueldad , puesto que ,
llegó a tal estremo de maldad , que defraudab^i
en una buena parte a los infelizes presos , de
sus mal cocidas i tantas vezes diezmadas vian-
das , i refendia en Triana , a bajo prezio , su
hurto ; malversaba ademas en total » el dinere-
jo que debia dar al lavandero , por lavar la ro-
pa blanca de los presos , descuidando , por
muchos dias , aun aquel aseo de ellos , sea el
que fuere, i engañando a los mismos Inpuisidor
i Tesorero , quienes (nótese, ruego , ya el des-
cuido de estos, en cumplir con sus t)fizios ; ya
también, la suma perfidia de aquel carzelero) ,
tomaban * en cuenta este dinero del mismo al- 112
eaide, como si se gastase todas las semanas pa-
ra uso de los presos , a cuyo benefízio estaba
destinado.
Ni era, por lo demás, difizil engañar, a quie-
nes no se afanaban gran cosa, por averiguar la
verdad del caso. Si, por ventura , algún preso ,
irritado por tan intolerable injustizia, se queja-
120
ba , murmuraba o chistaba, a la mano tenia eV
remedio aquel hombre cruel i despojado de toda
humanidad. A saber , sacando de aquel calabo-
zo al tai preso , le sepultaba en una profunda
cisterna sin agua (que llaman mazmorra) i allí
le tenia solo, por algunos días , no dándole na-
da en que echarse ni aun paja, i en cuanto a su
alimento, solia estar tan corrompido , que mas-
bien , que para la salud , o para sostener si-
quiera la vida , parezia apropósita para des-
truirla con la enfermedad : i todo esto , sin:
consultar absolutamente a los mismos inquisi-
dores, cuya orden , sin embargo, fraudulenta h
malignamente, pretestaba con el preso.
Si alguno, con tamaña sinrazón * tratado por
el carzelero, queria quejarse a los inquisidores,
i le rogaba al mismo (pues ya arriba se dijo no
ser lízito por otro conducto) , que suplicase, se
le diese una audienzia ; el marrajo , conjetu-
rando fazilmente el golpe que amenazaba su
cabeza; finjia haberla pedido , i que por enton-
113 zes,* no había lugar a su petición , i con seme-
jantes finjidas respuestas , detenia al infeliz
en aquel profundo pozo por espazio de doze o
Aquí el org. dize-per eum-aflecíis.-i el trad. oorr.-affectus.
i2í
qninze dias , mas o menos , hasta (¡ue , al fin ,
juzgaba satisfecha su ira i crueldad. Después ,
sacándole de alli , le restituía a su antigua car-
zel , persuadiéndole que a su humanidad i tra-
bajo , se debía atribuir aquel benefizio , puesto
que , por conmiserazion, habia interzedido con
sus ruegos , ante los señores.
En suma. Los hurtos e injurias con que él
aflijia a los presos , ya por otra parte bastan-
te desdichados , fueron tales , que al fin no fal-
taron personas de alguna autoridad para con
los inquisidores , que seriamente le acusasen
ante ellos. Préndenle , pues , i convenzido co-
mo reo de muchas calumnias, aun con todo, es-
perimentó en el mismo juizio la clemenzia de
los inquisidores ^ quienes fielmente le recono-
zieron por un sagrado miembro de su santo
cuerpo. Recayó sobre él la sentenzia; pero no,
la que sobre el otro alcaide , su suzesor , que
dejo a una madre hablar con sus hijas por espa-
zio de media hora, i que estuviesen juntas i en
.grazia de su mutuo afecto ; si bien , pqr sus
crímenes consumados i comprobados, merezie-
ra haber sufrido , la que después sufrió el otro
por su piedad.
Mas , ¿a qué entretener al lector? Después de
^
122
1 14 liazcrlefiaUr.cii os|iectúciilo teatral*, con una ve-
1.1 t\<i cei'3 en la mano, le ilcstieiran de la ciudad
|ior cinco aRos : i por cuanto nxijen los dcre-
clios liscales , aun de los suyos, le mandan mul>
lar en la cantidad (jnc por salario de su ofizio
liabia de rezibir del santo tribunal: t de este mo-
do salis&zicron al Tin , mas bien , a los que le
liabian acusado, que ala voluntad que ellas
mismos podían tenei' , de castigar semejantes
maldades descubiertas en sus miembros.
Este mismo malvado carzelero , tuvo en su
familia , mientras ejcrzia ese cargo en la forta-
leza , a una criada , de edad algo provecta , la
cual, habiendo notado la aflicción de los presos,
vejados por la maldad i barbarie de su amo , i
por el bambre * [i lazeria casi intolerable, movi-
da a compasión (puesto que nn estaba lejos de
la piedad Evanjélica ) les hablaba por las puer-
tas en los calabazos, los consolaba, i los exhor-
taba , como podia , al sufrimiento, metiéndoles
muchas vezes , por debajo de las puertas ,
algún alimento , SRgun los escasos i pobres
medios de su condizion , juntando a sus pia-
dosas pláticas , obsequios también piadosos.]
"[]
^
123
^ I la piedad varonil de esta mujer, era tanto mas
notable , cuanto que no teniendo , de lo suyo ,
nada, por donde ser tan liberal con los presos
■de Cristo , de las \iandas que el malvado i la-
drón de su amo robaba á los encarzelados , era
él luego, de una buena parte, robado * por ella, 115
Ja que restituía a los mismos presos. I, paraque
mas nos maravillemos de la providencia de Dios,
que no siempre de padres perversos dá hijos
perversos , sino que , alguna vez , los dá exce-
lentes ; en estos piadosos hurtos , la ayudaba
singularmente una hija pequeñuela de su pro-
pio amo.
Por medio de esta misma mujer, averiguaban
los presos , de cuando en cuando , el estado de
los negozios de los otros presos, sus hermanos,
lo cual les servia de consuelo , i de ayuda tam-
bién, en sus propias causas. Llegó luego esto a
notizia de losseñores Inquisidores, quienes, des-
pués de un año de cárzel, en la cual csperimentó
la misma suerte que los otros presos, la conde-
naron, por fin, a llevar la túnica amarilla en es-
pectáculo b teatral, i doszientos azotes , que re-
a p. Juan Van-Halen encontró con Ramona, otra mujer muí
fiarezida a esta, i aun superior, el a. 1817 en la inquisízion de
adrid.
h Casi siempre el orij. nombra el Auto de Fé asi^cspecta-
culo theatrali.>
I
i24
zibió ai dia siguiente, por los barrios de la ciu-
dad, con la pompa i crueldad acostumbradas; a
lo cual se añadió, el destierro por diez años , de
la ciudad i su radio. Fué su titulo , Por Fau-
tora i auxiliadora ele herejes. Irritó , contra si,
de un modo implacable , la indignazion de los
señores padres de la fé , porque en las intorma-
ziones , se descubrió haber ella revelado a al-
gunos vezinos de la ciudad , los arcanos del
Sacrosanto tribunal , en cuanto al réjimen de
vida que se hazia tener a los presos.
Este ejemplo , junto con el anterior , de la
i 16 perversidad de su amo, i el * de las penas a uno
i a otro impuestas ; manifiestan lo bastante , la
equidad del Sacrosanto tribunal en castigar los
delincuentes. Ningunas galeras, ningún jénero
de cárzeles , imajinaron los hombres , hasta el
presente , en que no esté reservada a los des-
graziados la libertad de cantar , con tal que lo
permita lo azerbo de la calamidad, que a vezes,
embarga todo sentimiento de alegría, para que
con el canto , a lo menos , se esparza i ensan-
che alguna vez el ánimo , abrumado por la tris-
teza i melancolia. Mas el Santo Tribunal , aven-
taja a cuantos hasta aqui mostraron su cruel-
dad e inhumanidad, en atormentar a los mor-
125
tales, puesto que llega al puotade privar a los
desdichados de aquel lijero consuelo , aun en la
azerbidad de tantas aflicziones.
Si alguno de los presos , para aliviar , de al-
gún modo , la calamidad presente , empieza a
cantar algún salmo o a rezitar algo de las
sagradas Escrituras, cuanto mayor consuelo
de ello reziba, tanto mas molesto e intolerable
será, para los señores Padres de la fé i para sus
ministros : pues tienen por no leve detrimento
de sus intereses , el que los presos se alegren
un poco , como que , al fin , consiste su insti-
tuto,en que vivan aquellos en perpetua tristeza
i aíliczion no interrumpida por jénero alguno
de alegria,
I asi , cuando llegan a oir ^ a alguno de los 117
presos , o cantar , * o hablar un poco mas al-
to , al punto se presentan dos de aquellas Fu-
rias, a saber, el Escribano con el mismo Alcai-
de de la cárzel , para reprimir su re*gocijo por
orden de los Padres , intimándole la pena de
escomunion , la cual , si despreziarc , i, consi-
derase ridicula, como lo es en verdad ; ponién-
dole una mordaza en la boca , le obligarán a
* El orij.— «aut silentio altius lo(iui— :> iaterrumpir hablan-
do Daturaliii«nte, el prufundo silcnxio.
126
obedezer , i le tendrán por rebelde , i por im*
pío , despreziador de la autoridad de los Pa-
dres ; ni hable tampoco sino en voz mui baja ^
i danle ellos muestra del lona en que ha de ha-
blar en adelante. I esto , con dos fines prinzi-
palmente. Primero, para quitar a los aflijidos ,
todo jénero de solaz , como ya se dijo : segun-
do , porque en virtud de su propia esperienzia
aprendieron, como taimados, que con semejan-
tes canziones de los Salmos , i de otros lugares
de la sagrada Escritura, se consuelan los presos
mutuamente , se exhortan , i alientan la casi
muerta fé de sus compañeros aun estando enzer-
rados en prisiones diversas i distantes entre si.
Precaven , ademas , los Padres , con este si-
lenzio, que los presos no se reconozcan mutua-
mente , por el canto o por hablar mas alto. *
[Pues suzede muchas vezes, que en dos o tres
años , pasados en la cárzel Inquisitoria ; no sa-
be absolutamente el amigo , de su amigo, ni el
padre, de sus hijos , o de su mujer , presos en
la misma cárzel, hasta que el dia del espectácu-
118 lo * se ven mutuamente]. I he aquí , la razón
prinzipal, por qué una de las preguntas comu-
* Bastardilla en el orijinal , lo que esta entre [ j.
127
%es i usadas en las audienzias, suele ser ; si los
presos se hablan unos a otros desde sus respec-
tivos enzierros, o si uno a otro se conozen; pues
si averiguaren ser asi , al punto los mudan de
cárzel, i se urde luego , como hebra de hebra ,
* una nueva pregunta , de qué hablaron ^ o so-
bre quié se advirtieron mutuamente.
En fin , es tal , todo el tenor de vida de los
presos, que los que, de tanta miseria , no salen
para la hoguera , por lo común , o suelen espi-
rar en aquella inmundizia de las cárzeles ; o ,
después que salen , consumirse por el terrible
mal que llaman Gálico , vulgarmente bubas ,
contraído por la corrupción del alimento i hu-
mores ; o bien , caen en la demencia , por
redundancia de atrabilis ; o bien , finalmente ,
por el trato pésimo del cuerpo, quedan propen-
sos a contraer , después , estas mismas enfer-
medades, u otras mas graves, en las que consu-
miéndose de continuo , arrastren una vida cla-
ramente miserable , i mas dura que la misma
muerte. De muchos ejemplos , que de la Inqui-
sizion sola de Sevilla , pudieran aducirse , para
probarlo ; escojeremos no mas de uno , por
* El Or.-«ut pilum expilo, texitur,->etc. tal yez, errata pilum,
porptítt«. i en la líoea IS.-miserias-del orij. corr. -miseria.
119* juzgarlo digno de referirse en todas las hís-
lorlaB , como ejemplo raro de humanidad.
Arribó, haze pocos allos, al puerto Gaditano,
o , a San Liicar (que llaman^ , uoa nave inglesa.
i después de visitarla , socolor de relijion , los
Familiares Inquisitorios, según costumbre, an-
tes que desembarcase nadie , prendieron a al-
gunos de los ingleses que en ella estaban, por
los indizios manifiestos , que dieron , de Evan-
jélica piedad , i mejor doctrina : i se los llera-
ron a la cárzel. Venia en aquella nave un mu-
chachito de diez , o a lo mas , de doze afios .
hijo de un inglés mui rico , como que a él per-
tenezca (según dezian) la parte prinzipal así de
la nave , como de todas sus mercanzias.
Entre otros , cojieron también a este níDo.
[Ei prelesto rus : que tenía en la mano un libro
de los Salmos de David en inglés ; pero, cuan-
tos conozen la avarízia i perversas mafias de
aquellos , creerán piadosamente , sin agravio
alguno de la Santa Inquisizton , que * el ser
olEiteadas las riquezas paternas , le granjeó al
muchacho el cautiverio i cuantas desgrazias
después se le siguieron.] Secuestrada pues la
que <i9li
129
fiai^e con todas su mercanzias, llevan al niño ,
con otros cautivos , al alcázar inquisitorio de
Sevilla,. donde pasó seis u ocho meses.
Pero * Dios habla injerido tan profundamen- 120
te en el tierno corazón de aquel jovenzito la
buena doctrina que habia rezibido de sus pia-
dosos padres,, que, aun en tan durísimo enzier-
ro, ien aquella tiernisima edad , con tamaña
afliczion agoviado ; no se olvidaba de dar ilus-
tres testimonios de esa misma piedad , a menu-
do, en particular, por mañana i por tarde,diri-
jiendo oraziones levantados sus ojuelos al cíe-*
lo , de quien le habían enseñado a esperar i
pedir un seguro auxilio. Veíale algunas vezes
orando de esta manera el mismo alcaide de la
cárzeU i en lugar de avergonzarse de su paga-
nismo , i confundirse como debiera con seme-
jante ejemplo de piedad , puesto ante sus ojos ,
al verle levantar los suyos al cielo , i rezitar ,
en inglés , i eii alta voz , piadosas prezes , o
algún Salmo : «éste, dezia, se hizo ya un insig-
ne herejito.»
Cumplido , pues , en aquella cárzel de Ciclo-
pes, el tiempo susodicho, como que aquel niño
* El orij.— ocellis ín csBlum sublatis... preces fundeas.
isn
se había criado con todo regalo , en la casa áh-
su padre ; ya, por la humedad de la cárzel , ya.
por el malisimo réjimen de vida , cayó grave-
mente enfermo : visto lo cual , mandan los se-
ñores inquisidores, que le saquen de la cárzel ,
i le lleven , para que recobre su salud . al Hos-
121 pita) * de estranjeros, llamado del cardenal. A
este hospital * acostumbran llevar a cuantos
acaeze enfermar gravemente en la cárzel inqui-
sitoria; i a escepzion de los medicamentos, (que
conforme al piadoso instituto del Hospital se
les suministran con abundanzia) i de algún ma-
yor esmero i cuidado di:l cuerpo según la enfer-
medad, en nada se afloja el rigor de la cárzel ,
puesto que fuera del médico i de los mozos del
Hospital nadie visita al enfermo. Pero si llega a
aliviarse un poco . aun no restablezida comple-
tamente su salud , le restituyen a su antigua
cáriel. Asi pues, trasladado el niño al Hospital,
si; quedó tullido de las dos piernas por causas
lie mas grave enfermedad , contraidas en aque-
lla prolija i bárbara prisión , sin que se sepa lo
i|ue después leacaezió.
Considere , ahora, i juzgue cualquiera si cor-
^ * leüodoctaiuin— paed« irad. úmp)eni«nie-baspiiBl.-l2l lin.
131
respondía a la piedad de los Padres de la fé , el
prozeder con tanta inhumanidad » tratándose
de un joyenzito estranjero: o si podrá hallarse,
aun entre los Scitas mas ferozes , un modo de
obrar tan bárbaro ; ya que no se haga caso del
.enorme latrozinio del barco i de las mercanzias.
Casi por entonzes mismo, aprisionaron en la
misma cárzel, a uno,que habiendo abjurado es-
pontáneamente la lei Mahometana , con el fín
de hazerse Cristiano , habia llegado poco antes
de Marruecos» célebre ciudad de la Mauritania ,
i capital del reino ; a aquella comarca de Espa-
ña, que pasado el estrecho de Hércules cae en^
frente * de la Mauritania. Este, como quien te- 122
nia aun en los labios la leche pestífera con que
desde la cuna , durante toda su vida , se habia
alimentado (i acaso sin haber gustado todavía ,
por falta de maestro, el alimento mas puro i mas
saludable, del cristianismo) , habiendo hallado
entre los Cristianos mas vizios i costumbres mas
corrompidas , que las que había dejado entre
sus Moros, creyéndose en completa seguridad ,
i poco precavido , por lo tanto ; dijo acaso, que
la leí de los Moros (esto es , la doctrina de su
relijion] , le parezia mejor , que la leí de los
Cristianos. Cayó , por esto , en manos de los
132
Padres de la fé, quienes para airaerle,sin dud9>
a mejor opinión , usaron con él de tales argu-
mentos * que aun en las mismas prisiones dijo
paladinamente , que desde el dia que le bauti-
zaron , nunca le habia pesado el ser cristiano ,
sino después de estar en la inquisizion, en don-
de , contra su voluntad , le obligaban a ver vio-
lenzias e injurias de todo jénero.
123 * VISITAS DE C.VRZELES
Cin todos los tribunales , que por una recta
administración dejuslizia pretenden adquirir
una gloría verdadera e inmortal en todos los
siglos ; con el fin de precaver los malos trata-
mientos , con que suelen, o pueden ser vejados
los presos , por aquellos a cuyo cuidado fueron
encomendados , prevalezió siempre la costum-
bre de establezer las que llaman Visitas de Cár-
zeles, i de que se hagan a menudo, por los juezes
superiores , según lo pidiere la nezesidad. Re-
quiérelo así la misma equidad^ la misma huma-
* El orij. — ad... mentem revocanduin eiasmodi cathecbis-
mo erga illum— etc. tEn la paj. 122 lin. 9 del orij. dize— «cor-
ruptiones»» — : pero estaría met)or—<)orruptiores— «suprimida la
coma.
Í33
nidad, el buen orden de las cosas, i aun la mis-
malei divina , que con espezial solizitud . reco -
mienda por esta misma razón a los presos.
I asi , para librarse de tantas injustizias, co-
mo bemos manifestado , que aflijen a los presos
en la Santa Inquisizion , fuera de las que aun
ignoramos ; un solo remedio les quedaba (ad-
líiertase aqui también la simulada santidad de
los inquisidores) * a saber, las visitas de cárze- \2A
les : que, a la verdad, tanto mas benignas i hu-
manas , tanto mas consolatorias , tanto mas
piadosas , i en fin, tanto mas equitativas i san-
tas debieran ser , en apartar de los infelizes los
malos tratamientos, en proveer a sus nezesida-
des, en castigar a aquellos , que llevados de la
avarizia o de la crueldad, les ocasionasen algún
daño ; cuanto mas excelente desea parezer este
Santo tribunal , s(ri)re todos los deroas tribuna,
les profanos , en esos plausibles títulos , i aun
en esa misma santidad.
Pero , tan lejos está de ser asi , que mas bien
pareze que en el Santo tribunal las visitas de
cárzeles, de propósito i con un cierto estudiado
designio , fueron establezidas para otros diver-
sos i contrarios fines : de manera , que el dia
en que duelen hazerse , con razón puede dezir-
ge, que es otro día de tormeato para los infelí-
zes presos , mas bien , que de remedio a sus
trabaos. ' [Apárele estn , mas claramente, por
el mismo orden i método , que en las tales ri-
sitas suele siempre observarse , el cual vamos
a esponer.}
Suelen, pues , los mismos inquisidores , ha-
zer estas visitas de cárzel , acompañados de un
notario, o escribano . i del alcaide de la cárzel,
una o dos vezes al mes , por lo regular en do-
mingo , o en algún dia de fiesta. Asi que entra
125 el seítor Inquisidor en la cárzel , * pregunta al
preso , con otras tantas palabras , qué tiene :
cómo está , o si le falta alguna cosa ; si le trata
bien de palabra el alcaide de la cárzel . (quiere
dezir, si alguna vez le ofendecon palabras inju-
riosas , o ásperas) ; si le da fielmente la razion
señalada, la ropa limpia . i otras cosas semejan-
tes. Porque , en realidad , de él , nada buen»
tiene que esperar.
Estos son los capítulos i palabras de la visita
que se les prescriben como con tasa , a los que
ni añaden mas , ni tampoco aprovechan. Si el
preso está semi-desnudo , o le falta cama ; i
' En el onj. Uira bagUrdiUa, lo qae vi en { ]
i
135
ruega que se provea a su índijenzia ; tienen una
respuesta ya inverniza o ya veraniega ; esto
es , que puede servirle al preso , asi en el vera-
no como en el invierno, en lugar de aquello que
pide. En verano , la respuesta veraniega es el
dezir , con mui blandas palabras , como a pa-
dres corresponde ; «ahora, haze calor, bien po-
drás vivir sin vestido o sin cama.» Pero en el
invierno , la inverniza respuesta es ésta : «a la
verdad , estos dias echóse enzima el frió ; pero
ahora, ya se mitigará el tiempo , con las lluvia»
que han caido : curaos vosotros del vestido del
alma , que consiste , en declarar la verdad ^ i
en descargar vuestras conzienzias en este Santo
Tribunal ; pues eso es de lo que prinzipalmente
os debéis cuidar.» * [I con esto , se salen , pro- 126
veyendo sin duda deesa manera, ala nezesidad
de los presos , azerca de la cual , no obstante ,
al prinzipio, * por mofa, preguntaron.] Luego,
aunque todos los dias se visitasen las cárzeles ,
he ahí el consuelo que de los padres habria de
rezibir el infeliz preso en sus nezesidades. Ver-
dad es sin embargo que los favorezidos algo
suelen rezibir: pero no es difizil conozer, quié-
• El ory. — inletrogaraiU {irrisores) egrediuntw, [ ] Bas-
tardilla..
136
nes sean los tales favorezidos , donde preside»
la inhumanidad i avarizia.
Cuando alguno de los presos dado a las le-
tras, u otro cualquiera , suplica que se le fazi-
lite algún buen libro, o la sagrada Biblia , con
cuya lectura , pueda engañar con algún fruto
el tiempo , lleno en si de tedio , de angustias i
molestias; aquella misma respuesta que rezibió
el desnudo o descubierto, en lugar de vestido o
de abrigo; se le aplica a éste, en lugar del libro.
Pues , entonzes , le responderá con censoria
gravedad el señor inquisidor :» que el verdade*
ro libro , es declarar la verdad ^ i descargar su-
conzienzia en aquel Santo Tribunal , i que a ese
libro debe aplicarse , * para que repasando fiel-
mente de continuo todas las cosas en su memo-
ria , las manifieste al punto a sus superiores
quienes proporcionarán al instante el remedio
a su ánimo desfallezido ; i que este es el verda-
127 dero libro etc.» I si "^ en aquella, o en otra visi-
ta , el preso perseverare aun importuno en lo
mismo , oirá con imperio, que calle , por cuan-
to, si él a su plazer pide , también ellos conze-
derán o negarán , según mejor les plazca. En
• El orij.— inque eo libro iocumbendum esse,— etc.
137
tsuma. Pareze que con singular i estudiada dili-
jenzia , procuran que el preso no tenga , fuera
de su présente calamidad , ninguna otra cosa
que pueda contemplar , para que también por
este medio redoblándose la afliczion, le obligue
a someterse , en lo posible , a sus deseos.
Si , por ventura , el preso tiene fuera de la
inquisizion ^ algunos amigos o parientes , que
puedan, de cualquier modo aliviarle en su aflic-
zion,, ocüpaUse estos a vezes , en preparar al-
gunos regalillos con que ablanden la crueldad
de los inquisidores , para que , al menos , su
preso no sea tan indignamente tratado. Pero la
dificultad está solo , en que ellos los quieran
rezibir. Verdad es> que cuando se trata de ob-
sequiar con semejantes regalos a alguno de los
ministros de la Inquisizion , que no sea el mis-
mo Inquisidor , ninguna dificultad hai , puesto
que fazilmente se dan i se rezíben , con tal que
se haga o a escondidas, o de noche. Pues fazil-
mente se dejan sobornar con regalos los minis-
tros de esa esfera.
* En cuanto a los mismos señores inquisido- 128
res , hai mayor dificultad, i aun es del todo im-
posible, si hubiésemos de atenernos a sus res-
puestas. Tales son : que aquel Santo Tribunal,
158
es un iribunal incorruptible , que de ningún
modo consiente se reziban regalos de ninguna
espezie, ele. A la verdad, como semejantes res-
puestas no salen del corazón , cuando tanto se
disculpan, clanmente muestran, que no desean
otra cosa. I nunca le falta al seftor inquisidor ,
en su servidumbre , algún sobrino por a parte
de su hermano o hermana , o al menos algún
fámulo muí amado, a quien se deba contemplar
igualmente , que a él mismo , ni tampoco , al-
guno entre los criados, que intervenga, cuando
altercan el sobornante i el inquisidor , i que al
que en aparíenzia fué venzido, i sufrió comple-
ta repulsa , le abra luego un resquizio de indu-
dable victoria , azercándose poco después a él ,
i seftalandole con el dedo al sobrino del señor
inquisidor, b aun sin venir a cuento. Entonzes,
el que antes habla tentado en vano , con algún
r^alo, la integridad del Santo Tribunal , si no
es un zoquete , fazümente conoze , que aquel es
el rezeptáculo de la cosa ofrezida , i entiende ,
para si lo dicho.
a El orij.— in suo ramalilio Büqaii ii fralre anl sorme oe-
pos .—etc. I «lude, a loi hiji» de sus Binia. Gn nul latín, o ba-
jo leUnidtd nepos, ea lobnno.
rem, digilo Úli asieodeas.— No té si eslá bien Irtiluiido el am-
139
Por este medio , al fin , reziben los infelizes
|)resos alguQ consuelo , por donde también se
-echa de yer bastante * que espíritu gobierna al i 29
Santo Tribunal, cuando para obrar algo que
pertenezca a la yirtud, solo la avarizia, alcanza
indudablemente , lo que nunca conseguiría por
si sola la virtud.
DEL AUTO DE FÉ.
fiesta , ahora , que vengamos al desenlaze i
catástrofe de la trajedia. Esta es la última ac-
zion del Santo Tribunal , en la que , asi a las
prolongadas congojas de los presos , como a los
fraudes , ardides , estratajemas , i crueldades
inquisitorias, suele al fin ponerse el término
deseado por unos i por otros. Porque en ella ,
se publican las sentenzias de las causas que en
el largo transcurso de días , i aun de años , se
trataron en el Santo Tribunal, i ésto en medio
•de tan numerosa concurrencia de todo el pue-
blo , cual no vio , hasta el presente, edad algu-
na , ni aun en el Olimpo mismo.
* Llámanla aczion o acto de fé, (vulgarmente
* El orij.— «ActioDem sive Actum fidei (Auto vulgo vo«ant,)*
14Q
ñuto,) i no sin razón , puesto que en ese acto ,
esplorada basta las hezes la fé de los cautivos ,
se pone de manifiesto cual realmente es en si ,
ya negando en público i solemnísimo testimonio
130 la verdad de Dios , ya * confesándola valerosa-
mente en la misma solemnidad, a vista de todo
el pueblo , que a porfia , concurre al espectácu-
lo. Interpreten como quisieren su nomenclatu-
ra los Padres de la fé : nosotros admitiremos la
interpretazion , que sea mas conforme a los di-
vinos designios.
Tiene esta aczion sus ciertos aczesorios , o
por mejor dezir, tiene esta Pascua del Pueblo
de Dios (o sea tránsito desde Ejípto a aquella
tierra prometida , desde el mundo al Padre) su
Parasceve, esto es, su preparazion. Juan 13. 1.
Pocos dias antes de esta fiesta, suelen los seño-
res inquisidores llamar al tribunal a todos
aquellos , (pero separadamente) cuyos bienes
todos por su juizio aplicaron al Fisco: i les pre-
guntan , qué bienes tienen, i en dónde , advir -
' tiéndeles seriamente , que no oculten nada , de
lo contrario . si después se averiguare , que se
guardaron algo de lo suyo , babrán de ser res-
ponsables de burto, i pagar la pena de tal deli-
to , aquellos en cuyo poder fuere aprehendido.
141
Con que, ademas de aquellos a bienes muebles,
que según arriba dijimos , cayeron en secues-
tro , al entrar en la cárzel, después de "declarar
todos los que tienen, i de incluirlos en los libros
del Fisco , los remiten * a sus enzierros , sa- \^\
biendo a no dudar , ya que respecto a la vida
no sepan su suerte , que a lo menos , de alji ,
han de salir completamente desplumados.
Una Parasceve hai mas inmediata i mas pro-
pia de la Pascua , i es que la víspera del dia de
la fiesta , ya cerca del anochezer , mandan con-
gregar, en una vasta prisión , o sala , a todos
los hombres que al dia siguiente han de salir al
espectáculo de los diversos jéneros de peniten-
zias , que no sean de muerte. Penitenzias , lla-
man comunmente, a las multas,! castigos de los
reos , tomando pi*estada la nomenclatura , co-
mo es manifiesto , de la costumbre de la anti-
gua iglesia. En otra prisión de igual forma ,
congregan a las mujeres. "Mas , a los que han de
sufrir la pena de muerte , se les reinstala por
separado , a cada uno , en sendos calabozos ; i
a las nueve , o a las diez de la noche , se les en-
via a cada uno de ellos , un b dérigo de misa ,
a El orij.-eas domeslicas opes, etc.
b El orij.-mitlitur-sácriflcus-etc: id. Ponilcntias-err. por-
pnenit.-paj. 131 Un. 11.
L
i
142
que le «nunaie su funesta suerte , i al mismo
tiempo le confiese. En este tranze , aquel a
quien Dios conzeilió ser de un ánimo constante
e inespugnable , haze brillar los últimos res-
plandores de BU ré , para vergüenza de su con-
fesor i de toda la corte infernal.
Pero , en contra , el que hasta aquel punto
no'fué constante , nt lo es eotonzes, tiene toda-
vía lugar de volver en si , i rezilnr del Padre de
las luzes, * esos singulares dones de constanzia
Cristiana. Unos i otros hablan, a grandes vozes,
con sus confesores , aquellos defendiendo vale-
rosamente BU fé , en tiempo de aquella peligro-
sísima * oportunidad ; estos , altercando sobre
su muerte , vana e ínatilmente. Pero, ninguno
hai , de los unos i de tos otros , que no tenga
harto que hazer aquella noche , cuando sin du-
da es grande la tentazion , espezialmenle por
la suma flaqueza de la carne , i por no sosegar
entretanto Satanás. Sin embargo , debemos
también tener por iodudable , que el Padre Ce-
lestial , no se olvida , en aquella hora , de los
suyos. Bien se muestra , que esta noche de
combate para bub miembros , no sin propiedad
■ El Ut.-'in anicols Ulo tcmporis loi^e perículoiissiaa ctc-
143
puede compararse , con aquella de combate pa-
jra el Señor , así en la congoja de los pazientes ,
como también en el consuelo enviado del cielo.
Al luzir la mañana , todos los ministres i fami-
liares de la Inquisizion , que , desde temprano,
acudieron para el solemne sacrifizio , cada cual
a su menester ; atavian cuidadosamente a todos
los que han de salir al espectáculo, según pres-
<;ribe la sentenzia de cada uno. Los que defen-
dieron constantemente su fé , contra impíos
embustes , hasta la misma hoguera ; llevan un
Sambenito, que es una vestidura de color ama-
rillo , sin mangas, * pero muí parezida a un sa-
jo , a salpicada toda de negras imájenes de de-
monios, de las que, en señal de victoria , triunfa
sin duda , el magnánimo soldado de Cristo.
En la cabeza llevan una tiara de papel , pro-
longada , a manera de torre , con la efijie del
sujeto , ardiendo en una hoguera , i rodeado de
Tarios h demonios , en ademan de echar leña al
fuego. A mi ver, es esta una espezie de milizia,
i las mismas batallas i enemigos, a quienes glo-
riosamente venzió , están allí representados pa-
ra la mayor gloria del triunfo.
ti El orij.-«paludainento persimili-»-8ayo, o-sobreveste.
b Demonios.-£i orij.-malis g«niis: i mas arriba-malorun ge-
ritorum.
133
i44
Llevan ademas las lenguas fuertemente suje-
tas , i con gran tormento suyo , en unos ^uros
frenos de maderas » (que llaman mordazas , sin
duda de morder , ) para que no puedan atesti-
guar su inocenzia i fé , delante del pueblo , en
alabanza de Dios : i los cuellos, atados con unas
sogas de esparto mui largas i nuevas , por las
manos antes mui bien ligadas ; con lo cual , a
mi juizio, atestigua el ya benemérito soldado ,
que quiere comparezer en el tribunal de Dios
sin fiar nada en mérito de sus obras, antes bien
estribando en la sola inefable bondad i clemen-
zia de Dios , por cuya confesión va luego a
arrostrar jenerosamente una amarguísima
134 muerte : * o que , si quiere conformar * estric-
tamente a su lei aquellos tan gloriosos bechos
con que ya ilustra su nombre, no le queda otro
medio que una horca , como si fuese un vilisi-
mo ladrón. Coronado, pues , con tales preseas,
sale el Fiel , primero al teatro , después a la
hoguera. Mas los que negando torpemente la
verdad de Dios , pusieron en los padres la es-
peranza de su salvazion , habiendo no obstante,
de sufrir la pena de muerte, son del mismo mo-
* El oríj. qai Tel si illa adeo gloríosa-etc.
145
do alaviados , quitando solo las imájenes de
diablos , en euyo lugar les ponen en las manos
la imájen de* la cruz entre las mismas ligadu-
ras , para que, asi como los otros llevan delan-
te de si las insignias de su fé i fortaleza ; lleven
estos también , delante , las de su cobardía i
perfidia. Todos los demás salen con estas mis-
mas divisas señalados , mas o menos , según le
parezió al Santo Tribunal denigrarlos , mas o
menos , delante del pueblo.
Llegada la hora de sacarlos de la fortaleza de
la carzel, aparenta el Santo Tribunal desplegar
toda su Caridad i clemenzia para con ellos^ ante
el puebFo ya reunido. * Paramentados de esta
manera todos los presos i colocados , por su or-
den, para ir en la procesión, mandantes parar,
e inmediatamente les presentan una espezie de
almuerzo esplendidísimo , de * gallinas i cabri- 135
tos asados, i con semejante engaño, no solo per-
suaden al vulgo de que en la prisión fueron tra-
tados del mismo modo , sino que también ,
compensan a los mismos presos la pasada amar-
gura de la carzel. Pero los infelizes están eu-
tonzes en tal disposición , que no hazen gran
' El (Mrij. persoBatis-, q. d. vestidos de representautes.
146
gaito de los manjares , i suzede por lo reguFar*
que arrebatando las viandas de manos de los
presos , sin que nadie se lo estorbe , suelen
aprovecharse de aquella esplendider.lo»' mismo»
asesinos familiares , que , como luego diremos,
cierran , de dos en dos , entrambos lados de ca*^
da uno de los presos para custodiarle.
A la verdad , es tal el aparato i pompa con
que en aquel triunfo se prozede, que ni Pérsica
pompa, ni Romano triunfo , hubo jamás , que
con éste pueda bien compararse. En primer lu-
gar , van los niños de la Doctrina (esto es , del
colejio en que enseñan a los niños que recojen),
los cuales , ya por el traje , ya por el canto, ya
por el orden, con que los hazen ir algunos clé-
rigos vestidos de sobrepellizes , infunden devo-
zion. Las canziones son las Letanías de los san-
tos, alternadamente repetidas por un coro, que
a su vez responde — 'ora pro illis' (ruega por
ellos). A esfos, siguen inmediatamente los mis-
mos presos y que vulgarmente llaman Peniten-
ziados , dispuestos a manera de clases por este
orden.
Ocupan el primer lugar , después <ie los ni-
ños, los que fueron notados con mas leves cen-
136 suras. * En estos las insignias de su pecado sue-
147
len ser , las velas oo encendidas , las sogas ata-
das al cuello , los bocados (mordazas) de made-
ra, las tiaras de papel. Van con las cabezas des-
cubiertas, a no ser que se las cubra la tiara , i
sin capa , a manera de siervos , los que por la
calidad de sus linajes , i riquezas , se aventajan
a sus compañeros : siguen detras los mas inno-
bles. Después de estos , van los que se distin-
guen por los Sambenitos, esto es^ por aquellos
sacos militares * partidos trasversalmente por
la cruz roja , observadas las calidades mismas
de las personas , como anteriormente , los
que, en las órdenes sagradas, se contami-
naron, prezeden en dignidad, i por consiguien-
te también en lugar , a los demás de su clase.
A estos , sigue la terzera i última clase , a
saber la de los destinados a la hoguera : de los
cuales , los que repudiando !a verdad de Dios i
abrazando en su lugar la mentira , apelaron a
la misericordia de los hombres, prezeden, con
razón, a los mas constantes, los cuales, coloca-
dos en el último lugar de toda la falanje , aun
siendo arbitros los mismos Inquisidores , les
cupo en suerte, el lugar mas digno de su vir-
* El orij.— in transversum dissecatis— : creo hai errata, por
dissectis.
148
ttid i de su fé. A cada udo de los presos , acoiU'
paAan dos taniiliares armados para custodiarle,
uiio a cada lado , i ademas , dos frailea, o teati-
nos , quo llaman , para jiersuadir con b)daB sus
fuerzas a cada uno de los que van a morir, que
]37 no se mantenga * ya al fin de su vida eD [a ver-
dad de Dios , en que TueroD ensenados , siendo
esta impía importunidad , el mayor tormento a
mí juizio que pueda patlezer, el que permanezíó
firme en la verdad de Dios.
Tras del gremio de cautivos, que, según cos-
tumbre del triunfo, con razón debió ser el pri-
mero, sigue todo el ayuntamiento de la Ciudad,
con los Alguaziles , los Jurados, los Veinticua-
tro Rejidores , los a Oidores , el Rejenle i el
el mismo 6 Pro-reí , o Asistente, acompasados
de una turfia numerosa de caballeros nobles.
Después , sigue el Estado Eclesiástico, en cuyo
orden ocupan el primer lugar, los clérigos, be-
nefiziados i curas. E\ segundo , todo el capítulo
del templo prinzipal , o sea , el cabildo de la
iglesia mayor. Ocupan el terzer lugar, los Aba-
des , i Priores de las órdenes monásticas , con
sus compañeros.
a Elorij.— Prnloribuicuriilibui.
b El arlj,.,pronge>;-El A>itt«i]ta, «n cnSerilla, It prínuí
149
Después de todos estos , el Santo Tribunal ,
a quien para mayor honrra prezeden , cuyo
triunfo aquel dia es completo ; se deja vazio un
tanto de espazio, donde ocupa el lugar de Alfé-
rez , con fausto propiamente militar , el Fiscal
inquisitorio» como quien no poco ayudó al San-
to Tribunal en preparar aquella victoria , lle-
vando delante desplegado un estandarte de da-
masco encarnado. Es el estandarte una obra
primorosamente recamada , en que se ven , en
un * lado las armas del Papa , que conzedió la 158
Inquisizion i un letrero con su nombre , en el
otro , las del Rei Fernando , que la introdujo
el primero en el mundo. Trabajado todo con
mucha seda, oro i grana.
En lo alto de este pendón está fijada una cruz
de plata sobredorada de gran valor , con su
crucifijo , a la que sobre todas las otras , mira
con cierta venerazion singular , i sigue de cer-
ca , la turba superstiziosa , solo por ser de la
Inquisizion. Siguen por último , los mismos
Padres de la fé, a paso lento, i sumamente gra-
ve , en realidad triunfantes , cual corresponde
a los prinzipales capitanes de aquella victoria.
En seguida, van los Familiares todos, de la San-
ta Inquisizion , a caballo, cual en otro tiempo,
1^
era de veree a los soldudos , en los triunfos Ro-
manus . ir todos en poe de sus iriunfaules capi-
tanea. Sigue a éstos , la multitud de plebe i vul-
go inumérable sin nombre i sin orden alguno.
Con esta pompa van desde la cárzel inquisi-
toria , basta un teatro de madera elevado i
costoso, que se fabrica en la plaza mas concur-
rida i capaz de la ciudad ; para ser puestos cu
espectáculo los penitentes, i oir sus seiilenzias-
Eu este teatro los hazcn sentarse por el mismo
159 orden * con que vinieron. Ilai ademas otro tea-
tro de tamaño casi igual al primero, i enfrente
de él , en el que se levanta el tribunal de los
Señores Inquisidores , donde se sientan con su
inquisitoria i casi divina majestad, rodeados de
todoaquel fausto con que vinierouacompañados.
Creeriamos ajeno de nuestro propósito , el
detenernos un momento a comparar este trtun-
íii de nuestros enemigos , con aquellos piadosos
espectáculos de las penitencias públicas , que
en la Primitiva iglesia solían presentar ios pia-
dosos obispos i pastores de ella : en los cuales ,
nada habia, que no respirase pura piedad i san-
tidad, i un deseo ardiente, i nada afectado , del
remedio i salud de los penitentes : en cuyo nú-
mero, nadie entraba , que aunque saliese cu-
15t
bierto de rubor , no saliese también Heno de
consuelo. Pues » solo era vergonzoso el haber
pecado, pero, en el mismo remedio i medicina,
que sus pastores aplicaban a la enfermedad ,
esperimentaba realmente un verdadero reme-
dio de ella , un firme i sólido consuelo , i * un
restablezimiento de su quebrantada i ulzerada
conzienzia. I no triunfaban en aquel dia los que
con su censura le castigaban. * Ni sacaban de ^^^
su arca trajes mas lujosos con que salir vesti-
dos en señal de triunfo i alegría.
Presentábanse cubiertos con vestidos de lu-
to , asi ellos como la iglesia toda , dando a en-
tender con aquel doloroso i fúnebre espectácu-
lo , que les llegaba al corazón , la desgrazia de
sus hermanos : i aun , no una vez sola , suze-
dia, que los mismos censores, derramasen mas
abundantes lágrimas , que los notados por su
censura , por cuanto los pastores se dolían sin
fíczion alguna , de la deshonrra que justamente
recaía en aquellos , por su error. Ni tampoco
era nadie sacado entonzes a muerte, mas o me-
nos amarga , o blanda ; ni a rezibir azotes de
tal modo fuertes , que por los cardenales se en-
* El Orij. • ««onscíentisB . . coosolidatioorem.»
k
trevíesen los liueBOs; ni a que perdiesen su bue-
na fama para coo el vulgo , ellos i toda su |)03-
teridad; sino a recobrar el erudito perdido por
su delito, para con la iglesia. Has a ninguno de
los pastores le venia , por conQscazion , ganan-
£ia alguna ; 'ui se hallaba en su mano el copo
del vellón de su oveja , ai en su casa , algo del
despojo del pobre. * Eceq. 51-° S< Isaías S.° 14
;Ay de los pastores!» etc.
Pero aunque esta justbinra queja sea quizá
mas oportuna en otra ocasión , nos pareiió tra-
zar ai|ui estas toscas lineas sin * orden alguno,
para que aquellos , a quienes en medio de tan
^'laii desvario de casi todas las clases, queda un
tanto de sentido común, empiezen al menos a
observar , cual sea , en efecto , la diferenzia ,
entre este triunfo . cen tanto aparato i alegría
celebrado , í aquellas penitenzias públicas de la
antigua iglesia, de cuya conservazion se jacta,
con ahinco, el Santo Tribunal.
Sentados , pues, todos , por su orden empie-
za uno el estudiado sermón , que entonzes se
liaze en alabanza del Santo Tribunal , i confu-
- Hdh LiiMi G3 la rcfereniii , a toda el cap. iniv du Ecuii
155
Uzioa de las herejias , que áizense castigan en
aquel lugar : pero la mejor parte de aquel ser-
món , suele prinzipalmente emplearse , en lle-
nar a los infelizes, de injurias i de improperios
i en añadir afliczion a los aflijidos. I si éstos, al
verse allí , hechos espectáculo de ignominia , i
blanco de afrentas, pareze que llevan con ánimo
tranquilo los trabajos presentes; es, sin duda, o
porque paran aquellos golpes con el escudo im-
penetrable de la fé ; o porque los prezedentes,
ocupando por el largo padezer todo su ánimo ,
no dejan sentir los presentes.
Acabada , en fin , aquella consolatoria aren-
ga, comienzan a leerse las sentenzias de los pe-
nitenziados * por el mismo orden con que es-
tan sentados , o con que vinieron , es dezir, em-
pezando los lectores , por los que han de ser
notados con mas leves censuras. Esta parte del
Auto , es larga , i la prinzipal ; i requiere , por
lo tanto , una observación peculiar , i algo mas
detenida , pero en su lugar. Leidas las senten-
zias , entona el primer Inquisidor algunas pre-
zezillas por los convertidos (según ellos los lla-
man) , que , no obstante , han de sufrir la pena
de muerte. En ellas , ruega a su Dios , que les
conzeda su gracia , para que perseveren i mue-
142
154
ran al fia en la confesión de la doctrina de la
Iglesia Romana.
Acabadas éstas , empiezan a cantar el Salmo
51 Miserere mei Deus etc. para implorar , sin
duda, acia sus penitentes la clemenzia de Dios,
i para que , asi las censuras , como las absolu-
ziones de los Padres de la fé , acia ellos , pro-
duzcan un verdadero arrepentimiento. Las cen-
suras son varias : la de muerle es , entre todas
acerbísima : la de azotes , de los que apenas , o
nunca , convaleze el que los rezibe : las depor-
taziones a galeras : las confiscaziones de todos
los bienes , i otras de este jaez , con que la ma-
dre Iglesia Romana , muestra su piedad acia
sus hijos , por medio de los señores Inquisido-
res : censuras , que realmente no pueden me-
nos de produzir un verdadero arrepentimiento,
145 a saber ,* el de que , averiguada por esta cruel-
dad , la barbarie de los Ciclopes estos ^ que por
tan largo tiempo , impía i descaradamente se *
anduvieron vendiendo por Iglesia de Cristo ,
vuelvan en si , no solo los que sufrieron aque-
llas censuras, sino también el orbe entero, i los
tenga a todos, al fin, en el lugar quemerezen.
* El Orij. - vonditarum.
155
Acabado pues el Salmo , del cual abusan se-
gún les conviene , con la misma impiedad, con
el mismo descaro e irrisión , que de los demás
lugares de la Sagrada Escritura ; entona el Pri-
mer Inquisidor algunos versículos , a que res-
ponde , con admirable i sonoro concierto de vo-
zes , todo el Coro de cantores , amaestrados de
antemano en el ofízio , i ejerzitada su garganta.
Acabados éstos , el Inquisidor , en virtud de la
autoridad que le distingue, pronunzia, en tono
de canto , la absoluzion , con la cual absuelve ,
a todos los convertidos al gremio de la Iglesia
Romana (pero separados de Cristo) de todo
aquello en que se arrepienten de haberse apar-
tado de la autoridad de la Iglesia Romana : i
esta absoluzion (también , según costumbre de
la Iglesia Romana) , se ha de entender , solo de
la culpa , pues en cuanto a las penas , fuerza
les es sufrirlas inmediatamente sin que las tem-
ple la clemeczia , ni la humanidad , ni aun la
equidad , de manera alguna.
Echada la absoluzion , urden los señores In-
quisidores un famoso estratajema, que con-
duze admirablemente a aferrar su reino como * 144
con aceradas áncoras , puesto que , con este
mismo hecho , manifiestan , que no viven sin
156
miedo , i sin ciertos presajios de la ruina , que
a ellos i a su reino amenaza
Consiste el estratajema , en que todo el pue-
blo , según está congregado para tan célebre
espectáculo , a vezes aun de lugares distantes,
entre si , veinte leguas , les ha de prestar un
solemnísimo juramento, dictando ellos las mis-
mas palabras con que se obliga , i maldize , en
caso de no cumplirlo. A saber : de que vivirá i
morirá en la secta i obedienzia de la Iglesia Ro-
mana , i que la defenderá con todas sus fuer-
zas , exponiendo todos sus bienes i aun su pro-
pia vida , contra los que la combatieren. Que ,
ademas , renunzia , niega i detesta , todo lo
que fuere contrario a lo que la Iglesia Romana
cree i afirma. ítem , que sostendrá i defenderá,
como mejor pudiere , al Santo Tribunal de la
Inquisizion , i a todos sus ministros , etc. i en
fé , i seguridad de ello , se constituyen mutua-
mente por testigos.
Vierais entonzes postrarse en tierra al mise-
rable populacho, i alas corporaciones de todos
los estados,i con suma devoción prestar per ig-
norancia un juramento en favor de la impiedad
i 45 contra Jehova i contra su Cristo , * en virtud
del cual conjuro , no menos impio , que teme-
157
rario , 86 constilHye cada uno , desde entonxes,
por su propia facultad » ministro de b Inqui-
siñon.
Ahora bien , si uno trata , con cualquiera ,
de la convenienzia de aíbobr i aun de estermi-
nar , como mereze , radicalmente de todo el
orbe » semejante portento de iniquidad , i de
impiedad , ya que no pueda negar su dureza i
crueldad , opondrá el juramento , bijo solem-
nísimas palabras pronunziado , ante un nume-
rosísimo concurso. ¿ A donde nos Tolveremos ?
Opondremos sin duda el ejemplo de algunos
Judíos, que llevadas de una ciega superstizion,
se obligaron i ofrezieron , bajo juramento, a no
probar bocado , basta matar a Pablo. Act. 23.
Sostenemos que estos pecaron * tres yezes ;
luego , tan lejos estamos , de tener a aquellos
por obligados a tan impío juramento.
Primero , porque combaten obstinada i per-
tinazmente el ETaiyelio de Cristo , por un zelo
en favor de la leí , ciego , i por lo tanto, impío.
Segundo , porque habiendo jurado , temeraria
i torpemente, en nombre de Dios, defender una
mala causa , i combatir con todas sus fuerzas
• o.— grandemente — : pues el orij.— tprpecasse— . Ter fetix
diie Ovid. por— mtti ftlit.
i
una buena , profanaron el mismo nombre de
Dios, i abusaron de él, con impiedad. Terzero,
porque habiendo debido a au tiempo retractar-
se de todo , como que impíamente i contra la
14$ voluntad de Dios * lo ofrezieron , prosiguen en
su propósito , con una (^tinazion realmente
judaica.
I Qoién puede negar ésto 7 Una vez , pues ,
demostrado , que los señores inquisidores , de-
claradamente combaten con aquellos Judíos, el
reino de Cristo , constará tambi«i, qne los que
se les obligaron bajo juramento , quedan en-
vueltos , aunque sea por ignoranzia , en aquel
triple pecado. 1 asi, si quieren con tiempo, toU
ver en sí ; lee queda un solo medio de recobrar
la salud. Antes de todo, investiguen con la ma-
yor dilijenzia, que causa es la que defienden los
señores inquisidores ; vean después, si tomarán
las armas en favor de Cristo , o contra Cristo ,
bajo el auspizio de los inquisidores. I por últi-
mo , cumplan o retracten el juramento , según
les paredere convenir , depuradas ya las cosas.
Volvamos ya a nuestro propósito.
Hecho ésto , si hai entre los peaitenziados ,
algunos , que hayan merezido ser notados con
tal censura , los despojan del carácter eclesiás-
L
159
tico deque gozaban , o , según vulgarmente di-
zen , los degradan. Este cargo de degradar ,
compete al Obispo , por ser el que los ordenó ,
vestido de pontifical. Los que han de morir ,
son en aquél mismo dia degradados» * de hecho,
como ellos dizen , por sentenzia de los Padres:
las ceremonias son dezididamente trájicas i ad-
mirables.
Vestido primero <añ todas las misáticas
"vestiduras [ missaticis vestibus ] , como si fue-
^ a celebrar el impio sacrificio , le despo-
jan después ^or partes , * usando para cada 147
ornamento , asi en los jestos , como en las pa-
labras , de cierta espezie de ensalmos , contra-
rios a las que antes usaron , cuando fué inizia-
4o. Ráenle después las manos , los labios , la
<x>rona (coa un pedazo de vidrio o un cuchillo
fliui afilado) dando a entender, que se le quita
«1 óleo con que fué unjido, cuando le exhorzi.
zaron, contemplando el pueblo, i pasmándose ,
de cada uno de estos misterios , compadeziendo
unos la suerte de aquel hombre desdichado , i
detestando otros , como pérfido i execrable , al
que ciertamente , con mejor conozimiento , es
* El orij.— actualiter— : que es término teólogo-curialesco-
bárbaro.
160
feliz , porque pasará de esla vida , después de
haber renunziado solemnemente^ siquiera al fin
della , tan pestífera unzion, i después de raido,
en lo posible , aquel carácter de impiedad. Mas
a los que no han de morir , suelen degradailos
verbalmente [verbaliter], como ellos dizen. Esta
degradazion consiste , en suspenderlos de sn
ofízio i dignidad , por todo el tiempo que al Pa-
pa le pareziere.
No debe omitirse aquí, una cierta ceremonia,
por cuyo medio el Santo Tribunal, con el ma-
yor descaro i sin alegar pretesto alguno, se mo-
fa abiertamente de Dios , i de toda la multitud
presente , i se baze digno, por ella sola , de que
todos se burlen a sn yez de él , como mereze.
Consiste esta ceremonia , en que al fin de la
t48 sentenzia de aquel, * a quien destinaron ya a la
hoguera , apesar de haberse convertido al gre-
mio de la Iglesia Romana , afiaden , i mandan
declararlo publicamente : que , por cuanto el
Santo Tribunal , no tiene por verdadera i pro-
cedente del corazón » la conversión de aquel
hombre , i porque teme, no dejar un lobo, bajo
piel de oveja , no obstante su conversión , le
entregan i ceden al tribunal civil : a quien en-
carezidamente ruegan , que use con él de mu-
161
«sha raiserícordía , i que no le quebrante miem-
bro o hueso alguno , ni le saque una gota de
sangre. Mas , al que no lograron apartar de su
£¡a confesión (a los que Ikman pertinazes i obs-
tinados] le encomiendan al brazo seglar con es-
las palabras. «Que , en vista de que ellos em-
plearon toda su dilijenaa, para reduzir a aquel
hombre al gremio de la Iglesia Romana , i nada
consiguieron, perscTcrando contumazmente en
sus opiniones etc. —
por lo mismo , entregan j ceden al tal hom-
bre al tribunal civil , para que le castigue con-
forme a las leyes : pero que sin embargo , le
megaaencarezidamente , que si diere algunas
muestras de verdadero arrepentimiento, quiera
usar coa él de mucha misericordia » etc. ¿Qué
clase de impudenzia es ésta? Condenar4>n^eUos
mismos al hombre-, a pena de muerte, entre-
gante ellos mismos al brazo seglar igualmente ,
para que * sea quemado; i toda via^,. como si los j^c)
que han de imponer aquellos suplizios le solta-
sen ,0 al fin no le quemasen, i ellos, en virtud
de su santo ofízio se opusiesen , ruegan al tri-
bunal civil que se digne usar con él de gran
conmiserazion.
¿Con qué conmiserazion , pues , sacan a los
162^
infelizes a aquel' lugar, estropeados ,. con las
coyunturas de todos sus miembros enteramen-
te dislocadas i quebrantadas, i las huesos ma-
gullados en* todas las articuraziones^ i en lo in-
terior , rotas las venas i las entrañas mismas ,
por los cruelísimos tormentos , en los que ,
muchos f. hasta exhalaron entre sus manos el
último aliento ; aun ruegan al brazo seglar que
no les qud>rante miembro ni hueso alguno , ni
les saque gota de sangre? Sin duda , por estar
el daflo que ellos mismos con sus tormentos
causaron a aquellos infelizes , del pellejo aden-
tro ; i porque no les sacaron sangre , a no ser
por la boca, introduziéndoles a k> intimo de la
garganta un lienzo delgado , a fuerza de agua ,.
sin cuchillo ni lanza , ya quedan inocentes de
la efusión de sangre , i quebrantamiento de
miembros?
Tratáronlos ellos , sinconmíserazíonsni hu-
manidad alguna , imajinando de tiempo en^
tiempo , nuevos jéneros de suplizios , em que
i50 atormentar * a los desventurados con mas que-
bárbara crueldad ; ¿i ahora , ruegan seriamente
a los juezes civiles, i con instanzias les suplican,
que los traten con mucha misericordia ? Mas ,
solo por esta súplica , pareze ^ qu» estos mofo-
163
dores hombres, se echan encima las censuras de
su propio canon , o tei ,. que amenaza de anate-
ma e irregularidad , a los que del orden ecle-
siástico derramaren sangre o mutilaren en al-
gún miembro a cualquiera. Pues esas censuras
nulas i ridiculas según la magnitud del delito ,
se pueden evitar, con remedios también nulos i
ridiculos.
Pero , asi los magnates como el pueblo, i so-
bre todo el mismo majistrado civil , que se en-
calca de ejecutar aquellas injustísimas senten-
zias , oyen tan irrisorias i provocativas simple-
zas, i las dejan.pasar : porque .ademas , nadie
^ tan insensato que no conozca , que aquellas
son palabras de finjida misericordia para ludi-
brio de todos,. i que se profieren^ con ánimo de
que no se cumplan. De esta manera , pues ,
guarda el Santo Tribunal la piedad de la Santa
madre iglesia para con sus hijos diescarriados ,
i. la conmiserazion i entrañas de maternal mi-
sericordia. Obs^ve , también ,. aun el lector
mas ciego , que azerca de aquel , cuya conver-
sión lees sospechosa , el Sanio Tribunal , para
no de^atufk lobo bajo la piel de ov^a , no halla
en el archivo de sus artes otro medio mas * apro- \ 51
pósito que la hoguera.
164
Dyhnos mas arriba, que la parte det Auto eir
que se leen las senteaiiaa , era moi prinzipal .
i nezesitaba ademaB una obsenrazion peculiar ,
por cnatf o en ella , con estrafta perfidia' , no
solo repiten a vezes lo que el acusado conresó ,
sino también lo que jamáa dijo, ni pensó siquie-
ra : como son, deshonestidades , torpezas i aun
blasfemias , que inventó el Santo Tribunal, pa-
ra bazer, entre el vulgo, mas abominable , tan-
to la persona como la doctrina del penitensiado
i granjearse mayor autoridad i estímazion, apa-
reziendo como mui nezesano , para purgar la
tierra de tan terrible pesiilenzia. Al referir
ellos , en sus sentenzias , estas cosas , ante el
pueblo, una mordaza de madera, mui apretada,
tiene presa con atroz tormento suyo la lengua
del penitente , para que nada pueda responder
o negar ; ni defender sn iaocenzia : lo cnal si
por ventura se le permite , los deja en público
teatro por embusteros, como consta haber suze-
dido mas de una vez.
Has, no dura mucho tan acalorada contienda ,
152 pues la mordaza de madera * aplicada ul punto,
a la boca del penitenziado , que atrevido dispu-
la , pone fin al pleito , i estorba que salga a
público la verdad. Has lo que el acusado con-
^^S
165
fesó, con injeottidad o sin ella , lo rezitan lan
taimada i torzidamente , trasmudadas , i va-
riadas de tal suerte las palabras , que con
razón , puede dársele , casi la misma impor-
tanzía que a lo que nunca pensó. Has abajo
pondremos separadamente algunos ejemplos de
esto , por ser mui notables i de no fazil * con-
tradiczion , como que se dieron a la vista de
todo el mundo.
Leídas del todo las sentenzias , i acabadas las
degradaziones , en los términos que arriba se
dijo, el majistrado civil, en virtud de ofízio que
le impone el Santo Tribunal , se encarga so-
lemnemente de los que ban de morir , i los lle-
va al lugar del suplizio , acompañándolos aque-
llos procuradores de Satanás , que con suma e
incansable perversidad, trabajan incesantemen-
te , en obligarles a que renunzien a la verdad
querezibíeron. Suzede muchas vezes, que a los
que perseveran constantes en su pía confesión ,
les dan garrote al instante , i luego , con gran
clamoreo , propalan entre el vulgo , que aque-
llos movidos de arrepentimiento por sus erro-
res , recurrieron , en sus últimos alientos , al
* El orij.— neqae de facili irrefragabilia— i se trad. como si
d^era : refragabüía.
}
166
gremio de la Iglesia Bomaaa , i que por lo tan-
153 to, merced síii duda a la misericordia * inquiai-
loria , Qo eeperímentaron el fu^. Con estas i
semejantes artes se afanan por sepultar la ver-
dad , como si Dios , TindJcador de ella , no tu-
TÍese poder bástanle , para sacarla de las tinie-
blas i del sepulcro.
Los demás , do destinados a pena de muer-
te , son vueltos a la cárzel inquisiloría , i saca-
dos , al día eigniente , para sufrir los atoles ,.
los que a ellos fueron condenados : de estos , a
muchos', envían después de los azotes , a gale-
ras , otros , a una perpetua cárzel mquisitoria,
o a cualquier otro lugar que por cárzel se les-
seAala , amonestáudoles primero que declaren,
si es que de algo se acuerdan , suyo o ajeno .
fuera de lo que antes declararon ; de otra ma-
nera , si después se averiguare a^ que astuta-
mente hubiesen ocultado se los tendrá por im-
penitentes i serán con todo rigor castigados.
Pero , sobre todo, les mandan con suma se*
veridad , qoe nada revelen en manera alguna ,
de cuaato vieron u oyeron , durante ludo el
Lieiapo de su cautiverio , ni del modo con que
lueron tratados , ni del orden o método con
que suelen proceder con los cautivos en las au-
167
dienzias, en los tormentos^ en la cárzel misma ,
i finalmenre en toda la a eeonomia inquisitoria ;
sino que hagan cuenta , que estwvieron muer-
tos, durante todo el tiempo * que aili Trrieron : 1 54
de lo contrario , si parlotearen inconsiderada-
mente con alguno de aquellos misterios^^^ i lle-
gare a oidos del Santo tribunal ; serán* tenidos
por relapsos , i sufrirán la censura mas severa
de todas. La censura dé los que llaman Relap-
sos es el suplizio inexorable de muerte. I este
cuidado , con que por el miedo dé un fin indu-
bitable, cosen las bocas de los que de allí salen,
es para ellos , entre todas sus sagradas artes ,
sumamente nezesario , siendo este rigoroso si-
lenzio eftsusmisteríos ^como una espezie de
segurísima llave ^que cierra i fórtaleze toda su
Urania.
b Pues bien conocen ellos ^ que si el rei , que
en aquel empleo los coloc» , llega de algún mo-
do a saber las perfidias ,. las violenzias , las im-
piedades ,.las- mentiras r fos engaños , los dia-
bólicos* estratagemas , i admirables tretas , que
suelen usar, para envolver a muchos inocentes,
a Es la misma voi del Or\|. q. q. d.-el gobierno de la casa
de la Inqnisizion.
h El orij.— compertom enim in prímis pisis:-modÍ8mo latino'
Í6S
(|ue ni dijeron , ni vieron , ni oyeron , muchas
de las cosas que les imputan ; i en particular ,
si llegase a- saber su avarizia i crueldad , i su
mas que bárbara inhumanidad , hija por cierto
de la avarizia , convirtiendo severamente ácia^
ellos mismos la Inquisizion ; poveeria , sin du-
da , a la seguridad de la república i de sus súb-
155 ditos , i sobre todo , a la justizia * misma , de
la cual le constituyó Dios lejítimo patrono , an*
tes que a un Fisco injustísimo » adquirido i aa-
mentado con artes semejantes; pero encaso que
el rei descuidase este deber de piedad i de jus-
tizia r la misma plebe mirarla ciertamente, por
si , arrojando sobre ellos el fuego, con que has-
ta ahora fueron tan formidables.
Trabajan finalmente , con tanto estudio , en
sepultar la verdad , porque su inicua tiranía
no salga a luz alguna vez , que a muchas perso-
nas de autoridad , después á& un» larga pri-
sión , i después de aquella triunfal ignominia ;.
entre otras partidas de una pena mas croel, les
prohiben hablar con nadie, sino es, con los que-
ellos mismos les señalaren : item el escribir
cartas a nadie , sin consultarles a ellos « que
habrán de examinarlas antes. £1 pretesto es
verdaderamente espezioso, a saber, que no pue-
109
-dan, en su conTersazion , o*con sus cartas a los
•ausentes , diseminar mucho sus errores : pero*
en realidad , lo que con esto se proponen es ,
que los tales , a quienes cupo en suerte tener
amistades o parentescos ilustres , no se quejen
de aquellas injustizias , a sus][amigos o parien-
tes , i espongan al Santo Tribunal , a salir por
fin a la luz , delante del Rei , con todas sus ar-
tes. * Que tal es su designio , lo prueba , el que 156
esta espezie de pena , dejando por lo regular
intactos a los penitentes de inferior condizion ,
suele tan solo aflijir a los mas ilustres.
Al prinzipio, cuando por primera vez se tra-
maron los tales autos triunfales , contra los lla-
mados Luteranos , los mas curiosos entre los
que a ellos asistian , solian escribir a sus ami-
gos , ausentes dentro i fuera del reino , cuanto
pasaba en aquellos espectáculos : i en particu-
lar , azerca de los mismos penitenziados, lo que
de sus sentenzias oian, en las cuales se notaban
las causas de suplizios , i otras penas. El Santo
Tribunal (a manera de los artifizes que suelen
adelantar con la esperienzia , que cada dia les
enseña nuevas cosas) , con la sagazidad , en sus
negozios acostumbrada pronto olió , que aque-
llo podia redundar en su daño : esto es , que
170
aquella doctrina , por él tan aborrezida, podía,
por ese solo medio, dÍTulgane i prepagane mas
de lo que le couTCnia : pues muchos , que de
otra suerte , no rieado Dunca semejantes rela>
ziones , hubiesen podido permanezer en bu *
antigua ceguedad , coa ayuda de aquellas , em-
pezarían a abrir los ojos , i a reconozer la doc-
trina misma i juntamente la iniquidad de los
que la persiguen.
A este * inconveniente , ocurrió el Santo Tri-
banal, tomándose aquel cuidado , i escribiendo
i publicando para el vulgo , algunos ejemplares
de las Relaziones , abreviados, i que pareziesen
poder ser menos nocivos , para que el que qui-
siere escribir a ios ausentes lo suzedido, siga la
fórmula prescrita , conminando b^o gravísimas
penas a cuantos dejaren correr la pluma , a
narrazion mas amplia. BU orden de las Relazio-
nes por él inventadas , consiste , en espresar la
persona del penitenziado , notando su nombre
i condizion , i añadir luego , que fué quemado o
castigado , con esta o la otra pena , por cuanto
admitió el error, o los errores Luteranos , [pero
sin espresar los errores , a pesar de que antes
se espezificaban).
' inqDi— cB a «rtJtDd , u ernu , :
171
Ademas , como quiera que el Sanio Tribunal
puede ciertamente errar (si bien , llegó ya a tal
estremo de demenáa la superstizion i adulazion
•de los hombres , que afirman lo contrario, pre-
tendiendo que el Espíritu Santo le gobierna) su-
zede que yerra alguna vez , mandando prender
sin causa, o con leyísimos indizios , a algunos,
cuando por otro lado son mui pocos , a los que
prende con sufiziente i lejitima informazion. A
muchos 8e éstos , después de tenerlos cautivos
un año i otro, i otro año * en los susodichos 15S
calabozos i en aquella miseria que antes referi-
mos , entre tanto que de sus causas conozen ;
averiguada al fin su inozenzia , cuando ya es
fuerza el absolverlos en juizio , al primero o se-
gundo dia después del consabido triunfo tea-
tral , los llaman a la audienzia , i ya citados ,
con nuevos i :gravisimo8 conjuros, los estrechan
a que manifiesten la verdad , pues de lo contra-
rio habrán de esperímentar todo el rigor del
derecho : i poniéndoles delante los tormentos
los amenazan , asegurándoles , que hai contra
ellos la sufiziente informazion : etc.
Si alguno , aterrado por aquellos fantasmas ,
soltare alguna palabra de las que ellos desean ,
mándanle volver inmediatamente a su prisión ,
172
icamiciuan de nnero el proceso. Pero siles
pareze. que nada han de arrancarle , i por otro
lado, ninguna otra cosa tienen contra él , mo-
derando el rigor de las amenazas , se acojea a
palabras mas blandas , i le díien , qne tienen
de él mejor concepto , por lo cual han resuelto
enviarle a su casa : pero , que será deber suyo,
el quedar mui agradezido a aquellos señores ,
qne tan zelosa i paternalmente miraron por él
i por sus cosas : así , tenga entendido . qae por
miramiento a su persona, i sobre todo, en aten-
159 cion * al exzelenle ejemplo que de sí les dio en
su cautiverio , i a la pazienzia que en todo ese
tiempo mostró , le trataron , i aun entornes le
tratan con singular misericordia.
Con semejantes ungüentos, procuran sin du-
da , tales buenos i rectos jueies , sanar las ul-
ceradas llagas , CDD que cubrieron del todo al
inocente . i con esto , le envian por fin a los su-
yas , recomendándole, sin embargo , lo prime-
ro el silenzio, i aun después de bien averiguada
üu ¡Dozenzia (pues qué les importa a ellos, que
uno , por inozenle que sea , padetca en aquel
llurísimo cautiverio) , todaria le guardan astu-
tamente en la misma cárzel, por espazio de mu-
chos días , uno tras otro , después del triunfo ,
173
con él fin , de qne salieDdo aquel , casi al mis-
ino tiempo que los demás penitenziados, piense
el Tulgo , que también fué entre los otros cas-
tigado, aunque con una pena mas leve , i nun-
ca se persuada, de que el Santo Tribunal pren-
de a alguien , sin sufizíeute informazion.
Los que , como parte de pena impuesta, fue-
ron condenados a una cárzel perpetua o bien *
indeterminada , o ya , por un tiempo señalado,
(aqui es * donde aquellos lobos rapaces arman ^^
nuevos lazos para enredar a las pobres e incau-
tas ovejas) , aunque no estén ya mas en la cár-
zel inquisitoria , no crean por eso , que ya no
tienen mas que ver , con el Santo Tribunal :
pues en donde quiera que se les bubiere desig-
nado la cárzel fuera de la Inquisizion^ tienen alli
también dispuestos sus azechadores, que atenta
i continuamente observen con qué ánimo , si
alegre o triste, llevan su condizion : i noten las
palabras que puedan revelar sus pensamientos.
Porque si están regozijados , o de cualquier
modo manifiestan alegría en su afliczion , reo
será para el conzilio Inquisitorio , el que tal bi-
ziere, i esperimentará , por lo tanto , una pena
' El orij.— ad perpetuas sive etiam Yoluntarios cárceres-etc.
N
174
mas p-aTe. VisitaDlos loa mismos iaquÍñdor«s
en las cárzelee que les seflalan, pero por la niía-
ma razón sin duda , que antes los visitaban en
su cáriel inquisitoria , i enleramente por los
mismos fines, que arriba dijimos , de dar entre
el vulgo algunas muestras de humanidad i de
misericordia: masen realidad, vienen a infun-
dir un nuevo terror i supliiio , eu aquellos a la
sazón no tan desdichados.
Inquieren allí de los mismos cautivos , i de
aquellos que los tienen a su cuidado, si despnes
que salieron de la Inquisizion, oyeron a alguno
de sus Goncautivos , algo que parezca corres-
ponderá la pia doctrina; a quién; con quesem-
hlanle , * sea lo que fuere , lo oyeron los de-
más, ítem , si hai alguno que se queje de la pe-
na impuesta. Sobre todo si hai quien haya re-
velado alguno de los misterios de la EUeusina
madre, digo, de la Inquisizion. ítem, si alguno
pensó en escaparse de la cárzel; i otras muchas
cosas de este jaez. Si nada de ésto tallan, vuél-
«cnse con 1^ red vacia , i frustrado su intento.
Mas si algo llegan a encontrar , entablan un
nuevo proceso contra el reo.
Suzedió en Sevilla , no ha muchos afios , eu
uoa de estas visitas, que un cautivo , después
17S
de pasar no sé cuantos en aquella cárzel arbi-
traría , J^iflió encarczidamente , al inquisidor
Licenciado Gaseo , que le diese libertad : el se-
ñor inquisidor , con la eminente erudizion que
«n las leyes , i en ambos Derechos tenia , que-
ríendo mostrarse, en su respuesta, tan piadoso
que traspasase los umbrales de la piedad , los
cuales , ciertamente ^ nunca cenezió ; respon-
dió con gravedad inquisitoria. «Basta y a, «dijo ,
^llevad con animo tranquilo esta calamidad :
pues aqui padezeis por los pecados de todos, asi
por los nuestros , como también por los vues-
tros : yo , entretanto , hablaré a los demás se-
ñores inquisidores , i se hará lo que pudiere
3)azérse.»
En estas nézíis blasfemias , o blasfemas ne-
cedades, ningún Inquisidor inquirió; ^?^bobs- |62
tante , al salir del cónclavé^éii qué tari teoló- ' I
jicamente habia cóhsólado a acjfuellos cautivos ,
conjura solemnemente i en virtud de su inqui-
sitoria autoridad , al guarda de ellos, pata qué
los observe con toda dilijenzia , i prócnre (^e
no se escape ninguno : de' lo contrario ^ habrá
de pagar la pena'dé su''descilido i io&o 16 i^ue
se gastare en perseguir al prófugo. '" '
176
DE LAS INTERPRETAZIONES DE LAS
SENTENZUS.
Ti
iene el Santo Tribunal ciertos vocablos pe-
culiares , con que nombra cada una de las pe-
nas que suele imponer a sus penitenziados. I
así , aunque no se oculta, que también aquí va
embebida el arte inquisitoria; no estará de mas
el interpretarlos en este lugar, conforme a la
mente i aun a los secretos de los mismos Inqui-
sidores.
De las sentenzias , pues , en unas , se conde-
na a los reos a ser quemados vivos , i como an-
tes dijimos , suelen éstas aplicarse » a los que
153 claramente confesaron * su fé , i perseveraron
constantes en ella , basta el fin ; a estos los lla-
man ellos pertinazes. Otras , los condenan tam-
bien a la hoguera , pero después de muertos , i
para ello, * les rompen antes el pescuezo con
un lazo, en el palo del suplizio : aplican esta
sentenzia a los que venzídos, por su propia fra-
jilidad , condeszienden con sus deseos ; pero ,
* El org.~laqtteo-ad paliim-conflracta prius gaia.->paede ser
agarrotar.
177
de modo, que hai algunos indizios sufizientes ,
l^ra sospechar de ellos , que si bien negaron
con la boca la pia doctrina, no se la al'rancaron,
sin embargo, dé su afkna. A algunos de los que
ellos llaman pertinazes , los matan del mismo
modo antes de enzender la pira , cop ]el fin de
persuadir entonzes mismo al pueblo ,. que al
azercarlos al fuego abjuraron sus herejías , i
recurrieron a la doctrina de la Iglesia Romana.
Pero , de éstos , ya antes se habló.
Publicanse también otras sentenzias , al pa-
rezer mas blandas , que llaman Reconziliazio-
nes, por cuanto , como purificadas con aquellas
penas, los que renunziaron a la verdad de Dios,
son de nuevo admitidos en el gremio de la Igle-
sia Romana. Estas sentenzias suelen consistir ,
en llevar en las manos el dia del triunfo , unas
velas apagadas, unas sogas * rodeadas al cuello,
las insignias de los Sambenitos , como señal de
su pecado , llevadas enzima del vestido , per-
petuamente , o por un determinado número de
años : consisten también, en cárzeles , ^ o me-
jor , reclusiones en los claustros de los frailes ,
o en otros lugares privados : i dé estas reclu-
• El orij.—incertis— errata por— insertis.
164
I
178
ñones , como ^n diversas las espezies , sov
tnmbieD divenoB los aombres.
Unas llaman ,| ij^rpetuas irremisibles ; otra»
simpleineDte perpetuas; otras son por un tiem-
po señalado, el cual cumplido . bai que perma
aezer en ellas, despues,a arbitrio de los mismos
inepiieidores : otras , son prezisamente a arbi-
trio del primer Inquisidor, a quien , por man'
dasentedos los tribunales Inquisitorios del
Reino , le llaman ieneral ; otras , en fia , son
conforme al arbitrio! voluntad de los mismos
inquisidores inferiores, que pronunziaroo aque-
llas sentenzias.
Todas estas diferenzias de cárzeles.son a
semejanza del Purgatorio ; de la * Reserva , así'
de los casos que ocurren en negozio de Peniten-
ziaria , como de los grados de consanguinidad i
afinidad en asunto matrimonial , porque se in-
ventaron , para limpiar a Ins penitentes , del
dinero que les hubiere quedado mucho o poco,
según la espezie de )a culpa que se ha de ledi-
mir , conforme al prezio , por ellos mismos, a
cada una, seflalado : i ésto , por la clemenzia
iuqiiisitoria , para que conste , que el peniten-
- yau« > Cinluio pi]. UO Um> 3. Edio, da mdrid.
179
ziado\ a ella , i después , a estos medios , i so-
bre todo , a la abjurazíon que hizo de la ver-
dad , es a lo que debe la redenzion de su salud,
cuando debía de haber perezido * por sus erro-
res ; cualesquiera que fuesen.
* Guando la sentenzia comprende el llevar J65
hábito ( asi suelen llamar al Sambenito usando
al parezer de un término mas decente ) i la car-
zel perpetua irremisible , se ha de entender ,
que sino es después de haber pasado nueve o
diez años en la carzel , i de haber usado la& in-
signias de aquel traje , no se puede hablar ab>
solutamente de la remisión de la pena, a no ser
que el penado obtenga aquel benefizio , por la.
munifízenzia del Rei , único que puede dispen-
sarlo , cuando bien le pareziere. Pero » pasado
ese espazio de tiempo , si el penado no da lu-
gar a nuevas sospechas , suele el Primer Inqui- ^
sidór , aunque a fuerza de ruegos i de hazerles
la corte , remitir todo el plazo.
Cuando dizen. hábito i cárzel perpetua , i iio
añaden irremisible , suele regularmente enten-
derse , por tres años , pero reservando , en se*
guida , la voluntad del Primer Inquisidor de
* Las últimas lineas de la paj,.164 del orijinal ,■ son de tra-
ducción diflcultosa.
180
cuyo arbitrio pende el que , trascurridos aquc'
líos tren afloe , absuelvan al reo , por entero ,
de su pecado; o el quépase todo el resto de su
vida en aquella afreota. Finalmente , cuando
dizen hábito i carzel , por tantos aflús , o me-
ses : pasados éstos , queda el reo libre , si ya no
es que al señalar el tiempo , afiadieron también
/e (Í0 , a voluntad de los ioquieídores.
Suelen , por lo regular , aftadir esa cláusula,
* para con esta espezie de grillos , tener por to-
da su vida sujetos, a los que ellos quieren. Pues-
to que , cuando diien, hábito i earzel, a volun-
tad del Primer Inquisidor, o de los demás; que-
da en manos de los mismas , el retardar o le-
vantar , ft su arbitrio , aquellas penas. En su-
ma ,sean curies Tuereu las fórmulas usadas en
las setiteQKias , al cabo , viene a retrotraerse
el negoiio basta q^e lo deiida el arbitrio i vo-
luntad de ellos mismos.
La ocasión mas 'recuente de redimir este en-
orzelamiento, i hábito de reo , suele ser, cuan-
do el Rei haze donazion . a las doniellas o pajes
(!el palazio , o a otros , a quienes por ciertos
gratuitos servizios determinó agraziar, de algu-
nas redenziones de Sambenitos : entonzes , el
qiiB rezibe el doo , investiga diestramente eo
181
donde , i a quienes se impuso a aquella pena ,
i quién tiene mejores medios i voluntad , de re-
dimirla en mas, para después , pactar con ellos
el prezio , según puede mejor, en mas o menos,
teniendo en cuenta, asi la persona del que com-
pra , como también el mismo Sambenito: pues,
los que eran irremisibles, se suelen vender mas
caros ; los anejos a cárzel perpetua , mas bara-
tos ; los que son por cierto tiempo i a voluntad
del Inquisidor, a prezio mas bajo ; i los que so-
lo son , a voluntad del Inquisidor , aun * a me- 167
nos prezio.
Suele también usar el Rei de igual munifí-
zenzia, con algunos , que ruegan se les ayude
con aquel dinero de los Sambenitos , para redi-
mir a sus hermanos , o parientes , cautivos en
poder de Turcos , o Moros. Mas , al que procu-
ra eximirse del Sambenito , conviene, sobre to-
do , que para lograr su deseo , aun del Rei , se
conzilie antes la benevolenzia de los Inquisido-
res , i también la de los Escribanos : de otra
suerte , aunque el Rei se lo conzeda , i él tenga
pagado el dinero , suelen ellos burlar cualquier
empeño , oponiendo con sutileza i malignidad ,
eíicazes obstáculos , con dezir , no mas , una
palabra; a seber , que conviene informar mejor
I
18-2
di! aquel iicguzio al ttei, o bien al I'apa, (sí aca-
so fué uRte, i[ui(Mi coDzedió la absoluzion ,] i si
llegare la cosa , a ese eslado . fazil tes es , a
aquellos , a quienes de antes se les bito poco la
corte, inventar, que el tal , aun noestá bástan-
le purificado de su culpa , para poderle soltar
con seguridad.
Cuando alguno , en virtud de censura inqui-
sitoria , tiene que sufrir un encarzeiamiento ,
que ba de ducar , a arbitrio del Primer Inquisi-
dor ; i éste , por razones que él se sabe , do
quiere que le rueguen . i no puede sin embar*
go, sin fallar a su decoro, rechazar a los inler-
zesores ¡ i aunque el detener, por mas tiempo,
al cautivo, sea ya una manifiesta injustizia, dize
168 soQsticamente ' que él traslada el oegozio ,a
los Inquisidores que sentenzíaron su causa.
Cuando a ellos se acude, responden , que según
lasentenziav aquello per teñe ze al Primer Inqui-
sidor; i de esta manera, entendiéndose, al fin,
¡isí entre ellos , alargan por juego el cautiverio
del infeliz hasta «{ue les acomoda, o arrancan por
medio de este artifizio el obsequio que desean.
Esto mismo suele acontezer , cuando la pena
impuesta, se dejóa arbitrio de los Inquisidores
inferiores, pue^ cuando no quieren que les rué-
183
guen , trasladan el negozio al Primer liu|uisi-
dor, reziprocaniente complaziéndosc. I así, na-
da se logrará , como no se trate con ellos por
arte también Inquisitoria , i , sobre todo , con
dinero , i no flojo : procurando la libertad bajo
los auspizios de algún escribano, o familiar del
Santo Tribunal , que sobrepuje en autoridad.
Mas si alguno de los Inquisidores , o de los
miembros prinzípales del Santo Tribunal, diri-
je ruegos por el cautivo, al punto entienden loa
demás , que prezedió alguna de las ocasiones
por ellos conozidas , que los moverá a miseri-
cordia acia el cautivo , i mas , si el interzesor
se atiene en sus súplicas , a las palabras de la
fórmula entre ellos usada, en semejantes casos.
La formula es : rogar él mismo a sus Seño-
rías , que se examine el negozio de tal cautivo .
de cuya persona , * i de cuya vida incupable , i 169^
sobre todo , del exzelente ejemplo de pazienzia
que en su cautiverio tiene dado, está él amplia-
mente informado. Añadense aquí , algunas p a-
labras, en recomendazion del cautivo , pero con
sobriedad , porque no parezca que está por él
demasiadamente solizito : i a lo último se con-
cluye , pidiendo que consideren los señores si
ha lugar, en algo , a la remisión de la pena etc.
{84
También de ios que t»e reconzilian por medio
de estas cspiazioiies mas duras , a unos, suelen
multar en la mitad de sus bienes ; a otros , en
todos ; a otros en cierta suma de dinero ; s e-
gun les parezió conveniente a los seftores , des-
pojar al encausado de sus bienes , pues a los
padres de la Fé , les pareze esto sobre manera
conveniente para que sean vueltos a la recti-
tud i norma de ella , los que , de * cualquier
modo se apartaron , o porque , a juizio del
Santo tribunal, es una espezie de nuevo crimen
el ser hereje , i tener de qué vivir. , o porque
quizá aprendieron en sus artes, que asi como al
glotón conviene la dieta moderada; asi también
para el hombre propenso a las herejías es una
espezie de antídoto, para no caer en ellas , el
carezer del sustento , hasta el punto de men-
digar.
De éstos , a algunos, según ya queda dicho,
condenan también a azotes , a otros a azotes i
galeras : i deestejénerode pena mas severa ,
I TO suelen regularmente usar con los estranjeros , *"
por leve que sea su pecado, para compensar con
la mayor rijidez del castigo eídesprezio que ha-
* El orij. — dfíciscentibuij, es errata, por descisceutibus.
185
zen del Sambenito ( pues para ellos es cosa
ridicula.) I todjo ésto , por inquisitorial miseri-
cordia.
Con el último i mas blando jénero de pena ^
castigan , a los, que , a su juizio , erraron le-
visimamente. Consiste , en salir descubierta la
cabeza, i sin capa , con una vela de cera en la
mano , al consabido espectáculo teatral. De es-
tos , a unos les mandan abjurar de cosa grave
(de vehementi) , a otros de cosa leve , [de levi) :
son sus palabras. Abjurazion de cosa grave [de
vehementi) , llaman cuando acercado la causa
de uno , no apareze claro lo que se debe resol-
ver ., por faltar al delator las pruebas lejitiroas*
i no confesar el delatado ^ nada que merezca la
censura inquisitoria.
A éste , como no pueden condenarle abierta-
mente, por hereje , ni les acomoda tampoco de-
clararle del todo inozente , en particular exis-
tiendo malos indizios , cualquiera que sea la fé
que merezcan , le declaran gravemente sospe-
choso , i conforme a esta sospecha , le mandan
abjurar. A este reo , si le cojen después en la
mas leve falta , en cuanto a la doctrina Papis-
tica , le tienen por reinzidente, i le adjudican a
la hoguera.
186
La abjurazion qae llaman de cosa leve , [de
leti) . viene a ser |M>r el mismo estilo . sin olra
171 cHfereuzia , que el prescribirla * en las culpas a
su juizio roas leves , consten , o no : si el reo ,
después , recae en las mismas , no tenerle por
reinzidente para sentenziarle a muerte , si bien
la calificazion del delito, esto es, elconozimien-
to de la causa> haya de pertenezer a los mismos
inquisidores.De este jénerode abjurazion .suelen
regularmente usar en otros yerros que no sean
luteranos, cuales , permítase dezirlo , no tener
por pecado la simple fornícazion. Este error
suele castigarse con la vela de cera i la abjura-
zion de cosa leve, como falta a lijerilla realmen-
te. Algunas vezes también azotan , i en verdad
harto cruelmente , a los que en tal error incu-
rren : pero aunque después, millares de vezes ,
repitieren la misma falta , como se acojan a la
inquisitoria clemenzia , no será b capital.
I, cierto, que con estos medios, es con lo que
los Padres de la fé , reduzen al recto camino ,
conforme a la sentenziade S. Pablo , a los que
cojieron , por débiles en la fé.
a El Orij.— plané leTÍcala.
b q. d.~no será tenido como ddito digno de rnnerle.— £1
Orij.— non erit capitale.
187
I ésto baste acerca de las Artes Inquisitorias;
-en tanto que,despedazado todo aquel archivo de
maldades ; abiertos i manifiestos aquellos teso-
ros de recóndita iniquidad ; lo que Dios intima
por medio de su Profeta, contra todos los hipó-
critas impíos, que para desolazion del Reino
de Cristo, i menosprezio de su gloria, pretestan
con impiedad e impudenzia la defensa , zelo i
propagazion de la misma; lo veamos cumplirse
oontra la Santa Inquisizion , Padres de la fé ,
Santo Ofizio ; i finalmente, contra todo aquel
místico hombre de pecado; como,sin duda, "^ ha 172
de ser.en su tiempo revelado. Malac 2. «1 ahora
dize, » para vosotros, o S<izerdotes, e^este man-
damiento : sino quisiereis oir , i si no quisiereis
ponerlo sobre vuestro corazón , para dar gloria
a pii nombre, dize el Señor de los ejércitos, en-
viaré maldizion sobre vosotros,i roaldeziré vues-
tras a bendiziones , i aun ya las maldije , por
<^uanto no lo pusisteis sobre vuestro corazón. He
aquí yo corromperé vuestra sementera, i espar-
ziré sobre vuestros rostros el estiércol de vues-
tras solemnidades , i os & llevará consigo: i sa-
(1 q. d. — la porción , que tocaba al Sazerdote.
b Sabido es, que el cuajar, i cuanto contenia el redaño de
la TÍctlma , era aé\ Sazerdote (Deut. xviii. 3.): pero, la clase de
Sacerdotes aqui descritos, dize el Profeta que no merezian mas
hreis que solo para vosotros et este mandamien-
Ifl.- Volved en vuestro acuerdo.
* ALGUNOS EJEMPLOS ESPEZIALES
EH LOS QUB BETBN MAS CLARIMENTK LAS AB-
TES IHQtlIStTORIAS PDEBTAS TA EK KIBREIIIO
I PRÍCTICA.
Karexe conveniente * presentar aqui , ala-
nos ejemplos de las artes inquisitorias , en los
cuales, aunque liazinados como en un montón ,
sin orden ni estudio alguno [tumultuarle], ade-
mas de los que ya , en sus respectivos lugares ,
quedan espuesíos; podrán verse mas claramen-
te las artes Inquisitorias en ejerziiío i práctica:
se manifestarán también , según merez^ , con
mayor exactitud . como en cuadros , pintadas
con sus propias colores , i fijándolas en alto .
en las personas de los que las hubieren contem-
plado , ya la inhumanidad de los inquisidores ,
ya su insaziable avarizía , ya su iniquidad , ya
también el trastorno quehazen de todo Derecho.
nue íl etliercot conlenido en e\ redaño , o iripai ; i qne seritn
arrojados al muladar con el mismo eüiíreol.— Ew ei la Ibcr»
que ds Honles aqui b La cila del Proftla . que Iradote Hkre-
ineniB; i (ai, donde «I iiu puesío— íuUdid Tnlrnin , — el irio. iH
189
Añádase a esto , que , a mi juizio , importa
a la iglesia, el librar del olvido i de la * muerte 174
semejantes ejemplos , siquiera en grazia de los
que, envueltos en esas mismas artes , por causa
del Evanjelio de Cristo , i por haber desechado
i abjurado la doctrina de la impiedad , fueron
presa inhumana de los Padres de la fé. Abra ,
pues, ya finalmente los ojos , el orbe Cristiano,
i arrancando la máscara de piedad i santidad
por la que tan alabados eran , reconozca i ester-
mine a estos fieros lobos , a estos leones , a es-
tos dragones i prole viperina , a quienes , hasta
^hora , en pago de su fiereza i crueldad , i con
tanto daño déla República Cristiana; adoró
como a númenes celestiales.
Por lo demás los ejemplos que aquí se refie-
ren , solo son de uno de los tribunales Inquisi-
torios , a saber, del de Sevilla , del cual , úni-
camente fué dado al que esto escribe , conozer
los misterios, i aun esperimentarlos, en su ma-
yor parte, * en si mismo. Ahora bien , por sola
esta muestra , podrá cualquiera traida la conje-
tura de no flaco fundamento , adivinar cuantos
* o — traspasados a él mismo.— cEI orij. está oscuro , i aun
quizá haya errata.» — Dize aqui— et maiori ex parle ia se ipsis
experiri truductoribus est datum. ect.— paj. 174 lineas 17. i8.
\
190
i cuales fueren los ejemplos de esta espezie. que
se ponen por obra , en tantos tribunales inqui-
sitorios como hai en toda EspaRa. Ni se crea
tampoco que asi los ejemplos que aquí se traen,
como los que en los comentarios anteriores
quedan esparzidos , fueron recojidos de entre
una larga época.
Pues todos enteramente se presentaron a un
175 tiempo mismo en el intervalo de seis* a siete
afiog , cuando empezó por primera vez, la per-
secuuon contra los Luteranos, que de repente i
de improviso aparezieron en EspaRa , en gran
número en particalar en Sevilla i Talladolid.
I ésto fué , el aAo 1557 o 58 , basta el 64 de
nuestra salvazíon granjeada por Cristo.
Prendieron, entornes, por causa de relijion ,
en la Inquisizion de Sevilla, a un inglés llamado
Nicolás Burton , * varón de extremada piedad ,
a quien después quemaron , * por firmemente
perseverar en la confesión de su fé i abjurazion
de la impiedad. Secuestrados, según costumbre
Inquisitoria , en cuanto le cojieron , todos sus
t>i«nes i todas las mercanzias , por cuya causa
liahia venido a Espafla , entre lo suyo , envol-
imii pida, * immoUlitcr perKieriDlMD.
191
vieron tjonbien ún gran caudal de mercaderías,
que otro mercader Inglés, tratante en Londres,
le -habia encomendado , bsgo el nombre de
* factor, como le llaman, i según es uso entre
comerciantes. Sabido por éste en Londres el
<»utiyerio de su factor, i de sus mercanzias ,
«nvió a España un procurador con [tabulis] in-
ventarios , para que reclamase sus bienes. Lle-
gó pues el procurador a Sevilla , i presentando
al Santo Tribunal los inventarios , i todos sus
papeles , pide , que se le ponga en posesión de
aquellas mercaderías. Responden los Señores ,
que entable su demanda por escrito , i elija un
abogado , ( sin duda , para alargar el lilijio ] * 176
i ellos mismos , consultando , por supuesto , la
humanidad , designáronle uno , el cual , le es-
tendia los memoriales, i todos los escritos, que
se hablan de presentar al Santo Tribunal , exi-
jiéndole codiziosamente ocho reales, por cada
uno , no obstante , que de todos ellos sacó el
mismo fruto, que si no los hubiese presentado.
Presentábase este hombre, dos vezes al dia, du-
rante tres ó cuatro meses , una por la mañana
i otra por la tarde , ante las puertas del alca-
* El Orij.— «factoris nomíDc , ui dicunt.* — Hoi, creo, lla-
mea a esto corresponsal.
192
zar inquisitorio , pidiendo, i suplicando, dobla-
das las rodillas a tierra.a losseilores inquisido-
res, que le despachasen , i en particular, al Se-
ñor Obispo de Tarragona , a del cual hizimos
antes menzion , que estaba euLonzes en Sevilla,
de primer inquisidor ; para que éste , por su
primaria autoridad , mandase , que le restitu-
yesen «US bienes. Has la presa era grande i rica,
i por lo tanto, difizil de recobrar.
Al cabo de cuatro enteros meses, consumidos
en súplicas i plegarias vanas , obtiene al fin por
respuesta , que era menester viniesen de Ingla-
terra ciertas escrituras, mas amplias que las que
antes había traido, para ponerle en posesión de
tus bienes. Parte inmediatamente el Inglesa
Londres , i vuelve a Sevilla , trayendo consigo
los inventarios mas fidedignos , que deseaban ;
1 77 i presentándolos en el Santo * Tribunal, los
señores , difieren aun la respuesta, pretestando
toner, entonzes , ocupaziones b mas graves , en
iiue entender. Repitiendo cada dia la misma
respuesta , entretuvieron al hombre otros cua-
tro meses. Exhausto ya el Inglés de dinero , i
Téai« una Dota ameriur. De Ttraiooi , quiíá aufraginaa
irragona , diun taé Otriapo el dicho loquiíidar.
D ortj. per arrala— grailoribiM, —en »m de— graiiore!.
193
suplicando aun con inslaAzia , que le despacha-
sen , remitían el asunto al Obispo : consultado
el Obispo, dezia, ser él tan solamente uno , i el
despacho de aquel asunto pertenezer también a
los demás Inquisidores: i con este artifizio ,
echándose unos a otros la culpa , no se veia el
fin del litijio. Al fin , resolvieron un día despa-
char a) hombre , venzidos de su misma impor-
tunidad. Pero el modo de despacharle fué , que
uno de los Inquisidores , el Lizenziado Gaseo ,
hombre sumamente dispuesto en los fraudes in-
quisitorios, le manda volver después de comer.
Alegre con esta nueva el Inglés , volvió por la
tarde , creyendo que pensaban ya seriamente
en restituirle sus bienes , i en introduzirle a
donde estaba el preso para ajustar las cuentas ,
según muchas vezes había, oído a los mismos
inquisidores dezír, aunque no los entendía bien,
que era menester , que se viese con el mismo
preso. * Vuelve, i mandan al alcaide de la car*
zel , que le enzierre en una prisión , que le se-
ñalaron. El inglés creyó, al prinzipio, que * le 178
entraban para ajustar sus cuentas con el otro ,
mas luego, cayó, en que, contra su expectativa,
5 El orij.—Reversam— errata por— Reversiim:— O, sino, q. d.
Que mandaron, por el contrario al Alcaide , etc.
m
194
le tenían preso , i en un tenebroso enzíerro , r
al fin entendió , que la cosa era mui al re^és dé-
lo que él se imajinara. Al cabo de tres o cuatro
días , le sacan a la audienzia , ¡ cuando segan
sus artes , no parezíese cuadrar mal , al pedir
oira Tez el inglés su hazienda a los inquisidores,
sin mas preámbulo , le mandan rezar el Ave
Haría. Dicela él sencillamente de esta manera :
^ «Ave Karia r gratia plena , Dominus tecum ,
Benedicta tu in mulieríbos, et benedictus Fruc-
tus ventris tur Jesús : Amen.»
Copian ellos sus pafabras por escrito , i omí'
tiendo toda plática , sobre la restituzion de las
cosas , pues no era menester ; mandan que le
vuelvan a su prisión , i entablan contra él de-
manda , de hereje , porque no rezitó el Ave
María , según costumbre de la Iglesia Romana,
sino que la concluyó mas bien en lugar sospe^
dioso , pues debiera añadir «Santa Haría , ma-
dre de Dios , ruega por nosotros pecadores » I
cortando esta cola , daba a entender bien clara-
mente , que no aprobaba la interzesion de los
Santos : i de esta suerte , hallada , al fin , una
lejitima ocasión , permanezió cautivo por mu-
* Se deja en Ulin , como la trae el orÁ)inal, porque asi.Ia di-
ría el inglés.
195
chos dias. Sacáronle después * al triunfo, a con 179
capa, pero despojado de todos los bienes por los
que , aunque no suyos , litigaba , i condenado,
además , a un año de cárzel. Llamábase Juan
Frontón , natural de Bristol [El orij. lohanni
Phrontomo].
El confiscar, entre los bienes de los proscrip-
tos , los de otros , ni es nuevo en el Santo Tri-
bunal , ni deja de usarlo con frecuenzia. Pues >
como pudiera suzeder, que , dando lugar a im-
portunas alegaziones , algunos arrebatasen al
Fisco los bienes propios , probando con testi-
monios fraudulentos ser de otros , el santo tri.
banal , deseando evitar semejantes disputas , i
quitar toda ocasión a tales fraudes , tiene por
mas seguro para si , b causar el daño, que rezi-
bírle. Haze pocos años llegó a Sevilla cierto co-
merziante estranjero, muí rico , cuyos bienes
fueron después , por causa de relijion , adjudi-
cados al Fisco Inquisitorio. Entre los bienes
coufícados lo fué también una nave a maravill a
hermosa, c tanto que según opinión de todos
a El org.— palttdalus-que querrá dezir; con capa, o manto;
e quizá coo sayo de penitenciado.
b El org. inferre illi atc.-Pareze errata , por ill/« oilie:
paj. 479. lin. 16.
c El orij .-«spectat» pulchritadinis-'qua..BetbÍ8 antea nam-
quam Tiderat. etc.
1%
no la liabian visto mejor hasla ciitoiu«s , en ti
Gaadalquivir. Probó el hombre ,cod lejitimos
testimonios, que aquella nave no le perteneiia:
ni ann esto obstó , a que el Santo Ti'ibunal ,
bailase en sus artes , razones para adjudicarse-
180 la. * Llamábase el cumerziante Rehukiir.
En la misma inquisiiion de Sevilla impusie-
ron por causa de Relijion la censara inquisito-
ria , sin pena de muerte, a cierto vezino piado- ■
so de aquella ciudad. Entre otras partes de su
condena , le sentemiaron a la pérdida de todos
los bienes i rentas deque antes boucstamente
vivia , i a un enzieiro , por diez años , en una
earzel privada , despojado de toda su bazienda.
Pasados ca aquella prisión algunos dias , en la
que sin ser hombre de baja suerte, se mantenía,
en suma pobreza, de la limosna recojida de al-
gunas personas piadosas, se * le presentó un no-
tario inquisitorio, con una orden escrita , del
Santo Iribuual, en (|ue le mandaban pagar la su-
ma de ciento treinta ducados, a titulo de costas
i alimentos, durante su permanenzia en la for-
taleza inquisitoria. Respondió a aquella orden'
lo i|ue era verdad , a saber , que saqueado por
- Elorij. p. ISdlIn. l4<liie:-.eDni aeit),— pero es errsla
\
197
los- mismísimos padres de la fé , i despojado ,
por entero , de todos sus bienes , no fe había
quedado de donde poder pagar aquel dinero.
No satisfizo a los señores , esta respuesta; i en-
vían segunda vez ai notario , mandando , que
en el término, que le señalaron, de pocos días,
pagase aquel dinero , de lo contrario le sacasen
de aquella carzei * privada , i le llevasen a la 181
carzel pública de la ciudad , i allí le detuviesen,
hasta que pagase. Son hombres a la cuenta ,
tan poco previsores , que destinaron al Fisco
todos los bienes de aquel hombre , i no se cui-
daron de cobrarse antes las costas.
Prendieron, casi al mismo tiempo, en la mis.
ma Inquisizion de Sevilla , a una sonora noble,
llamada Juana Bohorques , mujer de Francisco
\argas , hombre de los mas ilustres, i señor de
Higuera , e hija de Pedro García , natural de
Jerez , vezino opulentísimo de Sevilla. La cau-
sa de su cautiverio fué, que una hermana suya,
llamada María Bohorques, donzella de conozi-
da piedad , a quien después , por su pía confe-
sión , entregaron al fuego , declaró en los tor-
mentos , haber tratado algunas vezes , con su
hermana , de aquella doctrina.
Cuando la metieron en la cárzel , estaba em-
198
barazada de unos seis meses , por cuya razón ,
hí la enzerraron con tanta estrechez , ni proze-
dian tampoco con ella con la crueldad que sue-
len con otros presos , mirando , sin duda , por
el feto. A los ocho dias después del parto , le
arrebatan la criatura , i a los quínze , la enzie-
rran , i la obligaa a esperimentar la misma
condizion que a todos los demás presos , empe-
zando a tratar de su causa con el rigor i artes
Í82 que suelen. En * medio de tan gran calamidad,
solo sirvió de consuelo a su afliczion , el tener
casualmente por compañera en aquella horrible
carzel , a una piadosisima donzella , a quien
después , por su piedad , consumió también el
fuego inquisitorio.
Habiendo sacado un día al tormento a aque-
lla * muchacha, i restituida desde los tormentos
a su carzel , tan magullada , i tan dislocada en
todas las articulaziones de sus miembros , que
apenas podia revolverse , i no sin vehemente
dolor , en el lecho de cañizo , concedido a una
i a otra , mas para trabajo, que para descanso;
la cuidó con suma solizitud , apesar de que allí
ninguna cabida tenían , o al menos mui escasa ,
* Veaso uoa Nota, adelante.
loa
los cuidados ajenos. Apenas ísta , habia em-
pezado a convalezer , del quebrantamiento
de la tortura , cuando sacan a aquella , a la
misma diversión , i la atormentan tatí atroz-
mente en el Burro , que penetrando las cuerdas
hasta las mismas canillas de los brazos, muslos
i piernas , la volvieron moribunda a la cárzel ,
echando desde luego sangre en abundanzia por
la boca , por habérsele sin duda reventado las
entrañas : a los ocho días después del tormento,
arrebatándola de las garras de aquellos fieros
leones, la llevó Dios para sí, al eterno descanso.
Afanáronse ellos a la verdad, porque no llegase
a oidos del vulgo , el haber ellos hecho morir
tan cruelmente en los tormentos a esta heroína,
en edad a tan tierna: roas los que presenziaron
aquella crueldad , no pudieron callar. Si esta
mujer hubiese sido bruja o hechizera , o parrí-
zída de su marido , o de sus hijos , i * el majís- ig5
trado , que llaman civil , para arrancar de su
boca la confesión de sus maldades , se hubies e
valido de semejante tormento ; al haber de dar
cuenta* de su ofizio , b no quedaría impune , po^*
cuanto le demandaría cualquiera por tan atroz
a El onj.— chañe tenellan heroinaim.
b Ni debía qvedarlo.
» >
e inniodtTadü (ormenlo. Mas ai ^anto iribunai
nadie le residenzia , i le es lizito matar impune-
mente en ios tormentos , aun a los mismos ,
cuya inozenzia reconoze , después del mas es-
crupuloso examen de su causa : como suzedió
en el caso de esta honestísima * mujer. Pues
como les faltasen las pruebas sufízientes para
condenarla , apesar de que se valieron de todas
las artes inquisitorias , para rebuscarlas i pro-
curárselas ; como , por ser en aquel lugar co-
nozida la acusada , tuviesen que dar nezesaria-
nientcante el pueblo alguna cuenta de su. suer-
te , i no pudiesen de modo alguno, disimular el
suzeso , en el primer acto triunfal , que se pu-
blicó después de su muerte , mandan pronun-
ziar su sentenzía en estos términos. «Por cuan-
to esta Safiora murió en la carzel, ( suprimien-
do por supuesto las causas ) ; i , después de re.
visado i examinado atentamente su prozeso, re-
sultó inozente ; por lo tanto, el Santo Tribunal
la declara libre de todos los cargos intentados
por el Fiscal contra ella, i absolviéndola por en-
tero de la demanda , la restituye asi en su ino-
* El orij.— huius honestissimae faBmina; — . De modo,que es-
to pareze aclarar, que Doña Juana Bohorques, es la que sucum-
bió, de resultas del tormento: aunque el *Eam puellam-etc. de
la paj. aotezedeote se refiere a su compañera.
2Q1 f
zenzia como en su buena fama , i ordena que
todos ios bienes * que se le babian confiscado se ^ ^^
restituyan a aquellos a quienes de derecho per-
tenezcan.» etc. I de esta manera , la declara-
ron libre , después de haberla muerto en los
tormentos con brutal ferozidad. P«ro, Dios mis-
mo pedirá alguna Tez cuenta , de tan bárbaras
atrozidades , ya que en la tierra^ las defiende la
autoridad , que , para castigarlas severamente ,
instituyera.
En el año de Cristo 1563 , discurrió el Santo
Tribunal tender su red en una espezie de ense-
nada , de donde , a no haber después con mejor
o peor consejo , resuelto soltar la presa, hubie-
ra ocasionado sin saberlo , a los campos Roma-
nos , un daño tal , que * ni los de Lutero le
ocasionaron hasta entonzes mas grave , casual
o imprudentemente. El caso es el siguiente.
Hubo algunos , mas curiosos quizá de ]o que a
los intereses Romanos convenia , que se queja-
ban amargamente de la turba de frailes i cléri-
gos, porque requiriendo de amores a las muje-
res , i tentando la castidad de matronas i don-
zellas honestas , abusaban de la confesión auri-
* Se Té mas que impanialídad : se ve severidad en los escri-
tores españoles reformistas, respecto a Lutero. Véanse Valdes ,
este» i otros.
^ 202
cular, como de un medio ya otras vezes asado.
La cosa , parezió al Santo Tribunal , digna de
consulta i de remedio. Pero , como en el asun-
to estaban a * obscuras (puesto que en aquella
185 cspezie de * delito común, i ya manifiesto, nin-
guno habia nominalmente delatado] , decretan
por un edicto jeneral , que se publicó solemne-
mente en todas las iglesias del Arzobispado de
Sevilla, que todos los que supiesen, o hubiesen
oido, de cualesquiera frailes o clérigos que hu-
biesen abusado, para semejantes torpezas , del
sacramento de la confesión , o que algún confe-
sor , en otro caso, i de cualquier modo, hubie-
se tratado tan iiízitos negozios con su hija o hi-
jas de Confesión ; lo manifieste al Santo tribu-
nal , en el término de treinta dias. Añadiéron-
se ademas , gravísimas censuras, contra los que
nohiziesen caso , o despreziasen el aviso.
Publicado el decreto, acudía al alcázar inqui-
sitorio , de sola la ciudad de Sevilla , tan nume-
rosa multitud de mujeres , a delatar a los mal-
vados confesores , que , aun veinte escribanos ,
i otros tantos Inquisidores , no bastaban para
rezibir las deposiziones de los denunziadores. I
* El orij.— negotium esset eapcum.
265 '
•asi , casi abrumados los señores Inquisidores ,
por la multitud de negocios ; señalaron para la
denunzia , otros treinta dias , i no bastando aun
tan corto espazio de tiempo , se \ieron obliga-
dos a dar por terzera i cuarta vez , otro tanto
de treguas. Pues muchas honestas matronas , i
-otras de las mas ilustres familias , apretándoles
de un lado , la conzienzia , con la superstizion
de las censuras , i de la escomunion , * i de 186
otro, deteniéndolas en casa , el respeto a sus
maridos , a quienes temian ofender con alguna
siniestra sospecha , en cuanto a su recato ; no
encontraban ocasión oportuna , para visitar a
los Inquisidores , i asi , con la cara tapada , a
estilo de Sevilla , i cuan secretisi mámente po-
dian , se;presentaban a los señores.
No pocas , que en aquel tiempo de declara-
ziones, no pudieron sobrepujar con su pruden-
zia o con su astuzia, la dilijenzia de sus maridos
en observarlas , clavaron en los pechos de éstos
los aguijones de amargos zelos. Por otra parte,
«ra un gusto ver a los frailes i clérigos , andar
cabizbajos , meditabundos i melancólicos , por
* su mal sana conzienzia, esperando a todas ho-
* El orij.—- malé sana, — puede entenderse — perdida conzien-
zia.
204
ras , temerosos i aterrados, cuándo les echaba
mano , alguno de los familiares inquisitorios :
i no Tallaba el canto de una uña , para que mu^
chos de ellos se imajinascn, que se iba a levan-
tar contra ellos una tempestad aun mas furiosa
que la que por entonzes mismo se presentaba
tan aquejadora , contra los Luteranos. Pero ad-
vertido el Santo Tribunal , por el suzeso , de
que aquellos designios , eran no solo peligrosí-
simos para él mismo , sino también para todo
el bando de la Iglesia Romana ; i de que solo
187 aquella tentativa , si pasaba adelante , * basta-
ria , cuando menos , para atraer, al orden ecle-
siástico, un odio sumo e incurable , i sobre to-
do, para desacreditar completamente, entre los
hombres , la autoridad de la confesión auricu-
lar , que ya , sin eso , parezia estar colgada *
de bien débiles alfileres ; aunque el negozio, si
de otro modo se mira , fuese harto digno no
solo de la inquisizion , sino también del castigo
inquisitorio ; mui a tiempo , i fuera de lo que
todos esperaban , volvió pies atrás, sepultando
asimismo i entregando a un eterno olvido ,
aquellos montones de torpezas , que ya consta-
* El orij.— ex plurobcis aciculis.
205
ban por lejUioios indizios. Cuenta la fama que
el gremio de los clérigos i frailes , mancomuna*
damente , a hubieron de limpiar las narizes del
Papa , con una buena porzion de dinero , para
que » halagado con aquel buen olor , conzediese
una bula a todo el orden de Confesores , perdo*
nándoles , en virtud de su paternal piedad »
todos sus pecados en esta parte ; i mandase a
los Inquisidores, que desistiesen de su intento,
i se sujetasen a eterno silenzio , las cosas hasta
allí actuadas ; porque no llegase a notizia del
público. Blas , a los peritos en las cosas Inqui-
sitorias , no les pareze esto verosímil. Pues se-
gún ellos aunque el Papa conzediese aquella bu-
la , es sin embargo tan grande la potestad del
Santo Tribunal , * que cuando trata de llevar 188
a cabo alguna seria determinazion , aun opo-
niéndose la autoridad del mismo Papa no suele
desistir de su propósito. I lo de mas frecuente
uso suele ser que aquel se oponga a la autoridad
del Papa i prevalezca contra él , como se verá^
ahora , en el siguiente ejemplo.
Casi, por igual imprevisión, el sumo Pontifíze
perjudicó , dos años antes , a la 6 nasa del San-
a El Oñj. dize,— PapoB nares emuoxíMe: — frase equivalente.
b El Orij.— nassam:— i nasa, es una red redonda.
206
to Tribunal, publicando ana a bula, del que eUos
llaman Jubileo Plenísimo ,a remedio del orbe
Cristiano, para el cual , sin duda, Cristo no de-
bió proveer lo bastante. Fuera de otros grandes
montones de induljenzias i purificaziones, com-
prendia también aquella bula , a los tocados de
la peste Lutherana : hasta tal punto , aun de
la misma red del Evanjelio , sabe , cual injenio-
soartifize , hazerse una lucrativa nasa, i ya que
no pueda evitar la herida , no desespera de con-
vertir en su provecho, el dardo que , para su
perdizion , lanzó Cristo al mundo b en aquella
época. Las palabras de la bula eran : que todos
los que de cualquier modo se hubiesen adherido
a los dogmas i opiniones Luteranas , volviendo
epsi , se entiende , de su locura , Rindiesen ser
librados por cualquier Confesor de aquel conta-
jio. Designio , en verdad , astuto , i propio de
189 la antigua serpiente, * atendiendo a la grande
alterazion que con ese motivo se advirtió
por entonzes en España , i en particular en
Sevilla , ciudad de las mas famosas de Es-
paña , i a que , cuando la multitud peca , i
a El oríj.— Diplómate.
b El OrU.— errata^boe—por, hac linea 20.
207
"Sobre todo , cuando inclina el ánimo a la a de*
feczion , con mas TaZilidad , i menos peligro ,
se conserva el reino en la obedienzia , aparen-
tando una espezie de clemenzia universal , que
no, una venganza severa i pertinaz. Solo pedia
echarse de menos aquí, la incolumidad del San-
to Tribunal , de quien no pareze faiziese gran
caso el Pontifize.
Pero aquel, sumamente ofendido con este ar-
titculo de la bula, con el que, sin duda,se les ar-
rebataba de las manos, toda aquella gran presa;
condenando aquella intempestiva clemencia del
Pontifize , se opuso a ella sin rubor ;algttno , i h
separando toda controversia , sobre el asunto ,
manda por preeepto.queno fuese rezibido,ni pu-
blicado , aquel Jubileo por perjudicar al Santo
Tribunal: asi pues, ni se rezibió, ni se publicó.
Podia verse aqui a Satanás , dividido contra éi
mismo.De esto claramente se infiere,quela obe-
dienzia al pontifize romano,queaquellos probos
señores defienden a sangre i fuego en cabeza á-
jena como articulo de fé , es en realidad , para
ellos, un c moharrache de cera , * que vuelven 190
a El Orij.— ad defectionem— que puede traduzirse también
a la sublevazion.
b Separando; o quitando de en medio. El Or^.-summota— por
submota.
c El 0rij,-cssreum4iasum-cereUm querrá dezir.
208
ázía donde se les antoja: i que mas bien es para
ellos como un lazo , i como una red, para cojer
a los hombres , que como un articulo de fé , de
cuya observanzia esperenellos su salvazion.
Es propio de cualquier tiranía , el odiar la
clemenziai lajustizia , ante todas las cosas, i
apoyarse solo en la crueldad i rigor , procuran-
do ser temida , aunque en sumo grado la abor-
rezcan ; ya que vé , no puede fundarse en otro
titulo mas justo. Asi solia aquel dezir : * Odíen-
me , con tal que me teman. — ^Si cualquiera re-
flexiona , advertirá, que basta aqoi , no ba ha-
bido tiranía alguna , que baya observado esta
lei con mayor tenazidad i violenzia, que el San-
to tribunal, que prozedia con una cierta afecta-
zion en la iniquidad i en la crueldad ; solo .para
infundir terror : de suerte , que pareze nada
ansiar mas .para si , que el que le odien , con
tal que le teman:'— Pues castiga con penas se-
verisimas i desmesuradas , aun aquellas ^^osas
tan leves^que casino merezen reprensión alguna:
como se comprobará con lossiguientesejemplos.
El Obispo Tarraconense , Inquisidor Mayor
en Sevilla , de cuya santidad ya bizimos antes
merezida mención; con estas alegres cosas, que
* Es un dicho de Tiberio.— Odenn/, áum mctuant.
20SÍ
entonzes pasaban , de este modo , en la Iglesia
^ostumbraba pasearse i solazarse : i salió un
verano a * divertirse, según tenia de costumbre, ^91
a los amenos huertos de la ribera del Betis ,
con toda la comitiva inquisitoria i con un apa-
rato verdaderamente episcopal. En el huerto
donde a la sazón se daba a plazer el señor Obis-
po estaba por casualidad sentado jugando a la
orilla de un estanque y un hijo del hortelano ,
de dos a tres anos.
Habiendo uno de los pajezicos del señor In-
quisidor quitado al hortelanillo, la caña con que
jugaba, le hizo llorar. Elhortelano, oyendo llo-
rar a su hijo, acude al instante, i sabida la cau-
sa de su llanto , se enoja con el fámulo inquisi-
torio , i le pide , que restituya la caña a su hi-
jo : pero no obedéziendo aquel, i desprezíando
con insolenzia al rústico, este le arrebata de la
mano la caña , mientras el fámulo inquisito-
rio , apretando , procura retenerla, i se lastima
un si es no es la mano , con el filo de una asti-
lla de la caña. No era mortal la herida , ni ha-
bía mutilazion de miembro alguno , que debie-
se castigarse con una pena mas severa , sino
una espezie de rasguñadura en la piel, como la
que podia causar el filo de una caña quebrada»
2f0
herida , verdaderamente pueril. Preséntase el
paje Inquisitorio a su amo, que no lejos de allí
se paseaba , a a quejarse de la berída : manda
el Inquisidor prender al hortelano i q.ue le lle-
ven al alcázar inquisitorio , en donde le tuvo
sujeto con unos grillos mui pesados , por ente-
ros nueve * meses sufriendo en sus haberes ,
ya^ sin eso,bien cortos, una pérdida no fazil de
reparar a un hombre pobre como él , murién-
dose , acaso , entre tanto de hambre , sus hijog
í mujer , i todo , por no haber cedido al paje
inquisitorio como a un miembro del Santo Tri-
bunal. Por fin , al cabo de nueve meses le suel-
tan , pensando haber usado con él de mayor
clemenzia , que la que su culpa merezia.
Vivia en Sevilla , un hombre pobre , que ga-
naba , con su sudor , el cotidiano sustento , pa-
ra él i para su familia , al cual un cierto cléri-
go , le tenia la mujer, que le habia quitado vio-
lentamente , sin que , 'entretanto , ni por la in-
quisizion, ni por la autoridad de otro tribunal ,■
se vindicase tan atroz injuria. Hallándose este
pobre , entre otros de su misma condizion ,
azertaron a hablar del purgatorio, i dijo aquel, 6
a El Oiij.— qu«8tum-por-9ttesttMn.
b El Orij.— «Ipse rusticana potios siraplicitate quám ccrto ctnu-
silio.»^I puede q. d.-con mas «eadllez, que cordura. -
211
«on rústica senziUei mas bien , que con deter-
minada deliberazion, que, por su parte, bastan-
te purgatorio tenia , en que un grandísimo bri-
bón le hubiese violentamente separado de su
mujer, etc. Llegó esta conversazion , a oidos
del buen clérigo , i le presentó ocasión de du-
plicar la injuria en el pebre , i le acusó a los
inquisidores , de no creer en el Purgatorio.
Este pecado del pobre , le parezió al Santo
tribunal mas digno de castigarse por la autori-
dad inquisitoria ; * que el delito del clérigo. I 195
asi , solo por aquella palabrilla , prenden al
infeliz , le sepultan en las prisiones inquisito-
rias durante dos enteros anos , i después de
sacarle en triuni'o , le condenan a llevar un
Sambenito , por tres años , que ha de pasar en
una carzel particular , quedando , después de
cumplido el tiempo , a arbitrio de los señores
inquisidores , el dejarle libro , o el detenerle
aun kn la carzel. Ni se perdonó tampoco a sus
bienei^ , aunque pobre , sino que de la misma
suerte que cedió la mujer al clérigo ; cedió al
Fisco Inquisitorio , después de tan larga pri-
sión , cuanto de su escasísima fortuna le que*
daba. I esta es, aquella inquisizion de España ,
que tan animosamente defiende la fé de Cristo,
212
purga la relíjion de herejías , i castiga a lo»
herejes.
Vim en la ciudad de Cádiz cierto estranjeror
pero que estaba inorando ya en Espafta hazía
yeinte años , el cual , llevado de la común su-
perstizion , habitaba en el yermo una ermita
por devozion. Habiendo oido éste , en su ermí-
ta , el cautiverio de la muchedumbre , que los
inquisidores prendian todos los dias en Sevilla,
por causa de las herejías , que llamaban Lute-
ranas : habiendo también llegado a su notizía el
decreto de los inquisidores , que mandaba , so-
194 P^Q^ ^® aquellos * fantasmas de escomuniones ,
que todo lo que uno supiese , azerca de aque-
llas cosas, o bien de otros, o bien de sr mismo ,
lo manifestase cuanto antes a la Inquisizion :
puesto que , los señores Inquisidores , solían
usar de singular misericordia con aquellos, que
a si propios se descubrían ; el ermitaño mas
estúpido que simple , viene a Sevilla , se pre-
senta a los Inquisidores, i se delata a si mismo.
Consistía su pecado en que estando veinte años
hazía en Jénova, i habiendo oido a un * herma-
no suyo disputar sobre aquellas materias , »
* El Orij.— fratrem quendam suum etc.— Puede tambicD, por
acaso, q. d.-a un cierto fraile italiano, fonando la voz-fratrem^
saber , sobro la justificación del iioiubre por la
fé en Cristo , sobre el Purgatorio , i otras co-
sas de este jaez , le habian parezido no mal ,
aunque después nunca se hubiese acordado de
ellas ( se entiende el piadoso ermitafio ) : que
él , por lo tanto , había ido a acusarse de su
pecado , i a pedir misericordia.
Rezibida esta confesión , los señores inqui-
sidores ( quizá para que con este aditamento se
aumentase el número de los cautivos ) , man-
dan sepultar a su ermitaño, en la carzel, i des-
pués de pasados allí muchos dias , le sacan en
triunfo , i le sentenzian a llevar un Sambenito,
a tres meses de carzel , i a la confiscación de su
eremítica hazienda , pues no se avergüenzan
los señores inquisidores de sacar al público *
tan chistosas farsas , ni de castigarlas, aun en
los suyos , con tanta severidad
* En aquel mismo triunfo , sacaron también 195
a un honrrado vezino de Sevilla , sin capa ni
sombrero , con una vela de cera en la mano , i
ademas con cien ducados menos en el bolsillo ,
por supuesto, para las costas del Santo Tribu-
nal , después de pasar un año en la carzel In-
* El Orij.— eiusmodi facetas osenias.
-l\í
siloriii , solu [Hir <|ue i^ le averiguo iiabcr di-
cliu , i)ue loB eicesivos gaütoa que suelen pro-
digarse a el Jueves Santo en lev^utar a Cristo ,
euando ya vive cu los cielos , aquellas santoo-
' sisimas iDules tle papel i telas , que , con abuso
del vocablo, llaman monumentos; i lo mismo ,
los que Bc disipan en la fiesta del pan , que lla-
man del Corpus Criti ( pues en Sevilla son pro-
dijiosamente desmesurados ] , serian masazep-
tos a Dios , si se tiivirtíesen en los pobres . o
en casar pobres i liucrfanas áonzellas, con bom-
bres honrrados. Este dicho merezió la censura i
pena inquisitoria , que dijimos , i su autor
liubo de abjurar de cosa grave [de vehementij,-
como sospeclioso de Luteranismo.
Sacaron, en el mismo triunfo , a otro pobre,
que teniendo enemistad con cierto clérigo b de
Ecija, ciudad do Andalucía , dijo de él, delante
de otros , que no podia creer , que Dios b>gase
a las manos de aquel perversísimo adúltero. El
196 Vicario del Ordinario * le Itabia ya castigado en-
tonzes por aquel dicbo; pero el clérigo, no con-
tento con esa venganza , le demandó después .
por blasfemo , anie el Inquisitorio Tribunal de
n El OriJ.— die Hogni Joiis, Dp«ri>Huhiris illis mslilius |>t-
b Aallgilx urbis Iklhloíé:— el Orii-
JL
215
Sevilla: sin que la pena primera del Ordinario,
obstase a que segunda vez fuese castigado ,
prendiéndole por orden de los inquisidores ,
enzerrándole en la cárzel durante un auo , i
sacándole, por fin, al triunfo, sin capa ni som-
brero , llevando una vela de cera en la mano , i
una mordaza en la boca : en castigo , sin duda,
de su blasfemia : hubo de abjurar de cosa leve
[de levi].
Aumentaron la prozesion, de los que sacaron
en aquel triunfo, dos jóvenes estudiosos : el
uno, por * haber puesto en su libro de memo-
Ha , unos versos de autor incierto, compuestos
con tal artiíizio , que unas mismas palabras po-
dían interpretarse en suma alabanza, o en vitu-
perio de Luiero. Al tal , por esta razón sola-
mente , después de un año entero de cárzel , le
sacaron en triunfo , sin capa ni sombrero , con
una vela de cera, imponiéndole ademas la pena
de destierro por tres años de Sevilla i sus con-
tornos i la abjurazion de cosa leve (de levi). El
otro , por haber copiado los mismos versos ,
por su injenioso artifízio , esperimentó la misr
ma censura , conmutándole solo el destierro ,
* El orij. — ^in albo suo reposuisset.
2U\
on den iIiifhiIuií <le inulta , para gastos del Sail-
tü Tribunal.
No neria dilizil , llenar todo el libro de se-
197 mejanles ejemplos de maniBesta * tiranía . sido
creyésemoi, que bastan los puestos, para picar
los oídos de loB hombres , i hazer , que vuelvan'
sus ojos i BU aleniion , a los muchos nuevos , i
auu mas estrados , gue de si mismo , ofreze co-
tidiauameote el Santu Tribunal: con los cuales,
claramente da a conozer , qué espíritu Santo *
le rija í iKrija en titdos sus acziones : qué -es lo
<|ue, al cabo, en ellas pretende; i con qué raion
le cuadre el nombre de Santo Tribunal , í a los
laquisidorea el de l'adres de la fé , con elcuali
hasta ahora , amedrentaron los ánimos de los
hombres. Ni será ya difizil a cualquiera, adiví-
iiai' , si se aumenU i propaga por estos medios
la piedad Cristiana, el conozimienlo í culto del
verdadero Dios , i el Reino de Cristo , para
lodos los buenos sumamente apetezible ; o ,
si mas bien se destruye , disipa t aniquila ,
aumentando t propagando sin limites el reino
de Satanás , que se afirma en la mentira , se
aumenta con fraudes i engaños, se conserva ccm^
' El Orij.— regatar . le dirlgtrnr (le.
217
la crueldad , i con latrozinios i parrizidios con-
tra los justos.
* ELOJIOS DE ALGUNOS PÍOS MÁRTIRES ^^^
DE CRISTO , QUE SUFRIERO!^ LA MUERTE EN UN SU-
^LIZIO CON CRISTIANA GONSTANZIA , POR LA CON-
FESIÓN DEL BTANJELIO ; I FUERON DESPUÉS , POR
LAS ARTERIAS DE LOS INQUISIDORES , CON LA NOTA
■DE PERFIDIA I DEFECZION , INFAMADOS.
N
O se dan los Inquisidores por plenamente sa-
tisfechos , con la muerte inhumana , de los que
despreziando su crueldad , confesaron constan-
tes a Cristo , ante el tribunal de ellos mismos ;
si ademas no procuran, valiéndose de todas sus
artes , i con toda su fuerza , quitarles también
la vida del alma, ja que por esa misma fé, vive
en ellos Cristo , de quien, viviendo i muriendo,
dieron ilustre testimonio. Pero cuando ven frus-
trados i fallidos todos sus esfuerzos , por soste-
ner Cristo a los suyos con su mano poderosa, de
la que, según el mismo dize, nadie los arrancará
nunca ; * les quitan , por último, lo que pue- 199
den ; a saber , el buen nombre de su gloriosa
constanzia , esparziendo falsos rumores , des-
puen át su muiTk , i aun en el mismo cadalso,
antes üi' aplicarles loa bü|iI¡zÍob para ellos desti-
nados; diziendo, <juc aburridos de la verdad
<|iic profi-saroD , volvicroD a la mentira i tinie-
blas de la Iglesia Ilvmana.
* Es éste un doble artifizio de SalanáB, i una
prueba clara de la asisteniia de su espirita .
cjue en el Santo Ofitio reside , por cuyo medio ,
DO solo priva a los piadosos inárüres, de la ala-
banza debida a su coostanzia, sino que también,
defrauda a la iglesia de Cristo , del ejemplo i
contento, que de otra suerte, en virtud de
aquella gozaría. I, supuesto es cosa averíguada,
que en algunos de los que llaman autos de Fé
hizierou eso mismo los l'adres, con mucbos , de
cuya fortaleza i co asta nzia permitió Dios noscer-
ciorasemos ; couTÍenu sobre todo , dar a luzeste
tratado, aüadiendole por vía de apéndize al ante-
rior; para que se restituya a los mismos piadosos
mártires la bonrra i crédito que en la Iglesia por
su conslanzia se les deben, se cumpla a la misma
Iglesia BU alegría, i se salven los tales ejemplos ,
]iara gloi'ia de Dios i edificazion de aquella , i
jiara baldón eterno del santo tribunal.
l 0: una obra de dol|le nalurnlria . puei el Oi
219
JUAN PONCE DE LEÓN. 200
1
In el primer auto de fé , que se celebró en
:Sevilla el 24 de Setiembre del año 1559 contra
Jos Luteranos , defensores de la pia doctrina ;
•sacaron en triunfo a Juan Ponce de León , hijo
de Rodrigo Ponce de León , Conde de Bailen ,
hombre de esclarezido linaje, sobremanera ins-
truido en el Evanjelio de Cristo, i en la práctica
de él, ya de muchos años ejerzitadisimo, según
^nos consta , por la antigua i estrechísima amis-
tad que a él nos unía : nezesitaria , al parezer ,
«n todas ocasiones de este nuestro testimonio ,
por otra parte , veraz i fiel ante Dios ; si no
atestiguase esto mismo , el | úblico consenti-
miento de cuantos conozieron a aquel hombre,
o de cualquier modo observaron en algún asun-
Xo sus piadosas costumbres.
Pues como en él respiandeziesen todas las
virtudes dignas de la profesión Cristiana , ver-
dadera , no fínjida ; era tan singular la caridad
que ázia sus infelizes i nezesitados * hermanos 201
abrigaba en su alma aquel piadosísimo varón ,
que dueño de un opulento patrimonio con que
Imbiera podido comotlamente guardar i maute-
UKT el esplendor de su linaje ; vino a redazirae
a lina pobreza extrema , aunque para él no in<
grala. Incurrió por ello en los juizios de loB
hombres , que , como ciegos i prepósteros ,
asi también son inicuos ; i que por lo regalar
atribuyen Un raros ejemplos de piedad , a de-
sidia , o a censurable profusión.
Mas cuando ( por Té , sin duda ) , títíó de tal
suerte, que nadie se quejase nunca de él , nadie
Gonzibiese la mas minima sospecha de nn indig-
no ejemplo en él; i que muchos , en sus nezesi-
dades , esperimenlaron realmente su bondad ;
se infiere , que aquella durísima , i por todos
reconozida pobreza , que a juizío de todos llevó
coa tal resignazion de iinímo, que apenas la hu-
bieran tenido igual , para sobrellevar una me-
diana fortuna, otros de condizion mas humilde;
debe ser un argumento , de su rara , i de nin-
gún modo * finjida , piedad.
Este , pues , preso a causa de) Evanjelio por
los Inquisidores , según el galardón que da el
mundo a la piedad , después de haber defendi-
do animosamente en la cárzel , durante algunos
221
meses la vetdad coiHra las impías mentiras :
bien fuese conmovido por la gravedad de los
tormentos o por blandas promesas de salud ^
dobló su fé , basta entonzes * inespugnable,i se 202
abandonó torpem'^nte ala obedienzia de la igle*
sia Romana. Arrastráronle a tan fea defeczion>
los consejos i el artifízio de cierto Mosca pesti^
lente , que del modo susodicho , i bajo nombre
de preso , con él enzerraron. Este, como hom-
bre a de letras i taimado insigne , mas con en-
gañosas persuasiones i promesas , que con la
fuerza de sus argumentos , hizo vazilar la fé de
aquel hombre , por lo demás , relijíosisimo. 6
^Pero , si en tan torpe caida le permitió el Se-
ñor tocar como con las manos , la frajilidad de
la humana naturaleza ; acordándose , segura-
mente , de su palabra=«Nadie arrebatará de mí
mano mis ovejas=» ; no desamparó a su c ove-
jilla por mas tiempo, sino que la levantó, de tan
feamente caida í postrada que estaba, i la resti-
tuyó, con su poder, a mayor firmeza i constan-
zia que antes. En aquella noche que antezedió
al día de su suplizio d (puesto que en tal hora ,
a «homo litératus et iosignis veterator*— El Orij.
b El Ory.— piissimi alioqui hominis fldem labefactayil.
c El OriJ.— oTÍculam suam.
d El OrQ.— («siquidem ea hora res non agUur silentio»).
Q
i
nada se oculta), de&ndió animosamente la ver-
dad de su profesión contra el clerizonte confe-
sor , en presenzia de varios presos i minislros
inquisitorios.
Preguntado por el Sazerdotazo, si queria usar
de la sagrada confesión , (pues la despreziaba ,
desechando , i aun reprendiendo , al sazerdota-
zo] , siendo asi que antes que le prendiesen
203 habia usado muchas vezes de ella ; * respondió:
que aquello , lo hahía hecho , por respeto a la
debilidad de sus hermanos , a quienes , no su-
ponía aun tan adelantados , que pudiesen ver
aquella libertad sin escandalizarse. Pero que ,
entretanto , se habia valido de un confesor tal ,
que el confesarse con él , mas bien podia lla-
marse conferenzia azerca de la verdadera pie-
dad , que no confesión ; pero que ya , no era
mas nezesaria aquella toleranzia.
En su sentenzia, fueron leidos en público Io&
fiiguientes artículos , entreoíros, por cuya can.
sa prinzipalmente le condenaban a la hoguera.
Haber tenido horror a la idolalria cometida en
la adorazion del pan : que , por lo tanto , si
alguna vez encontraba el viático , coando le
llevaban en pompa a casa de los enfermos ,
acostumbraba, o bien echar por otra calle apre-
223
surando el paso , o adelantarle , para no verse
obligado a rendirle culto alguno de adorazion.
Que muchas vezes , habiendo entrado en la ca-
tedral , por no ver al a sacrificulo alzar en sus
manos la hostia , le había vuelto la espalda.
Que amenudo se dirijia por pasear b al sitio
donde solían quemar a los justos , por la con-
fesión de la verdad , i frecuentaba aquel lugar,
repitiendo los paseos , para que con la asidua
meditazion , asi del suplizio , como prinzipal-
mente de la fiel i gloriosa confesión , que allí
dieron los buenos , a Cristo , arrancándosela
el mundo a fuerza de crueldades , perdiese el
miedo al suplizio , * como que algún dia había 204
de ser llamado a él, i se endureziese, a pesar de
la humana molizíe, para sufrirlo con fortaleza,
ítem mas : que cuando llegaba el dia señalado
para partizipar según costumbre del pan c Mí-
sático, mandaba fuera, a otra parte, a sus cria-
dos ; i cuando éstos volvían , aparentaba haber
ya comulgado, porque no se escandalizasen con
su libertad.
a El org.— sacriflcuU.— I como sacrt/ScuIíw, s¡gDiflca-~saier-
dote superstifloso , o de falsos cultos, lo mejor es dejar la toz.
b El Orij.— ad basim. — Alude , creo , a lo que llamaban en
Se^Ua.— el Campo de Tablada.
€ El Or^.— pañi missatico.— etc. i luego : — ablegasse alió a
se fámulos.
222
nada se oculta), defendió animosamente la ver-
dad de su profesión contra el clerizonte confe-
sor , en presenzia de varios presos i ministros
inquisitorios.
Preguntado por el Sazerdotazo, si queria usar
de la sagrada confesión , (pues la despreziaba ,
desechando , i aun reprendiendo , al sazerdota-
zo) , siendo asi que antes que le prendiesen
203 babia usado muchas vezes de ella ; * respondió:
que aquello , lo habia hecho , por respeto a la
debilidad de sus hermanos , a quienes » no su-
ponia aun tan adelantados , que pudiesen ver
aquella libertad sin escandalizarse. Pero que ,
entretanto , se habia valido de un confesor tal ,
que el confesarse con él , mas bien podia lla-
marse conferenzia azerca de la verdadera pie-
dad , que no confesión : pero que ya , no era
mas nezesaria aquella toleranzia.
En susentenzia» fueron leidos en público los
siguientes artículos , entre otros, por cuya cau.
sa prinzipalmente le condenaban a la hoguera.
Haber tenido horror a la idolatría cometida en
la adorazion del pan : que , por lo tanto , si
alguna vez encontraba el viático , cuando le
llevaban en pompa a casa de los enfermos ,
acostumbraba, o bien echar por otra calle apre-
222
nada se oculta], defendió animosamente la ver-
dad de su profesión contra el clerizonte confe-
sor , en presenzia de varios presos i ministros
inquisilorios.
Preguntado por el Sazerdotazo, si queria usar
de la sagrada confesión , (pues la despreziaba ,
desechando , i aun reprendiendo , al sazerdota-
zo) , siendo asi que antes que le prendiesen
203 babia usado muchas vezes de ella ; * respondió:
que aquello , lo babia hecho , por respeto a la
debilidad de sus hermanos , a quienes , no su-
ponia aun tan adelantados » que pudiesen ver
aquella libertad sin escandalizarse. Pero que ,
entretanto , se babia valido de un confesor tal ,
que el confesarse con él , mas bien podia lla-
marse conferenzia azerca de la verdadera pie-
dad , que no confesión : pero que ya , no era
mas nezesaria aquella toleranzia.
En susentenzia, fueron leidos en público los
siguientes artículos , entre otros, por cuya cau.
sa prinzipalmente le condenaban a la hoguera.
Haber tenido horror a la idolatria cometida en
la adorazion del pan : que , por lo tanto , si
alguna vez encontraba el viático , cuando le
llevaban en pompa a casa de los enfermos ,
acostumbraba, o bien echar por otra calle apre-
223
surando el paso , o adelantarle , para no verse
obligado a rendirle culto alguno de adorazion.
Que muchas vezes , habiendo entrado en la ca-
tedral , por no ver al a sacrificulo alzar en sus
manos la hostia , le había vuelto la espalda.
Que amenudo se dirijia por pasear b al sitio
donde solían quemar a los justos , por la con-
fesión de la verdad , i frecuentaba aquel lugar,
repitiendo los paseos , para que con la asidua
medítazion , asi del suplizio , como prinzipal-
mente de la fiel i gloriosa confesión , que allí
dieron los buenos , a Cristo , arrancándosela
el mundo a fuerza de crueldades , perdiese el
miedo al suplizio , * como que algún dia había 204
de ser llamado a él, i se endureziese, a pesar de
la humana molizíe, para sufrirlo con fortaleza,
ítem mas : que cuando llegaba el dia señalado
para partizipar según costumbre del pan c Mí-
sático, mandaba fuera, a otra parte, a sus cria-
dos ; i cuando éstos volvían , aparentaba haber
ya comulgado, porque no se escandalizasen con
su libertad.
a El org.— sacriflcuU.— I como sacrt/ScuIíw, signiflca-^saier-
dote superstizioso , o de falsos cultos, lo mejor es dejar la voz.
b El Orij.— ad basim.— Alude , creo , a lo que llamaban en
Sepila.— el Campo de Tablada.
<c El Oríj.— pañi missatico.— etc. i luego : — ablegasse alió a
se fámulos.
N
222
nada se oculta), defendió aniínosamente la ver-
dad de su profesión contra el clerizonte confe-
sor , en presenzia de varios presos i ministros
inquisitorios.
Preguntado por el Sazerdotazo, si quería usar
de la sagrada confesión , (pues la despreziaba ,
desechando , i aun reprendiendo , al sazerdota-
zo) , siendo asi que antes que le prendiesen
203 habia usado muchas vezes de ella ; * respondió:
que aquello , lo habia hecho , por respeto a la
debilidad de sus hermanos , a quienes , no su-
ponía aun tan adelantados , que pudiesen ver
aquella libertad sin escandalizarse. Pero que ,
entretanto , se habia valido de un confesor tal ,
que el confesarse con él , mas bien podia lla-
marse conferenzia azerca de la verdadera pie-
dad , que no confesión : pero que ya , no era
mas nezesaria aquella toleranzia.
En susentenzia, fueron leidos en público los
siguientes artículos , entre otros, por cuya cau.
sa prínzípalmente le condenaban a la hoguera.
Haber tenido horror a la idolatría cometida en
la adorazion del pan : que , por lo tanto , si
alguna vez encontraba el viático , cuando le
llevaban en pompa a casa de los enfermos ,
acostumbraba, o bien echar por otra calle apre-
223
surando el paso , o adelantarle , para no verse
obligado a rendirle culto alguno de adorazion.
Que muchas vezes , habiendo entrado en la ca-
tedral , por no ver al a sacrificulo alzar en sus
manos la hostia , le habia vuelto la espalda.
Que amenudo se dirijia por pasear b al sitio
donde solían quemar a los justos , por la con-
fesión de la verdad , i frecuentaba aquel lugar,
repitiendo los paseos , para que con la asidua
meditazion , asi del suplizio , como prinzipal-
mente de la fiel i gloriosa confesión , que alli
dieron los buenos , a Cristo , arrancándosela
el mundo a fuerza de crueldades , perdiese el
miedo al suplizio , * como que algún día habia 204
de ser llamado a él, i se endureziese, a pesar de
la humana molizie, para sufrirlo con fortaleza,
ítem mas : que cuando llegaba el dia señalado
para partizipar según costumbre del pan c Mi-
sático, mandaba fuera, a otra parte, a sus cria-
dos ; i cuando éstos volvían , aparentaba haber
ya comulgado, porque no se escandalizasen con
su libertad.
a El org.— sacrificuti.— I como saari/iculus, sigDiflca-~saier-
dote superstizioso , o de falsos cultos, lo mejor es dejar la voz.
b El Orij.— ad basim.— Alttde , creo , a lo que llamaban en
SeTilla.— el Campo de Tablada.
« El Orij.— pañi missatico.— ete. i luego : — ablegasse alió a
se fámulos.
K
nada se oculta), defondió animosamente la ver-
dad de su profesión contra el clerizonte confe-
sor , en presentía de varios presos i ministros
inquisitorios.
Preguntado por el Sazerdotazo, si qneria usar
de la sagrada confesión , (pues la despreiiaba .
desechando , i aun reprendiendo , al sazerdota-
io) , siendo asi que antes que le prendiesen
205 habia usado muchas vezes de ella ; * respondió:
que aquello , lo habia hecho , por respeto a la
debilidad de sus hermanos , a quienes , da sn-
pouia aun tan adelantados , que pudiesen ver
aquella libertad sin escandalizarse. Pero que ,
entretanto , se habia valido de un confesor tal ,
que el confesarse con él , mas bien podía lla-
marse conferenzia azerca de la verdadera pie-
dad , que no confesión : pero que ya , no era
mas nezesaria aquella toleranzia.
En su sentenzía, fueron leídos en público tos
«guientes artículos , entreoíros, por cuya cao.
sa prinzipalmente le condenaban a la hoguera.
Haber tenido horror a la idolatría cometida en
la adorazion del pan ; que , por lo tanto , si
alguna vez encontraba el viático , cuando le
llevaban en pompa a casa de los enfermos ,
acostumbraba, o bien echar por otra calle apre-
225
surando el paso , o adebntarle , para no verse
obligado a rendirle culto alguno de adorazion.
Que muchas vezes , habiendo entrado en la ca-
tedral , por no ver al a sacrificulo alzar en sus
manos la hostia , le habla vuelto la espalda.
Que amenudo se dirijia por pasear b al sitio
donde solían quemar a los justos , por la con-
fesión de la verdad , i frecuentaba aquel lugar,
repitiendo los paseos , para que con la asidua
meditazion , asi del suplizio , como prinzipal-
mente de la fiel i gloriosa confesión , que alli
dieron los buenos , a Cristo , arrancándosela
el mundo a fuerza de crueldades , perdiese el
miedo al suplizio , * como que algún dia habia 204
de ser llamado a él, i se endureziese, a pesar de
la humana molizie, para sufrirlo con fortaleza,
ítem mas : que cuando llegaba el dia señalado
para partizipar según costumbre del pan c Mi-
sático, mandaba fuera, a otra parte, a sus cria-
dos ; i cuando éstos volvían , aparentaba haber
ya comulgado, porque no se escandalizasen con
su libertad.
a El org.— sacriflcuti.— I como iadrificulus, sigDiflca--saier-
dote superetizioso , o de falsos cultos, lo mejor es dejar la toz.
b El Orij.— ad basim. — Alttde , creo , a lo que llamaban en
Se^Ua.— el Campo de Tablada.
<c El Orij.— pañi missatico.— etc. i luego : — ablegasse alió a
se fámulos.
224
El complemento de su confesión fué : que la
JustiOcazion del hombre , consistía en el solo
mérito de Cristo , i en la sola fé en El. Qae no
habia otro Purgatorio. Que las Induljenzias i
Bulas del Papa eran meramente * bolas. Que el
Papa Romano era el mismísimo antecristo etc.
.Que hasta entonzes, habia ardido en el deseo de
que alguna Tez le aconteziese ser quemado , o
sufrir cualquier otro suplizio , por esta verdad
que confesaba. Que , con ningún otro fin había
deseado las riquezas , sino para gastarlas en la
defensa i propagazion de la misma doctrina, en
cuya confesión pedia a Dios , todos los dias fer-
vorosamente , que les conzediese morir tam-
bién , a su mujer i a sus hijos.
Procuró el Santo Tribunal corromper el mé-
rito de esta ilustre confesión valiéndose de los
rumores , que artifiziosa i malignamente espar-
zió entre el vulgo » de aquel tropiezo que vino
a interrumpir el perenne curso de su piedad.
205 Mas , por * iguales medios i por los mismos
brevísimos argumentos refutaremos cumplida-
mente aquellos rumores ; por cuanto en los
* ampollas, o-bnrb^jas^que se basen en el agua. Pero se tn-
dnse asi, por dejar el juego de palabras latino '.—Bullas Papa ,
ñeras esse bullas.
225
ejempiares de aquella narrazion, que azerca de
aquel auto de fé , hizieron publicar ellos mis-
mos , atendiendo a lo que su instituto les sujie-
re , con menos cautela de lo que suelen , reve-
laron imprudentes la verdad del caso en las si-
guientes palabras (que constan] en las que qui-
sieron comprender los crímenes i el suplizio de
aquel varón excelente. Son estas : «Juan Ponce
de León quemado por hereje Luterano PERTI-
NAZ.» Esa a sola palabrita manifiesta bastante
el fraude de los Inquisidores , a los .que duden
de la constanzia de aquel hombre ; a nosotros ,
nos basta sobradamente el conozímíento de su
antepasada vida , pues teníamos esperimenta-
disima su piedad , de la cual muchos fueron b
testigos presenziales.
* JUAN GONZÁLEZ EL PREDICADOR: 206
S
acarón también en el mismo triunfo a cierto
predicador , c del orden de los clérigos , hom-
bre de purísimas costumbres , sumamente
a unicum illud verbulum-El Orij.
b El Orjj.-permulti fuerunt inspectores.
c El Orij.-ex clericorum ordine mioime cIericus,-¿C6ino se
traduze minime clericus?
docto eu lai» sagradas letras , i que babia , eif
ellas solo , bebido la verdadera piedad » dejan^
do a un lado el cieno de la sofistica teolojía, e»
el cual habia antes perdido un no mediano ira-*
bajo. Ya hazia algunos años , que parezia haber
tomado espresamente por tema de todos sus
sermones » el imprimir en el ánimo de las jen-
tes con asidua ¡ no vana importunidad , la ver-
dadera doctrina de la justíficazion , que consis-
te solo en la fé en Cristo , desechando entera-
mente cualesquiera méritos humanos. Llamá-
base Juan González. A semejante propósito, no
pudo faltarle el suzeso que tuvo.
Asi , la confesión de este fué , según declara-
zion de los mismos Inquisidores , igual a la del
ya menzionado Juan Ponce , para que , los que
habian antes sido amigos i compañeros . se
uniesen también en la confesión * de su fé , i
en el último suplizio. En la noche , de la paras-
ceve, o preparazion de su tránsito, disputó tam-
207 bien empeñadamente con sus confesores * , a
los que , después de grandes vozes por una i
otra parte , despachó , cargados de vergüenza.
Mostró una singular fortaleza i constanzia de
* El org.-8cerrime quoqud disputaTÍt quoa et remisit po9
longos utrinque clamores padore sufTasos.
227
ánimo , cuando le llevaron desde el fuerte de
Triana al cadalso , hasta su triunfo , acompa-
ñado de dos hermanas suyas a carnales , a
i^uienes tocó igual suerte , i dejando en la car-
zel a su madre i a dos hermanos, de los cuales,
aquella , i uno de éstos , fueron después que-
mados en el auto siguiente.
Fuera ya del umbral del alcázar , i a la vis-
ta de todo el pueblo , a quien tantas vezes ha-
bia predicado sobre la buena doctrina , empezó
a rezitar en alta voe el Salmo b 109 (Deus lau-
dem meam ne tacueris ) «Dios , no calles mi
alabanza : » dedicando , sin duda , aquellas
imprecaziones a tan pésimo linaje de hipócri-
tas. Mantuvo el mismo semblante en el cadalso,
aun deápues de ponerle una mordaza de made-
ra en la boca, porque mas libremente i con cla-
ras palabras consolaba i exortaba , a tener
constanzia a una de sus hermanas , que sabia
era mas flaca por naturaleza.
Después de escuchar atentamente la senten-
zia «que le condenaba a la hoguera , sin aba-
tirse en el animo , ni en el semblante , sufrió
a El Oríj.-duobus germanis sororibiis.
h El Orij.-por errata 106- : que es el 109 en el hebr. i el lOB
en la Válgala, que traduzemal. Debió dezír. |0, Dios de mi ala-
banza, no estes callando.
228
208 la * consabida solemnísinia degradazioir, í re^
zibió las vestiduras, i las insignias de su confe-
sión , ignominiosas en verdad a los ojos de los
hombres, pero llenas de honrra i gloria . a lo»
ojos de Dios r que las mira , i de los ánjeles : es-
dezir , despojado de * aquellas impías misáticas-
vestiduras , dignas de la misma hoguera , rezi-
bió el manto , la soga i la tiara de papel.
Cuando llegó la tarde en que los habían de
quemar , Uévanlos a! lugar del suplizio i les
mandan rezar el símbolo de la fé , en lo cual
ninguno titubeó: pero cuando llegaron a dezir^
«Creo en la santa Iglesia , » les mandan añadir
— Romana, — i aqui , todos unánimes , se pa-
raron. Has , como quiera que los clérigos i
frailes que alli hazian las vezes del antecristo ,
importunasen a las hermanas de Juan Gonzá-
lez , i a otras piadosas mujeres condenadas ya
a la hoguera , para que afiadiesen la palabra
Romana , ellas respondieron , que harían lo
que hiziese Juan González. No, porque ignora-
sen lo que habían de dezir o lo que haría Juaa
González , sino , para que en tal coyuntura ^
desembarazasen su lengua de la apretada mor-
* El o.— impiis illis ac'ipso ineendio dignis mitaaticis vestiUus..
Alude a la casulla, estola, alba, amito» etc.
22(1
daza , í asi le fuese dado hazer una confesión
manifiesta de su fé , azerca de aquel artículo ,
i mas en aquella sazón.
a Libre , pues , de la mordaza * de madera , ^09
el piadoso maestro, repuso, que tuviesen ánimo,
i que nada mas habia que añadir. Con esta úl-
tima confesión , inmediatamente , delante de
la encendida hoguera , b les dieron a todos gar-
rote , i al punto empezaron a gritar que habían
añadido la palabra Romana , según les habían
ellos pedido, i que por lo tanto , habian muerto
en la confesión de la Iglesia Romana.
* CUATRO MUJERES SEVILLANAS. 210
kJobresalian, por la singular pureza i santidad
de vida , entre los que , de mas antiguo , pro-
fesaban la piedad en aquella piísima Iglesia de
Sevilla , consumida , ya casi toda , por el fuego
inquisitorio ; cuatro mujeres , llamadas, Isabel
Baena, María Yirues, María c Coronel , i María
Bohorques , que era la mas joven de las cuatro,
a El 0.— Solutts— que debia dezir; sotatus;— e. e. &wUa ya
su boca por haberle quitado la mordaza.
b El 0.— festinató golam fregerunt.
c 0 Cornel— IssabeUa Vaenia , María Viroesia , Cornelia, el
bis tribus setate iunior Boborquia, etc. Asi el oríj.
230
pues apenas había cumplido los veintiún aftos.
IVro , aunque iguales en piedad, sin embargo,
en cuanlo a la erudizion verdaderamente pro-
dijiosa en una a donzelluela , que en las sagra-
das letras habia adquirido, con la continua lec-
ción i meditazion, i trato frecuente con los pia-
dosos i doctos varones de que, en aquel tiempo,
abundaba la ciudad de Sevilla , i sobre lodo t
con el ejerzizio misino de la piedad ; no solo se
la podia juzgar superior a sus compañeras, sino
también a varios de los mas doctos de naeslros
maestros , a quienes r durante su permanenzia
en la cárzel , llenó muchas vezes de gran ver-
güenza , según ellos mismos atestiguaron.
La casa de la primera, esto es , de laBaena ,.
211 fué * escuela de constante piedad, i sagrado asi-
lo donde se tenia n santas reuniones, i donde
resonaban de día i de noche perpetuas alaban-
zas de su Dios i de su Cristo. Nada se veia allí
de profano , b nada tampoco , que se encamina*
se a ostentar santa devozion ; llenábalo todo ,
una sólida i verdadera piedad. Alcanzó, por fin
hasta allí , la red Inquisitoria i cojió , de un so-
lo lanze , aquellas cuatro mujeres, con algunas
a E\ O.— ia Tiifuncula plañe prodigiosa.
h El 0.— nihil etiam ad satíctimoDÍae ostentatioaeíA.
231
otras de las cercanias , por juzgarlas Dios , sin
duda, ya dispuestas, para una ilustre couresiou
de su nombre. Debió la donzella Bohorques tan
grandes adelantos , i erudizion en las sagradas
letras , a su mediano conozimiento de la lengua
latina , en virtud del cual , en medio de aquella
cruel tiranía sobre las conzienzias, que prohibe
al pueblo leer en lengua vulgar la Sagrada Es-
critura , podía al menos aprovecharse a su pla-
zer de la versión latina.
El Doctor Ejidio, a quien por su esquisita pie-
dad i erudizion, tenia por maestro, solia dezir de
ella, quesiempre salía mas instruido desuconver-
sazion. Mientrasestuvo en la cárzel, tuvieron con
ella los frailes Dominicos mui curiosas disputas,
en las que era ciertamente un portento la suti-
leza de la muchacha en disolver i desatar con
la palabra de Dios , espada de dos filos , los so-
físticos nudos de aquellos , i admirable su bue-
na memoria a i familiaridad , con los lugares de
la sagrada Escritura. * Estos frailes , cuantas 212
vezes salían de disputar con ella , aunque bajo
el nombre de b obstinazion, daban un manifies-
to testimonio, de su constanzia i sabiduría.
a El O. — recens memoria ususque promptissimus,— que pue-
de trad. tambieo, mas literalmente.
b El O. — pertinaciae.
252
Después de un prolongado cautiverio , eip
aquella cárzel de Cíclopes , i de tormentos de*
toda espezie , (tor cuyo medio , los atormenta-
dores , a fuerza de crueldad la hizieron descu-
brir a su propia hermana, como aconfidenta de
su doctrina, lo cual, le acarreó a ésta , primero
el cautiverio , después r una muerte cruel en
los mismos supliziosr la sacaron por fin al triun-
fo, con los demás piadosos varones, i mujeres »
que ya antes menzíonamos ,!mostrando,a pesar
de todo, en la alegría de su semblante, ser mas
bien ella la que triunfaba del Santo Ofizio. La
malignidad i la envidia Inquisitoria , procuró
interrumpir aquella inusitada alegría de la
triunfante h donzellita , manifestada en la
abierta confesión de la verdad i en el canto de
las divinas alabanzas , echándole, en el camino,
una mordaza, que le quitaron poco después, an-
tes de llegar al cadahalso.
Leida en él su sentenzia , i después de inti-
marle , en público , la pena de muerte, le pre-
guntaron los Inquisidores r si queria al fin vol-
ver en si , i confesar los errores que hasta alli
tan pertinazmente habia defendido : a lo cual
A El o. — coDsciam.
b El O.^inusitatam virgunculaB trüimphantts l»titiaiii.-etc.
233
^Ha en voz alta i clara respondió que ni quería
«li podía hazerlo. * Llévanla desde allí , con a 213
lan bienaventurada compafíia , a la planízie del
suplizio , i al exíjir los hipócritas , €on no me-
nos impiedad que imprudenzia , de todo aquel
«coro de mártires, la confesión de la Iglesia Ro-
mana en el Símbolo Apostólico, según arriba se
-dijo , adelantándose ella a las demás se resistió
animosamente.
No obstante, aquellos impudentísimos enrre-
^adores , determinaron obscurezer con sus en-
rredos la gloria de tamaña constanzia,aplicando
^1 punto los cordeles al cuello de los piadosos
mártires , queriendo dar a entender , que en el
término mismo de la vida , habían reconozido
la Iglesia Romana , i que por lo tanto , en vir-
tud de la clemenzía Inquisitoria , eran quema-
dos muertos , i no vivos. I aun se ensañaron
también con las santas paredes que tantas vezes
ampararon las piadosas congregazioncs para
alabanzas de Dios reunidas. Pues mandaron
derribar por los cimientos , i asolar la casa de
la Raena , i reduziéndola a solar perpetuo , eri-
a El Oríj.— oum beato illo lodalitico in basim— i sodalittco |,e»
errata por sodatitio.
2M
jiéron en medio ilella a un rollo demarmol, que
Tueoe un monumento olerno , para los ini|úo8 j
i ciegos idólatras, de loscrimenes allí consuma-
dos ; i para los fieles , de las congregazionee en '
nombre de Dios alli reunidas, en las que, como I
enlrelossiiyoB, He linllú a no dudar el mismo I
Cristo. I
I
* FERNANDO DE SAN JUAN. ,
wjra éste también uno de los ilustres miembros
de aquella iglesia , si lo que se busca , es un
verdüdero temor de Dios, un candor b purísimo
de ánimo , un ardiente e incansable deseo de
hazer bien al prójimo , sin respeto alguno a su
propia comodidad ; i no se requiere precisa-
mente el esplendor del linaje , o una euesiva
apostara del cuerpo o del lenguaje.
Habíase encargado de joven, {tero ya dislin-
guído por la relijiosidad de su vida , de la di-
recíioD de los niftos en el colejio [ llamado
vulgarmente de la Doctrina) por disposición de
la KpítíaUi
i. WilTeii.
235
los piadosos fundadores de a<^el Santo Institu-
to. Habiendo pasado en aquel empleo ocho años,
con azeptazion jeneral de todos , prendiéronle
al fin por Luterano , esto es , por perfectamen-
te instruido en la lei de la verdadera piedad ^
en la cual , según su ofizío , i como podia , en
medio de tanta opresión , procuraba con toda
-dilijenzía instruir también a aquella grei de ni-
flos que le estaba encomendada. En cuanto a la
recompensa , si se atiende a la condizion huma-
na , obtuvo la que suele dar el pueblo ingrato,
por los benefízios : si se mira a su fé , logró la
que predijo Cristo a los suyos.
Tratáronle en los tormentos, con tan bárba-
ra crueldad , que por haberle * maltrado todos ^^^
sus miembros , * a no poder valerse de ellos ,
hubieron de bajarle de la polea , o del Burro ,
los ministros de la iniquidad , i desde allí , lle-
varle de los pies a rastras , todo el trecho que
bal desde el lugar del tormento hasta su pri-
sión , como si fuese un serón de estiércol o el
cadáver podrido de una bestia. Provocábanles
a los señores padres de la fé , a tanta crueldad,
las respuestas terminantes de aquel hombre
* El O.— ut membriis ómnibus quassatis.
230
8cmiríi8lico , de las que era imposible aparlarle
ni a el blanco de una uña. Aun en aquella es-
trecliisima carzel se valió Dios de su ministerio
para alentar a cierto joven llamado Morzillo ,
fraile del convento de San Isidoro , a quien ha-
bían arrastrado allí , por confesar mas franca*
mente el Evanjelio : i que b descarriado por las
ofertas i blandas promesas de los Inquisidores
había desertado poco antes de su piadosa con-
fesión. Por providenzia de Dios, que ciertamen-
te amaba a Morzillo en Cristo «suzedió, que en
' aquel entonzes , los Inquisidores le dieron por
compañero de cárzel a este Fernando , el cua[
sabida la c bajeza i poquedad del joven le re*
prende ásperamente , acusa su defeczion ante
el tribunal de Cristo , le haze volver en si , le
levanta , le consuela , le confirma.
Pocos dias después , pide Morzillo una au-
dienzia , en la que abjura solemnemente , de-
lante de los Señores , la retractazion poco antes
2|g hecha , i pide * conste la confesión de su fé ,
que primero hizo , i que tenia por Cristiana.
Quemáronle a éste , en aquel mismo auto , des-
m Fl O.— transversum uoquem^q. d. lo largo de una uña.
b El Orij.— dirootus.
c El OrU.— ju^enis Tecordia— q. d. bajeza de ánimo: envile-
zímiento o nczodad.
237
pues de muerto , no se sabe si por una nueva
grazia de los Inquisidores o por la misericordia
^e Dios. Habiéndole pues leido a femando su
sentenzia , en el a tablado , i preguntándole los
Inquisidores si tenia resuelto permanezer aun
-en aquellos errores , responde rotundamente «
según su costumbre , i de manera , que le oye-
^n en toda la * plaza, que las cosas por él con-
fesadas eran el mismisimo Evanjelio de Cristo ^
i la lei de los Cristianos ; tan lejos estaba de
pensar en tenerlas por errores. Quitándole lue«
go la cruz de madera , que en las manos entre
las ligaduras le hablan metido , i echándole a la
boca una mordaza , que conservó hasta que el
fuego la deshizo ; le quemaron vivo.
* JÜUAN FERNANDEZ. . 217
fion razón nos admiraríamos de que se enze-
rrase una alma tan grande en un cuerpo tan
pequefluelo , i ese tan h macilento , que solo
paíezia constar de piel i huesos ; a no ser cosa
a El Orij .-perlecta in Iheatro sua . - etc. i mas abajo-audiante
«nWerso lheairo;-se tr. la vo* -theairum-por tablado; i porpkMa.
b El Orij.— adeó strigoso ul-etc. Ruin , desmirriado, enjuto,
etc no son equlTalentes a-8trlgosus;-ni - macilento.
R
•i38
averiguada por las divinas profezías » i por la
esperíenaia misma , que Dios suele , por lo re-
gular , escojer a las cosas que en la aparienzia
i realidad mundana son mas débiles , para cu-
brir de vergüenza a las mas fuertes , según el
mundo.
Este Julián , a quien por la peque&ez de su
cuerpo llamaban el chico » hallándose en Ale-
mania , i lof ra de todo peligro por parte de la
Inquisizíon, habiendoaprendido alli con el tra-
to de muchos doctos varones la verdadera pie-
dad , llevado de su espíritu , mas bien que de
consejo alguno de otro, acometió una empresa»
que asi como era de imporlanzia no corta , asi
también estaba llena de inminente pdigro. Ar-
diendo en el deseo de propagar en su patria , la
lUz evanjélica , trasportó a España dos grandes
]pipas de Biblias en EspaAol, cuya operazion era
de temerse no menos , que si hubiesen de in-
troduzirse otros tantos carros de escorpiones ,
i de insectos venenosos de toda espezie . cuando
218 por los * hombres superstiziosos i los hipócri-
tas se están zerrando i tapando , con suma dtli-
jenzia , todas las rendijas por donde pueda en-
trarles la luz. Con todo eso , guió Dios aquella
preziosa carga i llegó salva ; i lo que es mas de
239
admirar , i sirvió , como para robarle a mas fa-
zilmente la vaca , a aquel Argos de cien ojos ,
pues a pesar de lo vijilanles que por todas par-
tes , estaban los ministros Inquisitorios , llegó
a introduzirse dentro de los mismos muros de
Sevilla.
Rezibió con suma alegría 6 el Paraíso del Se-
ñor , aquella lluvia tan a tiempo , i riego tan
saludable , con el cual, sin duda, sazonados los
frutos , adelantaron también la cosecha. Llegó,
pues , la cosa a notizia de los Padres , primero
por la superstizion i vano temor de uno , des-
pués por la perfidia de otro , que queriendo
aparentar entre los fieles , que profesaba el
Evanjelio , en el que estaba mui instruido , cu-
bría con aquella engañosísima máscara, un ene-
migo pérfido de la iglesia , i un satélite Inqui-
sitorio. Asi es que los Inquisidores , con su' día.
bólica sagazidad , descubierto el cabo del hilo ,
cojiéndolo i siguiéndolo , c dieron con todo el
pequeño nido de aquella Iglesia , cojieron a la
madre con sus polluelos, i desbarataron crueli-
a El Orij.— «facíHus boTem oculatisimo Argo abduiisses>-es
UK modismo, que^&lude a la mitolojia. Veas. Ovid. Metam. I. v.
668--748.
h El Orii.-Paradisus^Domini, -alude, o q. d.-la nazíente Iglesia
rcrormada de Sevilla. El nuevo jDlantél. El jardin.
c Véase el Prólogo de esta Édic. donde se cita este paso.
nununte el nido misma, srgun la costumbre de
aqnel tan fiero Dragón.
Fné ésta te primera captura veríflcada en loa
flek», la cual deatrayó aquella piadosísima Ijle-
^ig sia , aterromó , con su multitud . * aun a los
mismos cazadores , llenó las cárzeles , i cuand«
ya esta» Mbosaban , ocupó lanabien las casas
partiealares, i eas^dió grandes hogueras para
que fuesen «pagadas casi solo con la sangre de
los fieles. Viéronse , entoues . juntos en sola
SetiUa , ochoiientos cautivos por causa de su
piedad , i casi veinte, o mas, quemados en una
misma hoguera. Prendieron entre los primeros
a nuestro Julián, i mientras él estuvo en una
r-áriel incomnnicadn i cargado de bierro, por
espaúo de tres aAos enteros, dábanse de cuan-
do en cuando nuevos espectáculos , resultado
déla misDia presa. Llegó a fatigar con su pro-
dolosa coostanzia a los mismos a atormentado-
res , auo con todos sus suplíiios , pues ni a
aquel macilento cuerpezilto faltaron nunca las
fuerzas para sufrir tan repetidos quebranta-
miento» , i ni salía del tormento con menos en-
lereza, o viva gallardía, b que cuando entraba ;
nrdudiB qaaMatwne>-elc
244
dé suerle , que ni con el dolor de las descoyunta-
duras, ni con las amenazas de los ministros , ni
eon el rigor , en fin » cualquiera que fuese , po-
dían impedirle , que al volver del suplizio , o
mas bien , al pasar a rastras , por las cárzeles
de sus compañeros , les hiziese entender su vic-
toria i la vergüenza de sus enemigos con esta
eanzion :
a aVenzidos van lo» frailes , venzidos van.
Corridos van los lobos , corridos van ».
Tuvo antes , en las audienzias , con los * fraí- 220
les i con los demás defensores de la impiedad,
que para calificar las herejías asisten a los In-
quisidores , indoctos como son i enteramente
legos en materia teolójica , muí empeñadas b ^
admirables controversias : i al volver de ellas ,
mofando de sus prinzipales enemigos , se diver-
tia con aquella eanzion.
Sacáronle de su enzierro el día del triunfo i
en cuanto se vio en el patio del alcázar donde
venia a rezibir , entre sus concautivos , las in-
signias de su reato , dizese , que con admirable
serenidad de ánimo, i de semblante, los exhortó
a El Oríjinal , después de estos versos castellanos ,' di ze asi :-
Latiné sic tyicti revertuntur monacbi , TÍcti reTertantur. Fugati
reTertuntur lupí , fügati revertuntur. »-Habuit-etc.
b El Orí j .-acérrimas mirabilesquo disputationes.
3t2
con estas palnbras : «lía , pues : valor , hofmt'
nos: ésta es la hora en que. cual conviene a sol-
dados animosos de Cristo, debemos dar, delante
de los hombres, un fiel testimonio de él, i de sa
verdad: dentro de pocas horas, probados todos,
cada uno a su vez . en ese mismo testimonio ,
tríunraremos con él perpelaamente en los cie-
los.' Interrumpieron . al punto, los impios mi-
nistros tan piadosa i oportuna arenga , echán-
dole a la boca una mordaza mui apretada , que
llevó hasta el mismo suplizio.
Al subir * til sitio , en que acostumbran que-
mar a los condenados por los Inquisidores , es-
presó con su ademan la constanzía i fortaleta
de su animo en padezer por causa de su reli-
Jion ; ya que oo podia csplicarla con palabras.
Pues se arrodilló i besó los escalones de la ba-
se o ara , i después , alado ya * al palo , i cu-
bierto hasta la cabeza con los bazezillos amon-
tonados , escondía repelidas vezes la cabeza ,
entre los mismos hazezillos , como provocando
de buen grado , i desaliando al mismo suplizio.
Con estos ademanes , el prudente soldado de
Cristo miraba , por la integridad de su confe.
Bl Onj.-botiiii'-(iuH); quiíá tndaiJMc por iqKr/i-
243
saon , i en todo caso , por la flaqueza de sus
compañeros en ella, i en el suplizio ; a quienes,
con aquellos ademanes , animaba a tener cons-
tanzia , i despreziar el suplizio.
Asistíale para morir cierto insigne pseudo-
apostol , llamado el Doctor Fernando Rodrí-
guez , que con sus importunos ataques , vino a
hazer mas patente , la fé inconcusa del piadoso
mártir. Suponiendo el doctor , que se aterraría
el atleta de Cristo , al contemplar el suplizio
que le amenazaba, a obtuvo del Presidente, que
le soltasen la lengua , quitándole la mordaza ,
para que, pudiese en algún modo, con el habla,
significar su conversión. Pero aquel recurso le
salió muí al revés.
Pues Julián , luego que recobró la • facultad
de hablar dio de su fé una declarazion no me-
nos esplizita que otras vezes , i al impío amo-
nestador , que sabia le aconsejaba impíos dog-
mas contra su conzienzia , le reprendió con tan
duras palabras , que el charlatán , no sabiendo
qué responder , determinó vengar su vergüen-
za h con levantada voz exclamando de esta ma-
nera : «¡O * España , domadora i señora de las 222
a El Orij.-obtinuit a Pnefecto-etc.
c El Orij.-iogento hujusmodi subíala exclamatione-etc.
tU4
naziones , pero en esle instante perturbada por
causa de un solo liombrezillo! Ifaera , muera.»
Prestos estaban los satélites, que ejecutando la
exhortación del impostor aplicaron a Julián una
mortal herida entre las mismas llamas. I de és-
te también , mientras estuvo en la carzel , co-
rrieron vozes de haber * renunziado a la relí-
jion, las cuales después desmintieron comple-
tamente los sucesos.
225 * JUAN DE LEÓN , MONJE DEL CONVEN-^
TO DE SAN ISIDORO DE OVILLA.
Ilabia este ejerzido primeramente el ofiziode
sastre en Méjico, ciudad lamosísima de Nuev»
España , en el Nuevo Mundo : vuelto de allí a
Sevilla , llevado de un ciego temor de Dios (co-
mo suele suzeder a otros muchos , que , por
otra parte, soa de buenas costumbres) se aplicó
a la vida monástica, i queriendo Dios gaardarle
^ del prezipizio , vino a parar por fortuna , al
\
monasterio de S. Isidoro de Sevilla , en el cual,
una buena parte de los monjes , aspiraba en-
* El Oñj.-pielate renunciasse>eu::
2Í5
(onzesa una mas sólida piedad. Ai cabo de
algunos años pasados en aquel ejerzizio , ha-
biendo gustado , con la compañía de aquellos ,
algo de la verdadera doctrina, aburrido de la a
forzada clausura , buscó el pretesto mas plau-
sible , que fué , la falta de salud , i renunzió al
monacato.
Mas luego que salió, b echando muí de menos
ios piadosos coloquios con aquellos , de donde
el habia sacado los rudi mientes de su piedad ,
se acojió de nuevo al claustro , para gozar de
ellos ; pero en vano. Pues mientras estuvo fue-
ra , unánimes todos aquellos, cuyo deseo le ha-
bía hecho volver al jénero de vida antes * dése- 224
ehado , dejando tan peligrosa mansión , se ha-
bían trasladado , poco antes , a Alemania. Bus-
cando pues , o aunque en tan peligrosa recaída,
no la comodidad de su cuerpo sino el bien de
su alma , al cabo de pocos dias , tan solo has-
ta que supo con mas certeza , dónde habían ido
a parar los suyos ; hubo de abandonar al cabo ,
segunda vez , el monasterio.
Quizá algunos murmuradores oziosos , por
a El Orij. — damnats angnstise pertaessus-etc.
h El Orij.— guum iUorum pia conoquía...YehemeDter desidc-
rasset-etc.
c El Onj. aqui, está oscuro : — Ucet in tam peliculosa reci-
diva qusBrenli post paucos dies,-etc.
216
haber dejailu dos vezea la vida monáslka , le
llamaran dos vezes apóstala ; pero otros ma^
prudcutes , de seguro le tendrán por dos vezes
piadoso. Siguiendo pues las huellas de sus píos
conmilitoues , llegó a Francfort , donde ellos
estaban , no sin pasar en el camino muchos tra-
baos i peligros. Desde Francfort , se trasladó
con cllosaJinebra, para reunirsecou otros de
la misma a , compañía que habian fijado allí su
residenzia.
Acaezió por aquellos mismos dias , que qui-
tada de en medio la Iteina Haria de Inglaterra ,
la Iglesia Anglicana , que por crueldad de la di-
cha Reina andaba derramada i dispersa por
Alemania , al adveaimienlo de Isabel su suze-
sora , se restituyó , por singular benefitio de
Dios sin duda , a su propio suelo. A los 6 Espa.
ñoles que andaban desterrados en Jinebra por
causas relijiosas , les parezió Inglaterra mas
acomodada para acojer la Iglesia de los suyos
propios, i con este designio , se fueron algunos
con los Ingleses que volvían a su patria . pero
acompañados de diversas personas , por evitar
223 hs celadas del camino. ' Pues los Inquisidores
2i7
llevaron tau a mal la fuga de aquellos relijiosos
monjes , i su defeczion de la antigua impiedad,
que , aunque no eran muchos, ni tampoco de
grande estima , entre los hombres ; determina-
ron infestarlos de sus moscas, de manera, que
a todas horas, i en todas partes, los azechasen.
Tenían prinzipalmente apostados sus espías
en Colonia del Rin , en Francfort, en Amberes,
i éstas recorrían con gran solizitud todos los
caminos hasta Jinebra : sin dejar por supuesto
de observarse no menos , el camino de Jinebra
hasta Milán , por el otro lado. Proveían larga-
mente los mismos Inquisidores a los gastos de
estas asechanzas , con lo que , en virtud de la
real munificenzia , i de su zelo inquisitorio ,
sacaban del Real Erario : i con tanto empeño i
con tantosgastos(sin contar los grandes premios
ofrezidos por sus cabezas , en caso de entrega,)
* se buscaban diez gusanillos o diez perros
muertos. Tan estupenda cosa es el odio con
que , hasta el punto de enloquezer , se ensa-
ñan los inquisidores contra la divina luz de
Cristo.
Asi que, nuestro Juan de León , tomado por
* El Orij.— quserebantur decem puUces aut tolideu canes
jnortui.»
248
compañero an tal Juan FernauOez , " hombre
mui digno , natural de Valladolid , dirijiéndoae
por Alemania a Inglaterra • tropezó en Estras-
burgo con los espías, por cuya delazion le pren-
226 dieron , con su * coropafiero , en un puerto
de Zelanda en su misma travesía a Inglaterra.
Rezibió , desde luego , a los alguaziles , con
tanta entereza de ánimo i de semblante , que
cuando le dijeron era él a quien buscaban , no
respondió otra cosa , sino ; «vamos, pues , que
Dios , sin duda , nos asistirá.»
Llevados a la ciudad , los atormentaron pri-
mero cruelisimamente , para que descubriesen
a sus compañeros : después, al cabo de algunos
dias , los embarcaron , í llevaron a España.
Mientras estuvieron en el mar , í aun ya en
España, por el camino , tuvo cada uno de ellos»
una espezie de cabezada de hierro a> semejanza
de una celada que les cubría la cabeza i la cara:
esta cabezada tienepor dentro metida una plan,
cha de hierro a manera de lengüeta, que admiti-
da en la boca , impide absolutamente el uso de
la lengua ; i con este jénero de tortura sin in-
* A este Fernandez, le llama Llórente, Juan Sanehex. Véase
BU Hist. do la Inq. Edic. de Barcelona 18j5 t. iv. psj. 63 pero
el mismo Llórente paj. 33 dize qut se puso, en Flandes, el nom-
bre de Juan de Vtítar: por consiguiente, bien podo también lla-
marse Juan Fernandez, en ocasiones, como dizc Montes.
249
nermesion atormentados , i ademas , con las
esposas i grillos de hierro qae apretaban sus
.pies i manos , los llevaron a las cárzeles inqui-
sitorias : Juan de León a Sevilla , su compañe-
ro a Valladolid , en donde después por su per-
severanzia i firmeza en confesar la verdadera
piedad le quemaron vivo. Habia éste a vivido
con el doctor Cazalla , a quien quemaron poco
.antes en Valladolid por causa de relijion « i con
-cuya sobrina, hija b de un hermano o hermana,
habia desposado.
Pasó Juan * de León en la carzel inquisitoria 227
muchos dias , i en ella esperimentó la crueldad
de los inquisidores, asi en todo jénero de tor-
mentos , como en el trato ordinario. Sacáron-
le al triunfo c enmantado i ataviado con todas
las inágnias con que suelen sacar a los mas
constantes. Daba grima, a cuantos le miraban,
su rostro hispido i desencajado i tan enmagre-
zido por la prolongada macerazion , que se le
veian los huesos , á cubiertos solo con la piel
azulada : aumentaba el horror , la durísima
mordaza , que apretaba con tal violenzia su
a El Org. — Fuera t bic contubernalis etc.
h Seria, probablemente, hija de su hermana.
« El Or^. — palndatus - ensanbenitado (?)
d El Oñj. — vultus hirsutissimus et ad ipsa usque ossa ceru-
ea pelle contccta macer.>-etc.
tíóO
li-ngiia , guc al iiararse, le colgalian liaala el
ítuclo , largos i abundantes hilos de pituita.
Cuando le llevaban al auplizio mismo , des-
pués de haber oído su sentenzia de muerte , le
dejaron libre la lengua para que renunziase a
Cristo , mas él , en brevísimas pero mai gra-
vea palabras , habló cou tal serenidad de ánimo
i de semblante , como si estuviese fuera de Indo
peligro. En aquellas últimas horas de su vida ,
dieronle por antagonista a un moi^e de su con-
vento , con quien . en mal hora , habia pasado
un aAo de noviziado monástico, para que le tra-
jese a memoria aquellos prínzipios delasupers-
tiziun antigua : pero , cuantos mas artifizios
empleaban ellos para bazur vazilar su Té , tanto
228 mas visible se mostraba * ésta : favoreziendo
Cristo sin duda a su atleta mas e&zcamente.
Con la misma tranquilidad i serenidad de espí-
ritu sufrió la muerte atroz que le aguardaba ;
que a un varón de tan seQalada rel^iosidad , no
le era debido otro fin menos santo de vida.
íi'itl ' FRANCISCA CHAVES.
S;ilió a hoiiri-ar aquel mismo Auto , Fi'aucisca
251
Chaves , donzella ilustre por su fé , monja del
Convento de Santa Isabel , siendo tanto mas de
admirar , que la perfecta enseñanza Cristiana ,
penetrase también hasta a aquellos claustros de
mujeres , guardados con tantos cerrojos de hie-
rro , i sobre todo , con tan obstinada supersti-
zion : pero, al fin , nada en el mundo puede re-
tardar , el que se cumpla a su tiempo la grazia
de Dios , para con sus escojidos en Cristo. Lo-
gró tener por maestro en el Evanjelio , al mui
esclarezido Doctor Ejidio , de quien luego ha-
blaremos. Aun debajo de aquel modio [Mat. v.
15] ocultada, no pudo esconderse para siempre
la divina luz , sin que , apareziendo a su prefi-
jado tiempo, regocijase con su aspecto a la Igle-
sia de Dios , * e hiriese , i agudamente redar-
guyese , las tinieblas de los impíos.
Delatáronla , al cabo , a los inquisidores ,
i por ellos tratada como de costumbre , la saca-
ron al Auto i la quemaron. Cuantas vezes la lla-
maron a* la audienzia, habia la donzella cubier- 230
to de vergüenza a los Señores Padres de la fé ,
con sus respuestas varoniles , apesar de no es-
tar, por el tenor de su entera vida, acostumbra-
* El OriJ.— percellereí, redargucrcique acriter impiorum te-
nebras.
252
da , de modo alguno , al trato de los hombres :
pues al defender la verdadera relijion afiadia
ademas severisimas cuanto oportunas repren-
siones , sacadas de la palabra de Dios, i acornó*
dadas con prodíjiosa destreza a los padres de la
fé , llamándoles ya perros mudos, ya jenerazion
de víboras. Prinzipalmente fué notable para to^
dos los que la miraban, sudesprezio a la muerte
i al suplizio , i la alegria que , hasta el mismo
cadalso , manifestó en su semblante.
231 * CRISTÓBAL LOSADA MÉDICO.
J ambien éste , de la enseñanza privada del
Doctor Ejidio, sacó los primeros rudimentos de
su piedad. Pues entre las demás dotes^ celestia-
les de aquel Santo varón , era verdaderamente
de admirar el que , a todos aquellos cuya ins-
truczion relijiosa tomaba sobre si, parezia que
con su misma doctrina , les aplicaba al alma
una tea de un fuego santo . inflamándolos con
ella , para todos los ejerzizios piadosos , asi in-
ternos como estemos , i enzendiéndolos parti-
• El Orij.-intcr esteras enim Sancti ilUus viri divinas doles-etc.
255
t^ularmente, para sufrir i aun amar la cruz que
les amenazaba : en esto solo , en los iluminados
. con la luz divina , daba a conozer , que le asis-
tía Cristo en su ministerio , puesto que, en vir-
tud de su Espíritu , a grababa en los corazones
I de los suyos las mismas palabras, que él con su
boca pronunziaba.
C!ontribuyó no poco al h feliz éxito de aquel
gran preceptor en la enseñanza , un compañero
suyo , hombre tan piadoso , que no admitió por
yerno a Losada , el cual pretendía por mujer a
su hija , aunque era mozo de honestísimas cos-
tumbres , de no vulgar erudizion i de ua cono-
zimiento * práctico en la medizina mas que me- 232
diano ; hasta que se pusiese en manos del Doc-
tor Ejidio para aprender relíjion. Para un hom-
bre erudito , i que se tenia por buen Cristiano,
no era aquella una condizion mui honrrosa, si-
no c difízil de cumplir , por ser el Doctor Eji-
dio , a cuya autoridad se le remitía , para que
le enseñase relijion , un tanto sospechoso
entre el vulgo , por de relijion no bastante inte-
gra o pura. Admitió al fin la condizion , no se
\ a El Orij.— verba eo externé mioistraate, eadem in ipsis vis- 4^
I ceríbos suorum virtute Spiritus sui exararet. ^(
\ b El Ory. — ^adeam felicitatem-etc.
c DiBziU o imperlinenie. El orij.— faaud erat satis honesta
' conditio , difT.cilis vero,— etc.
254
sabe , si por deseo de una instruczion mas sóli-
da , o por el amoroso deseo del casamiento.
Como quiera que fuese , se penetró tan de
Teras a de aquellos primeros rudimentos Cris-
tianos , que aun después de la muerte de su
maestro , que antes de tiempo le arrebataron ,
hizo en la relijion notables adelantos. I asi por
su singular piedad , i erudizion en las sagradas
letras fué tenido por digno de gobernar aquella
iglesia , numerosa ciertamente, b pero escondi-
da en las cuevas, i obtuvo , i desempeñó el car-
go de pastor , en cuanto lo permitia la penuria
de las cosas. Preso por los Inquisidores, con la
ocasión aquella de los libros de c Julianillo(pues,
¿cómo en aquella dispersión de toda la grei se
babia de esconder el siervo leal de Cristo?) i ha-
biendo confesado injenuamente su relijion , es-
perimentó primero la acerbidad de la carzel , i
de los tormentos; luego, la ignominia del triun-
255 fo ; i por último , el suplizio de la hoguera. *
Disputó noblemente , azerca de la verdadera re-
lijion , en la misma d ara del suplizio , contra
a El Orij. — pñma illa tn Christo nidimenfa.
b EX Oríj. — Dumerosam quidem, sed in carTcrnis delites cen-
tem— etc. Donde bai la errata, nor-caverois.
c Asi llamaban a J. Hernanaet , por ser cbico de caerpo.
d El Orij. in ipsa basi suplirü-etc.
255
los importunos íiipócritas , que con la \ana es-
peranza de poder removerle* de su opinión re-
lijiosa, le dieron ocasión de responder a sus su-
tilezas. Pero ellos , porque el vulgo que los
rodeaba no entendiese lo que por una i otra
parte se dezia , trocando con astuto acuerdo, la
dicción del romance al latín; él, acaso sin echar
de ver el artifízio , empezó también , a hablar
en latín con tal afluenzia, i pureza de estilo; que
todos se maravillaban, de que un hombre, que
iba luego, luege, a morir , estuviese tan en sí ,
que ni aun entonzes aflojase nada en la ciegan-
zia del lenguaje.
* CRISTÓBAL ARELLANO. 234
liristobal Arellano , monje del convento de
S. Isidoro de Sevilla , según declaración de los
mismos inquisidores el hombre mas docto de
cuantos habían entrado , antes que él , en el
alcázar Inquisitorio , acusado por los suyos , a
quienes , con una erudizion cual nunca habían
conozido, sirviera en honrra i provecho de ellos;
fué también arrastrado a la nasa inquisitoria.
* El Oñj. — qui Tana spe eum a pía senteniia dimovendi, res-
pondeDdt ad eorum strophas ei copiam fecére.
256
Debió prinzípalmentc el ccmzepto de suma
erudizíon , que con los inquisidores se habia
granjeado , a que siendo hombre yersadisimo
en los libros de los Doctores de teolojia , que
llaman escolásticos, Aquino , Scoto , Lombardo
i demás de aquella clase , lo que ellos en sus
varias controversias relijiosas dijeron, sin pen^
sar , en apoyo de la verdad , lo acomodaba él a
su propósito , con una rara destreza de injenio,
i con una memoria estremadamente feliz, dan-
do , por supuesto, el primer lugar , a las Sa-
gradas Escrituras^ i a las sentenziasde otros
doctores de mas sano juizio : de lo cual resulta-
235 ba que sus adversarios * todos, para quienes las
simplezas manifiestas de aquellos autores valian
a mucho mas que la Sagrada Escritura , eran
combatidas por sus mismos defensores.
Condenáronle , no obstante , a la hoguera ,
sobrepujando , para con los crueles tiranos, los
hazezillos de lefia , a la erudizíon de aquel , i a
la b verdad misma. Estando ya de pie , en c pú-
blica plaza, para escuchar su sentenzia, oyó que
en ella , con el mayor descaro , se le achacaba
a El Orij.— iint loogéaatíqoiores:— q. d. moi ettímables,
b El Orj].— superantíbuB et eraditionem et Teritatem ipsam
apnd immaoM tyrannoa fascicuUs.
e El Oríj.— in soteinmi tbeatro-etc.
257
un crimen falso. Suponían haber él afirmado
que la virjen pura , madre de Cristo , había sí-
do tan virjen como él : palabras , que a haber-
las proferido cualquiera , no menos impía que
impuramente eran , por cierto, dignas, de que
los santos padres de la fe' , las divulgasen por
todo el teatro del orbe. Mas , con este artifizío,
suele el Santo Tribunal atraer un odio grandí-
simo, a los que sabe son al vulgo mas azeptos
por su virtud singular , i a todos manifiesta.
Oída aquella impura blasfemia, Arellano, que
no sin providenzia de Dios , tenía entonzes
suelta la lengua , exclamó delante de todo el
pueblo , que aquella era una mentira , descara-
damente inventada : puesto que él , creía fir-
misimamente lo contrarío , i lo había creído
siempre : como que lo había aprendido en va-
rios lugares de la Escritura , por los cuales es-
taba dispuesto a demostrarlo en el acto * sí 236
fuese nezesarío. Ya en el borde mismo del su-
plizio , paróse de propósito a reírse delante de
él ,.como para insultarle en su desgrazia , uno
de los monjes sus compañeros , a quien había
tenido por adversario i capital enemigo. Pues
no bastaba sumir en aquella desgrazia a un:
hombre tan piadoso , dotado de tan singular
i58
erudizion i adéuias iiiozeiite, si no le insuUaban
también cuando iba al suplizio.
Conmovióse un tanto Arellano con aquel re*
pentino e improviso espectáculo , mas luego ,
conforme al deber de Cristiano , recobró aque-
lla tranquilidad de ánimo que le correspondia i
debia servir de ejemplo a los espectadores. Con-
soló también, ya en el a ara del suplizio, a otro
monje de la misma Orden llamado Juan Crisós-
tomo , antes diszipulo suyo, i enlonzcs, compa-
ñero en el suplizio. Por ignorar absolutamente
las causas del suplizio de éste , no nos atrevi-
mos hasta ahora a contarle en el número. Fué
sinembargo predicador de inculpada vida , i de
costumbres enteramente santas dotado, i de no
despreziable erudizion ; i por lo tanto no mui
bien quisto b con los zerdos de sus compañe-
ros , dolo a la gula entregados.
237 * GARCÍA ARIAS :
VULGARMENTE LLAMADO EL MAESTRO BLANCO.
Ilira este hombre un ejemplo admirable en que
a O— fln el sitio— El Org.-*ia ipsa suplicü bas.i-etc.
b El Orij.-suis porcis uni tantum ventri deditls non admodum
i^ratiosus.— Alude á los frailes de aquel convento.
259
vesplandezia claramente la divina Providenzia
para con sus escojidos , la cual , en virtud de su
poder , los saca a vezes contra todas las leyes
naturales , aun del abismo de la mas inveterada
i estudiada hipocresía , i hasta los aparta de la
espontanea impugnazion de la verdad Evanjéli-
ca , que ya habían conozido, (pecado que la Sa-
grada Escritura llama , contra el Espíritu San-
to , i declara , que serán inútiles los ruegos de
la Iglesia por semejentes pecadores,) colocán-
dolos en tanto mayor altura, cuanto en mas de*
sesperada condizion parezian antes estar.
Fué este Arias, (a quien por la blancura de
su tez i de sus cabellos apellidaban Blanco ), de
agudísimo injenio , i en cuanto lo permitía
aquella época , sobradamente instruido en el
conozimienlo de las sagradas letras , aunque
taimado , astuto , maligno , disimulado. En-
cubría , empero , aquellos a perniziosos vizios
del alma , con cierta aparienzia de santidad , h
tan estudiadamente apazible, que no llegándose
a él muí de cerca , i no observándole repetidas
vezes , podía engañar aun a los mas prudentes,
i engañó con efecto a muchos.
a El Orij.— ea exitialia animi vitia.
b adeo studio se compositae, ut vel prudentissimor ura quo-
rum oculos --possct fallere-etc.
360
Había eDlonies en Sevilla , dos bandos (Te
predicadores , a quienes seguía una numerosa
turba de ojenles , adictoa cada cual a su parli-
do. El uno, que si se atleude a sus mismas pa-
labras, se acercaba mas a la doctrina del Estoi-
co Epiclelo , que a la norma de la Sagrada Es-
critura ; era , sinembargo , inferíor a Epicteto,
en que éste conrormando los hechos . con los
dichos, pareze prozedia con formalidad, i aquel
no. Pues , azerca de la frecuenzia en los ayu-
nos, de la mortíficazion i abnegazion de si pm'
píos , del rezo continuo . de la completa sumi^
sion i abatimieoto de ánimo , que ellos llaman
humildad , i que debe aparezer aun en el vesti-
do , en el habla , en el semblante i en fin . en
todo el andamento de la vida ; tenían ellos lar-
gas, i casi ínacabableB pláticas: mas, debajo
de esta tan plausible i espeziosa máscara de
piedad , cualquiera que de cerca los observase ,
hallaría, porno tratarlos mas duramente, unos
hombres al fin , i nada mas.
En suma. Ellos poniendo , como suden de~
258 zir * * los puntos cardinales de toda sn santidad
en las obras , contra la doctrina del bando
* & Orij.— SiRcliiiuHiiM pronm at pupim collHantu-ilc.
261
opuesto , deseaban sobre todo parezer solízitos
i dilijentes. Por este deseo , como nazido de la
ignoranzia de la verdadera a jastizia , se daban
a oír machas misas , a repetir estaziones a los
lugares sagrados, al uso frecuentísimo de lo que
Uaman Confesión i Comunión, i a otras muchas
simplezas , que con razón compara la Sagrada
Escritura a las telas de arañas, * que nunca han 239
de servir de abrigo : i se desviaban , socolor de
espiazion , h de los ejercizios de verdadera jus-
lizia, esto es, del juizio i misericordia , i por lo
tanto de la misma fé , único medio de adquirir
la justizia. Exijian la pobreza c i el celibato aun
en ios matrimonios , i sobre todo , el voto de
obedienzia, a imitazion, según creo, de los frai-
les , con lo cual supeditaban a sus diszipulos.
Dezian , que esta era la verdadera abnegazion
de la propia voluntad , i la bonrraban con los
mismos títulos con que Dios honrra la obedien-
zia a sus mandamientos.
I para que en medio de perpetuas tinieblas
pudiesen con mas libertad progresar en sus im-
a ElOrjij. — vene justitise. Quizá, i^or Juslificazion.
h El Orij.— a verse justitiae exerciüís, judicio scilicet et mise-
ricordia, atque adeó ao ipsa fide, uoica ac quírendae justítiae ra-
tione, etc. Alude al Eraojelio.
c El Orij.— -urgebant paupertatem ac csBlibatum vel coaju^
giftus etc.
^
%2
posturas , arredraban a los suyos, como de una
peste , de la lectura de los buenos autores , i
sobre todo de la de Erasmo , de quien sin duda
no habian de aprender mas que a a saber con
arroganzia , remitiéndolos a Henrique Herpio *
a los opúsculos de Buenaventura , el Abeceda-
rio , la subida al monte Sion , i otros tales, por
los que aprendiesen a tener humildad , i sobre
lodo, a obedezer a los h corifeos. Salieron en fin
de aquella escuela Manso , Cevallos , Guerra ,
Pedro de Córdoba , i otros , cuyos nombres es-
tan ya fuera de memoria , c que hubiera quizá
valido mas no hubiesen nazido , ni dejado des-
zendenzia.
Hubo en aquella secta , lo confieso, muchos
hombres buenos i piadosos, pero de éstos, unos,
después de averiguada la impostura de sus
maestros , los dejaron i tomaron mejor acuer-
^^0 do ; * otros , por los frecuentes e inmoderados
ayunos, i por la intensa i profunda medítazion
de las cosas celestiales , superior a las fuerzas
humanas , se volvieron locos : otros , que per-
a El OriJ. — superbé sapere etc.
b El Oríj.—corypheis.— Alude , a los caudillos, o capatazas
de ese jesuitismo.
c Deben , con efecto , ser Autores muí valadies , i malos :
pues, ni aun se halla rastro de ellos en D. Nic. Antonio.
2i)3
severaron en su propósito , cayeron en un mal,
mayor i mas incurable, puesto que de buenos,
salieron malos , de bombres de común condi-
zion , fariseos , aborrezedores de la justizia ^
cruzifícadores della , bijos de Gehenna , al do-
ble , que sus mismos maestros.
a £1 otro bando se componía de ciertos ora •
dores,que por lo mismo que profesaban con mas
sinzeridad las sagradas letras, abrian, con ellas,
a los hombres , una verdadera fuente de virtud
i santidad, debiéndose a su industria, que aquel
pueblo de Sevilla , por esta circunstanzia prin-
zipalmente , el mas feliz de toda España , oyese
por espazio de doze años , i no sin fruto , el
Evanjelio de Cristo en toda su pureza , que es
cuanto a la verdadera justizia interesa. Pues
aquella mies , que desde ocho o diez años atrás
se recoje, es indudable, proviene de aquella labo-
riosa renovazion. Esta santidad , según es pro-
pio de la luz , al señalar , como con el dedo , i
poner de manifiesto , al público , b aquella otra
ataviada i con arreos de bujena ; no pudo me-
nos de atraerse , primero el odio de ella , i de
provocar después contra sí toda su persecución.
a El Orij.— Altera factio concionatorom erát quorumdam etc.
b El Orij— fucatam ac phaleratam illam-etc.
364
211 Eran los ' priazipales defensoreí de la una ,.
los Doctores CoDBUatino , Ejidio, i Vargas , va-
rones por su doctrina i por ta probidad de sos
costumbres , esclarezidos, cuyos afanes ea dila-
tar la luz del EvaDJelio , i cuyo fia de vida ilus-
tre en lo mejor de su tarea , por lo mismo que
son dignos de eterna memoña , no coDsentire-
mog queden eo eterno olvido sepultados. Entre
los primeros adalidades déla otra, como que
siendo mas admitidera , í de mejor aparieaiia,
era , por lo tanto , mas útil i lucrativa para sus
proresadnres , contábase este nuestro Arias :
tanto mas depravado qne todos sus cofrades ,
cuanto éstos , acaso ignoraban la verdad , que
él a fondo conozia e impugnaba.
Con todo , no servia él a la mentira , tan
abiertamente , como otros del mismo bando ,
por no caer de la grazia de ciertas personas de
algún crédito , que guardaban en su corazón la
verdadera piedad , i por no perder el concepto,
qne con aquella piadosa mascara se babia gran-
jeado : sino que se manejaEía con tal astuzia i
como en zelada, que aunque fuese conozido por
los que sentían sus dardos , todavía por otros
era tenido como amigo i bermano. Mostró, so-
bre todo , la sagazidad i astuzia de su injenio ,
265
«cuando un tal Gregorio Ruiz , hombre ( según
4ezian) de los mas doctos , por haber dicho , *
al interpretar publicamente en la Iglesia Mayor ^^^
de Sevilla la Sagrada Escritura , algunas cosas ,
* conformes al Evanjelio , acerca de la Justifi-
cazion del hombre , del mérito de Cristo , i de
los méritos de los hombres , antes i después de
la justificazion ; fué acusado por los hipócritas
que perseguian aquella doctrina , i citado ante
el tribunal Inquisitorio.
Pues habiéndole los inquisidores señalado
dia , dos antes de comparezer en juizío para de-
fenderse , se fué a aconsejar del Maestro Arias»
con quien habia antes tenido algún trato , por
sus comunes estudios , i sobre todo , por su
falsa nombradia de singular piedad. Habían los
inquisidores prevenido a Arias , entre otros ,
que se preparase , para asistir en el dia señala-
do , a disputar con Ruiz. Echando pues mano
de su injenio , sonsaca astutamente de aquei
liombre incauto i senzillo, que lejos de temer
tal asechanza esperaba mas bien de él un salu-
dable consejo , todas las razones i argumentos
con que pensaba defenderse en la disputa : i
' El Orij.— pietati consona etc.
so. Que debian leerse i nieditarM con snma iten-
zion , las Sagradas Escrituras , i , que solo de
ellas , se podía sacar el verdadero conoñtoieuto
(le Dios i de sd voluDtad , i aprender tambim
la relijion , que fuese ante El mas azepta. Que ,
l>ara obtener ésto , se debian usar otras orazio-
nes , a saber , las que dictasen nuestras mis-
mas nezesidades , i dimanasen de una verdade-
ra ré en Dios.
Inculcándoles muchas veies , i con suma ve-
hemenzia . éstos i semejantes axiomas de la
Relijion Cristiana , i a la verdad , sin peligro
alguno , pues a ' no ser implo consumado, na-
die podía negarlos, excitaba en casi lodos, el te-
dio de la presente i basta alli practicada reli-
jion , i dispertaba el deseo de otra mejor , i so-
bre todo, una afliion TÍvisiroa a las Sagradas
245 Letras. A las pláticas afiadia * unas esplicaiio-
nes diarias de los Proverbios de Salomón , lle-
nas de erudizion , i con admirable destreza a su
propósito acomodadas.
Juntábanse a esto , las conferenuas privadas
i ramiliarcs . i ademas el réjímen de vida coti-
. todo bajo un mismo plan . i de intento,
. Onj.^4iD* impiui- ; >-ú pcUgn tigamo-tt corrije !•
d> !■ p*). lU Ib. S lUan-pw-nllun.
269
a un mismo fin encaminado. Había dado con
hombres dóziles por naturaleza , i (lo que es
mas , i parezerá milagroso] no mui adictos a las
superstiziones del monacato, por lo que, a otro
cualquiera dispensador mas fiel de los divinos
misterios , le hubiera sido mui fazíl derribar ,
en breve , toda aquella complicada mole de su-
perstizion , sembrando en su lugar , la palabra
pura de Dios.
Pero a aquel hombre no mui constante por
natnraleza , después de aquellas faustísimas
preparaziones , con las cuales apartándolos de
la presente superstizion , i ganándolos maravi.
liosamente para sí , tenia suspensos los ánimos,
los volvia otra vez a los intolerables ayunos , a
las vijilias perpetuas, delante del mismo sacra-
mento del pan , de donde , no se qué nuevas b
inspiraziones , esperaban , haziales desocupar
las reduzidas celdas de todo su ajuar , i de los
libros , i aun de la misma cama ; acostarse
o mas bien estar , en el desnudo suelo, cuando
los rindiese el sueño , i llevar, en lugar de ca-
misa , un coselete tejido de cerdas , i un ceñi-
a El Oríj.— Sed homo numqaam sibi satis consta ntis iigenü,
post pulcherrimas illas prieparationes, — etc.
b El Oríj.— ncscío quas , illuminationes expectarent, etc.
!270
246 dor de hierro , a raiz de la carne , * i los ?oI-
via , en fin , a otras inumerables simplezas, tan
perniziosas como éstas , como si aquella pésima
zizaña no fuese bien rezibida , a no a renovar ,
o escardar primero la tierra , con el almocaOre
de la divina palabra , según antes dijimos.
Porque, arrancando Arias la antigua supers-
Uzion , no introduzia sino otra nueva , roas pe-
ligrosa i mas noziva. Sacaron de allí , muchos
de sus oyentes , los mismos frutos , que de tan
perniziosa escuela suelen provenir , a saber :
unos , la locura ; otros , ciertos b ardores per-
petuos de atrabilis , que tanto se parezen a la
locura ; otros, un dolor de cabeza incurable del
|Odo , por el que , menguándoseles no poco el
cerebro, de nada podia , en lo suczesivb , ser-
virles la razón ; i los que , por ser de un tem-
peramento mas robusto , venzieron esas enfer-
medades, que aflijen tanto al cuerpo , como al
alma ; habiendo contraído , por aquella vana
opinión de santidad , una estimazion de si mis-
mos , inmoderada i completamente farisaica ;
ninguno de sano juizio , los tendrá por mas fe-
lizes que a los otros.
o El Org.— ni díTini Terbi sarculo térra ipsa pñas innova'
retur— etc.
b o— arrebatos- ; en lat.-testUB,
Escusaria tal vez a ilrjas de uü crimeQ , por
iú demás , gravisieio a i digno de castigo » ola
falta de ciencia de «iia mejor doctr^iaa , o ya,
algún suzeso fatal , por el cual , hubiese sido
forzado , a acometer primero aquella empresa,
i después , a dirijirla por aquel medio :; * si no 217
'Supiésemos , q«e él , en virtud del coaozimifiíi-
to cabal, que de la verdad tenia , había con-
denado en su interior todo lo que en lugar de
la misma verdad sustituyó , i coa algunos , por
entonzes mismo, burlándose con mucha grazia,
de la nezedad de aquellos , a quienes tan fazQ-
roente hizo le obedoinesen en todas cuantas co-
sas les prescribía.
Pero , de aqueUos granitos de buena simien-
te , b entre tantos puñadiUos colmados de
«impiezas , con tanta «palignidad(CQQiunk<A^ ,
provinieron luego (tal es Ja fuerza deia ateczíon
divina) abundantes IriAos de «ordadera^piedad.
Pues algunos , Mbres ya enteraonente sus áni-
mos de la antigua superstizion , i no bastante
adheridos a aquella nueva , mientras buscaban
una instruczion tan aólida como piadosa, dieran
a o de exftiacion : pues tai es la fíierza , en el oríjinal , de
-graTíssimo piuculo.
h El ürij.--ex illis veritatis granulos ínter tot nugarum ple-
nos pugülos-etc.
•ÍT1
sin pensarla , con loa maestros del otro batido'
queenseflahancoD mas pureza la verdad. Con
la amistad i trato de éstos , adquirieron los
girinzipíos de un saber mas puro i mas sólido .
i empezaron sobre todo a desecliar de si , aque-
lla triste i borrihle idea , acerca de los que lia-
maD Luteranos : i como que ellos pensaban que
no hablan de tener un perfecto conozimieoto de
lu verdad, mientras no pudiesen usar alguna
vez de los libros de aquellos , ni aun en esto
dejó Dios de corresponder a sus piadosos
deseos.
Pues de un modo milagroso , ' cuando mas
248 descuidados estaban , no solo les * proporcionó
cuantos libras de aquellos , poco antes , hablan
azertado a desear , sino también lo mejor i mas
esquisito de cuanto hasta entontes se habia pu-
blicado en Jinebra, o en toda Alemania. Enrrí-
quezidos con aquella abundanzia , i mas opulen-
tos ya que sus mismos maestros , empezaron de
tal suerte a instruir a su convento , que desde
dos , que comentaron tan peligrosa tarea , a)
cabo de pocos meses , aunque bien poblado el
monasterio , habia mui pocos, que no hubiesen
* El Orij. ipn) pUae donnicnlibna-eic.
273
gustado algún sabor de piedad , a ninguno que
ta contradijese.
Ya las horas , que llaman de coro, i rezo , se
habian b convertido en esplicazioncs de la Sa.
grada Escritura : las prezes acostumbradas |)or
los muertos , o se habian suprimido , o en su
mayor parte cercenado : anticuádose del todo
las induljenzias i expiaziones , en otro tiempo
conzedidas por los Romanos PontiGzes , en
las que , en gran parte , estribaba aquella mo-
le : a lasimájenes', ningún culto , o mui poco ,
ciertamente , les era dejado : conmutado se
habían los ayunos supei*stiziosos , en perpetua
sobriedad : nadie era ya instruido para el mona-
cato , sino para la verdadera piedad: nadie casi
hablaba ya , de promover el antiguo instituto ,
muchos si , de escarnezerlo , abominarlo , i por
último , de abolirlo.- Ni se enzerraba , por eso,
aquella divina luz dentro de las paredes del
Monasterio , * estendiase aun a la ciudad i pue- 249
blos circunvezinos , comunicándose c por los
Ubros , i por la palabra.
I habiendo ya llevado la cosa a término , de
a nollas qui reclamaret-etc.
b El Orij.— pnecarice horac — sin duda , se llaman, las del co-
ro , o del rezo del Breviario.
V El Orij.— tum libris tuin sermone communicaüs.-etc.
2W
no quedar casi nadépor désDniir , sino es aqueF
a firiDÍsimo idolo de la Misa , i la máscara del>
monacato , qae consiste en el hábito i cerquillo
i no pudiendo tolerarse ya ésto por roas tiempo,,
sin manifiesto pecado , ni destruirse tampoco ,
sin nn peligro cierto , i al parezer , no con«
gran fruto , empezaron a pensar en dejar aqueF
nido ,.i trasladarse a Alemania , a tierra mas
franca para su relijion. La tentativa parezia-
grande , r aun a varios , temeraria. Pues no
veian medio alguno , ¡m el q)ie pudiesen
pasar a Alemania , casi desde el último confin
de Espafia , no ya uno que otro » sino tantos de-
una Tez, i éstos, no solo los mas autorizados en
toda aquella comunidad, sino también, algunos
de ellos» por su doctrina singular , esclarezidos
en la misma ciudad , dejandO'Casi despoblado ,.
el mas célebre monasterio de toda Andaluzia.
I el fr escabullirse uno a uno, era mui espues-
to para los que fuesen los postreros : i mas ^
estando ya los Inquisidores despiertos del pro-
fundo suefio en que antes al parezer dormian r-
i avisados c por algunos malévolos de tan nue-
a El Orij.— robustissimiiin illud Misse idoloin , et ipsam mo*
nacbatasjtersooam-etc.
b El Orij.— errepere-que es errata por crepere.
c Et Orij'— "OOTitate ác celebrítate rci a maleáis quibosdanp
ezpergefactis :~etc.
275
To i memorable suzeso : * por lo cual, o habian 250
4e salirse , a la vez , todos los que estaban de
acuerdo , o tenían que esperar juntos , el peli-
gro que de cerca les amenazaba. I asi , estando
ellos cojidos en esta incertidumbre , abrióles
Dios un camino, por el cual, valiéndose , según
Ik ocasión , de algunos pretestos plausibles , en
el espazio de un mes se escaparon doze , i yen-
do por caminos diversos, a la vuelta de un año,
lograron verse reunidos en Jinebra , donde te-
nían resuelto , desde antes de salir , fijar su re-
sidenzia. Pero los que iniziados ya en la buena
doctrina permanezieron en el monasterio , o
bien porque no aprobasen la determinazion de
huir , o porque no estuviesen prevenidos para
la partida, quedaron a merzed de la tempestad»,
qpe pocos dias después se les echó enzima.
Van a ya quemados cinco del mismo monas*
terio , i otros muchos , con otras varias penas
castigados , sin que hasta ahora haya habido
en Sevilla ningún auto de fé Inquisitorio , o
mejor dicho , ningún triunfo , al cual no haya
acudido aquel monasterio con alguno que otro,
i h aun diversos , de sus cenobitas i c bien se
a
En el año de ia67. i ^
b El Orij. — aut etiam plures-etc.
c El Orij.— estque Tero coBsentaneum-ctc.
27C
compadeze , que las semillas de la verdader»
doctrina, que por espazio de machos dias abun-
dó en él , estén tan arraigadas hasta en las mis-
mas piedras del edifizio . que a no demolerlas »
convertirlas en polvo, no cesen de nutrir todos
251 los aAos * con alguno que otro a Luterano . la
hoguera inquisitoria.
De intento nos hemos desviado de nuestro-
propósito en la presente ocasión para referir
tan honrros» historia , por el deseo de alegrar
a la Iglesia de Cristo , a la cual creeriamo»
ofender malignamente , sr privásemos a esto»
santos varones , de la memoria con que se le»
debe honrrar , por haber combatido tan de cer-
ca la superstizion , con no menor esfuerzo que
peligro , despreziando por causa de su relijion ,
con tanta grandeza de alma , i renunziando, de
grado « b a aquellas honrras i plazeres ciertos ;
i abrazando , en su lugar , la pobreza, el des-
prezio , el destierro de su patria , las mayores
afrentas , i el cotidiano peligro de su propia vi-
da , que llena aun de otros quebrantos , defien-
den con suma dificultad. I después de Dios ,
a En cierto , que la Inqoiaiiion los llamaba lAUeranos , i loe
quemaba títos , por eao : pero no me párete que el apdalÍTO
les cuadra completamente.
b El OríJ.^abdicaiis oertis illis túm honoribus, túm deliciM.
I
277
atribuimos estos memorables suzesos , a Arias,
de quien vamos tratando , por cuanto de aque-
llas primeras centellas que él, aunque con otros
fines, introdujo, el primero, en el monasterio ;
enzendióse aquella grande hoguera en que ardió
después , en alabanza de Dios , el mismo con-
vento, i fuera de él , una buena parte de la ciu-
dad, sin contar otros muchos lugares.
Asi pues , habiendo los suyos propios , dela-
tado a Arias repetidas vezes ante los Inquisido-
res , como que por la inconstanzia i variedad de
su carácter, les er^ a ellos tan sospechoso como
a los demás perjudizial; había tenido * que defen- 252
derseenjuizio. Suzedió, al fin, que en aquellos
calamitosos dias , en que por una espezie de fa-
talidad se veia cualquiera arrastrado al suplizio
por causa de relijion ; él fué también acusado ,
i no como antes , sino formalmente. Habíaselo
pronosticado así algunos anos antes el mismo
Constantino , i bajo juramento.
Pues convidándole este un día a comer , i
asistiendo también Ejídio i Vargas , para re-
prenderle mejor i mas severamente aquella su
tan lamentable perfidia, ya que antes había bur-
lado muchas vezes otra mas blanda amonestazion
él en el calor de la disputa, como amenazando-
r
les , lleifú a dézir , que luzelaba el i|Uu le obli-
gaacu a ver el espectáculo de toros sacados a-
pUza , como de cuando en cuando se dan al pú-
blico; a augurándoles bajo este enigma, aunque
claro, el teatro Inquisitorio.
A lo cual Constantino , iPÓDgote a Dios por
testigo (te dijo) , de que entoDzes , no serás tu
el que Teas la corrida desde alto, como piensas,,
sino que estarás en la misma arena.» No obs-
tante , por uno de sus ocultos i adorables de.
signtos , hizo Dios , que este último cantÍTeriu
no fuese la perdizion de aquek hombre , aunque
tan pérfido , sino el prinzipio de un verdadero i'
hasta allí inesperado arrepentimiento.
Pues se apoderó del ánimo suyo, un tan gra-
253 ve dolor por su pasada vida , * que aunque era
un hombre mas medroso que las liebres o las
monas , b resistió entre los mismos tormentos .
a los impugnadores de la verdad, con una cons-
tanzia de ánimo inesperada, i que argüía en él,
una mudanza milagrosa . i a los mismos Inqui-
sidores , espezie de semidioses por aquella su'
majestad , reprendía con durísimas palabras ,
* Él Orij.— Lflporo out ^mia meticultaiír.
Ti9
ifiziéndoTes r que eran liías a propósito para
andar de arrieros con tres o cuatro burrros , i
que ésto les estaría mejor ; que no arrogarse la
censura de cosas de fé , que tan torpemente ig-
noraban : que en cuanto a él, de corazón le pe-
saba , i no dejaría de pesarle , mientras viviese,
haber combatido muchas vezes, delante de ellos ^
a sabiendas, i de grado , contra sus piadosos de.
feusores, la misma verdad, que ahora defendía.
Cuantas vezes le llamaban a la audienzia, te-
nían los Padres de la fé que aguantar tan duras^
recriminazíones. Sacáronle al triunfo , * mar-
cado i señalado con todas aquellas insignias, se-
gún el juizio de los hombres , mui ignominio-
sas ; mas luzidisimas , i ante el juizio de Dios ,
mas honrrosas de lo que se puede espresar:gra-
¥e ya, por su anzianidad, pero mas en particu-
lar venerable, asi por el insigne arrepentimien-
to de su pasada vida , como por la confesión
pública de la verdad; i apoyándose en un bácu-
lo , se azercó después del triunfo , contento * i 25^
regozijado , al suplizio del fuego ; compensando
suíizíentemente al fin de su vida, con aquel no-
tabilísimo ejemplo de arrepentimiento , digno
* El Orij.— Eductus cst in triamphym omnibas illis te tern-
mis., notis insignitus-etc.
380
lie eterna iiKimoria , los ilaQos antes causados f
la Iglesia , con at|iiella su perlidis e hipocresía.
¡O varón verdaderaracnle bienaventurado
digno de que la Iglesia eslablezida en el mundo,
le coloiiue en lugar prererenle , entre los prin-
zipalés i mas esforzailos campeones de la fé
por haberse levantado de repente, desde la ma-
lizia mas deplorable , a que imajinarse puede
basta el punto de confesar , como aquellos , la-
verdad. Pablo, b aquel selectísimo instrumento
de Dios , se constituyó iirimeramente en el or-
den de los pecadores , poriiue por ignoranzia •
i en cierto modo , con buen zelo , liabía perse-
guido a la Iglesia de Dios: pero a nuestro Arias,
que a sabiendas , í de grado , la aflijió , como
un enemigo doméstito , no abierta sino insidio-
samente ; ¿en qué lugar le colocaremos entrir
los pecadores!
Pablo dize , que en virtud de un oculto de-
signio de Dios, llegó él a alcanzar la misericor-
dia , de que por tantas razones se babia becbo
indigno , <para que en mi mostrase , «dize» ,
Cristo Jesús , toda su clemenzia i dejase un de-
b El Orij.— ulecl
28 1
Jthado , a los que han de creer en él :» ¿cuánto,
pues, no manifiesta Cristo, en este nuestro nue-
vo Pablo , su clemenzia, las riquezas de su bon-
dad , i los tesoros de su misericordia ? * ¿Qué 255
muestra no da en él , a los pecadores , de su
incomprensible clemenzia , grazia i amor? I asi,
por este admirable i patente nuevo ejemplo de
la bondad divina , convendrá a que reaprenda-
mos b a reprimir las lenguas , i los juizios pre-
maturos , aun respecto de aquellos que veamos
^en el estado mas deplorable , puesto que igno-
ramos del todo , lo que Dios tiene , azerca de
ellos, determinado. Antes bien , debemos según
el prezeptode Pablo, esperar de ellos , que han
.de venir a mejor término.
* EL DOCTOR JUAN EJIDIO, CANÓNIGO 256
€ PREDICADOR DE LA CATEDRAL DE SEVILLA.
Eli Doctor Ejidio , aunque no dejaba de ser
hombre a propósito para el estudio de las letras
i harto constante en cultivarlas , malgastó la
a addiscere erit operoB pretium.
b El Ory.—et linguas et iudicia imprematura cohibere-etc.
c El Orij. — Condonator , que no sé si es el Majistral , o el
DoctoráL
í'
mejor paite de su vida , en estvdÍM tan efttéri*
les ; que después de a acabado el curso, o circu^
lo de aquellos esludios , i de haber ganado en
las escuelas a titulo de su erudizíon , los últi-
mos grados académicos, después en fin de pro-
fesar por largo tiempo la Teolojia ( que era la b
condizion de aquella edad , acerca de los estu-
dios de las letras), apenas podía medianamente
hablar en latin. I aun no seria grande el mal ,
sí a la torpe ignoranzia i corrupzioa ya de las
lenguas , ya del buen método para aprender ,
no se aftadiese un cierto desprezío , blasfemo i
verdaderamente impío , de las sagradas letras.
Oírnosle , de su misma boca, a aquel piadoso
varón , lamentándose de la esterilidad de sus
estudios , i de las tinieblas de su siglo , dezir ,
257 que eran tales * aquellos tiempos , que en la
Universidad de Alcalá, donde él estudió, el que
de cualquier modo despuntaba en la Sagrada
Escritura , lejos de contarle entre los doctos ,
le llamaban los demás , por mal nombre , c «el
bueno del biblista , » dando ellos la palma del
saber , i por consiguiente , de la sagrada Teo-
a El Ory.— post absolatam oorum stiidioram eociolopedídm.
b El Orij.— condiliOT-gosto (?)
c El Orii.-bonas biblista-etc. En la ocej>c¡on,qae D* Diego di-
zo en el St de las Niñas: —tel bueno del). Fpifanio.»
283
lojia , aun sobre la Sagrada Escritura , a Lom-
3)ardo , Aquino , Scoto , Gregorio Arithmético,
1 otros autores de la misma escuela.
Estando en Sígñenza de maestro de Teolojia,
le llamó a Sevilla , para hazerle predicador de
la catedral , un tal Alejandro , antecesor suyo
^n aquel cargo , recomendando su probidad , i
su doctrina con tal eficazia , que el cabildo de
Ja Iglesia, contra la costumbre rezibida i contra
sus propias afecziones , sin publicar antes la
que llaman oposizion de doctores , i sin que el
lo esperase » le enviaron a buscar , i le * nom-
braron su predicador. Abora bien : a Ejidio , le
tenían por muí sobresaliente en la Teolojia,que
entonzes prevalezia en todo el orbe Cristiano ;
pero ni babia predicado en público , ni saluda-
do siquiera las sagradas letras.
I asi , cuando subió al pulpito » le hallaron ,
<;ontra lo que todos esperaban , ineptísimo para
^quel ofizio ; i empezó el mismo a aburrirse , i
los demás * a despreziarle sobre manera : i au- 053
mentándose mas i mas cada día este desprezio,
tanto a los que , imprudentes , primero le ba-
bian llamado ; como a él , que con no menor
imprudenzia , tomara sobre sí un cargo , para
* El Orij.—ít sug^estQ preefecerint.
el quG era comptelainenle ÍHe(ilo ; les peaü . di>
lo hecho , de Ul suerte , qoe mas de una vez
l>en9aron, él en dejar de grado el puesto, i ellos
en sepaarle. Al cabo de algunos años pasados
en aquella incertidumbre , vino Pjidio a trope-
zar con un oportunu consejero (veiande asi be-
nignamente la divina Providenzia por su bien i
por el de toda la ciudad) que , en el espazio de
pocas horas , le instruyó puntualmente en el
ofizio de predicador Cristiano , para cuyo feliz
desempeAo se requerían otros estudios , otros
libros i otros directores . que los que hasta en-
lonzes a él le habían servido.
Pasmábase al prinzipio Ejidio con aquel tan
inesperado discurso : i admiraba , sobre todo ,
la audazia de aquel hombre , que siendo del
vulgo de la plebe , idiota , i que do tenia fam^
de mui cuerdo, se habla atrevido a ensenar con
tanta confianza a a un tan gran doctor , sin ha-
berle antes tratado , ni aun conozido lo bastan-
te. Pero, como era de condizion apazible, i h se
le hablaba del ofizio de predicador , que él tan
infelizmente ejerzitaba , se dominó a sí propio
259 con fazilidad , r, para prestarle * oidos.
% fií ü\-
285
TMas el espíritu de Dios comunicó lal virtud a
ias palabras del consejero , que , desde aquella
hora , mudado Ejidio en otro hombre , juzgó
inútiles i vanos todos los estudios i ejerzizios
de su vida pasada , i entendió que tenia que
introduzirse por otro nuevo camino a la sabidu-
ría , de la que ni aun el alfabeto había aprendi-
do. I como que su mismo advertídor no le exi-
mía del cargo de predicador , interíormente se
sentía llamado a aquel ofizio del que no había
de sacar en el mundo ni honrra ni provecho.
Pasmaránse . tal vez , muchos , al saber el
nombre del consejero , que en tan breve tiem-
po , fué , para tan gran varón , autor de tal
mudanza , i maestro de verdadera sabiduría :
pere hemos de divulgarlo , para que mas se
celebren i adoren los admirables designios de
Dios , que embota i desvaneze la sabiduría
mundana por medio de los que el mundo tiene
por locos. Este fué Rodrigo Valer , a quien los
Inquisidores , veintiséis años antes , condena-
ron publicamente en Sevilla , a título de pseu •
do-profeta» pseudo-apostol i vilísimo impostor,
que después murió desterrado por profesar la
verdadera piedad.
Parézenos que no será molesto a las pevsonas
u
\
260 piadosas , ni ^do de nuealro propósito * {;a
que le hemot citado) el referir aquí , en pocas
palabras, lu vocazíon , cierlameote admira-
ble . para el verdadero conozimieato de Críslo.
Este Valer pues , natural de Nebrija (ciudad de
Andaluzia , por su antigüedad famosa , i prio-
zipalmente , por Antonio de Nebrija . hombre
doctísimo i restaurador , en nuestra edad , de
la lengua latina, en España) hijo de una familia
bonrrada , como no le fallasen riquezas para
mantener el decoro de su familia , le mantenía
según acostumbran comunmente los hombres .
que no ponen la nobleza en la virtud , sino ea
tener caballos . a en los jaezes de estos, en fies-
tas, en el lujo de vestidos , en caserías , i en
otros pasatiempos de esa espezie. Pues era Va-
lér , en estos ejeriizios , el primero entre los
jóvenes de su pueblo . de suerte , que no solo
quería parezerse a sus iguales, en edad i rique-
zas , sino también , aventajar a todos ellos.
En lo mejor b de aquellos devaneos , se apo-
dera de él , de repente , un cierto furor divino
(mas cuál fuese la ocasión , quién el enaeOador,
cuál finalmente, el modo , no se sabe) , por el
287
^e renonziando enteramente a sus antiguos
ejerzizios , í , lo que pudiera parezer mas difí-
cil , despreziando los juizios de los hombres .
dirijió tan vivamente todas las facultades de su
cuerpo i de su alma , a los ejerzizios de la pie-
<]ad , que parezia . ao haber quedado en él ,
nada mundano. La mudanza maravillosa de
aquel hombre , que se veia , no solo en sus pa-
labras , sino también en el mismo atavio del
cuerpo , antes muelle i espléndido , * i enton- ^{
zes grosero i humilde , era a unos sospechosa;
otros , i estos eran los mas , se burlaban de
ella , como de una locura o embriaguez.
Pero , asi como en tiempo de los apóstoles ,
a quienes aunque inspirados por el Espíritu
Santo , suzedió lo propio , los mismos efectos
del espíritu contradezian tan siniestros juizios,
4isi también un verdadero temor de Dios , uu
lamentarse de la anterior vanidad , un ardentí-
simo deseo e incansable solizitud por la justizia,
i sobre todo una plática continua azerca de es-
tas cosas , i de los demás capítulos de la verda-
dera piedad, estrictamente ajustada * a las sa-
gradas escrituras ; atestiguada en Valer , para
* El Orij. — ad ipsam sacrarum scríptwarnrn amussiui coUi-
inutus , etc.
oíros de maB eano juízio . la presenzia de aqud
mismo espíritu. Había adquirido en su adoles-
cencia, algún conocimiento de la lengua Latina,
i mediante él , revulvia de dia i de noche las
Sagradas Escrituras , cuyo constante estudio te
valió el retener en la memoria una buena parte
de ellas, i aplicarla , coando se ofrezia con ma-
ravillosa destreza i prontitud.
Tenia todos loa días largas disputas , con los
que llaman varones Eclesiásticos : los clérigos i
los fhtiles : por cuya causa , aseguraba él , que
no solo al orden eclesiástico , sino tarabien a
2Q2 los démas estados de la república Cristiana , *
aquejaba tal currupiion , que ninguna , o mui
poca esperanza «e veiade remedio: i coneste te-
ma , perpetua i severisimamente los reprendía.
Preguntábanle , es a saber , esta prole de
Fariseos , ¿áe dónde le venia aquella perizia fia.
mante a en las cosas sagradas? ¿De dónde, aque-
lla andazia , para asaltar con tanta insolenzia a
los santos padres , lumbreras i columnas de U
Iglesia [pues él , en sus vehementísimas invec.
Uvas , hería a todos los órdenes o jerarquías de
la Iglesia) siendo b un hombre lego , sin letras
a El Orii. — Don parittg etc.
b ti Orij.— homo lalcus-«. d. luco : no cMrigo.
289
absolutamente, antes bien.inui dado toda su vi-
da a estudios profanos , i en su mayor parte
perniziosos? ¿Con qué autoridad , en fín , hazia
aquello? ¿Quién le había enviado? ¿Cuál la señal,
de su Yocazion ? Los hombres a artifíziosos ,
cuando no pueden negar sus maldades , ni re-
sistir con justas razones a la luz que prueba sus
tinieblas , apelaron en todos tiempos , a tales
subterfujios.
Pero Valer respondía a. todo con senzillez i
firmeza : — Que él , había sacado aquella sabi-
duría,, no de las ya corrompí disimas lagunas de
ellos , sino de la grazía del Espíritu de Dios ,
cuyos raudales habían de b dimanar del corazón
de los verdaderos creyentes en Cristo. I que
aquella audazia , se la comunicaba , ya el que
le enviara , ya también la misma verdad. Que
el Espíritu de Dios , sin ligarse a ningqn * or- 263
den i , en particular , a uno corrompidisimo ^
por mas que se dijese eclesiástico; de unos legos.,
i esos , idiotas pescadores , había en otro tiem-
po levantado los apóstoles , para que c confun-
a El Orij.— Belli bomíiMS.-Tambien puede tomarse aquí , en
la ace|>cioB de Marcinl lib. 1 Epigr. 10- i entonzes, significar honif
bres hipócritas : buenecitos.
b o-exundar,'^i.se sufre la toz. El Orij. — exundaturo.
c El Orij.— redarguerent.
290
Avmn la cegnedüil de toda Ta Sinagoga , erudi-
ta en la lei, i paraijue llamasen al orb« entern,
a )a cienzia de la salvazion. Que Cristo mismo ,
era el que le había enviado, que en su nombre
icón BU autoridad obraba ; [lero que la jenera-
zion bastarda , i que ya , en otro tiempo , había
dejenerado déla verdadera estirpe de los hijos
de Dios, pedia señal , cuando al brillar la luz, r
deakimbrar con au resplandor los oJos|de todos,
quedaban clarísimas aun las mismas tinieblas.
Citado al fin , por estas causas , ante el tri-
bunal de los Inquisidores , disputaron muí aca-
loradamente , sobre cual Tuese la verdadera
Iglesia de Cristo , sobre sus señales , sobre la
justifícazion del bombre , i otros capítulos se-
mejantes , cuyo conozimiento había alcanzado
Valer , no por el auxilio de los hombres , sino
por pura i admirable revelazion de Dios. Exi-
mióle aquella vez , para con los Inquisidores, la
locura , que creyeron aquejaba al bombre; i asi,
despojándole de lodos sus bienes , sin duda pa-
ra que recobrase el Juízío , le soltaron.
Pero no se recobró , o corrijió : de suei'le .
que al cabo de algunos aüos , hubieron de lla-
marle otra vez , por las mismas causas : i obli-
gándole a cantar la palinodia . le perdonartHi la
291
Tida , * porque aun le creyeron loco. Fué, no 264
obstante , condenado a llevar perpetuamente
un Sambenito , i a cárzei perpetua de la que le
llevaban todos los domingos, con otros concau-
tivos , a oir misa a la iglesia, que llaman de S.
Salvador : allí , levantándose muchas vezes de
su asiento, a vista de todo el pueblo, contrade-
zia, * asi cautivo, a los predicadores, que ense-
ñaban falsas doctrinas : pero en aquel tiempo ,
los inquisidores , no enteramente depravados ,
escusaban todo esto, con el nombre de locura.
De aquella carzel , le trasladaron ', a un con-
vento de San Lucar , donde murió de mas d&
cincuenta años , varón conzedido al mundo, pa-
ra ser en su tiempo , la admirazion de él , i le-
vantarle de aquel letargo de impiedad. I como
en aquel tiempo, eran cosa inaudita en Sevilla»
los títulos , por los qué aquel relijiosisimo va-
ron sufrió tan inicua censura , le agrazíaron
con el mayor Sambenito de los que , hasta en^
tonzes , habia llevado nadie , el cual se ve aun,
en el Sagrario de la Catedral de Sevilla , como
un raro monumento de aquel grandísimo here-
je , puesto en lugar señalado i guarnezido con'
• El Orij.—vel cauUvus-etc.
J
\
í
m
esta inscripzioii en letras bien grandes : * « RO-^
DRIGO VALER , natural de Nebríja , í apósU*
ta í pseudo-apóstol de Sevilla , que se tituló
enviado de Dios.»
205 * £^ fué el que ,.con sus amones taziones ,
despertó , primero » al doctor Ejidio , según
arriba dijimos , i de este maestro aprendió pri-
meramente el verdadero Evanjclio de Cristo ,
que antes , por espazio de muchos años , ni
como díszípulo , ni como maestro , hahia oido
siquiera. Favorezióle , en cuanto pudo , mien-
tras se trataba su causa , ante los inquisidores,
i por los esfuerzos de él , dizen que 8e logró ,
el que inclinándose los inquisidores a la cle-
menzia , templasen prinzipalmente la sentenv
zia dada contra el relapso , como ellos llaman.
1 no le costó poco a Ejidio aquella compasión ,
para con su maestro : pues se atrajo un grande
odio , i se hizo sospechoso , a aquella raza de
Fariseos , a quienes la verdadera piedad fue
siempre odiosa.
Después de aquella saludable amonestazion ,
vino Ejidio a tener trato familiar , i estrecha
amistad , con Constantino de la Fuente , hom-
* El Oríj.— RoDBMCus Válmius civis NebrísscDsis, atqae His-
palensis apostata, et pseudapostoTus, qui á Deo se missuin dixit^
i
295
bre de prodijiosa erudizion ; i con aquella
amistad , comunicándose una a otro sus estu^
dios , empezó Ejidto a instruirse en otras me-
jores letras , i a leer los buenos autores , i en
una palabra , a adelantar considerablemente en
la verdadera teolojia. Pero sobre todo , co-
mo ya sabia mejor , por la comunicazion con
otros mas sabios , i en particular , por su pro-
pia esperienzia , de qué cosas había de plati-
car con fruto al pueblo , empezó a predicar tan
docta , tan piadosamente , i con tanto fervor * 266
en sus palabras ; como fría , indocta i torpe-
mente , antes lo había hecho.
Sentían los oyentes, la virtud de una doctri-
na propagada con entero acuerdo por tres hom-
bres ya de suma autoridad , Ejídio , Constati-
no i Vargas , i así era , que cuanto mas se le-
vantaban éstos , de las inveteradas tinieblas de
aquella ignoranzia, en tanto mayor estima eran
estos tenidos, i tanto mas se desacreditaba cada
día , con el * asiduo contacto de la luz, la turba
de hipócritas , que, con tanto detrimento de las
almas, habían enseñado otra cosa. Oríjinábanse
de aquí las continuas quejas dadas a los Inquí-
*■ assídua congressione lucis-El Orij.
204
sidores , azerca de aquellos tres defensores de-
la verdad , prinzipalmente , azerca del doctor
Ejídio . que como aventajaba a sus compañeros
en senzillez de carácter , i en autoridad ; pro-
vocaba también mas abiertamente i con mas
frecuenzia , a ios enemigos de la luz.
Pero » cuando mas se atrajo el odio implaca-
ble de aquellos, fué cuando después de pasados
algunos años , en aquel empleo, por su singular
doctrina i santidad de costumbres , le elijió el
267 Emperador para Obispo de * Tortosa: pues au-
gurando entonzcs los hipócritas , que babia de
venir a su reino alguna terrible calamidad , si
Ejidio llegase a subir a la silla Episcopal , juz-
garon que debían acabar con él , aunando todas
sus fuerzas , i no andarse , como antes , en lije-
ras escaramuzas. Llamante pues * seriamente al
tribunal de los Inquisidores , se ajita su proze-
80 por los mas diestros artífizes de la iniquidad,
i le sepultan en la cárzel Inquisitoria.
El prinzipal capitulo de su prozeso , era el
de la justifícazion del hombre , al cual seguian
otros correlativos , a saber , el de los méritos
de los hombres , del purgatorio , de las purifí-
El Orij.— ¡n Episcopum Dortoss entcm-etc.-Dertosa : Der
tvso : «s Tortosa.
2á5
caziones de los pecados , inventadas por la in-
dustria humana » de Cristo, como único media-
dor, de la certeza de la fé en los justificados etc.
A estos artículos , se anadian otros , sobre la
idolatría o culto de las imájenes , a los que dio
ocasión , un ídolo nefando de la santa Virgen ,
con artifizio admirable fabricado , según di-
zen , por el reí Fernando el Santo , que osten-
tan , con gran pompa , en algunas fiestas de la
bienaventurada * Virgen.
Tratóse ademas , de un pedazo de palo , que
con prodijiosa superstizion se venera en la ca-
tedral , por suponerle parte de la cruz en que
estuvo colgado Cristo , superstizion que Ejidio
había querido abolir , reduziendo a cenizas di-
cho palo. ítem : se habló también , de la invo-
cazion de los santos muertos , de la convenien-
zia de suprimir en los pulpitos de los cristianos
toda humana doctrina » i enseñar en ellos , pu-
ramente la palabra de Dios: i de otras material
en extremo nezesarias. Por vía de apéndize
añadieron , que había favorezido zelosamente ,
a Valer el de Lebrija etc.
, * Debe de ser una, que aun se conserva en Sevilla , en la
Capilla de San Fernando , i que este Prinzipe llevaba a la gue-
rra , empalada en el arzón.
^
290
26S 'ReapoDdiú a todu esto ^jidio, i en particular,-
sobre el articulo prinzipal , hizo una tan cuní'
plida defensa de su doctrina , (]ue de ello , has'
ta ahora, no hemos visto otra , ni mas docta
ni mas piadosa , ni mas completa. Con aquella
misma respuesta , abrió una anchísima a puerta
a sus contrarios, para recojer otros muchos y
nuevos errores i herejías. Aun no bahía llegado
a tanto la audazia de los Iniguisidores, que pen-
sasen en quemar , por aquellos cargos . a tan
insigne varón , si bien tos contrarios los apre-
taban con ahinco a tamaña crueldad ; i así
buscaban medio de salvar su vida , ya que de-
ningun modo podían apartarle de su opinión ,.
e interzedian por él , el cabildo de la Iglesia de
Sevilla i el mismo Emperador, que poco antes le
bahía juzgado digno de un h ilDstrisimo Obis-
pado.
Corro , c anziano venerable . que era uno &h
los Inquisidores , i conozia la piedad de Ejídio ,
í la perversidad de loa que le acusaban ; le ayu-
daba también mucho en su negozio , apesar de
que a ello se oponía su malvado compaflero Pe-
a El Orij.— iDtissiniaD) renoalrtin Bpperuil Ddirraoriis, scUi-
c«l amoi uiiDe., «rrores.. collipíDdi.
297
dro Diaz , quien , por ser un ambiziosísimo hi-
pócrita, babia desertado al bando contrario ,
después de renunziar a la verdad , que de Va-
ler , el de Lebrija , mediante una interpreta-
zion familiar de la £pistola de S. Pablo a los
Romanos , babia * aprendido, i con sumo agrá- 269
dezimiento escuchado.
Muerto ya Vargas , i hallándose Constantino
«n Béljica con el Cesar, de quien era predicador
i confesor , se requerían , por cada una de las
•partes , arbitros de aquella doctrina, nueva en-
tre los Españoles. Habia Ejidio nombrado por
su parte , entre otros , a Bartolomé Zamora ,
[ B. Carranza , de Miranda ] , fraile de la secta
Dominicana, a hombre sumamente docto e ins-
truido en el conozimiento de la verdad , que
por grazia del Emperador subió luego , al arzo-
bispado de Toledo , i habiéndole perdido por
su relijion , o lo que se tiene por mas cierto ,
por el odio del Arzobispo de Sevilla Primer In-
quisidor , murió , baze poco , en lo mas rézio
de sus contestaziones con los Inquisidores, b
Mas hallándose éste también con el Emperador
a El Orij.— Bartholomeum Zamoreasem Dominicana} factio-
nis monachum,-etc. Pareze errata Zamor por Mirandensem.
h Esa era la única notiziu que en tiempo del A. se tenia ,
del jénero de causa formada a Bartolomé Carranza.
298
lio pudo intervenir en el examen del prozeso.
También Arias , llamado vulgarmente el
Maestro Blanco . dio , por entontes mismo su
parezcr , azerca de aquella doctrina , pero ya.
en su historia , dijimos en qué términos , i al-
gún día , tal vez , se puMicará con la respuesta
de Ejidio , aunque lodavia no está bien averi-
guado si para ello le llamaron los inquisidores,
u el mismo Ejidio. Asi pues , hallándose los
unos ausentes . i rehusando otros el juizio por
270 peligroso , * vino a quedar la dezision del nego-
zio en manos de Domingo de Soto , de la secta
Dominicana , sofista de gran reputazion en la
Universidad de Salamanca.
Este , después de esperado largo tiempo, fué
con gran aparato , de Salamanca a Sevilla , >
empezcT a tratar con mayor sagazidad que la
que otros antea habían usado , a aquel hombre
candido en demasía, por no Jezir incauto. Pues
mostrando en todo benevolenzia i candor, luego
que entendió que el hombre era inespugnable
en su opinión , si se le atacaba de frente , apa.
rentando consentir con él , en la doctrina , le
' persuadió, al fin, a que para eiimirsedela
infamia pública con que ya entre todos estaba
tildado , espuRÍcse en una declarazion , también
299
ipública i cumplida , los capítulos de su doctri-
^na , puestos en tela de juizío : que él escribiría
-de antemano dicha conveniente interpretazion
para que la adoptase , si le acomodaba : si no ^
comunicando entre ambos sus razones , se pu-
blicaría luego, la que mejor satisfíziese a la con-
^ienzia de uno i otro , i sobre todo, a la verdad
Estiende * Soto el borrador de la declara-
zion , repásanla entre si , i convienen por fin ,
i enteramente sin la menor controversia. Seña-
lan * los Inquisidores un día de los mas solem- 271
nes , para aquella pública declarazion, i se pre-
paran en la catedral dos pulpitos , uno para
Ejidio, otro para Soto. Acude gran concurso de
todo el pueblo. Platica Soto , i después de su
sermón^ saca del pecho una declarazíon escrita,
enteramente contraria a aquella, en que habían
convenido , porque en aquella, nada había, que
no fuese conforme a la creenzia de Ejidio i a la
misma verdad ; i en ésta , revocaba esplizita-
mente , todo lo que en el espazio de dos años ,
con tanta constanzia de ánimo , en la misma
cárzel , había defendido.
Estaban los pulpitos algo lejos uno de otro ,
* El Orij. — Asolus.-Lo iniísino {»ntes.
500
el murmullo del pueblo , que hablaba diversa^
mente azerca de a((nellos suzesos , resonaba de
manera , que Ejidío no podía oír lo que Soto
dczia. 1 asi , aquel hombre nimiamente crédoío,
cuando Soto por señas i levantando mas la voz
para que el incauto pudiese oirle , le pedia su
asenso , a cada capitulo de aquella fraudulenta
revocazion ; él . también por seQas, atestiguaba
que convenia con lo que Soto acaba de leer en
la a minuta escrita.
Condenáronle allí , a tres años de cárzel (tal
era el favor que para Ejidio habia granjeado b
272 aquel perdidísimo fraile) , * prohibiéndole pre-
dicar , enseñar i escribir durante diez años ;
y previniéndole ademas que en ese plazo no sa-
liese de las fronteras de España : i ni aun así
entendió que habia habido fraude en aquel ac-
to , si bien se maravillaba de aquellas penas :
hasta que luego , que le volvieron a su prístino
enzicrro ', i le echaron en cara sus amigos
el haber negado la verdad , descubrió , por
fin , el engaño. Todo ésto lo supimos , no por
otro medio , que por su misma boca ,^i estando
a ex scripta formula : El Orij.
h El Orij.— pi'rditissimus illc inonachus.— Que yo entiendo
es Soto.
sol
también en la misma cárzel. Vio , mientras es-
tuvo en aquella prisión , morir a tres de sus
príuzi pales enemigos , a Sbarroya , sofista do-
minicano , Pedro Hejia , h hombre que ridiou^
lamente se arrogaba el titulo de filósofo , sin
cienzia ninguna útil . i Pedro Diaz , el inquisi-
dor , que según arriba dijimos , desertó impia-
mente de la verdad : i por cierto , que no pare-
zia haber suzedido sin un espezial juizio de
Dios , que dentro del segundo año de su estan-
zia en la carzel , i mientras se trataba de su
causa , desapareziesen , i fuesen uno tras otro
arrebatados , tres enemigos acérrimos de la
verdad , impugnadores de aquel inocente i pia-
doso varón ; ni tampoco sus muertes , no mui
tranquilas , acaezieron sin dar que dezir.
Vivió Ejidio después de aquella fraudulenta
revocazion , cuatro o cinco años, siempre vene-
rable a aquella piadosa Iglesia , i no menos
útil , que cuando * tenia entera libertad de 275
predicar. Con c ocasión de una embajada , vi-
sitó por aquel tiempo a los hermanos , que en
a Este es , Agustín Sbarroya , mui amigo de Fr. D. Soto , i
autor de un libro titulado Purificador de ta conzienzia. Véase
a D. Nicolás Antonio.
¿la éste Pedro Mejia, le juxgarán asi , loa que leao sus
obras.
c El Orij.— occasione legationis.
llt
>i.. 1 1 i«H^rKtiMi M Doctor Caalla.
» -iii|MutitMl . se habían albué»
.ii,....u .ii: .r*>io : i Tolvktt^> a Serillo.
•iiM/iat Hit> í conlinKiHim . tnit i'j
. ..it«* . na Mnto Iarf9 . vími a ^n*
.tia^ ,)M^M« 4ias {tasó de taa
H. . • ii'iivM^ , Sitbrc la Epístola de
'5. i:i>im4eifcíirs . sobre algunos Salmos i
iiiur üv 1«^ Cantares, dejó en Español
.uviuartuc^ <iuttanientc doctos, i que res-
u uJo una ^iidad Cristiana, i un corazón
^•n »tiá Jfí ÜH«i. los cuales, a como prc-
^ V >^^UiUi Iglesia» se guardan por varones
V aiu ol us^ i)e ella. Aunque todas estas
. > >K'a .>iaUuc4siiiias, i mui eruditas; sinem-
. . . .ux (uv ost Tibió en la cárzel, ienlasmis-
» . Mv^iK-N. exieilea tanto a las otras, en es-
.. ,»»cviiul \ oM ciertos afectos, por un verda-
x^uuiu viv l>i\K» exzitados; que cualquiera
, X . ui vu ellas . cuan gran auxilio presta, b
iiv'v> 'uoci i ;AiTepentidos, la presenzia real
. * U-. [Mr« mentir con perfeczion azarea de
. . V, *. Ku U\>áitf «MiliiS' io insius usum afidis viris asser-
•vm v.Niu ^uua esas obras en Alemania.
..X K IV«I4(|« «DUttiS'CtC.
llasáosotres
jiueTos
«n SQ pronso le liabba
dora de la qae a la
T«iia : i q«e , va
Ha alma bieaaicalanáa de m
descanso , i haKrIa f «Ker ai
torio, al
leznaUe cadaTcr, í
del sepulcro, le llevas ai cadala* , i i
€D sa logar , icB sm
ja , le i mpoBCO d casliso qm
habrían Mpvesto , ai
lado a la diestra de Dím. ftn
los cielos se ríe de ellos.
£L DOCTOR coKSTA^m^o ic LA rrcmi irr
B
ajólos
sia, SI DO
a ElOrn.-á
sQllecto IB ftm et
^
son
Vallailolid bajo la enseñanza del Doctor Cazalla.
ronunziando a la impiedad , se habian alistada
on el Evanjelio de Cristo : i volviendo a Sevilla,
dpNpuee de consolarlos i conlirmarlos , por la
ujitazion del viaje , un tanlo largo . vino a en-
Termar. i a los pocos dias pasó de tan trabajosa
víila al eterno descanso.
Sobre el Jénesis , sobre la Epístola de San
Pablo a los Colosenses , sobre algunos Salmos i
sobre el Canlar de los Cantares, dejó en Espaflol
unos comentarios suraamenlc doctos, i que res-
piran en todo una piedad Cristiana, i un corazón
lleno de espíritu deDios, los cuales, a como pra-
ziosas joyasde la Iglesia, se guardan por varones
fieles , para el uso de ella. Aunque todas estas
obras son piadosísimas, i mui eruditas; sin em-
bargo, las que escribió en la cárzel, i en lasmis-
mas prisiones, exzeden tanto a las otras, en es-
quisita piedad i en ciertos arectos, porun verda-
dero espíritu de Dios exzitados; que cuali^uiera
podrá ver en ellas , cuan gran auxilio presta, b
en ánimos píos i arrepentidos, la presenzia real
de la Cruz, para sentir con perfcczíon azerca de
las cosas divinas.
B El OnJ.-ntEocIraisgd^lúeJDiMiususuin indis 'HrisAsier-
TDolar.-PuedcD eiiUir qiiiiá esne obrsh en AlcmjDia.
b E¡ Orij,— pii> ae renilu Bnímis-ctc.
\ los dos o tres años , de haber muerto aquel
i'elijiosisimo varou , les parezió acaso a los
nuevos Inquisidores , * que los que entendieron 274
«n su prozeso le habian tratado con mas blan-
dura de la que a la cruddad inquisitoria con-
venia : i que , ya que no pudiesen sacar aque-
lla alma bienaventurada de su imperturbable
descanso , i hazerla volver al tribunal Inquisi-
torio , al menas debian ensañarse con su a de-
leznable cadáver, i secos huesos. Sácanle, pues,
4el sepulcro, le llevan al cadalso , b i poniendo
en su lugar , i en su nombre, una figura de pa-
ja, le imponen el castigo que, cojido en la tierra,
habrian impuesto , al que está con Cristo sen-
tado a la diestra de Dios. Pero como habita en
los cielos se rie de ellos.
EL DOCTOR CONSTANTINO DE LA FUENTE 275
CANÓNIGO PREDICADOR [ HAJISTRAL ] EN LA
CATEDRAL DE SEVILLA.
llajo los mas felices auspizios para aquella Igle-
sia , si no hubiese acaezido para su mayor con-
a El Orij." in inane cadáver et sicca ossa.
b El Orij.-Ergo eductum e sepulcbro, etintheatrumallatum,
suffecto in lUius et loeum et nomen simulachros stramineoretc.
504
denazion , SDiediá Conitanlino , al piadosísimo
predicador [Majittral] Ejidio , quien asi en U
piedad como en mas sólida doctrina , bíio en
poco Líempo, pur medio de aquél, mili notables
adelantos. Pero , ya que asi lo exija de derecho
la divinidad del sujeto , habremos de tomar su
historia de un poco mas arriba: en la cual cier-
tamente nada rezelamos mas , que , el que por
nuestra falla a de bien dezir , nos quedemos
mui faltos , en la alabanza de un hombre laa
benemérito por su piedad.
Pues, ¿con qué elojios te lionrraré , o varM,
el mas cabal de cuantos vio dedicados nuestro
siglo a los sagrados estudies, a quien la bondad
divina adornó con tanto esmero . de dotes tan
exzelentes , i antes, apenas en un solo hombre
reunidas , que podrán alguna vez ímajinarse ,
estimarse , en su valor, nunca?-Cualquiera ten-
dría con razón por una impostura, mas bien
376 que por prodijio, lo que vamos a dezir. ' si no
pudiéramos probarlo con millares de ejemplos,
a saber , que nadie casi conozió las doíes de
aquel hombre , b que le inspirasen mediana
envidia , o mediana benevolenzia.
I El OrtÍ.-ÍBf«
' Bl Orí].— quiiK
td medlocretn d[
305
I asi , uazido al parezer para ser al mismo
lí«mpo blanco de un sumo odio i de un sumo
amor ; tuvo muchos enemigos acérrimos , i
también no pocos amigos. Entiendo por amigos,
DO ya , los que él amase ; como por enemigos,
no a los que el quisiese mal : sino aquellos, que
aun sin ser conozidos suyos , le amaban de
corazón , le admiraban , le veneraban. Pues
en cuanto a él , como que conozia mui bien
la instabilidad de la humana condizion , apenas
tuvo en toda su vida uno que otro que estima-
se por amigos verdaderos , sin que obstase es-
to , para que diese sinzeramente cuantas mues^
tras podia de afabilidad, a los que por savir..
tud juzgaba dignos de su benevolenzía.
Pasó ,„e» cierto , una juventud no mui lauda-
dable ,. según la * libre i suelta educazion de los
jóvenes estudiantes.pero que no le impidió^elser
apreziadisimo, en el resto de su vida. Como te-
nia un injento sumamente festívOi i :para donai-
res mui agudo , echaba a perder , alguna vez ,
con la libertad de sus chistes aun en la edad^
mas provecta, su» aprobadas costumbres: * ma« 277
lentiam excita r¡nt;>-Pensa miento que luego declara mas el Au-
tor. I es cierto , que a hombivs^ eminentes, suelen otros hom-
bres, aborrezerlos o amarlos, en demasía.
* El Oríj.— ¡»ro studiosorum iuTeoam libera educationo-etc.
esto , solo en cuanto a sus adversarios , a quie-
nes , aun sin chancearse , hubiera ofendido, no
menos con una regular gravedad , que con una
austeridad Curiana o Catoniana.
Cuéntanse de él , muchos dichos graziosísi-
mos , que si bien se consideran , fuera del do*
naire imprescindible , mas bien parezen pru*
dentisimos apotegmas , que jocosidades morda-
zes. Los cuales es imposible trasladar a otra
lengua con toda su grazia. De nadie se burlaba
él, con mas sal, ni con mas frecuenzia , que de
los frailes o clérigos hipócritas , hinchados con
la opinión de santidad, que ellos hazen consistir
en cosas de nonada. Sobretodo , sereia de los
predicadores nezios, que en ningún tiempo fal-
tan , raza vilísima de hombres , * según los es-
timan las Sagradas Letras , mas despreziables ^
que el mismo cieno : como que son comparados»
a la sal desvanezida, que no aprovecha para nada.
Nunca admirará nadie lo bastante , la agude-
za de aquel injenio , que se echa de ver, en que
a pesar de haber nazido en un siglo bárbaro ,
cuando ya, de largo tiempo, habían como apar-
tádose de la memoria de los hombres , asi el
' El Ory.^ex sacraruinlíteraruD»»8timaUone,*etc.
307
cultivo de las bueüas letras , como el de las
cienzias ; en medio de la ignoranziacornuo, era
él el único , o al menos uno de ios poquísimos,
que sabían, habiendo aprendido las tres lenguas
Latina, Griega i Hebrea, sin ayuda de maestro,
tan perfectamente, que podía, por si solo, * res. 278
taurarlas. I en cuanto a todas las demás cienzias
que se suelen requerir para formar un perfecto
orador, pareziá no solo haberlas llegado a cono"
zer , sino haberlas aprendido profundamente.
Con estos auxilios , emprendió el estudio de
las sagradas letras , en las que , aun en su mis-
ma juventud , salió tan erudito ; que cuando él
daba su dictamen, azerca de las cosas o palabras
sagradas; al parezer, a nadie quedaba nada que
desear en su dicho , como no fuese , a los que
están trabajados por la enfermedad de una * co-
piosa ignoranzia. Añadíase a esto una maestría,
i una facundia en la lengua Gastellaní , que ,
aun a los mas versados en ella , parezia maravi-
lla. Con tan excelentes dotes , subió al pulpito »
i en aquel empleo exzedió sin disputa^ a los mas
ilustres de la pasada edad , i de la presente.
Sobresalía en él , entre las demás dotes ,
* inscitise Toecundi-e morbo laborantibus ,-etc.
308
una admirable prudeoEía para juigar , adquirí"
da por 8U mucha erudizion i larga esperieuzia*
(pues parezia contemplar , como desde una ata-
laya , todos los suzesos humanos ) , i sobre to-
do , por aquel perfecto conozimiento adquirido
en las sagradas letras , en las que certisima-
mente contemplaba , como en un espejo, todas
las cosas tanto divinas, como humanas. Cuando
tenia que predicar (i predicaba por lo común a
279 las ocho) , * era tanta la concurrencia del pue-
blo , que alas cuatro , muchas vezes aun a las
tres de la madrugada, apenas se encontraba en.
el templo, sitio cómodo para oírle.
Perp , de todo aquel crédito sumo , que se
granjeaba entre todos (quitados únicamente los
malignos hipócritas), fuera de un frugal susten-
to, i de una librería medianamente provista »
ningunas otras riquezas sacó , aquel hombre »
sin duda , del todo , ajeno de aquellas pestes de
avarizia i ambizion , que desolaron siempre la
Iglesia de Dios. Habiendo sido llamado a una
pingue canonjía en la catedral de Toledo . con
condiziones , en que muchos de su ropa hubie-
ran cifrado la felizidad ; no solo no acudió, sino
que ni aun se abstuvo , de sus acostumbrados
chistes , al renunziarla.
309^
Pues, muerto el obispo a de Utica, que habia
sido Majistral de la catedral , él cabildo decretó,
sin la controversia que vulgarmente llaman
oposizion,honrrar con aquel empleo a Constan-
tino, i le envió a buscar a Sevilla por medio do
ima honorífica legazion. Respondió él , sin pa-
rarse mucho a deliberar , que les- quedaba mui
agradezido por haberle juzgado digno de tanta
honrra , i que procuraría mostrarles que no la
habían puesto en ningún ingrato. Pero, que los
huesos de sus padres i abuelos descansaban se-
pultados ya hazia muchos años, i que él no que-
ría admitir * ningún cargo , por ocasión del ^gO
cual , se turbase aquel reposo. Tal fué el tenor
de su respuesta , i no con mas palabras , según
creo.
Habían ocurrido , entonzes , mui acaloradas
disputas , entre el arzobispo Silíceo , por cierto
de piadosa memoria ; i 6 el cabildo. Porque el
arzobispo , que aun con publicas notas , había
marcado a los prinzipales del Cabildo , porque
traían su orijen de judíos , por alguna de sus
ramas ; les era enemiguísimo : i ellos» a su vez,
a El Oñj.— Mortuo enim episcopo Vticensi, quí in summo
templo fuerat a coneionibiisretc.
h q. d. la corporación de canónigos.
510
inipazieiite8 por tan atroz injuria (coinoque, poi*
otra parte, no dejaban de ser jenle honrrada ,
por sus riquezas distinguida) urdian todo el da-
flo que podian a al majadero obispo , pertur-
bador de la paz pública , que desde el arado i
los terrones , sin virtud ni erudizíon , mas bien
por un capricho de la fortuna ( si es lizito de -
zirlo asi) , habia arremetido a la suprema dig-
nidad de toda Espafta , segundo del mismo rei.
Con aquella ocasión , no se perdonaba ni aun
a los sepultados ya de cien años, averiguando el
malvado arzobispo , i esto , socolor de relijion ,
los padres, abuelos , tartarabuelos de los canó-
nigos , i llamándolos inicuamente de sus sepul-
cros, a dar cuenta de sus linajes. A estas no
menos impías que nezias confrontaziones , alu-
día oportunamente a Constantino , en aquel su
conziso Laconismo, aprovechando la ocasión de
23{ su llamamiento. Casi del mismo * modo, habia,
poco antes , despreziado en su misma patria ,
un pingüe i honorífico canonicato en la Iglesia
de b Cuenca.
Habiendo sido el primero de todos , que dio
a conozer en Sevilla la verdadera relijion , pro-
n El Orij.— stólido cpiscopo.
b El Oríj. — et cauomcatam Guenqucnsis Ecclesioe-ete.
5fl
ponía Gon tanta destreza la verdad , * descu-
bría , apremiaba i acosaba a los hipócritas
traficantes de la relijion , que aunque barrun-
taban , que era para ellos i para su reino , un
mortal enemigo ; todavia no hallaban ocasión
justa para acusarle sin grande empacho suyo.
Teníanle , en efecto, un odio mortal e implaca-
ble , pero como él , con la maravillosa destreza
que le distinguía, les cortaba todas sus tramas,
no encontraban ocasión , de vomitar contra el,
todo su veneno : i , no obstante aquellas perpe-
tuas asechanzas , nunca aflojó en el deseo de
propagar la luz , en cuanto pudo.
Suzedió , sin duda permitiéndolo benigna-
mente la providenzia de Dios , para el bien de
aquella ciudad ; que, a un mismo tiempo , po-
seía aquella Iglesia , tres hombres doctísimos ,
Constatíno , Ejidio i Vargas , que antes habían
estudiado juntos en Alcalá , i enlonzes con gran
acuerdo, i también con un solo empeño i desig-
nio , propagaban la relijion. Vargas esplicaba ,
en la cátedra de la Iglesia , el Evanjelio de S.
Mateo , el cual acabado emprendió los Salmos
* de David. Ejidio , predicada asiduamente : 282
* El Orij. — bypocritas religionis caupones subíndicabat^-etc.
312
Constan ti no, cou menos frecuencia, pero no c«o-
meoor nrato: i en aquella tarea perseveraron,
basta que al fin determinó Dios , enviar tiem-
pos mas calamitosos , para probar el edifizio de
cada uno , de suerte que Vargas murió en lo
mejor de sus conteslaziones con la Inquisizion:
Constantino , llamado por el Emperador i por
su hijo Felipe , bubo de partirse de Sevilla : i
Ejidio , quedando solo entre lo» dientes de los
lobos , prestó argumento a la trajedia , que an-
tes referimos.
Del lado del Emperador , i de la corte , re-
gresó Constantino a Sevilla , después de la
muerte del doctor Ejidio . i acrezentado , por su
anterior profesión , ea intelijenzia i en doctri-
na . volvió a la interrumpida tarea de propagar
la luz , la cual emprendió , con mas calor que
nunca : i no era inferior a au mérito , la afizion
de todo el puelilo a él . i a sus sermones. Tocá-
ronle en la Catedral , de orden del Cabildo , ca-
da dos dias de fiesta , los sermones , en la se-
gunda cuaresma , después de su vuelta ; i como
admitiese el encargo , aun no bien reslable-
lido de zierla enfermedad , o mas bien enfermo
todavía : tuvo que desempeñar aquel trabajo ,
'285 haiiéndose llevar al templo , * tan exhausto de
313
fuerzas , que en la mitad del hilo de su discur-
so , tenia que rehazer sus ánimos , con alguno
que otro sorbo de vino aguado , para poder
continuar escusando el sumo favor i autoridad
de que gozaba , tan nueva , i hasta entonzes,
nunca vista lizenzia.
Recobrada un tanto su salud, abrazó un me-
dio de promover su piadosa empresa, de todos,
el mas apropósito , i por ninguno antes tenta-
do. Pues el maestro Escobar, hombre mui ca-
lificado en aquella ciudad , por su doctrina i
pureza de costumbres , a quien , par disposi-
zion del Ayuntamiento , le estaba encomenda-
do el Colejio de niños , ( que vulgarmente lla-
man de la Doctrina ) después de comunicar sus
planes con Constantino , establezió , en el mis-
mo colejio, una cátedra pública de sagradas le-
tras , destinando al sustento del prezeptor ,
cada año , las rentas que degpues de su muerte
habia de consumir cualquier impio * clerizon-
te. Para este ofízio elijió a Constantino , que
•con aquella su esquisíta erudizion , debía dar
feliz prinzipio a tan saludable proyecto.
* El Orij. — impius quispiam sacellaous etc. Yo creo , que
Mc... puede, tal vez, ser errata, por capellanus: o usarse por
alforjista, frailon, u otro equivalente.
314
Empezó, primero, por los libros de Salomón^
los Proverbios, el Eclesiastés, i el Cantar de los
Cantares, i esplicados éstos con admirable eru-
dizion, emprendió el libro de Job, del cual lle-
gó a esplicar mas de la mitad. Existen todas
sus espiicaziones a estos libros , manuscritas ,
281 i recojidas * por Bab. * uno de sus mas curiosos
oyentes , i cuando las publiquemos , se verá
cuan atrás dejó a todos los que hasta aqui escri-
bieron algo azerca de aquellos libros , i se po-
drá juzgar , con mas certeza , de la suma eru-
dizion de aquel hombre. Al fin , un jenio malig-
no , envidió la gran dicha de aquella ciudad , i
cubierto con la máscara espezíosa de otra pie-
dad mas elevada , apartó primero de tan salu-
dable prozeder , a este hombre, por otra parte,
estraordinariamente circunspecto ; i luego , le
enrredó en unas dificultades, de las que al fin
no pudo salir sino con la muerte.
Hubo de vacar , por aquellos dias la canonjía
concional o majistral , ( según llaman , ) de la
Iglesia mayor de Sevilla , por muerte del doc-
tor Ejidio , i en su lugar , de buena gana hu-
* Así el orij.— manuscriptsD opera Bab. diüjenttssimi-ctc-
Los mss. de que habla el Autor, los poseía ya fuera de España:
i yozerán quizá en alguna librería de Alemania.
515
liera adtnitidD el Cabildo, a Constantino, a quien
. -al parezer , se le debia , por sus exzelentes do-
tes, ya , de largo tiempo , en su larga carrera
de predicador , harto esperimentadas por el
mismo Cabildo i aun por toda la ciudad : mas
eSto no podia ser sin oposÍEion, pues el Cabildo,
después del yerro cometido en la eicczion del
doctor Ejidio , según dijimos , hablando de él .
habia decretado , que sin la oposizion acostum-
brada , i en todas las iglesias rezibida , a nadie
3edieseeulosuzesivo aquel empleo, iConstanti-
Jio se habia burlado siempre de tales ' oposizio-
nes de predicadores, por ser na mui desemejan-
tes a los certámenes de ' los jugadores de ma.
nos , o de instrumentos músicos.
Estaba, además , de por medio , el Arzobispo
de Sevilla Vaidcs , hombre cortesano , i por
ocultas causas , acérrimo enemigo de Constan-
tino , en particular desde que babia sido predi-
cador en la Corte, i privado con el Emperador:
el cual Arzobispo, insistía fuertemente en aquel
decreto cuando el Cabildo pensaba en rescindír-
lopor favorezer a Constantino. Publicóse, pues
la oposizion , i divulgada por las ciudades mas
*_ El OriJ.— ut qua: circulílorum aul cilbiiRiilorum cáncer-
3ir.
célebres de lüspafia, luego acudieron varios pre^
dicadores , como los buitres a un grueso cada-
ver ; pero , habiéndose retraído los mas pru-
dentes, por el favor i autoridad de Constantino,
de entrar con él en certamen , quedaron solos
en el concurso , ansiosos de mas rica presa» un
tal *Majuelo,canónigo de Alcalá, i un Malaguefio.
Pero aquél, con mejor acuerdo, se volvió poco
después a Alcalá , perseverando tenazmente en
el concurso el Malagueño, apoyado i favorezido
por el Arzobispo , con todas sus fuerzas , en
odio de Constantino. Venzido al fin , Constan-
tino, por la autoridad del Cabildo, que no omi-
tid jénero alguno de exhortazion para con él , i
286 sobre todo , por las importunas * persuasiones,
i ruegos de cierto amigo , a quien ojalá no hu-
biese hecho tanto caso , (pues a no haberle te-
nido esa deferenzia , estaria , tal vez , aun , en-
tre los vivos) se resolvió a pedir la canonjía por
la forma usada de la oposizion , i con esta sola
ceremonia, desauciaba al Malagueño, quedando
ileso el decreto , i una vez promovido él , se le
cumplían al Cabildo sus deseos en contra del
Arzobispo.
t El Oríj.— unus Maiuelus complutensis can-ote.
317
Engafló a Constantino . (irimero , su 7A0 •
porque do ocupase la cátedra de la ciencia ,
cualquier a charlatán, que , desde alto , a todas
horas , se desgafiita^ coutra la sana doctrina :
después , cierta sombra de una esperanza mas
espaziosa de promover mejor, desde aquel sitio,
su comenzado curso doctrinal , mas bien , que
las riquezas con que aquella dignidad le convi-
daba ; las cuales , antes , con jeneroso animo
liabia muchas vezes despreziado. No pudiendo,
pues, el competidor compararse a Constantino,
ni en erudizion , ni un autoridad , ni tampoco
en Tavor con el Cabildo , convirtíendo todos sus
esruerzos a las tachas personales , le sacó todas
las frivolidades de su juventud : a saber , b el
matrimonio , contraído antes de que se ordena-
se : que no se habia ordenado en regla , ni re-
zibido debidamente , i por orden , las insignias
del Hajisterio i doctorado.
Apretaba , por otro bdo , una cohorte de
hipócritas , enemigos antiguos , que por lo
mismo que se recrudezia la úlcera de su envi-
dia , * con aquella malhadada promozion , asi 2!
a ú— smkusteriHlg >poriiii« el Oiii. db»-laquu
i El Orij.-Eoolracu.íidí'—
318
también , renovando todas las antígaas coestío-
nes doctrinales • las Ihmaban a joizio , con
mas empeño que nanea , i ésto , ante el tribu-
nal inqntsitorío , en qoe presidia con suma
autoridad el Arzobispo Valdés , enlonzes fla-
mante enemigo. En medio de tan ásperas con-
troversias , subió * por fin , Constantino » a la
cátedra , apoyado en el favor del Cabildo , i
cuando mas ellas crezian : i justamente cuando
se levantó en la Iglesia , aquella tan fiera tem-
pestad, con ocasión de los libros de a Julianillo»
de que varias vezes hizimos mención.
En aquella tempestad ¿cómo podia esconder-
se Constantino? Arrastrado pues a la fortaleza
Inquisitoria , aunque por las anteriores contro-
versias tenia vivamente exasperados los ánimos
de todos sus enemigos, sinembargo , eludiendo,
sin trabajo alguno , según su costumbre , con
sus agudísimas respuestas , todas las sofisterías
de ellos , no le podian atraer a una confesión
paladina de su íé\ por donde pudiesen , según
deseaban , b condenarle : i al cabo , se hubiera
librado de sus manos , como antes había suze-
dido muchas vezes , sí por un artifizio admira-
a El Org.— Parui Joliani-etc.
b El Orij. — ex qua periculum . . crearetur-etc.
519
Ue de su Providenzia no le hubiese Dios arran-
eado a la fuerza i cuando por todos los medios
la rekuía, una esplizita confesión de su verdad.
Preadieron , por entonzes mismo » a Isabel
Hartinez, * viuda piadosa i honesta, i mui opu- ogg
lenta , en cuya casa habia escondido Conslauti*
no el ajuar de sus libros mas selectos , esto es ,
aquellos , que sin un eminentísimo peligro , no
se pueden tener en España , a causa de las ase-
chanzas de los Inquisidores. Al secuestrarse los
bienes de aquella viuda , según la costumbre
Inquisitoria • su hijo Francisco * Beltran , de
todo el ajuar riquísimo de su madre , substrajo
no sé qué arcas , llenas de las mejores alhajas ,
porque aquel abismo insaziable de la Inquisí-
zion, no se tragase todos los bienes.
A los pocos dias , se lo declaró a los inquisi-
dores , un pérñdo criado. I asi , los Inquisido-
res , enviaron a pedir aquellas alhajas, por me-
dio de su alguazil Luis Sotelo. En cuanto éste
se vio con Bertrán i empezó a esponerle come-
didamente su embajada, Bertrán , olvidándose,
acaso , de sus arcas , i pensando , que aquel ,
habia ido por los libros de Constantino, adelan*
* EX Orij.— Franciscus Bertramus.
dándose a sos palabru le d^o : «Sé , don Luis ,
lo que queréis : i si de buena fé me prometie-
reis , que en rezibieudo aquello por que vinis-
teis , me dejareis libre ; luego os lo mostraré..
El Alguazil , entendiendo que le hablaba de
las arcas , pues en cuanto a los libros de Cods-
tanlino , ni los buscaba , ni babia oido de ellos
g una palabra, prometió, que asi lo haría:* i lue-
go Bertrán, llevándole a lo mas recóndito de sa
espaziosísima casa, i derribando un sutil tabique
de ladrillóle muestra los tesoros de Constintino,
que, aunque de papel, valían mas, que cualquier
uro. Absorto el Alguazil con tan inesperado su-
zeso , dize : que él no había ido en busca de
aquello , sino de algunas arcas substraídas del
secuestro de los bienes maternos : i que la pa-
labra dada , no le impedia el llevar los libros ,
i a Bertrán con ellos , ante los Inquisidores : i
de esta manera , desde aquel escondrijo , salie-
ron a la luz , i llegaron a roanos de los Inqui-
sidores todos los escritos de Constanlino ,
que algo valian, contra lo que él i sus enemigos
esperaban , quienes , por otra parte , buhiesen
redimido, a peso de oro , aquella presa.
Encontraron , entre otros muchos , un grao
libro , escrito todo de puílo i letra del mismo
521
Constantino , en el cual , abiertamente , i co-
mo 8i escribiese para si mismo , trataba , en
particular , de estos capítulos , (según los mis-
mos inquisidores declararon en su sentenzia ,
publicada después en el a cadalso ) : a saber :
Del estado de la Iglesia. De la verdadera Igle-
sia • i de la Iglesia del Papa , a quien llamaba
anticristo. Del sacramento de la Eucaristía , i
del invento de la Misa: * azerca de todo lo cual, 290
afirmaba él, estar el mundo faszinado , a causa
de la ignoranzia de las Sagradas letras. De la
Justifícazion del hombre. Del Purgatorio, al que
Hamaba b cabeza de lobo,e invento de los frailes
en pro de su gula. De las Bulas e Induljenzias
Papales. De los méritos de los hombres. De la
Confesión , i de todos los demás capítulos de la
relijion Cristiana.
A vista de este libro r- preguntado Constan-
lino por los Inquisidores,- si reconozia sa letra,
después de eludir por espazio de muchos dias ,
con estudiados subterfujios , los esfuerzos de
aquellos; conoziendo al fin la voluntad de Dios,
que le habia quitado toda ocasión de andar ya ,
con mas rodeos ; «Reconozco , dijo , mi letra ,
a El Onj.— íd tbeatro.
b EL Orij.—quem appeUanat lupinam oapat.-etc.
i así, confieM haber escrito todo esto. i decbm,
injenuimente , ser toüv verdad. Ni teoeís ya ,
que cansaros , en bnscar contra mi otros testi-
monios : tenéis aqoi ya . una confesión clara
i'espliiita de mi creencia : obrad pues : i haied
de mi , lo que querais.>
Pasó después , en la cárzel .dos afios enteros,
donde por el malísimo réjíroeii de •ñda, en esto
era , de suyo , mui descuidado ; i sobre todo ,
consumido por una profunda e intolerable tris-
teza , al rer tan cruelmente desolada aquella
291 piadosisHua ^lesia , * i frustrados tantos i tan
continuados trabajos , de él , i de bus piadosos
compafieros; empezó primero a enfermar le-
vemente : después , no pudiendo resistir el ar-
dor det sol , en * aquellas hornazas , desnudo ,
en camisa de dia j de noche , contrajo una di-
senteria , i a los quinze días, en medio de aque-
lla aflictña miseria , entregó a Cristo su alma ,
dichosa i digna de tal fio . por haber empleado
animosamente su vida , en promover la gloria
de Cristo.
Asistióle en su enfermedad . i en su muerte,
un piadoso joven , monje de San Isidoro de Se-
325
villa , cautivo por causa de la relijion , llamado
Fernando , que le habla tocado por compañero
de carzeL A los ojos de los nézios , parezió mo-
rir , pero él existe en paz. Nunca esperimentó
aquellos atrozes tormentos , en que otros sue-
len ser despedazados : no porque tan insigne
varón inspirase respeto alguno » a aquellos fie-
ros ciclopes , cuya ira , con sus* duras repren-
siones , aun cautivo , muchas vezes habla pro-
vocado; sino, o porque difirieron los tormentos,
determinando guardarle por mas- tiempo cauti-
vo , para perpetuo temor i sobresalto , de los
que hablan , de cualquier modo , aprovechado
en su doctrina : * o ya , porque no pensaron se 292
les arrebatase tan pronto de entre las manos.
Para infundir a sus discípulos el miedo que
dijimos ^ i que , sobrecojidos de él ,,se entrega-
sen a si mismos a los Inquisidores , antes que
los llamasen , confiados sin dada en la miseri-
cordia inquisiloria ; habian esparzido la voz ,
mientras vivía , de que atormentado rigorosa-
mente , i en medio de sus congojas, habla indi-
cado a alguno de sus discípulos : i para esto
mismo sobornaron a algunos de las cercanías
de la fortaleza , que dijesen , haber oído los
clamores i jemidos del atormentado. Pero, des-
334
pa« de muerto , i qnitado, pordiviDí Prorí-
deniUi , d« lu manen de elloe ; ya qoe no le
tenían vivo , para con él encrueleierse , deter-
nhuron enuftane contra h buena Tama de
aquel aanto nron, eapaníendo repetidas ven»
la Toz , de que , por hnir del dolor e ignonñ-
nia del supliiio, se había dado muerte , cortán-
dose ana vena a con un pedazo de lidrio.
Cantáronse también en varias partes por los
muchachos torpes e ignominiosas b coplas en
vituperio suyo , después de su muerte , no se
■abe 81 promovidas sotizitamente por los mis-
mos Inquisidores o por sus acólitos, o publica-
das con malizia por el estólido e inconstante
pueblo. Lo primero , es ciertamente mas vero-
simil. Desenterrado su cadáver , le sacwon el
dia del triunfo, sustituyendo en li^ardel muer-
3 to , * una figura de paja , la colocaron en el
pulpito, con una mano levantada , i otra apo-
yada en el pulpito, con tal arte i traza dispues-
ta, que representaba al vivo a Constantino, con
el mismo trcge i ademan , que solía él predicar.
I no hai duda . que en ese dia , aquella hueca
estatua , habló a las almas de muchos , tan efi-
« El Orii.— lilmíi fragmtDIÚ iciia TeD«-ele.
catmente , como antes en vida , aquél , a quien
por escarnio represefitaba.
Cnaodo habieroD de leer su senteazia (i para
solo oírla, fueroii machos a Sevilla, de diversos
i apartados lugares de EspaQa ) mandaron los
Inquisidores , que no se publicase desde el pul-
pito , donde 80 leían las senlenzlas de los de-
más ; sino , que se llevase la figura al tribunal,
i allí se leyese la senteozia : el lugar era eleva-
do, i el pueblo no podiaoirlo que seleia. Pa-
rezió ésto fraudulento , o al menos injusto , al
* Correjidór Calderón ; i asi, levantando la voz,
requirió a los Inquisidores , que aquella senten-
zia se leyese alto , i en el lugar de costumbre ,
para que constase al pueblo . por qué causas
condenaban a aquel stijüto.
Como los Inquisidores prosiguiesen no obs-
tante en su propósito , sin haierle caso , se le-
vantó un gran murmullo , entre el pueblo , no
mni resignado a sufrir aquella injuria , que ,
según parezia, de ninguD modo hubiese llevado
en pazienzia, si los Inquisidores*, advirtiéndoles 294
de nuevo Calderón su oSiio , en tono mas seve-
ro , no hubiesen vuelto a su primer lugar la ñ-
' El Orij. — CaldersDiD Piaiorí caríall-etc.
gura , i mandad» le«r alio i en el gilio db cos-
tumbre la sentenEÍa , para satUfaier al pueblo
que asi lo pedia. Duró la leczioD de la senteniía
mas de media hora , i eD ella , era lo pnniipal,
lo que d«i libro de Conttaaüao arriba dijimos.
Añadieron, ain embargo , \oa loquisidores, que
elloB de intento , i sin duda coa buenos fines ,
habían omitido cosas tan horribles , impías i
estupendas , que , sin pecado . no se podían
publicar , ni oír siquiera. Miraron, según creo,,
por la buena fama de aquel.
De sus obras , muchas vezes impresas , que
dan : una Breve Suma de ta Doctrina Cristiana.
Otra Lalo , pero * a medio concluir : pues pen-
síiba publicar en dos tomos un cuerpo jeneral
(te Doctrina Cristiana ; en el primero , trataba
de la Fe : en el otro , se proponía tratar de los
Símbolos , De las obras , i en fin de todas las-
oblígaiiones del Cristiano. Algunos afios antes,
había |>ublicada la primera parte . i porque en-
ella, en materia de í¿, no combatía abiertamen-
te las herejías Luteranas , i sobre no atribuir
nada al Romano PuntiSze , tampoco admitía ,
295 sino que mas bien derogaba , las * Induljen-
' El Orii— diu-item Hagiu , kí iliml^* mi pin» Inpvr-
327
zias , gI Purgatoria, los méritos de los hombres,
i otras simplezas semejantes, se granjeó grande
odio , i opinión de herejia , entre el valgo de *
doctores i santones.
Pero él , a cuantos de ello se quejaban , solia
responder , que todo eso , pertenezia al otro
tomo prometido , i que en él , tratarla copiosa-
mente de estas cosas. Este lomo nunca salió ,
como no fuese, el que encontraron los Inquisi-
dores , cufos prínzipales capítulos , publicados
por ellos , arriba citamos. Publicó ademas un
Catecismo , no de gran importanzia , en tierras
mas libres ; pero que dio mncba luz, bajo aque-
lla tiranía mas que Babilónica , i en aquellas
tinieblas Ejipzias. Quedan también de el , seis
sermones , sobre otros tantos versículos del
Salmo primero de David, i aun en ellos , echan
de ver los mas eruditos , la rara instruczion de
aquel hombre , unida con un sumo artiSzio en
el dezir.
Pero en todas estas obras , aunque las mas
eruditas i piadosas de cuantas, hasta ahora,
leyó EspaOa , no haí que buscar , ni la piedad ,
ni el coDozimiento de las cosas sagradas , ni
* El Orij.— apud docioruin al iniiclorum tnlgna^lc.
aquel raudal de Cristiana elocueoiia, que bier'
Te en afecU» CrñUanoa , según ta nataralea
del asuDlo , que en sola au-tCtmCesioo de ua
hombre pecador- , qne ocupados o-tres hojas.
* Pues presenta al hombre . ante el tribunal
de Dios, mediante el ministerio de la Leí, abier-
tos los ojos, meditando i deplorando vira i afec-
tuosamente su torpeu i deformidad : desechan-
do , después , cuanto suelen alegar los hipócri-
tas para cubrir tan torpe desnudez , valiéndose
de humanos i aun factiiioB esfuerzos , i de tuda
BU indualria , lisonjeándose a si mismos, en su
propia justizia. Al tratar de ello, separadamen-
te por todos los capítulos de la lei , con dicha
acusation de si mismo , presenta en aquel bre-
TÍsimo compendio , una esposiiion tan clara „
tan manifiesta i copiosa , de toda la lei , que
hasta ahora ( sea dicho sin ofender a nadie ] nn
la hemos visto mas clara , ni menos afectada I
pomposa. Vístele, al fin, con aquella ropa nnp-
zial de la justizia de Cristo, por la fe, i median-
te ésta sola , le presenta delante de Dios, tanfar
mas animoso . cuanto abatido , antes , le habí»
pintado, en virtud de aquel verdadero e intimo
conozimiento de si propio.
Finalmente, no hai capitulo alguno de la doc
3S9
trina CristiaBa,que en aquella ^breyisima tabla
no haya tocado, i hecho familiar : ningún afec-
to de Cristiano , desde el primer mandamiento
de la lei, basta los últimos gozes de la mansión
celestial , que no haya espresado al vivo : i su
injenio , * aunque admirable , nunca hubiera 297
alcanzado a representarlo con tan esquisita ha-
bilidad , a no juntársele , ademas , una espe-
rienzia continua de aquellas cosas.
Condenaron, entonzes , los Inquisidores , to-
dos aquellos libros , dignos , a la verdad , de
eterna memoria , habiéndolos antes aprobado ,
aunque incautamente , no porque en ellos , asi
lo declararon ellos mismos , en su sentencia ,
hallasen nada digno de reprobazion; sino, por-
que nada quede , que pueda en lo suzesivo , co-
honestar, con algún honrroso monumento deja-
do por ellos , la memoria del hombre, que tan-
to execraron. Ensañáronse después contra los
secos i desenterrados huesos de aquel santo va-
ron , i contra aquella vazia estatua , según la
costumbre Inquisitoria.
Has él , habiendo sido llevado , para Dios ,
libre de aquellas cadenas , i de aquella injusti-
* E 1 0rü.-4Ua per brevita bula-etc. También paede tradu-
zirse-redttziaisima pintura.
330
sima senteniii , ademas de aquellos insignes o
inmortales monumentos , que ja dijimos, dejó
a los que de mas ceru le conozieron , on dolor
■neonsolable por haberle perdido. ¡O mil veze*
detestable Barbarie! ya que nunca puedes res-
tituirlas , ¿cómo satisrarás al mundo , tantas
lumbreras clarísimas, por ti estinguidas'
FIN.
En Heidelberga imprímialo Miguel
Schirat.M.D.LXVIl.
■Agúcase un hierro con otro.»
pDJ. Tlii de Ib Sunma de dociriiu
APENDIZE,
COMPROBANTES.
i/
Prólogo, paj. II.
Vue todos, o los mas , concuerdan , en admi-
tir la verazidád e importanzia , del Libro de
Montes ; se pudiera corroborar aquí , con lar-
gas i machas citas. De ellas, i por muestra , se
entresaqan estas, además de la que va al frente,
en kkPortada , i que antepuso I. Ursino en su
reimpresión. — D. Juan Antonio Llórente, Se-
cretario de la Inquisizion de Corte , en su HiS'
toria Critica de la Inquisizion , tomo iv paj. 54
[Ediz. de Barcelona del a. 1835] , al hablar de
Francisco de Zafra , dize : «Reinaldo González
«de Montes, da muchas notizias de éste , i otros
«prozesados, i habiendo to cotejado de irten-
«TO sus NARBAZIONES CON LAS NOTAS DEL SaNTO
«OfIZIO , LAS HE HALLADO VERÍDICAS Cn CUaHtO
«al fondo de los hechos , aunque vestidas con
«los trajes , de su secta luterana , que se gloria
«profesar como verdadera doctrina evanjelica :
«por lo cual he formado concepto , de que
«TAMBIÉN DIRÁ VERDAD EN LOS OTROS HECHOS qUO
«no consten de los papeles del Santo Oíizío vis-
«tos por mi,» I , antes , en el t. 3.** paj. 210
dize el mismo Llórente , refiriéndose al Dr.
i
2
Juan Jil , estas [^labras : •Raimundo Gonulei
•de Honles (compañero suyo de carzel , quema-
ndo en ealatua como hereje luterano fujiüvo , i
■autor de una obra sobre la Inquiaúion e^ufio-
'la , (¡ue dio a luí alto 1567 en Heidelberga ,
'disfrazado con el nombre de Bemnaldo Como-
*lo JfoKtaiio)dió muchas nolizias aeldoctor Juan
■Jil , que manifiestan tanto fanatismo de R«gi-
■naldo a favor de las opiniones luteranas , como
■el mayor de nuestros fanáticos puede tener ,
■por las ^uc el espiritu de partido introdujo en
•Universidades, i demás escuelas teolójicas de
'los católicos.* etc. HaBta aquí Llórente : qae
cita otras vezes a Hontea. Porqué le llamó fa-
nático , ni con cuánta raion luterano , son co-
sas que por ahora dejo estar. Pero notaré , que
con este juizio del Inquisidor Llórente , acerca
de Montes. coincide el juizio de un Harquéí de
este Reino , ar«rca de Juan de Vüldés. Diie ,
que Valdés fué luterano , aunque de mejor edu-
cazion que Luthero : i dize.que este beresíarca
aconseja al cristiano que peque CHOalo mas mia-
da : i pone , al pareier , sus palabras : «fiílo
Eccalor , et peeea forliler* etc. como si las hu-
era sacado , a la letra , de la Obríta del expre-
sado Fr. Martiu Luther , intitulada «De capti-
vitatc Ilabylonica Ecclesim.» Pero es el caso,
que la cita falsea , pues tales palabras no se en-
cuentran en dicha obra. Á encontrarse , ten-
dria raion el caballero Marques Pidál , de lla-
mar, como le llama , grosero , i herqe , al Fr.
Hartin.a pesar de que tales dictados , los sufre
con dieeusto, en escritos de personas bies edu-
cadas , la etiqueta de nuestros tiempos. I aun
diziendo terminantemente que la cita es falsa.
no supondría mala fé , desde luego , en el ca-
ballero que la haze , o la pone : porque me fi-
guro , que puede haberse Gado en las palabras
de otro escritor , que atribuya a Fr. Hartin, las
copiadas. La cosa era común , en los tiempos
fmsmos del Reínrmadór . que ya lo conozió ,
puesto ([ue el mismo , dizi^, aludiendo a si pro-
pio:=:'id genus disputandi ómnibus familiare
•esse, qui contra Lulhenim scribunt , ut boc
■asserant quod impugnaut , aut fingant quod
•Ítiipugnent.=etc. I lo que es nuestra Literato-
Fa , no se queda corta , en abonar la verazidad
del fterge Fr, Martin. Sirva de ejemplo, el cas-
tigado i castizo escritor Gonzalo de Illescas ^ae
en el Libro VI. de su Hist. Ponli^coí i CaloU-
ca , habljmdo de frai Martin , nos áizt;='De
•ahi a poco , echó en público u» diabólico libro,
■contra lodos los sanlisimos siete sacramentot
*de la Iglesia. Púsole eí non^re bien apropósito,
•¡porque le Uamó la Cautividad Babilótuca. No
•tuvo poca razón , de üamarte asi^^>etc. El li-
bro contra el cual se declara nuestro Illescas
(que es el mismo al cual quiso rererírse el ante-
dicho caballero Marques), no se escribió, según
dize su Autor , i según muestra, contra los sa-
cramentos , o contra su uso i existenzia en je-
neral ; sino contra los escritos que dogmática-
mente asignan a las Escrituras , como la fuente
de donde dimanaron ; i que los caracteriza co-
mo dogma. Muchos pasos del libro de Luthero,
lo demuestran. Citaré solo éste , que se lee al
fol.31 vuelto .^°Non hoec d ico , quod damnem
Sacramenta septem , sed quod e scripturis ea
probari negem.=> Que , como se ve , q. d.
i
=sotio digo estas cosas , porque yo repruebe Iw
■siete Sacrameatos ; sino porque niego , que ,
■por las Escrituras , puedan probarse^* ¿Ño
abonará la veraiidád de Luthero , i basta su
relijiosidad , ante un romanista , la infunda-
da condenazion de su libro por nuestro lUes-
cas , que , tal vez , no k leyó T 1 nótese lo que
fué a dezir : i|uc a la obra , eon mucha rasan ,
i bien a propósito, se la intituló, con el nombre
que lleva. Has , no debo prolongar , basta el
fastidio , la presente digresión : pues , claro es,
que mientras en EspaAa . no haya completa 1Í-
bertad de imprenta , i mientras en ella se im-
priman , eomo ofiziaies, Indizes Expurgatorios,
cual es el último , impreso con su Apeodize . i
todo , el a. 1848 ; i mientras nuestro Gobier-
Do deje , que los clérigos ajesuitados , manejen
la relijion , como el mismo Gobierno, maneja
las Reutas del Tabaco , Papel sellado , o Lote-
rias ; en Espada se cometerán , í mui a salvo ,
equivocaz iones como las referidas : i se atribui-
rán hernias , i dicbos a los herpes ¡ que ni sofla-
roD, ni dijeron. I, por el contrario, seria posible,
(fue si les dejaran a los espaflutes , en bu entera
libertad , que era lo mejor , para leer las Obras
de Luthero , i demás reformadores ; encontra-
sen en ellas , no herejías , sino cosas idénticas,
i todavía mejores , que las dichas por sus cu-
ras párrocos. Abi|está Juan de Valdés, como
antes se dijo , tachado de luterano: que no solo
no lo fué , sino que hasta con dureza , i tal vez
sin justizia, trató en sus escritos a Luthero.
Véanse las pajinas 389 i 390 de los Dus Diálo-
gos de J. de Valdés reimpresos el a. 1850. —
s
%on libertad de iiii()renta , i libertad reliiiosa ;
96 quitaba ese daúmo e iajustu exclusifismo ;
que uoG va conduzieado a los españoles a bien
malos pasos. Basta , hoi , dezir una palabrílla.
o escribir un renglón , que utt sea mu insulto ,
o una calumnia contra Luthero , para ser leai-
do por luterano , o por protestante s(Aomado ;
-aunque esté uno , tan distante de ser protestan-
te de secta determÍHada , como jcsuita , o de
otra secta pontifizia.
VolTÍendo , de una vez , al propósito de «ste
Apéudize , diré : que si se verifican las citas de
Llórente , se verá bien acreditada la verazidad
de Montes : i levendo la obra de Montes , se
conozerá , que Llórente , aunque escritor res-
petable , i no fanático , prozeac cun poca justi-
zia , respecto al que tacba él de fanaüco i lu-
ierano.
Acotado un autor español , como D. J. A.
Llórente, que al cabo fué clérigo e inquisidor,
queda , me pareze , bien en su lugar , la repu-
tazion de nuestro Montes. I si abora , se hubie-
sen de r^istrar los nombres , ya nazionales, ya
«xtranjeros, de cuantos autores , i documentos,
acreditan la verazidad de Montes ; largo catá-
logo habia de ponerse. El mas exacto de los
historiadores de la Reforma relijiosa intentada
«n España en el s. xvi es Tomás H'Crie. Véase
en su obra , impresa en el a. 1829 , cuantas
vezes viene citado i seguido Montes.
i
Prolog, paj. III.
Fazil me seria probar , i autorizar coa citas
numerosas, lodut las proposiziones que se sien-
tan en el I'rólo^o de este volumen : mas el ha-
zerlo , a vueltas de prolijo , seria inútil : pues
la mediana ¡nslruczion de cualquiera ,en nues-
tros días , lo señala como tunezesarío. Por eso,
bastan lijeras iiidicaziones , que prueben . el
3ue cuanto se afirma , ba sido i es , el resulta-
e una upinion , fundada siempre , en la creen-
zia de que es cierto cuanto Be aSrma ; i no va-
nas i huecas Trases. — Que la inquisizion tenia
mas ojo , al lucro i garanzia , i a la adquisizíoD
de poder , ([ue a la conserTazion de la Fe , es
cosa notoria , i lauto ; que por eso no se haze
ahí mas , que denominar , con el término im-
propio , pero admitido de= memoriat económi-
cas - , las adquisiziones de la Inquisiiinn , que
eslableziú como su primer base económica, o su
/et doméslica ; el heredar en vida , i siempre a
benelizio de ¡nventario , compajinado por sus
Familiares , a cuantos ella , por si misma .
preudia.prozesaha, i condenaba. Véase a nues-
tro Montes . pajinas 180 - 184 : i digase , lue-
go , si la Señora de la vda verde, era, para si ,
arbitrista aun mas hábil , que los jugadores de
Bolsa en nuestros dias. I en la paj. 141 puede
notarse , como sabia cristianar con nobles tér-
minos sus ardides tributarios , i llamar veai-
(eniiaj , a las muJtoi inicuas. Véase, en la Hist.
7
Oe Limboixh. Ed. ifigU de 1731 t. ^/ p. 18
eómo robó la Inquisizion de Madrid , en 1 688
a un Flamenco.; £1 multiplicar las actuaziones
en los prozesos.era una de las minas auríferas
del Santo OGzio. Estos anos pasados , han sali-
do a luz algunos Prozesos que formó la Inqui-
sizion. Cójanse p. e. los formados contra el
Brócense , i contra Fr. Luis de León, El Pro-
zeso de Sánchez de las Brozas , no se ha publi-
cado mas que en parle , i sola ésta , consta de
76 actuaziones , o piezas , firmadas por escri-
bano , i que devengaban derechos , pagables
por el procesado. El 7 de Enero del a. 1584
comenzó el tal prozezo , i la última pieza pu-
blicada , tiene en él • la fecha del 15 de Febre-
ro del a. 1601 : siguiéndose después la Acusa-
zion Fiscal , que por estar incompleta , no sa-
bemos cuando se hizo. Duró, pues , el tal pro-
zeso , 17 años , por lo menos. I con todo , afli-
je el ver , que honihres tan respetables poi* sus
condecoraziones literarias , como lo son , am-
bos a dos , los Editores dé ese Prozeso , digan:
que la Inquisizion trató al Brócense con liiduU
jenzia , ya que tenia él , comezón de discutir i
tratar materias religiosas , i era arrojado en
puntos de teoíqjia , algunos de mucha gravedad.
Los respetables Editores no son del parezer de
Jovellanos que áhe:=<i Aquello que el Señor di-
'jo , para que todos lo entendiesen, se ha creido,
«que apenas uno u otro doctor lo puede entender,
«» dando tormento a las espresiones mas doras,.
*se las ha hecho servir , hasta erijir sobre ellas
*eí ídolo de la tirania.=» I no alcanzo ( aun;
supuesta la comezón que descubren en el Bro-
eense) qué claMt de IndiUjmiia , tuvo la Ini|uí-
siiion si formar causa contra un honAre , t.
prinziiiiarla , .idmilicndu por acusazioii , un
anónimo , de un Dr. l'iilazios , que delata por
dexcargo de su conñetaia ; i remitir al tmsnw
ddalor Palazios , la acusazion, paraque evacué
las averigüaziones i dilljenzia* iiiOagotorias
contra el acusado ;^ contra el lumbre , que es
el tratamiento que dá al Brócense el coHiientu-
(lo canónigo i Comisario del Santo Otizio , Dr.
Palazios de Terán su delator. I todo, porque ,
el Brócense , interpretaba pasos de b Biblia.
¿Esa es Induljcniia: Esa ci, en los Inquisidores,
uua comezón de perseguir. Yo a lo menos creo,
que no es incompetente la razun de cualquier
cristiano , para dezidir . por sí , lo que debe
creer en malcrías relijiosas : i que el enzerrar
las Escrituras bajo la lápida de las Decretales , i
bajo las Dezisiones de la Curia , i que solo pue-
dan interpretarlas , con permiso del Papa, teó-
logos tonsurados ; no dejará de ser una funes-
ta esclayitud del entendimiento , aunque se
ejerza en Espafla perpetuamente. En el Proze-
80 de Fr. Luis de León , que se compone de
mas de 400 ! diferentes actuazinnes , apareie
aun roavorla auri sacra [atnei del Santo Ofizio,
porque hasta para pedir el reo presunto , un
pliego de papel , intervenía su admisión en
audienzia , ante notario. I ese es su menor de-
fecto. Prinzipió esta causa el 17 de Dizicmbre
del a. 1571 i acabó el 15 de Diziembre del a.
576. Siendo particular , que uno de los juezes,
el Lie. Andrés de Álava , con otros dos de sus
compafieroB, dio voto poco antes de concluirse
9
Fa causa , en e\ cual se dize: aque eran de voto
i parezer , que el dicho Fr. Luis de León sea
puesto a qüistioii de tormento^ etc. i , a poco ,
ese mismo Líe. Álava, i aun creo que los otros
dos, Mencbaca i Tello, firman la seotenzia de-
ñn\ÚY9['^(Christi nomine invócalo), expresando,
que d^tan de absolver, i absolvian , al dicho
Fr. Luis de León, etc. I como en esto último ,
dezian verdad los inquisidores , vinieron tam-
bién a probar i aprobar , la certeza de lo que
Fr. Luis de León les dijo , cuando los inculpa-
ba, «por dar oidos a hombres que los hizieron
«esclavos de sus pasiones» : i cuando con fun-
damento les dezia: «i si de todo este escándalo
«rque se ha dado, i prisiones que se han hecho,
«queda en los ánimos de vuestras merzedes ,
«algún enojo; vuélvanle vuestras merzedes, no
«contra mi , que he padezido , i padezco , sin
«culpa; sino contra los malos cristianos , que
«engañando a. vuestras merzedes , los hizieron
«sus verdugos , i escandalizaron la Iglesia , i
«profanaron la autoridad de este Santo Ofízio.»
— Asi, pues, cuanto leemos en esos Prozesos, i
otros , sobre la codizia i avarizia de los Inqui-
sidores, se conforma con lo que se refiere en
este vol. en las paj. 128, 151, 180, 181, 184
LolraSé
Prolog, paj. in.
Que esta obra se tradujo a las prinzipales
lenguas de Europa, i a mui luegode salira luz,
i que tuvo ,. aun en dichas traducziones , gra«
10
aceptaxion : ei cou notoria. SSrTaiioB aqni de
Dueatra , la versión inglesa. El e. de 1567 se
dio 8 luí la obra de Montes : pues el a. de I5C8
H publica la 1.* EdiiioD de la tradnciion in-
glesa , i ya al aflo siguiente de 1569 m biio se-
gunda Edizion en 1 toI. en 4.* de unas 120
nojas de impresión , o 99 hojas foliadas i 21
sin Toliar. El célebre impresor de Londres Juan
Day , que entre Folios , Cuartos , Octavas i
Dozavos , imprimió mas de 245 obras diferen-
tes, en solos 55 afkos [J. JuhnsoD. Typogr. ?ol.
1.* p. 532 i sig. Edit. 18241; fué el que impri-
mió ambas ediziones , de la trad. Inglesa de
Montes. El traductor ingles V. Skinner, dedicó
sn obra al Arzobispo de Cantorberi . i la enri-
quezió con un Prólogo bien adecuado a su tra-
bajo , i al &n , con siete rejistros , o listas de
personas quemadas, o de otro modo atormec-
ladas . por fa Inquisizion , en Sevilla i Vallado-
lid . en los aflos de 1 559 , i 1563. De estos re-
I'istros.he tomado el nombre puesto en la Ta-
lla del lugar de naturaleza , de algunas perso-
nas cuyos nombres se leen en la obra de nues-
tro Sfontes.
*.•
Edizion de la obra de Montes por Joaquín
Ursino.
\ lo dicho en el Prólogo , sobre J. Ursino ,
creo debo afladir algo aquí. Daniel Gerdes , en
su Florilegio histórico crilico de Libros rarot.
Graninga. 1763. [Es la 3.' Ediz. i hai otra Ed.
jiosterior, i mgor] , a la pai. 3G0 copia integra
(aunque no correctamente) la Portada del Libro
ií
de Montes , reimpreso por Ui'sino ; i dize : que
dicho libro , mereze contarse entre los muí ra-
ros , |)ües apenas suele hallarse en las librerías
mas bien provistas : i que el ejemplar que él te-
nia , le compró en Hamburgo , en la almoneda
qae se hizo de la librería de Fabrizio. I , des-
pués de copiar la Portada , * dize : que los eru-
ditos tratan de averiguar , quien sea el editor ,
que bajo el nombre de Ursino , hizo esta reim-
presión de la obra de Montes. Que unos han
alribuido el libro . a Inozenzio Gentileto, como
lo dizen Placcio , i Belio : otros creen , que Ur-
sino es Pseudónimo de Cristiano Becmann. Que
Zeltner, en su •Historia Crypto-socinismi , di-
ze , que el verdadero nombre de este Ursino ,
fue Beer ; pero que Feúerling , en una Disorta-
zion , inserta en el tom. 5.*" de la Bibliotheca
miscellcB Hamburgensi , prueba que el verdade-
ro nombre , fue Joaquin Beringer , Pastor de
la Iglesia de Amberga , por los anos 1610 , a
1620. — Eso dize Gerdes. I yo no lo apuntaría
aquí , por mera curiosidad biblíográGca , si la
notizia no tuviese algún interés para nosotros
los españoles : puesto que , es posible , que es-
te Joaquin Ursino , o Beringer , conozícse i tra-
tase personalmente , en Heidelberga , a B. Gon-
zález de Montes . i a otros españoles del siglo
XVI , que andaban peregrinando en Alemania ,
perseguidos, entonzes , por sus creenzias reli-
jiosas. Sí Ursino trató con nuestros españoles,
su reimpresión del libro de Montes , mejorada
* Véase el.Pr6Iogo aquí. En vez de - processas -Pone Cer-
dea progresstú: en lugar de - reliquís vUcb aubsidíu - pone • rc'
Hqutt ttwsidÜM.
i miiiionatía , como ya se ha dicho , es dé mis
valor para nosotroE , pues casi podemos consi-
derar el libro de UrsÍDo , como una 2.' Edi-
ziun , que dul suyo , liiio el mismo Conialeí de
Montes : o ejeculada con sus notizias, i las de
oíros espaDoles. L'rsíno , además de compartir
en párrafos , i correjir algunas erratas , no to-
das , de la 1.' Ed. afldde en la paj. 271 lo que
intitula Capitulo xti , que contiene una Rda-
lion del Auto de Fé , hecho en Valladolid el a.
de 1558 qne maiiiGestaraente son notizias , de
cspaSoles : ya, porqtie el mismo Ursino lo de-
clara [illa (dize) ex quibuidam Bitpanicis , in
Germaniam mis»ü literU extraía sunt] : ya ,
porque el contexto mismo , o el estilo , revela,
en las Trases , su española prozedeozia. Solo .
varios de los nombres están mal impresos , i se
echa de ver , aun en esto ,que confundieron
las letras , al trascribir de las cartas mss. tos
apellidos. — Tras de este cap. xvi , siguen oíros
seis capítulos : el ivii , contiene los 125 Artí-
«ulos , n Reglas , de la Inquisizion de Ingla-
terra , fundada por nuestro Reí Felipe li el a.
1551 cuando era allá Rei Consorte. Obra son
ellas , del sanguinario Obispo de Londres E.
Bonner : i publicadas , en el mismo alto , en
que , en dos embarcaziones esi>abolas surtas ,
por acaso , en el Táme.s¡s , huyeron de lan-
dres varios españoles ; que desembarcaron en
Friesland , circuostanzia, que haze posible la
prozedenzia espailola de las notizias en esta
obra de Ursino. El cap. xviii , comprende Las
Reglas de la Inquisizion de Gaviera , publica-
das el a. 1559. — El cap. xix mentiona sola-
15
mente los 65 artículos de Inquisizion, que el a.
1585 establezieron en Aquitania (Francia), unos
Frailes Inquisidores. Promete Ursino publicar-
los mas adelante. — El cap. xx comprende un
Modo o Arte de examinar , i condenar Here-
jes , compuesto según los prinzipios de la Ro-
mana .Curia , por un doctísimo Maestro en S.
Teolojía : tiene 10 hojas , que presentan una
curiosa i apenas creíble muestra de la humana
locura. — El cap. xxi , le componen los Artícu-
los de la Inquisizion de Béljtca , obra de los
Dres. de Lovaina el a. 1568 cuando todavía es-
taba sujeto aquel pnis a España. — leí cap.
XXII , i último , contiene un Interrogatorio ,
usado el a. 1559 por la Inquisizion de Austria.
Antes , en el Prólogo , recapitula Ursino , en
10 hojas llenas de fuerza , los males i destrozos
hechos, en sus tiempos , por la Inquisizion , en
España , Yenezia , Inglaterra , Escozia » Bohe-
mia , Francia , Suiza , i buena parle de Ale-
mania. I a este Prólogo, i antezediendo al Pre-
iazio de nuestro G. de Montes , sigue una cu-
riosa carta del Obispo de Padua en el a. 1558,
al Cardenal Francisco , de Pisa , en la que tra-
ta del modo de preservar a Italia del Luteranis-
mo. [Véase , sobre este Obispo , la paj. 41
- Additions - etc. by J. Mendham.] Veinte
anos que fue Inquisidor , estuvo creyendo el
Obispo , que era bien , entregar a los Lutera-
nos , en manos del verdugo : pero , al escribir
la carta , era ya de sentir , que nada podía ha-
ber , de mas aborrezible , peligroso , i dañoso
para los Romanistas , que el poner sus manos
en la sangre de Luteranos. Et plañe video , dize.
14
nihü potuisse nobis cantingere adiosius , nihü
periculosius et damnosius, quam si in Luikera'
norum sanguine manus posuissemus: I así\ el
Obispo , aduzíeodo por ejemplo , la- toü&ranzia
de la Iglesia Romana ,.con la Griega ; resuetve^
que debe el Papa tolerar a los Luteranos, i es-
tos al Papa. La carta tiene la fecha de Padua xv
de Diziembre , a. 1558, i la firma - Gerardus
Busdragus , Episcopus Argolicenais. [Era su-
fragáneo en Pádua.J — Por este resumen , se
Te , que el Libni de Ursino , tiene bien apro-
vechadas , las 334 pajinas de que consta. Aho-
ra . mi conjetura de haber conozido J. Ursino,
a González de Montes ,.i de haber rezibido de
él, i de otros españoles , el asunto i notizias de
ésta su obra , la fundo , asi en lo expuesto ,
como en lo siguiente. Joaquín Ursino fué hijo
del Profesor Zacarías Ursino , que murió en
Neustad el 3. 6.** ra. del a. 1583. Este Zacarías,
tuvo por diszípulo , entre otros , al conozido
David Pareo, Catedrático en la Universidad de
Amberga , acabada de fundar , entonzes , por
el Elector Palatino Fedetico 3.'' — El a. de
1566 , es dezir , un año antes , que publicase
nuestro González de Montes su libro , envió
Zacarías Ursino a su hijo mayor (que , yo creo;
era Joaquín Ursino], a Pareo , i a otros de sus
diszipulos , a Heidelberga. Alli estaba impri-
miéndose , a la sazón , el libro de nuestro Au-
tor : el libro , que 44 años después reimprimió
Ursino , con adiziones extractadas de algunas
cartas españolas , como asegura : ¿ no será ,
pues , naturalisimo suponer , que Ursino fué
amigo personal de González de Montes ? Cómo
15
Daniel Gerdes, presente cual dudosa, la perso-
nalidad de J. Ursino , i mas , conozicndo sus
escritos ; es cuestión de curiosidad biblíográfí-
ca , no indigna de algún examen , pero que
aqui no tiene lugar.
5/
Macanaz, Carranza , Puiblanch.
Prol. paj. xuii.
He nombrado , en el Prólogo , personas de
diversas opiniones , pero todas de reconozido
romanismo : con el fin de indicar , que bastan
los escritos de cualquiera de ellas , para con-
venzer a los mismos Inquisidores , si no care-
zen de buena fé^ cuan imposible es que la In-
quisizion , llegue nunca a establezerse de un
modo cristiano. La Inquisizion : o sease nn Tri-
bunal , o unas personas , constituidas en cuer-
po juzgador , i castigador , en materias relijio-
sas, cualquiera que sea su fuerza i prozederes;
esencialmente es cosa anticristiana. Búsquese
la prueba de esto, no en filósofos, ni en protes-
tantes , sino en los romano-católicos , en los
denfensores azérrimos de la Inquisizion , en
escritores como D. Melchor de Macanaz : i en
ellos se encontrarán palabras como las siguien-
tes, i dirijidas a un Rei tan inquisitorio , cual
fué nuestro Felipe V. «Reconozidos estos pa-
«peles, se halla ser muí antigua, i mui univer-
«sal en todos los dominios de Y. M. adonde
«hai tribunales del Santo Ofizio , la torbazion
16
«de las jurisdíczíoncs , por la inzesanle apliea**
«zion con que los Inquisidores han porfiado
«siempre en dilatar la suya , €on tan desarre-
Mglado desorden dei uso , en los casos i en las
«personas, que apenas han dejado ejerzízio a la
«jurisdíczion Real Ordinaria, ni autoridad a los
«que la administran. No Uai es|>ezie de negozio,
«por mas ajeno que sea de su instituto i facul-
«tades, en que, con cualquier flaco motivo, no
«se abroguen el conozimiento. No hai vasallo >
«por mas independiente de su potestad , que
«no le traten como a subdito inmediato, subor-
«dinándole a sus mandatos , censuras , multas^
«cárzeles, i lo que es mas , a ia nota de estas
«ejecuziones. No hai ofensa , ni leve descome-
«dimiento contra sus domésticos > que no la
«tengan i castiguen , como crimen de Relijion ,
«sin distinguir los términos ni los rigores. No
«solamente extienden sus privilejios a sus de-
«pendientes i familiares, pero los defienden con
«i^ual vigor en sus esclavos negros e infieles.
«No les basta eximir las personas, i las hazien-
«das de los ofiziales , de todas cargas i contri-
«buziunes públicas , por mas privilegiadas que
«sean ; pero aun las casas de sus habitaziones ,
«quieren que gozen la inmunidad de no poder-
use extraer de ellas ningunos reos , ni ser allí
«buscados por las Justizias: i cuando lo ejecu*
«tan, experimentan las mismas demostrazíones
«que si hubieran violado un templo. En la for-
«ma de sus prozedi mientes , i en el estilo de
«sus despachos, usan i afectan modos , con que
«deprimir la estimazion de los Juezes Reales
«Ordinarios , i aun la autoridad de los Majis-
17
«tFaSos superiores : i esto, no solo en las ma-
«terias judiziales i contenziosos , pero en los
«puntos de gobernazion política i económica ,
«ostentan esta indepenzia , i desconozen la so-
«berania.
«Los efectos de este pernizioso desorden ^
«han llegado a tan peligrosos i tales inconve-
«nientes que ya muchas vezes exzitaron la pro-
«vídenzíá de los Señores Reyes , i la obligazion
«de sus primeros Tribunales, a tratar cuidado-
«sámente el remedio.» — Con esas, i aun mas
fuertes razones , yiene a probar , a cada paso^
D. M. Macanaz, en su consulta fiscal, a Felipe
T , lo anticristiano , i lo antipolítico del Tribu-
nal de la Inquisizion. Hasta de robar , o hazer
•desaparezer Papeles de los Archivos , acusa el
Fiscal Macanaz a la Inquisizion , allí donde al
prinzipio : «porque con artifízioso cuidado se
«hah sacado de los Archivos , sin que se haya
«podido descubrir su paradero, ni mas notizia,
«de que los Nunzios de una parte , i los Minis-
«tros de Inquisizion , de otra , mas advertidos
«que nosotros mismos , que debemos guardar
«tan prezioso tesoro , nos le han llevado : etc.»
Si esta consulta de Macanaz no se ha impreso ,
seria bien , que , integra , se imprimiese. Las
£reinsertas zitas, se sacaron de un grueso vo-
imen m. s. en 4."* mayor, de mas de 700 paji-
nas de letra metida. El otro nombrado en el
Prólogo , junto con el anterior , es el Arzbpo.
Fr. Bartolomé Carranza. Este teólogo católico-
apostólico-romano , fué el a. 1554 con D. Feli-
pe II a Inglaterra. Llevóle aquel Prínzipe,
para restablezer allí el romanismo. Carranza
M porló en liiglulerra mai a gusto ú« D. Feli*
pe: refomió aquellas UnÍTersidades: preadió i
Juemó lierrjes: desenterró i quemó lus huesos
e lus faerejes que habían muerto antes de que
D. Fehpe i Cari'ani.i fuesen a Inglaterra : ei-
|iurgi'i 1 quemó libros, i señaladamente fiihlias:
I en lln, se cnndujeroi) de modo , que mas de
treinta mil personas , se desterraron en txa
época dü Inglaterra , por causa de Relijion.
Tres anos tuvo Carranza en Inglaterra esta co-
misión , con tan evanjélica mansedumbre de-
sempeñada. Dü Inglaterra , pasó Garrama a
Flandes con el mismo relijios» encarpí , de
iwrseguir, i no dejar a vida hereje ninguno : i
cumplió en Flandes como en Inglaterra : p^-
siguió de muerte, i hasta cor espionajes i ba-
jczas, a los herejes, i a los que no loeran. Que-
máronse alli , jentes i libros , como acullá se
habían quemado. El fruto que produjo para
el Reverendísimo Carranza , tanta jente asada
viva, fué hazerle Arzobispo de Toledo el a. de
1558, i señor temporal de su diócesi, como di-
zen BUS biógrafos. — Pero ya el a. 1559, eslc
Carranza , este ijuemador <le herejes, este com-
plaziente teólogo ile D. Felipe II, se vio preso,
I acusado él mismo de hereje, i condenados sus
libros, i preso por hereje , sin halier sido otra
cosa, que perseguidor i quemador de herejes ,
murió perseguido por tal. Éntrelas 16 propo-
siziones que abjuro, una es' <Que el uso de las
santas imájenes, i la venerazion de las reliquias
de los Santos, son leyes meramente humanas. >!
EspaOa, ciertamente, no puedever dias alegres
con tales Arzobispos , que lienen por laudabk.
19
rezar el Padre nuestro , a los Santos: i cuando
ésta es la sal de la tierra , ¿ con qué será ella
salada ? El Prozeso formado a Carranza , i lo
que hizo con él , impunemente , el Inquisidor
Diego Gonzales: son cosas , que bastan ellas so-
las , para demostrar , que el mayor atentado
contra la gloria de su Criador, que los hombres
pueden cometer ; es el meterse ellos a lej[íslar
sobre conzienzias, i a crear tribunales relgiosos
que prescr ibandogmas , i formen códigos pe-
nales para defender esos dogmas. I es , en ver-
dad, un absurdo, al paso que un atreviniiento>
el erijirse un hombre, cualquiera que él sea, o
eríjir a otro , por juez soberano « en las creen-
zias o no creenzias , en la relijíon o irreÚjioa
de otro hombre. El ^ue no es enteramente li-
bre en materias relijiosas , no puede tener re-
lijion propia suya : i el que no es voluntaria i
Iwremettie relijioso, no puede llegar a ser cris-
tiano. Tendrá si se quiere, el nombre, no las
cualidades de cristiano . Otro de los escritores
nuestros sobre la Inquisizion , es D. Antonio
Puigblanch, pero al menzionarlo en el Prólogo,
no se alude solo , a su obra imp. en Cádiz en
el a. 1811, con el titulo de «La Inquisición ún
Máscara» ; sino a la traduczion inglesa , hecha
por 6. Walton , del ms. o ejemplar añadido
por el mismo Autor el a. 1814 , i publicada el
a. 1816 en 2 vol. en 4.** español , que ambos
tienen mas de 900 paj. de impresión, i ademas
están realzados con xi estampas grabadas por
M. N. Bate, i notables por la propiedad i ver-
dad aparente de lo que representan. La 1 .* de
ellas , representa una copia exacta en forma i
20
tamaño del sello ¡ escudo de la Inquísízion, to-
mado del Edicto oriiínal , sobre libros , publi-
cado por el tribunal de Sevilla , el 21 de Sep-
tiembre del año 1806. En él, según Puigblanco,
se lee: e^urge Domine, e¿ judica causam tuam:»
es dezir; tres yerros en cinco palabras. La obra
de Puigblanch , como las de Llórente, i Maca-
Daz , merezen leerse con atenzion. I aquí debe
notarse , que el secreto de la Inquisizion , es
por si de tan dañosa condizion , que ha perju-
dicado, hasta al crédito de la misma Inquisizion
inventándose, por causa del mismo secreto, pa-
trañas i absurdos innumerables contra ella. Ta
reprobó, i probó D. J. A. Uorente, cuánto ba-
bia de falso en el librito «Cornelia Bororquia»;
pero, no obstante eso , como el ominoso i cul-
pable secreto inquisitorio, ennegreze todos los
Erozederes de aquel anticristiano e inicuo tri-
unal ; en abono suyo la verosimilitud i reali-
dad de los hechos , parezen ser mentira : i las
mentiras mas absurdas, en su contra , se cons-
tituyen sin esfuerzo , en verdad palmaria. En
la capital de la católica Irlanda p. e. se publicó
el a. pasado de 1850 , una Historia titulada :
«The Inquisition» etc. que se contiene en 251
paj. de un vol. Svo español. En las pajinas 209-
jtiA contiene una relazion de cómo demolió el
Mariscal Soult el Palazio de la Inquisizion de
Madrid, el a. de 1809, cuando era Gobernador
de Madrid. La relazion, se dize , escrita por el
ofízial comandante, que demolió el dicho Pala-
zio , situado a cinco millas de distanzia de Ma-
drid, lujosamente amueblado , lleno de sober-
bias pinturas , provisto con una rica librería ,
ai
etc. ele. poruue aquí se eosarU un cuento.
que ni los de Esplandian. Como el Moguínarío
i codizioso Harisca! , no fué nunca Gobernador
en Madrid; i como nunca existió a cinco millas
de Madrid, ningún castillo feudal, pertenezien-
te a los Inquisidores ; claro es, que la demoU-
sion del Palazio, pudo mui bien hazerse sin los
tres Rejimientos de que fué acompañado, para
la hazafia, el prudente i bravo Capitán. — Como
ese cuento, se inventao mil , cada vez que a la
luquisizion se la quiere acusar , o de tenor
opuesto si se la quiere defender. I,la Inquiai-
Eion con su anticristiana eiistenzia, fundada en
su inicuo tecreto ; es la untes culpa original,
en este ultraje a la verdad: i asi la Inquisizion.
contra lo que el nombre suyo promete , baze
imposiblequc pueda inquirirse, o eatablezeree,
a lo menos, con solidez la verdad, aun en cosas
de hecho : pues como todo lo encubrió con el
secreto, i como persiguió la verdad i claridad ,
de mil maneras, turbó de modo las cosas ; que
en bistorías de luquisizion, es imposible quitar
de cuajo la unión monstrosa de la verdad con
las mentiras. Por lo demás , a vuelta de esa
notizia falsa , o mas bien , para rectificarla ;
pongo aqui , en seguida , relazion mucho mas
fidMigna, de un sujeto que acudió a ver la Ca-
sa de la InquJBizion de Madrid , en Marzo del
a. de 1820 , al estinguirse la existencia legal,
de lan diabólico Sanedrim. Aunque el autor de
esa relazion , no me pareze que es amigo del
Santo Ofizio ; me consta , que no es amigo de
inventar historias lastimosas, ni admirables. No
«irvió con el Mariscal Soult en 1809 , ni tam-
32
poco bailó en el Real Palazio el a. de 1814 cun i
el Lord Wellington , al restablezerae la Inqai- 1
BÍtion : ni pidió su restablezimiento como el I
Duque de B ! Héaquí sus palabras. '
«Con el cambio de Gobierno verilicado el 7 j
de Marzo de 1820 , vino a tierra el Tribunal |
de la luquisixioB, i el pueblo de Madrid . mas I
por curiosidad , que j)or un odio razonado a
iDstituzion tan sangumaria. acudió eu tropel a
Ter i rejistrar el cdifizio. Se bailaba éste , en
la calle coDozida con tan odioso nombre , a la
entrada derecha por la plazuela de Santo Do-
mingo, con comuDÍcazion por la espalda con el
convento del Rosario , de l'railes dominicos en
la calle ancha de S. Bernardo. Con él comu-
nicábase por los subterráneos como aparezió
por las bóvedas que recorrimos.
Ya fuese porque la tea infernal inquisitoria
no ardió del 14 al 20 como en las épocas ante-
riores a la invasión francesa , o porque durante
«sta se destruyeran los instrumentos horribles
del ntartirio, el hecho es, que no hallamog sino
reatos que demostraban el uso de ellos.
Por consejo de D. Rodrigo de Aranda , Al- |
calde 2.° en aquella época , i comisionado para
recojer los efectos , libros i papeles existentes
en el edíBzio , fuimos provistos de hachas de
viento , para poder penetrar en aquellos tene-
brosos subterráneos. El edifizio , en su parte
exterior , nada presentaba de particular ni de
imponente. El portal era grande , i un poco a
la derecha se hallaba la puerta de entrada ,
grande i fuerte, i a la cual se llegaba subiendo
cuatro o seis escalones.
Luego que se entraba, i atravesaba ua paBillo
anctio, obscuro i corto, se bajaban mas escalo-
nes que los que a la entrada se subieroa , i se
desembocaba en un patio anchuroso i sin ga-
lerías. A la planta alta, o pnmer piso, se subia
por varias escaleras, yaanchas , ya estrechas,
que comunicándose entre si estudiadamente ,
daban entrada a las salas del Tribunal unas , i
a las prisiones otras. Estas por lo jeneral eran
capazes, altas de techo , con ventanas de mas
de dos pies en cuadro , situadas a la may'or al-
tura. Cada prisión tenía una puerta exterior
muí sólida i con herraje Tuerte. Abierta que
era , se hallaba ud tambor cuadrado de sólida
mamposteria, como de cuatro )Mes, formado
dentro de la misma prisión. A la derecha , i en
b misma pared una rejita de gruesos hierros,
como de una cuarta en cuadro , i en frente de
la primera puerta de entrada, otra muí sólida,
con una rejilla igual a la anterior. De este mo-
do, el carzelero con solo abrir la primera , re-
conozia todo el enzierro. Tales eran los cono*
zidos con los nombres del fraile, la beata Cla-
ra, Van-Halen , etc.
Vueltos a la planta baja , ¡ tratando de bajar
a los subterráneos , la Sra. Msa. de B. reusó
hazerlo por horror , i enzendidas las hachas -
por su lacayo, descendimos por mas de 50 es-
calones , i nos hallamos en una pieza como de
20 pies en cuadro , vazía absolutamente i con
luz escasa, que resibia del patio poruña tnm-
hrera. Et piso era duro, ¡ nos llamó la atenzion
?[ue el que se hallaba en el medio del lienzo
rente al tragaluz, era movedizo. Habiendo ar-
V
24
rimado las hacbas a aqtiella denegrida pared^
Timos en ella a la altura de unos siete píes ,
dos tarugos grOesos de madera , embebidos en
la misma , i colocados en línea recta. En uno
de estos existía aun una argolla de hierro oxí^
dada, i del grueso de una pulgada. Se infiere
fuese un tormento , colgando a la victima por
las muñecas de las dos argollas , i removiendo
el terreno nara que nunca pudiera hazer pie ,
si era de alta estatura.
Después de reconozer otras piezas que nada
contenían, descubrimos una en la que pene^
tramos por una rotura liccha en la gruesa
mamposteria de uno de sus lienzos. Era esta
pieza un cuadrilongo muí desahogado, i su piso
aunque compacto muí húmedo, en términos de
que metimos sin gran empuje , un bastón hasta
el pufto, i le sacamos todo blanco como si fuera
de cal. Al frente de nuestra entrada vimos un
altar, todo el recuadro y meseta de marmol
amarillo , i en ésta, muchas gotas de cera. No
se descubría efijie ni pintura alguna , ni tam-
poco que rezibiese esta pieza luz por lado al-
guno, ni donde estubiese su verdadera entrada.
Advertimos al retirarnos , una puerta ventana
grande, cuadrada , a cinco pies del suelo , i si-
tuada en un ángulo. Se abrió sin resistenzia
i hallamos un hueco también cuadrado , que
daba bajada a un pozo. Para conozer si lo era,
\ se tiró un cascote , i no dio el sonido de agua ,
sino el de un golpe en madera, i en seguida un
chirrido prolongado como el de una trampa
que se abre con dificultad. Al salir de este es-
pantoso sitio, el lacayo porta-hacha , cojio del
25
suelo una varilla de metal de las dos que cier-
ran el abanico. Era de metal ya podrido , que
se deshizo al estregarle con los dedos. ¡ Cosa
notable en un sitio que iH) tenia comunicazion
ni con el patio ni con la calle !
Habiendo salido deaquellahorríble mansión,
tomamos una escalera, que con el descenso de
mas dé 20 escalones , concluía en un callejón
de una vara de ancho, i como 40 pies de largo,
i acababa en otro con el que formaba una cruz
sin cabeza. A la izquierda de este cruzero des-
cubrimos una bajada o ca&on grande cuadra-
do, i en él unos ganchos grandes de hierro ,
que yenian desde arriba en cada costado , al-
ternándose , o como dizen los plantadores pues-
tos al tresvolillo. Eran gruesos i las puntas mui
agudas. La humedad i frialdad que en este sub-
terráneo reinaba nos ofendía con eszeso , i te-
miendo se apagase el hacha nos apresuramos a
salir por donde habíamos entrado, observando
que en el callejón había a uno i otro lado , en-
cierros o sibiles mui estrechos, en los que solo
existían los marcos de las puertas. Esta sima
espantosa se hallaba , según los peldaños que
bajamos, sobre 50 pies debajo del patio prin-
zipal. Lo dicho es lo que recuerda la memoria
después de mas de treinta años.»
A esta relazion, que íntegra trascribo, siento
yo no añadir el nombre de su Autor , que vive
aun , i azierta en realzar lo que sabe , por la
modestia con que lo calla.
I
1
0.
Paj. 164. lin. 4 — 13
Con cuanta verdad escribió ahi eso Honte^^
haze tres siglos , lo prueba el traslado , que
aquí hago del Periódico Ministerial =Ia Epo-
ea3=; el cual en su n/ 643 , del 3 Abril de
1851 dize esto. «Enterada la reina [sic.J , de
cuna esposicion que el R. Obispo de Lérida
«[Dr. D. Pedro Cirilo Uriz i Labairu] ha eleva-
«do con fecha 27 del pasado febrero, relativa a
«que se prohiba la introduczion, circulazion, i
«venta de un papel o revista qjue se imprime en
«Londres , en idioma castellano , con el titul»
«del Catolicismo neto ü otro semejante ; como
«también todo libro, caricatura, estampa o pin-
«tura en que se exzite 1 provoque a la irrelijion,
«a la impureza, al libertinaje i otros crímenes;
«S. M. se ha servido mandar que a toda
«trance eviten la introduczion fraudulenta ,.
«aue pareze se está haziendo de los menziona-
«dos artículos,» etc. Quien lea eso , puede
creer que en el dicho libro, o Revista, del Cor-
Udieismo Neto, bai artículo , o caricatura , que
exzite a la irrelijion, a la impureza, o al liber-
tinaje: mas eso está expresado asi , con fin se-
mejante, a el referído por Montes en la citada
paj. 164, lin. 4 — 13.— Pero al CaU^ieismo Ne-
to, le podría suzeder, lo que de la poUta . se le-
^óe dezir al Sr. Arteta en el mismo N.* de Im
Época.=nYo suprimí la polka, siendo Jefe-Po-
lítico de Ranelona: desde entornes , la polka
se baila mas que nunca.»
%
27
7.
Paj. 169 i 170.
Lo que se dize en ambas paj. lo confirman
ranchos volúmenes. Algunas yezes , las perso-
nas mas graves, tenian tal miedo en comunicar
notizias particulares , aun en cartas privadas ,
a íntimos amigos , qne lo que escribian , era
revuelto con latines, para enrevesarlo de modo,
a ófrezerles evasivas. Sirva de ej. la carta que
el aüo de 1554, escribia a D. Antonio Agustín,
el canónigo Juan de Arce , donde le cuenta la
prisión del Dr. Ejidio , de este modo : «Antes
qué acabe pariem negotiorum le diré otra cosa,
o causa , qnce nune subjudice apud nostros est,
Juan Gil, Maestro de Artes, i Doctor de Alcalá,
prcBceptor ut a íe, si bene memini^ aceepi > dim
tuus , después Canónigo de Sevilla , novtmmé
electo de Tortosa , con gran favor i grazia Ce-
sárea, nesíÁo quá de eausá ante cansecrationem
ab Hispalensibus ínquisiiorihus, mas ha de un
año detinetur in careere. Al presente Gasea ,
insulanus inquisitor , ha querido concluir su
causa en Yalladolid, por el Consejo de lalnquí-
sizion , de quorum numero ipse est , i llamado
harto número de Teólogos, Mónachos , et CU-
ricoSf para juzgar su causa : en el estado que
está no lo sé , ni tampoco qué le acusan i opo-
nen , i qué escusa él trae , i qué le achacan
aquellos Señores llamados. El negozio se trata,
i ti Ubi placuerit escitum noscere , le avisaré
cuantío acontesziere : si non placel , dejarélo :
38
Holo escribo eslo porque fuit olim praceptor-
t»u$.* — Porqué le llama a Gasea , iiuuUmus ,
no lo 8é. Por cierlo, que en esta misma caria,
acusa Juan de Arce a) Arzbpo. B. CarraaU'.
de haberse aprovechado en su 'Summa Conñ-
iiortin», de sus trabajos literarios , sin dezirlo:
■rogóme anxié , (dize) , le diese aquellos cinco
Concilios , como los tenia así Taltos , i asi los
puso, íupresto meo nomine a quo eos acceperat;
aunque el postrero no puso ad longum , sino
nn e|iitomei: etc. 1 la dicba Suma de ConcÜioi
le dedicó Carranza, al famoso D. Diego Hurta-
do de Mendoza : el cual le dio las grazias por
ello, i le apellidó varón prudentísimo , grande
»rador i filósofo, i eximto Uólogo: i luego, ese
mismo Mendoza, fué su acusador ante la Inqui-
BÍzion. 1 fomentar estos rasgos de moralidad ,
era uno de los males que traía consigo , el se-
creto prozeder del Santo OGzío, tan ocasionada
proporzion , para satisfazer a salvo una ven-
Kanza. En cuanto a las ReLAzionEs, que man-
daba publicar la Inquisizion, i menzionadas ahí-
por Montes paj. 170 , poco debo dezir , pues
son bien couozidas entre nosotros. Debia for-
marse UD cuerpo de todas ellas , e imprimirse
cronolójica mente. En la librería Bodleiana de
Oxford , existen ejemplares de las siguieutes
Belaziones.
Relaz. del Auto de Córdoba. En fol. . 1625.
Id. del celebrado en Madrid [tengo /un ejemp.]
en 4.° 1652.
Del de Granada, en 5 de Havo de " -1.° 1672.
DeldeGcanada en21deDiziembre. 4.° 1720.
Del de Granada en 50 de Noviembre. 4.* 1721.
29
Del de Madrid, en 8 de Mayo. 4/ . 1721.
Del de Cuenca en 23 de Noyiembre. 4/ [imp.
Madrid] 1721.
Del de Seyilla, en 24 de Diziembre. 4.** [ímp.
Madrid] 1721.
Del de Madrid, 22 de Febrero. 4." . 1 722.
Del de Sevilla , en 24 de Febrero. 4.** [imp.
Madrid] 1722.
Del de Vailadolid , en 8 de Mayo. 4.** [imp.
Madrid] 1722.
Del de Toledo, 5 de Marzo. 4." [Madrid] 1722.
Del de Córdoba , en 12 de Abril. 4.** [Ma-
drid] 1722.
Del de Lisboa, en 26 de Setiembre. 4.** [Ma-
drid] 1745.
Del de Madrid, en 8 de Febrero. 4.*^ 1756.
Por solo esas 14 Relaziones, onze de las cua-
les están imp. en Madrid, i tres en Granada ;
se vé, que llegaron a cddbrarse , en un año, el
de 1722, zinco Autos de Fé. I en el anterior ,
hubo cuatro, de esas relaziones : i afio habria
en que se zelebrasen, lo menos , 21 Autos de
Fé I pues tantos eran los tribunales en España.
Hai también , Relaziones impresas de otros
muchos Autos , sino de casi todos. Montes en
la paj. 225 íyéase], allí donde acota la voz per-
tinaz, se renere a la Relazion imp. del Auto de
Sevilla , del 24 de Septiembre del a. 1559. J.
Mendham , citado ya en el Prólogo , posee un
ejemplar de R. del Auto de Sevilla del a. 1698,
en 4.** i otro del de Lisboa , del a. 1720 [en 4."
En el Museo Rritánico hai , lo menos , otras tres
Relaziones , de los Autos de Méjico a. 1649 —
1648 Méjico. — i el de Lisboa del a. 1666. To-
so
das 3 en 3 vol. 4." — Todos conozen la Relazioip
del Auto , que hubo en Madrid en 1680 I vol.
en 4/ por haberse reimpreso , también en 4/ ,
el a. 1820. Asi hai otras : i repito que seria con-
veniente reimprimirlas todas, por orden Gro-
ndójico. Tarea , qpiza mas digna de la Acadé-
ftUa de la Historia, que otras de que se ocupa.
8.
Lo que se refiere en la paú 182 era cosa fre-
cuente. Véase en prueba el Prozeso de Fr. Luis
de Leen , ya menzionado. A Fr. Luis de León
le tuvieron en la carzel seis años , sin saberse
porqué , ni por auien : pues entre los Inquisi-
dores de Yailadolid i Madrid , armaron tal car-
teo consultivo , sobre su presa , que su lectura
causa grima i fastidio. La impresión délos Pro-
zesos existentes , formados pop la Inquisizion,
es aun de mayor importanzia ; por estar ellos
ms. i de este modo , mas ocasionados a perder-
se. Bien que , esto suzede también con muchas
relaziones. Por esto , i porque en el cuerpo de
su obra , menziona mucnas vezes nuestro Autor
los días de triunfo , o dias triunfales de la In-
quisizion , o sean , los Adtos de Fé : dando . a
su propósito, adecuada notizia , azerca de los
de Sevilla ; para mayor ilustrazion, es bien po-
ner aqui , a la letra , una Relazion del Auto de
Fé de Yailadolid a. 1559 que no creo se haya
impreso antes. La saco , de un ms. en dos vol.
gruesos en 4.° que tengo a la vista , con bas-
tantes dibujos curiosos , i cuyo título es «Histo-
ria de la mui noble i mui leal ciudad de Valla-
I
31
^olíd , recojída de varios Autores.» etc. A la
paj. 225 del tomo i.° comienza la Narrazion
siguiente : «El [a] de 1559 el Prínzipe i la
Prinzesa D/ Juana , Gobernadora de estos Rei-
nos, presidieron un Auto de Fé, que se zelebró
'en Valladolid en 21 de Mayo de dicho año de
1559 , que fué el de Gazalla , i se zelebró , a la
letra , en la forma siguiente.
Auto de Fé que se Celebró en Va-
lladolid que no se vio jamás cosa se-
mejante.
Primeramente , hubo en la Plaza Mayor^
mas de doscientos tablados mui grandes i mui
luertes , en los cuales hubo gran suma de jen-
te. Subieron los que querían tomar buenos lu-
gares a media noche. Pagábase por persona , á
veinte reales.* En los tejados hubo gran núme-
ro déjente , hechas unas barandillas por la de-
lantera , con toldos de anjeo para guarda del
gran sol que había. Desde la víspera de la San-
tísima Trinidad , que fué sábado 20 de Mayo ,
de dicho año , guardaron el tablado prinzipal ,
^on mucha jente de armas , porque le habían
procurado poner fuego dos noches antes. El
cual dicho Tablado estaba hecho , por el mejor
modo , que cosa se había hecho : era mui gran-
de , i tenia el primer suelo mui alto : el cual
estaba cercado de un corredor de madera: i de
allí se veía otro pedazo no tan alto como el pri-
mero : tenia un corredor de balaustres mui
* Q. d. mas, que si hoi se pagasen 100 rs. por asiento«
grandeH, el cual era hecho en triángulo, que la
mitad miraba a la boca-calle de la Costanilla ,
que hoi es la Platería, i la otra punta, miraba
a la Itinconada , por donde boi es h Espezeria
(oue la l'Iaza, era en este tiempo, donde hoi es
el Ochavo : i a causa del grande ínEendlo que
padezio esta Ciudad , se mudó la Plaza a donde
es hoi , como mas largamente consta del Capi-
tulo siguiente): a las cuales dos puntas, estaban
dos a manera de pulpitos mui grandes i cua-
drados, para los Relatores , que habían de de-
clarar sus culpas de los que allí salieron : i en
el medio de los dos pulpitos . en lo mas alto ,
estaba otro pulpito redondo , adonde estaban
los penitentes , a oír sus culpas i penítenzias ,
donde estaban en' pié : mientras las leían , mi-
raban ázia otro pulpito que estaba frente de
él, donde predicó el Obpo. D. Fr. Helcbor Ca-
no , Provmzial que había sido de el Orden de
nro. padre Sto. Domingo , en el cual hizo un
frande sermón. Habia dos teatros a los dos
ados , que comenzaban en gradas redondas ,
anchas de ahajo i angostas de arriba : i en
las últimas habia dos sillas , en donde esta-
ban sentados el Dr. Agustín de Cazalla , i un
Relíjioso , su hermano. Cuya figura del tablado
rué asi :
[A(jui hai en el libro ms. del cual saco esta
Itelazion un dibujíto hecho con tinta , del Ta-
lilado que se describe. El dibujo tiene unas 4
pulgadas de alto, i poco mas detres de ancho.]
«Este Relíjioso dezian , que era Cura de Pe-
33
^k'osa/ Llevaba una mordaza en la boca la cual
le quitaron, a causa de muchas bascas que hizo
para beber un jarro de agua. Tenían las caras,
unos a otros: i todos miraban ázia el corredor,
adonde estaban los Serenísimos Prinzipes D.
Carlos i D/ Juana ( que nro. Señor guarde ).
Los cuales vinieron a la Plaza, a las cinco i me-
dia de la mañana^, acompañados de las perso-
ñas siguientes. El Condestable de Castilla , el
Almirante de Castilla , el Marqués de Astorga «
el Marqués de Denia , el Conde de Módica ,J el
Duque de Lerma , el Arzbpo. de Santiago , el
Arzbpo. de Sevilla, Inquisidor Mayor, el Obis-
po de Palenzia , el Miro. Basca [Gasea (?) j ,
Obispo de Ciudad Rodrigo . Delante vino la
Guardia de a pie, haziendo lugar, por la mucha
jente que había : i detrás , venía la Guardia de
a caballo , la cual fué a Palazio , con pífano i
tambor, a las cuatro de la mañana. Iba el Con-
sejo Real d« Castilla, delante de todos: i detrás
^e los Caballeros, muchas Damas de la Prinze-
sa, muí bien adornadas, aunque con luto. Ve-
nían detrás de las Damas , dos hombres anzia-
nos , mazeros del Prinzipe , con unas mazas de
oro en los hombros : i tras ellos , poco delante
de los Prinzipes , iban cuatro reyes-de-armas ,
con unos vestidos a manera de Dalmáticas de
damasco carmesí , bordadas en ellas las armas
Reales., por delante , i por detrás , i en los
' Aqai , tal vez , hai una equÍYOcazion. Véase Luego.
* Quien madruga. Dios le ayuda,
si lleva buena intenzion.
Pero estos, madrugaban para quemar jentes; cosa peor, que
madrugar para saltear en caminos !
hombros: i luego , ibn un cabtllero . qoe te
nombraba D. Luis Puerto-Carrero , Conde de
Palma, con un estoque en las manos, desDsdo:
i tras rl, luego, km Prínzipes : i la guardia de
a caballo se quedó abajo, hasta qoe subieron a
un coriedor de madera, que estaba hecbo jun-
to a otro de piedra , «{ue es la casa del Consis-
torio: el cual estaba adornado de mucbos dose-
les de brocados de oro ¡ plata , asi donde los
Prinzipes estaban, como de fuera , con gnada-
roaziles de oro muí rico. El Prinzipe i Prínsesa
en un tablado , siempre con el estoqoe debnte
delloB. Los Inquisidores mayores . i ordisaríos
estaban sentados junto a loe Printipes, en anas
gradas altas, i bien aderezadas: por su ordo ,
con la autoridad que a sus ' nobles ofizios se
requiere. Los Grandes , a la mano deracha de
los Prinzipes, en unos bancos , por su órd«i.
El Condestable estaba con la orden del Tuisón,
mui rica i de ver. Tenían ana alfombra adonde
estaban sentados , i otra mas abají) . pan los
del Consejo. Luego que los Reyes snbieron, las
quitaron , i pusieron nnos arandeles colorados
i blancos muí ricos. El Prinzipe iba Teslidode
raja mui bonesta, con todos sus pajes i caballe-
ros de la boca delante de si, los cuales sienipre
estuvieron en pie , i sin gorras. La Príaaesa
vino aderezada de negra , muí honesta: Tcstida
de saya i manto de burato , con un jubonúlo
du raso negro, con una falda, en el manto I sa-
ya, mni larga, la cual la llevaba nn hombre de
mucha autoridad, i delante D. Gania de Tole-
' Btlc (Krilor su de la A^mn uH^wh.
li'^
«
I
55
do, i el Mro. Montesa, Luego que los Prinzipes
se sentaron , comenzaron a subir los peniten-
tes , que venian en la prozesion , en la cual
traían un pendón de damasco carmesí , una
cruz de oro al cabo, i otra bordada en el medio,
i debajo, las armas reales: el cual pusieron en
el corredor de piedra, i a trecho que de todas
E artes se veía bien. Luego , pusieron en el ta-
lado mas alto, la cruz de la parroquia del Sal-
vador, a la esquina de él, cubierta de luto , a
donde estuvo , hasta que se acabó el Auto. I
se hizo luto a la casa del Santo OGzío, que es-
taba en aquel tiempo en la calle de Pedro Ber-
rueco, en las casas que son hoi del Marqués de
Ciandoncha. Guiaban cuatro compañías de con-
tinuo , a punto, para si fueran menester, i
ͻara guarda de la Corte, i de las personas Rea-
es.
Desde el tablado , hasta la casa del Santo
Ofizio, habla una valla alta, de muí buenos ma-
deros . * por donde vinieron los delicucntes : i
en acabando de venir los Reyes , luego preze-
dieron de lo arriba dicho. — Amanezieron pues-
tos en la puerta del Campo, 15 palos , en fila,
bien altos : * uno un coto mas alto que otro ,
Nótese bien ésta espezie de enzierro de toros. La Inqai-
i.'' sizion aseguraba aaui, las TÍctimas de su crueldad , de un mo-
do , que revela DÍen la suspicazia del asesino i matador de
•flzio.
* J. Ursino, en su Adizion al Montes , cap. 16 paj. 271 dize
2oe eran 14 los palos. He aquí sus palabras ; Non lon^e ab
^rbe 14 pali, seu postes aüi, erecti erant, aliquol appositis sea-
larum gradibus, ad quos quatuordecim de hcBresi Luterana de-
lati, recinoti , ignibus concri mandí erant, Pero las notizias de
Ursino eran cortas, pues, fueron, lo menos, quinte ; las per-
.¿.'•^ sonas quemadas vivas, por luteranas.
AA
I
so
con 8U8 argollas i eflcaleras en cada uno , para
los que quemaron , como son los oue se diráii
adelante. El Duque de Gandía [¡ i luego le ca-
nonizaron !] Francisco de Borja , subió de la
mano a la hija del Marqués de AÍcaftizes, DoAa
Ana Henrriquez, (moza hermosa : i en su iris-
teza^mostraba arrepentimiento de sus pecados);
con la cual estuvo hasta el fin: i la llevó al pul-
pito, cuando la llamaron. Acabado el sermón,
el Obpo. de Palenzia tomó una cruz de oro mui
rica en sus manos , i en el pulpito se puso el
Relator Vergara, en donde dijo, en altas vozes:
que juraban los Caballeros i * Reyes , que pre-
sentes estaban, por Dios nuestro Señor , i por
aquella señal de la Cruz , sobre que pusieron
sus manos , i por las palabras de los cuatro
Evanjelios Santos, quieren que mas largamen-
te están escriptos; que ayudarán i favorezerán,
i favorezian en todo i por todo, a el Santo Ofí-
zio de la Santa Inquisizion , i a los Ministros
de ella, cuando lo hubiere menester , con sus
personas i bienes reales — A lo cual dijeron :
^ue asi lo harían, i los circunstantes otro tanto:
i todos uniformes dijeron: Amen. Luego el di-
cho Relator Vergara, fué llamando, por su or-
den , a los delicuentes , puesto en el pulpito
adonde predicaron. Los penitentes que
salieron al Auto son los siguientes. El Dr.
Agustín de Cazalla, Capellán i Predicador de su
Majestad, hijo de Pedro Cazalla, i de Doña Leo-
nor de Vivero, su mujer, naturales de Sevilla ,
* I no había Rei ninguno. Dejaban la f6rmula!del juramento:
o annqud a Tariasen, tal vei no lo expreae aqui, i sobreentien-
dt •Printipet,»
57
penitenziados por la Santa Inquisizion de di-
cha ciudad de Sevilla, i * alumbrados: i lo mis-
mo Pedro de Cazalla, su hermano, al cnal die-
ron por hereje apóstata, dogmatizador. Predi-
cador, innovador de la Lei, defensor de la sec-
ta de Martin Lotero: i por sentenzia, dijeron :
Visto i consultado con hombres de cienzia i
conzienzia, Christi nomine invocato , fallamos:
el dicho nuestro fiscal probó su acusazíon i de-
manda , con cuarenta testigos , que ratificó.
£1 dicho delincuente no probó sus exzepziones
i defensiones , como probar le convenía. Dé-
moslas por no probadas. En consecuenzia de lo
cual , debemos de relajar , como por la presen-
te relajamos , su persona , a la * furia del bra-
zo seglar , i al Correjidor por su Majestad , al
cual rogamos s^'hava benignamente con él , i
a que sea desgradado de Sacerdote i orden sa-
cro que tiene. Al cual quemaron , convertido
a nuestra Santa fé Católica : i fué tan grande
so arrepentimiento , que hizo llorar de compa-
sión a to4os los circunstantes. [Yo entiendo que
este ,e9€TÍtor confunde los tiempos : porque d
Cura de Pedrosa , uno de los hermanos de A.
CazaUa » fué quemado en él siguiente Auto de
Fé , no en este]^ Francisco de Vivero , herma?
* Nombre dado a unos sectarios, en particular ; pero, jené-
ricamente, a cuaotos seguían, eo materia de relijion, la íai , o
lumbre, del Espíritu , «que alumbra a todo hombre que Tiene a
este mundo» : i la preferían a la enseñanza de ios hombrea.
* ¿I quién infandía esa furia en ese brazo seglar? Ese braso
eslaba atado primero, por haberle puesto ya los Inouisidores ,
. a jurar sobre los Eyanjelios : i a ese brazo , le haoian hecho
' preparar, dias antes, con furia Inquisitoria, los Inquisidores, la
leña, i sitio, para la quema. I ahora ellos , los mismos Inquisi-
dores , que fuerzan a ese brazo a ser verdugo ; le ruegan em-
busteramente, que sea «misericordioso i humano!! I
>
38
no de los dichos Cazallas , hijos de los ya di-
chos , diéronle por hereje apóstata : i del mes-
no modo se le dio la sentenzia ; a que fuese
entregado al brazo seglar : i sentenziado a ser
quemado. Llevaba una mordaza en la boca , la
cual se la quitaron , porque se arrepintió , i
pidió misericordia. Juan de Vivero , hermano
del dicho Cazalla, hereje apóstata que depren-
dió de una persona relijiosa : pidió misericor-
dia: confesó su pecado : i le volvieron a la co-
munión de los fíeles cristianos : absolviéronle
de la excomunión : diéronle carzel i sanbenito
perpetuo : señaláronle que oiga misa cada dia,
i sermón los que hubiere; i que se confiese las
tres pascuas del afio. Doña Constanza de Vi-
vero , viuda , hermana de los dichos Cazallas ,
hereje apóstata luterana : pidié misericordia :
usaron de ella: diéronla carzel i sanbenito per-
petuo, con las condiziones dichas , a los demás
delicuentes dichos. La estatua de D/ Leonor
de Vivero, madre de los Cazallas. diéronla por
hereje : i que había muerto en la secta de Lu-
lero. Confiscaron sus bienes, i mandaron que-
mar su estatua i huesos , los cuales , llevaron
dos * ganapanes a la hoguera : i que las casas
donde tantas ofensas se hablan hecho a Dios
nuestro Señor , mandóse derrocar i asolar , i
sembrarlas de sal: i poner en ellas un padrón
de piedra, con las letras , que manifiesten su
delito : i que nadie perpetuamente las reedifi-
que. El padrón se puso de esta manera. [Pone
aqui un dibujo de él]:
* Pues era operUzion bien digna de dos Grandes de España,
como Familiares del' Santo Oflzio.
• I'resiiiieudo la Iglesia Rumana Paulo IV i
reinando en EspaDa Felipe II.
El Sanio Ofizío de la Inquisición condenó a
derrocar e asolar esUs casas de I'cdro Cazalla,
i Dofla Leonor de Vivero, su mujer; porque los
herejes Luteranos se juntaban a hazer conci-
liábulos, contra nuestra Sla. Fé Católica c
Iftiesía Romana. Año de MDLIX on XXI de
Hayo.»
Ei Hro. Alonso Rodriguez, clérigo de Misa,
vezino de Palenzia : declarado por bereje após-
tata, i lenáz : condenado a desgradar , i entre-
gado a la furia del brazo seglar. Murió confe-
sando la fé de Jesu-Cristo , i niui arrepentido.
Era feisinio de rostro i facciones , de edad de
cuarenta años. Levantóse el Obpo. de Palenzia*
de adunde estaba, con los Prinzipes , i fué al
tablado, a desgradar a los clérigos: que fué un
acto nunca jamas visto ni oido , en estos tiem-
pos. Vistióse el Sr. Obpo. con una sobrepelliz,
estola, i enzima de ella una capa pluvial , * de
terziopelo negra, con una cruz, i su mitra blan-
ca. Vistiéronlos a los dichos sazerdotes , que
eran tres los que habían de desgradar; de lonas
las Testiduras sagradas , como si fueran a dezír
misa , con unas casullas de terziopelo negro.
En donde los mandaron sentar [estar] de rodi-
llas delante del dicho Sr. Obispo : al punto los
quitaron los cálizes de las manos , i los me-
tieron en una arca , que para este misterio ha-
blan traído : i luego , habiendo leido ciertas
* Era iquel buasDisinio D. Ftdro ie la Gasea , Un atoa-
\
40
palabras que tiene el Pontifical romano , para
estos casos. Les fueron quitando las casullas ,
i quedaron con lo demás que vestido tenían . i
Í)ue8tas unas dalmáticas con sus collares , se
as quitaron lu^o las dichas dalmáticas: i lue-
go les quitaron fas albas, i quedaron en cuerpo
con los sanbenitos de llamas : i después les ra-
yeron las manos , dedos , corona , i boca . i lo
echaron en uoa fuente grande que allí tenían.
Llegó luego un barbero . i les quitó el pelo de
las coronas, i hecho esto, los pusieron tres co-
rozas, que hasta allí , a causa de * ser sazerdo-
tes, no se las habían puesto. I, asi de rodillas,
el dicho Agustín de Cazalla, llegó a la Prinzesa
i la dijo: «Reina i Sefiora , por amor de Dios ,
vuestra Majestad me oiga cuatro cosas.» Al cual,
el Alguazil mayor mandó parar , i habiéndose
f cedido subiese a su asiento, se hincó de rodi-
las delante de los Prinzipes^ i llorando , arre-
pentido, sus pecados , dijo tres vezes: «Bendito
sea Dios: bendito sea Dios : bendito sea Dios í
I besando la Cruz , que en las armas santas *
estaba, i mirando al cielo, con una cruz, i dan-
do mui altas vozes de' arrepentimiento , que
parezia que rompía sus entrañas , de dolor, de-
zia: Óiganme los cielos i los hombres: i alégre-
se nuestro Señor , i todos sean santos testigos
de ello : cómo , yo pecador arrepentido , me
* Por la detenzia clerieaí : como deiia an déri|^, que dor-
mía en cueros, pero con alsacuello. Estas pesadas i crneles co-
mlquerias in<^uísitoria«, son dignas de referirse por tan pesado
maxorral escntor.
* Amuu »anta$, llamará a las de la inauisiiioB , o del Santo
Oflxio. Entonzes, si eso es cierto, Cazalla oebi^ recordar lo qut
se dize en S. Mat. ▼. 44.
TueUo a Dios , i a la absolución de los deles
cristianos , me arrepiento de íeras a Dios i a
los mandamientos de ' él Sumo Pontifize : de
todos mis pecados me arrepiento biiín i verda-
deramente , i jiiopoiigo morir en la fé de mi
Dios i Señor , i conozer que por la menor do
mis culpas merezco padezer las graves penas
del Infierno, que se dan a tos condenados. Sino
que nuestro Señor me ha hecho merzed , de
traerme al verdadero conozimiento i estado en
aue estoi , para conozer que el camino que '
evaba , era el tenebroso de los vizios , i erra-
do: i • éste, es el camino, por donde yo i todos
los fieles cristianos , han de caminar. — I , con
esto, dijo ciertas palabras a la Prinzesa , i es-
tando en la cruz, se volvió a sentar en su lugar.
Fué esla una aczion , que movió á los cris-
tianos , a gran ternura I devozion , por verle
reduzido,[_f supuesto arrepentido de sus gran-
des errores , verle tan vuelto a la fé , es para
dar muchas grazias i alabanzas a Dios. Estan-
do en esto, se levantó un rumor entre la jente,
llorando los mas , díziendo : Bendito seas , Se-
Oor que das a los pecadores mas destraidos ,
tus divinos auxilios , en los últimos de sus vi-
das , para que no se pierdan , pues * no quie-
res la muerte del pecador,. sin» que se convier-
ta 1 viva. I bendito seas, Señor, que en lo pos-
trero de tu vida fuiste como el hijo pródigo ,
que volviste a la casa de tu Padre , díziendo : '
* No diie, ai m» suma Pontiliio « JeHí Crirto.
' Ho diie, auiniio le lleioba.
El da Ib» padoiimienioí (I): el de lo Crui {!).
iraei si e» deiiao, i nbian : porqué bmat moñr m las
uamu, « qiilnie« lenlea por pecadoreeT
42
no 60i digno de llamarinc hijo tuyo. * I ya
vuelto a la católica fé í verdadiTo Evanjelío.* I
esle Uanlo duró un gran rato. I vitMidole tan
arrepentido i lloroso de sus culpas, se hizo ca-
paz . como piadosamente se espera , de gozar
de la bienaventuranza.
Doña Francisca de ZúAiga, beata, bija del di-
cho Pedro Cazalla, vezina de * Yalledeolid , de-
clarada por hereje apóstata luterana: pidió, ar-
repentida , misericordia : confesóse de sus pe-
cados: Fué absuclta , volviéndola a la comunión
de los fieles cristianos : fué penilenziada i con-
denada a carzel i sambenito perpetuo sobre
todos sus vestidos, ¡ que todos los dias oiga mi-
sa i sermón, cuando le hubiese, i comulgue to-
das las tres pascuas del año, i ejecute lo que
la mandare el Sto. Tribunal de la Inquisizion.
No pretendo alargarme mas por no ser mo-
lesto , i desagradar al lector , poniendo cada
delincuente de por si. Baste el dezir , que fué
un Auto jamás visto , ni oido , de tanta auto-
ridad , como haberse celebrado en la Corte que
entonzes era , del señor D. Felipe Segundo , en
la plaza mayor , públicamente , presidiéndole
los ya dichos altos Prinzipes : (¡ue no se salte
haya habido otra cosa en España , ni fuera de
ella. Fueron manchadas de este veneno , otras
muchas familias mui ilustres , i muí nobles ,
como fueron las de los Henrriquez , las de los
Zuñigas , i otras mui buenas. Hasta las relijío-
nes , no se libraron tampoco del pestífero ve-
* Lo que antezede , o es la orazion de Cazalla , o lo que a
éste lo dezian, los que se condolían, i trataban de consolarle.
* Algunos , como este , dicen que Valladolid se deriya de
Valle de Olid.
4o
neiio, pues salieron también en este Auto, cua-
tro Relijiosas profesas del monasterio de Belén,
de esta ciudad de Valle de olid. La una pidió
misericordia, i fué absuelta i penitenziada: i las
otras tres fueron relajadas al brazo seglar , i
quemadas en estatua, como consta de los carte-
les que de este Auto, i otros mucb s, esián co-
locados en la Iglesia del Convento de S. Pablo,
orden de Predicadores * en donde se acostum-
bran poner. I para memoria , mandó poner el
Santo OGzio de la Inquisizion, en una cruz de
piedra que está en el atrio, frente de la puerta de
la Iglesia , cuatro sambenitos , que hoi perma-
nezen, aunque están pintados. Parczeque nues-
tro Señor quiere se mantenga esta memoria;
pues en estando borrados algo , los niños los
vuelven a pintar con carbón. * Fué también
quemado vivo uno llamado * Rezuelo , i otras
muchas personas , que por dar fín a este auto,
no prosigo. Nuestro Señor , por su infinita mi-
sericordia , nos mantenga en su Santa fé Cató-
lica. Confianza que nos promete el cielo donde
su divina Majestad reina por todos los siglos de
los siglos. Amen.
* Todavía, el a. 1816, había (spgrun me dízc udo, que los vio
muchas vezes), en la iglesia de S. Esteban de Salamanca , í en
la capilla i retablo de 8. Pedro Mártir, pintados, i tallados unos
diablos en figura de monstruos , que echaban por la boca unos
tarjetones donde estaban escritos los nombres de varios conde-
nados por la Inquisizion.
* podrí I ser que fuesen niños de Inquisidores, o familiares
del S. Oílzio: pues, ahora, que yanohai, ostensibles a lo menos,
Santo Oflzio, nt familiares, i que los frailes i clérigos tienen un
poquito de menos poder , e influjo ; ya no vemos repintarse ,
misteriosamente , como pretende este sujeto , los sambenitos
esos; ni otros que había en Sevilla, Cádiz, i otras partes.
. Es el Lie. Herrezuelo. Sobreesté, veas. Iliescas. Hist. P.
Lib. vi. p. 734.
>
4f
Las casas, como va so ha dicho, eran en una
Calle que va desde S. Julián a S. Ifiguel. Eran
grandemente magniOcas. Ejecutóse, la senten-
zia hiego al punto , derribándolas , asolando*
las, i sembrándolas de sal. Justo castigo : que
no (]uedase piedra sobre piedra . por haber
servido tales casas , de tantas ofensas a Dios.
%:7*Ho¡ tienen este sitio metido en su Colegio
los Padres de la Compafiia , i solo se mantiene
el Rótulo con su corralillo, para perpetua me-
moria : i la calle donde está puesto ha tomado
el nombre del Rótulo de Cazatta. * En 8 de Oc-
tubre de este afto , habiendo pocos dias antes
llegado de Flandes D. Felipe 2.* hubo otro Ac-
to de Fé en la Plaza Mayor de Yalladolid. En
él tuvo el estoque desnudo , delante del Rei ,
Dun Pedro de Toledo , su Caballerizo Mayor ,
Prior que era de S. Juan. En este Acto fué
quemado D. Carlos de Sese , i con él Juan Sán-
chez , criado de Agustín de Cazalla , i otros
muchos.
He ahi copiada literalmente, fuera de su ma-
la ortograOa « la Relazion inclusa en el Libro
MS. de la Historia de Yalladolid.
Ahora , yoi a trasladar también , otra Rela-
zion de los dos Autos de Yalladolid : o sea, un
MS. que posee el ya citado Josef Hendham ,
Autor de las Memorias del Conzilio de Trente.
La copia que se me ha remitido, tiene defectos,
i a vezes falta el sentido en varias frases ; pero
' Asi le TÍ, i lei yo varias yetes, por los a. de 1825 — 27. CaUe
del Rbtulo de Cazalla. I en el año 4842 ya le tí mudado ea
Calle del íhr, CazgUa, I no seria on mal para España, que aun
dentro de algunos años pusiesen : C. del martirt»ado Cazalla,
I
45
nada he querido correjir en ella , porque , tal
vez , sean defectos del ms. orijínal , no de la
copia que, para mi , sacó B. B. Wiffen. En la
Relazion antepuesta, se notarán también faltas
de sentido , oscuridad en algún paso , frases
liien revesadas, estilo de alforjas : i todo lo dejo
intacto; porque no quiero apegarme a la afízion
de estéticas literarias , ya que no me lleva el
sentimiento literario, a la reimpresión de obras
como esa de nuestro Montes. Ln cuanto a las
evidentes contradicziones , que se notan en-
tre ambas relaziones , nada ocurre que dezir.
También ellas son fruto inquisitorio: i al cabo,
tropezones de personas indoctas, fanáticas , o
taimadas Escritor de elegante estilo , i docto,
i mui letrado, era el Abad de S. Fontes, Bene-
fiziaüo de Dueñas , Doctor Gonzalo de liiescas:
i apesar de esos ribetes, nos dejó escritos unos
libros de a folio , plagados de falsedades, aun-
que dichas con razones castizas, i de atractivo,
lio nos marabillemos, pues, de esos papeles :
cuyo examen haré en otra ocasión.
Razón sumaria, que el Santo Ofizio de la In-
quisizion celebró en la villa de Valladolid , Do-
mingo de Trinidad que se contaron * 25 del
mes de Mayo aíío de 1559 , estando en ella ia
Corte i Consejos de S. M. gobernando la Serení-
sima Sra. D.* Juana de Austria , Prinzesa de
Portugal, Infanta de Castilla, por ausencia del
Rei D. Felipe II Nuestro Señor.
* Egta equÍTOcazioD , la corrije luego él mismo 21 i no 23.
\
Para el Conde de Benavente. con lizenzia de
los Inquisidores e Inquisizion : i su traslado por
Juan K driguez.
Habiéndose el afio próximo pasado de 1558
algunos meses antes , entendido por el Ulmo. i
Excmo. Sr. Arzobispo de Sevilla , Inquisidor
jeneral en estos Reinos de EspaQa , e por otros
Señores del Consigo e Santa Inquisizion de la
Majestad del Rei nuestro Sr. , que algunas per-
sonas prinzipales e particulares . agora nueva-
mente r con poco temor de Dios , habían in-
currido ecaido en crimines e pecados de here-
jía , e teniendo e enseñando muchas falsas doc-
trinas , e opiniones, e herejías reprobadas por
nuestra Santa Fé católica , e contra ella : i asi,
como ne£;ozío tan arduo , i que tanto iba , se
puso dilijenzia en descnbrilla , i se comenza-
ron a prender , c se prendieron muchas perso-
nas , que se hallaban culpadas por sufizientes
informaziones que de ellas tenían los Señores
del Consejo del Santo o6zio de Inquisizion , que
residen en esta villa de Valladolid ; i entendien-
do , que la causa era tan dañosa para el bien i
>i quietud de estos Reinos , i se comenzaba a es-
tender cada dia , e que convenía que fuese lue-
go castigada , como cosas tan contrarias al ho-
nor de nuestro Señor; por los Señores del Con-
sejo de la Santa Inquisizion se dio luego nolizia
de todo el hecho » a su Santidad , Papa Paulo
IV al que se enviaron, según se entendió , ver-
daderos capítulos e relaziones de los delitos e
culpss de los presos , con D. Alvaro de Valdés,
Dean de Oviedo ^ sobrino del Ulmo. Arzobispo
de Sevilla;! su Sautidad el Ponlifize , zeloso
del honor de nuestro Seflop i del bien de su
Iglesia favorezió las buenas intenziones de los
Sres. del Sanio Ofizio que se lo comunicaron
Juezes de la causa ; e les presló i dio autoridad
amplianjolos i bonorandolos con esiieziales bu-
las 1 breves , Menos de gcazias i nierzedes i nue-
vas coniesiones . ponjue con mayor calor i d¡-
lijenzia , prosiguiesen la causa , i Fuesen casti-
gados loB delincuentes , de manera que a ellos
fuese notable castigo, i a los demás admirable
ejemplo. Lo mismo hizo la Majestad del Reí
nuestro Señor . a quien también se dio aviso
del negozio.
Luego los del Consejo de la Santa i jeneral
Inquisizion . i animo cristiano del Prinzipe , ze- ■/*
loso del honor de nuestro Dios i de su Iglesia
bien i utilidad de sus subditos . se entendió qué
hahia mandado i encomendó a los de su Conse-
jo de la Santa Inquisizion ante quienes pendió
la dicha causa , tuviesen [d cuidado g.\ lan ./•
imporiante negnzio re |ueria : en lo cual S. H.
ha mostrado su alto valor i cristiandad i el gran-
de amor, que a sus subditos tiene, como se
parezió en buscar un hombre llamado Juan
Sánchez anda [que andaba] ausente de estos
Remos por los de Italia. Flandes, Alemania .
Inglaterra , i Francia. Fué S. M. avisado por el
Illmo. I Reverendísimo Sr. Arzobispo de Sevi-
lla . Inquisidor jeneral en estos Reinos . que en
la tal persona de tal hombre . estaba la mayor
I«rte de la quietud de sus siibditos . por haber
sido este tal , el secretario i ministro de todos
esos males que al presente en este caso se ha-
%
48
bian seguido. Mando poner tal dilijenzia i cuida-
do , que después de muchos exzesi?os gastos ,
que en buscar a este hombre se hízieron, i con
andar debajo de otro nombre, i a cuyo fué ha-
llado , preso , i traído a su corte. I dízcse, ha-
ber S. M. halládose presente en persona • a le
tomar su confesión, con el Lizenziado Mincha-
ca, del su Consejo, i con ella firmada de su nom-
bre , le en?ió preso a esta carzel de Inquisi-
zion ante quien se tratará la causa sobredicha :
habiendo hecho sufiziente examen i verificazioa
de las culpas i delitos de los presos, i fueron mi-
rados prozesos , porque con mas justificazion i
acuerdo se viese i determinase el tal negozio ;
pidieron a S. M. : que se hallase juntamente con
ellos , a la vista de los tales prozesos , algunas
personas de su Consejo i Chanzillería, porque
con mayor rectitud i mayor examen fuese de-
terminado tan arduo negozio: i asi fueron seña-
lados por Juezes consultores escojidos los si-
guientes: los Obispos de Falencia i Ciudad Ro-
drigo, del Consejo Real, el Rejente Figueroa i
el Lie. Mufiaiones , del Consejo de Indias, los
Lie. Villa Gómez i Castro, de laChancilleria,el
Lie. Santiliana i el Dr. Simancas , anles que le
hiziesen del supremo Consejo de Inquisizion.
r^'ose halló a la vista sino el Lie. Raltodano, por-
queesluvo siempre en Inquisizion, sustanziando
los prozesos; i estos fueron llamados Consultado-
rns para notar como lo manda el Derecho. Asis-
tieron a la vista de los negozios con los Señores
Inquisidores el Lie. Francisco Yaca, i el Doctor
Griego i el Lie. Grijelmo i el Lie. Diego Gonzá-
lez de la Santa Inquisizion, que reside en la vi-
49
Ha de Yalladolid, Juezes de dicha causa. Asis-
tieron también dos honestas personas a las tes-
tifícaziones ^ que fueron el Lie. Lucas Salgado i
el Bachiller Francisco de Lumbreras, todos va-
rones eminentísimos , de grandísima Cristian- •/*
dad i discrezíon, i tales que sin ninguna sospe-
cha de pasión pudieron ver juntamente con los
Sres. del Consejo de la Santa Inquisizion , Jue-
zes de la dicha causa , las culpas de los presos^
i después de haber ocupado muchos días en ello,
i estando el negozio conclusa , los Señores del
Consejo del Santo Ofízio se hallaron para el día
del Auto el Domingo de la Trinidad que se con-
taron 21 de Mayo del dicho año.
I para ello comandaron hazer en la plaza ma-
yor de esta villa un cadalso de madera para
adonde estuviesen los penitentes a oir sus cul-
gas ; el cual era muí alto i grande i sontuoso «
echo en forma de una i griega Y. La frente de
ella venia a estar en derecho de las casas del Con-
sistorio de la Villa , i que por remate tenia un
pulpito a donde cada condenado había de pare-
zer en público a oír su sentenzia. A las espaldaí^
de dicho Cadalso respondía el Monasterio de S.
Franzisco , abiertas en los brazos del cadalso
que en cada uno de ellos , subían sus gradas en
alto en forma circular , disminuido lo alto a lo
bajo cada una , hasta la mas alta , quedaba he-
cha una silla por remate de todos , en las cua-
les habían de estar sentados los penitentes por
su orden , de manera , que pudiesen ser vistos
por la frente , lados i espaldas de dicho cadalso,
por venir las dichas gradas en redondo con la
dísposizion que para ello daban los dos brazos
50
del cadalso , que se abrían que le daban la traza
de la i griega , 9cgun es dicho; el cual era mui
f grande i espazinso , cercado de sus verjas í ba-
austres i en el bajo del fabricado , otro cadalso
que tenia el sobrrdícho cubierto para los minis-
tros del Santo OQzio, mas ancho i espazioso que
el superior , hecho en la forma triangular con
sus escalas para aue subiesen al uno i al otro.
En este eslabun los pulpitos, en cada esquina
el suyo , para los que hubiesen de leer las sen-
tenzias ; al rededor del dicho cadalso se fun-
daron otros cadalsos mui bajos , porque no
impidiesen la vista a tanta congregazion de jen-
te, como se juntaba a ver el tal espectáculo, se-
ñalados por los del Santo Olizioa personas par-
ticulares.
Desde el dicho cadalso hasta la casa del San-
to Olkio de la Inquisizlon se fundó una calle de
estacada de madera de doze píes de ancho , po-
co menos alta de un estado por donde los pre-
sos viniesen , sin poder ser ofendidos por mu-
cha jente.
El asiento i sitio para los Prinzipes i Juezes
de tal causa , Consejeros i Chancilleria , se or-
l denó que fuese en las Gasas de Consistorio de
esta villa , las cuales tienen dos corredores an-
chos , que responden ambas partes a la plaza ,
de manera que en el medio de ellas que venia a
estarla frente del dicho cadalso , i de cada uno
de ellos venian mui bien los que en el estaban
estos corredores se rompieron los pretiles i an-
tepechos de ellos i por de fuera mas en publico
se hizieron i acrezentaron de madera otros co-
rredores al plomo de los dichos para que que-
51
dasen tcxlos unos, mas anchos i espaziosos, i al
medio de ellos estaba un pulpito , donde se h¡-
ziese el sermón acostumbrado , i se leyesen tam-
bién las sentenzias i ejecuziones » i respondía de
enfrente del otro pulpito , que estaba en el ca-
dalso para los penitentes.
£1 corredor de la mano diestra se sefialó pa-
ra el lugar i sitio del Prinzipe nuestro Señor ,
i de la Serenísima Sra. Prinzesa de Portugal e
Infanta de Castilla Gobernadora de estos Reinos
i Damas suyas señoras i criadas. El de la sinies-
tra que respondía sobre el lugar e calle de esta-
cada por donde venian los penitentes, se seña-
ló por si otro lugar de los señores del Consejo
de la Inquisizion que reside en esta villa de Ya-
lladolid , i los demás Consejos i Chanzillerías
consecntÍTamente por su orden preeminenzia i
antigüedad. En el bajo de estos corredores que
estaban aderezados según i para quien estaban
señalados se hizieron otros que se dieron a
los señores Grandes i Señoras prinzipales i
criadas de la Casa Real.
Entra contando la Majestad de Valladolid la
multitud de jentes de diversas partes que se ha-
llaron el dicho dia a ver el dicho Auto ; con la
majestad que vino la Serenísima Sra. Prinzesa
de Portugal , Infanta de Castilla, Gobernadora
de estos Reinos, con su sobrino el Prinzipe nro.
Señor con toda su caballería ; i de la manera
que vinieron los penitentes a la Plaza mayor ,
donde les estaba hecho el cadalso sobredicho.
Acabado en perfeczion lo sobredicho , i ha-
biéndose pregonado el primer dia de Pascua del
Espíritu Santo del dicho año por mandado de
BB
su
los Sres. Inquisidores del Santo Ofízío en U
Plaza i por todas las calles, que todas personas
de catorze aftos para arriba , a cuya notizia
llegase , el dicho Domingo de la Trinidad se
hallasen presentes a oir el sermón i auto que
alli se habia de bazer sopeña de excomunión, i
que ninguna persona anduviese aquel dia a ca-
ballo : i como de muchos dias antes tenian el
tal Auto, fué tanta la jente que este dicho dia
se halló en el pueblo , concurso i multitud de
ella, que no se puede encarezer ; porque ^ou
toda la grandeza de esta Villa i abundanzia de
casas i alojamientos , no habia donde pudiese
caber tanta jente : por manera que las Aldeas
comarcanas i las huertas i granjas estaban lle-
nas de jente como la misma Villa ; los campos
i floridos prados, según que el mes de Mayo lo
dsponia eran verdaderas posadas i acojimien-
tos de muchas compañas. Los caminos que ve-
nían a la jVilla tan llenos i acompañados de
jentes , como las mismas calles , i finalmente*
era tanta la jente que se halló este dia a ver el
tal espectáculo , que parezia una jeneral con-
gregazion del mundo i tanto , que perdía la
t esperanza de poder, ni oir lo que habia de pa-
\ sar. Unos se contentaban con ver, otros con el
aparato de cadalsos, otros con ver la diversidad
de jentes , naziones i lenguas presentes se ha-
llaban e impedían el paso de las calles, i otros
con ver la grandeza del pueblo i majestad con
I tantos Señores i Caballeros del Reino , otros
' con ver la belleza i hermosura , ricos atavíos
I de tantos Señores i Señoras , de Damas corte-
sanas priozipales, naturales i forasteras » que
53
«copaban las veolams de las calles i plaus por
donde veniaa los penitentes , por manera aue
la plaza , calles , tejados i ventanas del pueble
estaban tun llenas de juntes ile diversas Nazio-
iies i tan congregados, i|tie parezia proprio re-
trato del juizio.
Estando tanta multitud de Damas ajuotadas
a ver tan borrendo espectáculo a las cinco de
la mailana vinieroa el Prioiipe nro. Sr. i la
ÍSerenJs.* Prinzesa de su Palazio a la Plaxa ,
acompañados de toda la Corte , grandes Seílo-
reH i Prelados , i entre ellos el lteverend.° Ar-
zoUisno de Sevilla i (Pispos de Paleuzia i Ciu-
«lad Rodrigo i el Condestable i el Almirante de
Castilla con otros muchos grandes Señores i
Damas j Señoras ¡criadas desús Altezas acom-
panados i cercados de la Guardia Española de
■a pié. Llevaron los Prinzipes delante de si dos
Diazeros i cuatro Reyes de Armas con sus es-
looues; llevaba el Conde de Buendía por mer-
zea i no haber aquí otro criado mayor del Reí.
De esta manera fueron los Prinzipes acompa-
liados de toda la jente hasta la Plaza , donde
apeados, se subieion al lagar i sitio que les es-
taba señalado ; i asentados luego por la otra
banda de la plaza vinieron treinta penitentes
presos i en prozesion, acompañados de la guar-
dia de a caballo. Llevaban sus Autos , velas i
cruzes verdes en las manos algunos de ellos
corozas i mordazas, según sus delitos. Lleva-
ban delante su cruz e insignia cubierta de luto
los Sres. Inquisidores Juezes de la causa , que
eran el Lie. Francisco Vaca , el Doctor Riego,
el Lie. Taojelino i el Lie. Diego González ,
^
/
54
acompañados de los Sres. Oidores de la Real
Ghanzilleria que reside en esta villa i Rejimien-
to de ella, que lleYaban delante de todas su
pendón e insignia del Santo Ofízio con las ar-
mas Reales de una parte , i de la otra las de
Santo Domingo , le llevaba el Lie. Jerónimo
Ramirez, Fiscal del Santo Ofizio. En esta ór-
•y. den salieron i predicaron de la causa del Santo
Ofizio hasta la Plaza i cadalsos , i llegados los
Sres. Inquisidores con su compaña se subie-
ron a sns logares i asientos, i los treinta peni-
tentes a su cadalso i pueslos asentados en sus
lugares; las dos sillas mas altas de las gradas
ocuparon el Dr. Agustín de Gazalla, i Francis-
co de Vivero clérigo su hermano.
Gomenza la confesión del Dr. Agustin Cazalla
en esta manera, de lo que se puede dar testimo-
nio de verdad azerca de lo que pasó en la confe-
sión del Dr. Agustin Gazalla, es lo siguiente.
Sábado a las seis de la tarde, que contamos
veinte de Mayo año de 1559 entramos mi p^dre
Prior de Ntra. Sra. de Prado e yo Frai Amo-
nio de Garrera , profeso de la dicha casa a la
carzel de la Santa Inquisizion al aposento del
dicho Gazalla por mandado del Sr. Inquisidor
Guillelmo i tratamos con él según la dicha
comisión que el dicho Sr. Inquisidor nos dio ,
que fué que le persuadiésemos que confesase
clara i llanamente lo que se babia preguntado
en juizio por las probanzas de su prozeso, por-
que no están satisfechos de su confesión, i de-
clarase a quienes i a cuales personas babia en-
señado, persuadido i atraido a la falsa i des-
comulgada secta deLutero; i tratando esocon él
55
por espazio de dos lioi-us, respondió que no le-
nia mas <]ue confesar de lo confesado , i resol-
viéndose, en que do habia romunicado ni trata-
do esta secta perversa con hombres que no la
supiesen antes, que a ninguno la enseñó de nue-
vo, i que su culpa no era otra mas de no haber
desengañado de este enor a aquellos que coD
él lo trataban i comunicaban, i no haber denun-
2Íado de ellos, de lo que le pesaba mucho i pe-
dia perdón i misericordia , i que en este aiti-
Gulo otra cosa ninguna pasaba ni la podia dezir,
sino fuese levantándose falso testimonio a si
mismo i a otra cualquiera persona que nom-
brase; i llegado con él a este punto i no pudién-
do sacarle mas de lo dicho , anunziamosle que
se conformase con la voluntad de Nlro. Sefior,
que sin ningún remedio habia de' morir, i para
esto se aparejase como católico cristiano ¡ se
conformase; i c-on dezirselo tan claro , apenas
lo podiu creer , i preguntaba muchas vtzes. sí
era cierto que había de morir i sí tenia reme-
dio alguno su vida , i respondimosle . que por
ventura si, si hiziese confesión mas entera en
l'i que se preguntaba i confesase la verdad.
Respondió, que él la habia confesado sin duda,
i si no era como tenia dicho, levantándose tes-
timonio a si mismo u a otros , que no podia
confesar otra cosa- E dijímosle , pues aparejaos
parabién morir, i rezibir la muerte en peni-
tenzia de vuestra culpa i de vuestros errores i
herejías , i detestadlos i abominadlos i tornaos
a la fee i ohedienzía de la Santa Iglesia Católica
Romana , i no pasemos el tiempo, sino tratad
de vuestra alma i de aparejarla para Dios , i
\
56
confesaos con uno de nosotros , cual quisie-
redes.
Desde este punto comenzó a llorar i pedir a
'I Dios misericordia , i a suplicarlle alumbrase con
su grazía , comenzó a tratar de su confesión, la
cual acabada «on grandes las rima» i sollozos ,
dezia muchas vezes estas palabras, que le había
Dios azertado la vena para remedio de su sal?a-
zion i que su soberbia no se podía curar con
etra medízina mejor que con la que al presente
se le aplicaba i <]ue hazia infinitas ^razias a Dios
Eor tanta misericordia como con el usaba, i que
endezia i alababa al Sto.Ofizio de la Enquisi-
zion i a todos los ministros de ella i que no era
ofizio puesto en la tierra por mano de los hom-
bres , sino por la de Dios r i Que azeptaba la
sentenzia de su muerte de mui buena gana i la
conozia por mui justa i mui bien merezida. 1
dézia de esto ciue no querría la vida ni la toma-
ría aunque se la diesen , i porque tenia por mui
cierto , seguu había gastado mal la pasada, que
sería asi la que quedase, i (]ue suplicaba a Dios,,
pues que con ella no le había servido que le ser-
viese con la muerte. £ estas palabras i oirás
muchas dezia en presenzia del Padre Prior i
mía , i muchos , que le entraban a visitar.
Cuando le trajeron el San Benito lo besó di-
zícndo , que aquella era la ropa que de mejor
gana vestía de cuantas hasta entonzes se había
[yiesto porque era la propia para confusión de
su soberbia , i que viniese sobre él toda la igno-
minia del mundo, para que fuese parte de pur-
gar sus pecados i las ofensas que había hecho a
Dios. Propuso en la carzel i díónie la palabra
57
de que en todas las partes que pudiese predíCíT-
ria la niiserícoi'dia que Dios hazia r.on él; imal-
deziria i detestaria a toda i cualquiera perversa
i errónea doctrina que hubiese tenido é creído,
i cualquiera Tuese contra la Católica i Apostóli-
ca , que tiene i cree la Iglesia de Roma ; i que
persuadiría a todos que biziesen lo mismo ; i
Con este iatento salió del Aposento i de la carzel
de la Santa Inquisizion para el tablado , i lle-
gando alli estuvo en él con lágrimas que todos
vieron hasta que le leyeron la sentenzia , i des-
Íiuesliizo lo mismo cuando lo degradaron. Pidió
izenzia dosvezes al Sr. Arzobis|)o de Sevilla
para hablar según lo tenia conmigo conzerU-
do , i no se la dieron , i mandáronle que no ha-
blase, i le tornaron a su sitio i desde alli dijo a
muí grandes vozes, que Dios habia hecho con él
(grande misericordia i que por sus pecados tne-
rezia los infiernos i todas las penas de ellos i que
pedia a todos perdón de su mal ejemplo i se tor-
naba de lodo'corazon a la obedienzia de la Santa
Iglesia Católica Homana. En acabando el Auto,
al bajar del tablado en la escalera delante del
Sr. Arzobispo de Santiago i de todos los demás
que alli estabnn, dijo a mui grandes vozes, que
por reverenzia de Dios lodos le perdonasen i
rogasen a Dios por él i alabasen su misericordia
i le diesen grazias por la que con él habia usa-
do en quererte salvar por aquel camino , aue
no bahía otro para su remedio ni para humillar
su soberbia; i alli amonestó a todos la obedien-
zia del Homano Pontifize i de sus Prelados de
la Iglesia. Bendijo a mui grandes vozes el Son-
to Ofizio los ministros de él como cosa puesta
■
58
por la mano de Dios en la tierra» i pidió al Sr.
Arzobispo de Santiago su bendizion, i su Seño-
ría se la dio, i rezibida , bajó donde estaba el
jumento en que fué basta el palo i en la plaza
hasta entrar en la calle de Santiago predicó al
público amonestándole que no se apartase na-
die en ninguna manera de la obedienzia de la
Iglesia Romana, i que guardasen todos los man-
damientos i prezeptos de ella i que reverenzia-
sen a sus Prelados i huyesen de doctrinas nue-
vas i de predicadores de rincones. Eutrando en
la calle de Santiago, paramos con él poco, i pi-
dió un jarro de agua a la puerta trasera de S.
Francisco i como hubo bebido , dijo con muí
grandes vozcs i lágrimas* veis aqui el Predica-
'í' dor de los Prinzipes reglado del mundo el cual
las jentes traian sobre ios hombres, veisle aqui
en la confusión que merezia su soberbia, mirad
por reverenzia de Dios que toméis ejemplo en
mi para que no os perdáis, no confiéis en vues-
'/* tra razón, ni en la prudenzia humana sujesta i
cautiva, ni en vuestros entendimientos, fiad a
la fee de Cristo i a la obedienzia de la Iglesia,
que este es el camino para no perderse los
hombres ; i prosiguiendo asi, pasó toda la calle
hasta llegar a la puerta del campo , a donde i a
fuera de ella le trujeron al hereje pertinaz Her-
rezuclo , i todos le rogamos de parte de Dios
que le predicase i persuadiese por que no se
condenase , perseverando en su descomulgado
error, el cual luego con gran fervor le comenzó
a predicar de esta manera^ i por estas formales
palabras: Hermano: no sabia yo, que estabades
pepsevírantc en vuestro engaño: por reverenzia
50
de Dios, (|ue no os queráis perder, dadme cré-
dito , i|iiG mas letras <|Ue vos he estudiado , i
también he estado engañado en el mismo error
<|i)e TOS. Uáme tocado Dios con la muño de su
misericordia i alumbrado con la luz de su di-
vina grazia , i sacado de csla descomulgada i
herética secta: entended i creed gue en la tier-
ra no liai iglesia invisible , sino visible , i ésta
es la Culólica Romana i universal que Cristo
dejó fundada en su sangre i pasión, cuyo vica-
rio eit su lugar es el [\omano Pontilizc , i en-
tended que aunque en aquella itomn hubiese
todos los pecados i abominazioncs del mundo ,
residiendo allí el vicario de Jesti-Cristo que es
nuestro mui llanto Padre , alli asiste el Espirt-
lu Santo , que es el que preside en su Iglesia i
asiste siempre en i-lla , sin faltar , i no ti^ngais
cuenta de quien son los Ministros , sino del lii- '/.
gar que tienen i en cuyo nombre están , i sabed
cierto , que por malos que sean no deja Dios
por malízia at Ins Hinistros , de obrar mara-
villas en virtud de los sacramentos , que dejó
en la Iglesia fundados en su sangre i pasión ,
lus cuales dan grazia a los que dignamente los
reziben porque, liermano , como venga el agu:i
poco importa que venga por arcaduzes de oro ,
que de cobre. Tornaos por amor de Dios a la
obedienzia de la Santa Iglesia , i entended, que
fuera de este camino , ninguno hai para el Cie-
lo , i sabed que si no os convertis , que vais
condenado. Lstas i otras muchas cosas le dijo
con grande espiriiu i muchas lágrimas. Solo
niarezia la obstinazion i dureza de tan mal hom-
bre , que le aprovechase cosa ninguna ; i asi 7-
00
pasó adelante hasta llegar al palo , predicando
siempre i amonestando , que reverenzinsen a
los ministros de la Iglesia i honrasen a los Re-
lijiosos i Relijione». Llegado al lugar de su tor-
mento , antes que se apease para subir a pade-
zer , se reconzilió conmigo , que lo habia con-
fesado , i sin mas dilazion le pusieron la argo-
lla al pescuezo , i estando asi , tornó otra vez a
predicar i a amonestar a todos lo mismo, i pro-
siguiendo su predicazion , dos Padres de la Or-
den de S. Francisco le trujeron otra vez al obs-
tinado Herezuelo para que le predicase , por
que ellos no le podian convertir. Dijole : her-
mano , mirad que algo quiere Dios de vos, pues
tantas vezes os traen delante de mi para que os
aparte i amoneste , i mirad que en esta debo de
entender , que es muí grande ceguedad creer
que en solo vos está el Espíritu Santo , i no en
tantos fíeles cristianos , que están aqui presen-
tes ; mirad que algo quiere Dios de vos pues
tantas vezes os traen delante de mi para que
os aparte i amoneste , i mirad que en esta dejo
7. de entender en lo que tantome toca por predi-
caros i de parte de Dios rogaros que dejéis esta
mala i errónea opinión que tenéis. Yo os lo
digo porque Dios no me pida cuenta de vuestra
alma. Pero poco le aprovechó ; i volvióse al
público a predicar i rogarles que le encomen-
dasen á Ntro. Sr. En comenzando á dezir el
Credo , aparejaron el garrote i el cordel , i lle-
gado al puesto , se le apretaron ; i asi se le aca-
bó la vida con semejante muerte , i dio el alma,
la que tengo por cierto que fué camino de sal-
vazion , i en esto no pongo duda , sino que
/
Ci
Dios Nlro Sr. qne fué servido por su miseri-
corilia de darlo eoiiozi miento i ai'repcntimiento
i reduzirle a la confesicn de su fee , será servi-
do de darle su gloria.
Esto es lo qne pasó en este caso , de lodo lo ./'
cual fui testigo de visla , sin apartarme un
[lUDtu desde que le confesé basta que espiró ,
o cual él me rogó con grande instanzia , no le
dejase hasta que fué difunto.
Fr. Antonio de la Carrera para el lllmo. i
Rev."'» Arzobispo de Sevilla tornó a conlar lo
que pasó en el Auto. Asentados todos i quieta
la jentc , comenzó el sermón el mui Rev.(>i> Sr.
el Mtro. Gano electo de Canaria , a quien esta-
va encomendado , el cual fué tal según se espe-
raba de tan eminente varón. Acabado el ser-
moa , se comenzaron a leer las sentenzias en et
mismo pulpito ejecutorias contra cada uno , i
antes de comenzarlas el llev.""<le Sevilla lomó
i rezibió juramento en forma a los Prinzipes ,
que defenderían i cumplirian nuestra Santa fee
i si fuese menester , morir por ella ; i lo miB-
mo se hizo por un Oidor con el Condestable i
Almiranle i los tres estados lo cual se hizo con
toda la autoridad que podría ser.
Senteozias i Ejecutorías.
Quemado. Hecho eslo , se puso un Relator
en el dicho pulpito donde se hizo el sermón , i
llamado el Dr. Agustín de Cazalla , el cual pa-
i delitos de que era acusado , ios cuales en S'
V
&2
Illa eran , liaber tenido un criado i enseíindo la
mala i perversa srcla del inicuo Lutero , i mu-
chas malas perversas i falsas doctrinas i heré-
ticas opiniones , las cuales aunque se leyeron
bien en público i se oyeron por tantas jentes ,
no quiero yo dezirlas ni acordarme de haber-
las oido ; i asi fué condenado el dicho Augustin
do (üazalla i declarado por hereje Apostata Lu-
terano i <'ns(>riador de tal secta i confiscazion de
bienes , i mandado degradar i entregar a la Jus-
tizta seglar r el cual oida su sentenzia hizo su
mesura a los Prinzipes i se volvió a sentar en
su lugar señalado.
7' Quemado. Fué luego llamado Francisco de
Yibero , hermano de dicho Gazalla , i leidas sus
culpas i cnminales delitos , estando el a todo
presente (que eran las mismas que su hermano)
Fué condenado i declarado por hereje apostata
Luterano , ensoñador de tal secta i en confisca-
zion de sus biiMics. Fué degradado i quemado.
Quemada. Luego fué llamada D/ Beatriz de
Vivero , beata , hermana de Gazalla , i pare-
ziendo a oir su sentenzia , fueron leidas sus
culpas (que eran de la misma manera). Fué de-
clarada i condenada por hereje apostata Lute-
rana , enseña dora de tal secta , quemada i con-
íiscados sus bienes i entregada al brazo seglar.
Juan de Vivero , hermano de Gazalla fué lla-
mado i leidas sus culpas , fué condenado i de-
clarado pur hereje , apostata , descomulgado i
Luterano , i contiscazion de bienes i que saliese
al cadalso con San Henito i vela, i le restituye-
ron a la Iglesia dándole carzel perpetua , i que
trújese siempre el S. Benito , i que todos los
J
65
domingos saliese a oir misa i sermón en la Igle-
sia del lugar a donde le asignasen por carzel
perpetua , i que comulgase las tres Pascuas del
año.
D/ Leonora de Vivero , mujer que fué de
Hernando Orliz Conladon , hermana de Caza-
lia , ieidas sus culpas i pecados , fué condenada
por hereje Luterana i en carzel perpetua i que
trújese siempre el San Benito , i en lo demás
igual a Juan de Vivero su hermano.
Fué luego llamada la estatua deD.' Leonora
de Vivero , madre de Cazalla , ya difunto , i
leídas sus culpas i criminales delitos , fué de-
clarada por hereje apostata Luterana i haher
acabado su vida en tal secta , i en confiscazion
de bienes i que fuesen sacados sus huesos de la
Iglesia i Monasterio del Sr. S. Benito de esla
villa donde se enterraron ; i que ellos i su esta-
tua fuesen entregados al brazo seglar , confis-
cados sus bienes , i que visto que en la casa de
la dicha D.* Leonor de Vivero se hazian los
Ayuntamientos i conventículos donde nuestro
Sr. tanto sirvió , mandaron que la dicha casa
fuese derribada i asolada i que en ella fuese
puesto un padrón de marmol donde se declara-
sen las causas , culpas i delitos hechos ; para
que en todos tiempos haya memoria de ellos i
sea notable ejemplo a los venideros. Fueron
quemados sus huesos i estatua.
El Mtro. Alfonso Pérez , vezino de Palenzia,
clérigo fué llamado , i Ieidas sus culpas i peca-
dos fué condenado , i declarado por hereje ,
apostata , descomulgado , i Luterano i enseña^
dor de tal perversa secta i en confíscazion de
04
bíen«s i (fue sea degradado de las órdenes i en-
tregado a la Justizia seglar. I leidas las senten-
zias dichas , se pasó el Reverend.° de Palenzia
del lugar donde estaba (que era con los Prinzi-
pes) al cadalso de los penitentes para la degra-
dazion. Fueron por su mano degradados los di-
chos Dr. Cazalla , i Francisco de Vivero su her-
mano clérigo, i el Mtro. Alonso Pérez. Lo cual
se hizo con las ceremonias i solemnidades en
tal caso acostumbradas , i luego les pusieron
sus corozas i lo sintieron extrañamente los cul-
pados espezfalmente Cazalla que díó gran-
des muestras de sentimiento i quiso volver alli
a la Prinzesa, i no le fué permitido , pero áip
grandes palabras de arrepentimiento de sus
culpas.
D.' Francisca de Zuniga fué llamada luego ,
hija del Lie. Francisco de Baeza, vezino de Va-
lladolid , fué condenada i declarada por hereje,
apostata Luterana i contiscazion de bienes , i
que saliese con su hábito i vela al cadalso i ten-
ga carzel perpetua i traiga ^iempre el habito ,
que oiga todos los Domingos i fiestas misa i ser-
món si le hubiere so pena de relapsa.
Fué llamado D. Pedro Sarmiento, i leidas sus
culpas i pecados fué condenado í declarado por
licreje , apostata descomulgado i Luterano i en
contiscazion de bienes i privazion de habito i
encomienda de Alcántara i honor de Caballero,
i que traiga perpetuamente el San Benito i ten-
ga carzel perpetua adonde le fuere señalada i
ayune ciertos dias i comulgue las Pascuas del
año i oiga misa i sermón so pena de relapso.
Fué luego llamada D.* Henzia de Figueroa
05
mujer de D. Pedro Sarmienlo , i leídas sus cul-
pas i delitos fué condenada i declarada por he-
reje apostata i Luterana i ijue tuviese siempre
el S. Benito i carzel perpetua i que conressse i
comulgase todas las Pascuas del aOo i oyese ser-
món i misa si le hubiese todos los Üomingns ,
i conliscaziou de bienes.
Fué luego llamado Ü Luis de Rojas , Mar- ,/'
ques de Poza , i leidas sus culpas i delitos , fué
condenado por hereje Luterano i confiscazion
de bienes i que saliese al cadalso con S. Benito
i vela 1 le trújese cierto tiempo , i desterrado
de la Corle i villa perpetuamente í privado de
los honores de Caballero.
D.' Ana tlnriquez hija del Marques de Aka-
flízes mujer de D. Juan Alonso fué llamada i ./*
salió con su San Benito i vela i leidas sus cul-
pas fué condenada a que saliese al cadalso con
el dicho S. Benito i vela , i que ayunase tres
días , i que volviese con su habito a la carzel i
de allí se Tuese libre.
Juan de Ullua Pereira , Comendador de San
Juan vezino de Toro , fué luego llamado . i !ei-
das sus culpas i delitos fué condenado i decla-
rado por hereje Luterano , i que trújese San
Benito siempre i que saliese allí con él i vela, i
carzel perpetua i conliscaziou de bienes , i des-
pojado del habito de S. Juan i perdido el honor
de Caballero.
D * María de Rojas . hija del Marques de Po-
za , monja de Sta. Catalina de Sena de esta vi-
lla fué llamada , i leídas sus culpas fué conde-
nada a que saliese alli con S. Benito i vela í que
la volviesen al Monasterio , i alli no tuviese
I
\
\
i
00
voto actÍTO ni pasivo , i los mas ínfinnos luga-
res de todas.
D.' Juana de Silva , mujer de D. Juan de Vi-
vero fue llamada , i salió con su San Benito i
vela , i leídas sus culpas fue condenada i decla-
rada por heroje , apostata , Luterana i conGsca-
zíon de bienes i San Benito i carzel perpetua.
Vué luego llamado Antón Üominguez , vezi-
no de Pedresa , i Iridas sus culpas fue conde-
nado a <|ue saliese alii con S. Benito i vela i con
contiscazion de bienes i tres años de carzel.
Leonor de Cisneros , vezina de Zamora, fué
llamada , i leídas sus culpas fué condenada a S.
Benito i carzel perpetua.
Quemado. Juan García , platero , vezino de
Valladolid fué llamado , í leídas sus culpas, fué
condenado i declarado por hereje , apostata ,
Lnlerano i confiscados sus bienes , i mandado
entregar al brazo seglar.
Antón Asel Borgoñon , paje del Marques de
Poza fue llamado i reconziliado i para siempre
condenado al S. Benito.
Quemado. Cristoval de Ocampo , vezino de
Zamora fué llamado i leídas sus culpas fue con-
denado i declarado por hereje , apostata , Lu-
terano i contiscazion de bienes i entregado al
brazo seglar , i fué quemado.
Leonor de Toro fué llamada i leídas sus cul-
pas fué condenada a carzel perpetua . i hábito
de S. Benito i confiscazlon de todos sus bienes.
Era vezina de Zamora.
Gabriel de la Cuadra fue llamado i condena-
do en carzel perpetua.
Leídas las dichas sentenzias el Rev.<no ¿^ Se-
■ 67
villa biio la absoluzion acostumbrada a los pe-
niteutes , i se prosiguieron las demás sentcn-
zias.
Fue luego llamado Padilla vezino de Zamora
i leídas sus culpas í delitos íué condenado i de-
clarado por hereje , apostata , Luterano , ense-
ñador de tal secta. Fué quemedo i entregado
al brazo seglar.
Luego fué llamado el Lie. de Herezuelo , ve-
zino de Toro i confiscados sus bienes , fué con-
denado i declarado por hereje apostata , Lute-
rano , predicador de tal secta , i mandado en-
tregar al brazo seglar fué quemado vivo , que
no bastaron las persuasiones de tantos i tan se-
fialados varones como a su lado se hallaron i
mucho jéncro de promesas que se le hizieron
para (]ue confesase la Iglesia Romana , con ha-
ber visto morir delante de si otras treze animas
de su opinión. Cosa de mucha admirazion fué
a las jentes cuanto poder tuvo en él el ene-
migo.
Luego fué llamada Catalina Boman , vezina
de Pedrosa , i leidas sus culpas i delitos fué
condenada por hereje apostata , Luterana , i
confiscados sus bienes , fué mandada entregar
al brazo seglar.
Catalina Diaz , vezina de Valladoüd fué lla-
mada, i leidas sus culpas i pecados , fué decla-
rada por hereje apostata , Luterana , ensefia-
dora de tal secta , i en confiscazion de sus bie-
nes i que fuese entregada al brazo seglar.
El Lie. de Herrera , vezino de Peflaranda de
Duero fué llamado, i leidas sus culpas , fué de-
clarado i condenado por hereje apostata , Lu-
p
v1
68
terano , i confiscados sus bienes fué entregado
al brazo seglar.
Luego fué llamada Isabel de Estrada , vezina
de Pedrosa , i leídas sus culpas , fué condenada
1 declarada por hereje , apostata , descomulgada
i Luterana , i en confiscazion de bienes , i fué
entregada al^^brazo seglar.
Juana Yelasquez , vezina de Pedrosa fué lla-
mada , i leídos sus delitos i sentenzia fué de-
clarada por hereje , apostata , Luterana i en
confiscazion de bienes i mandada entregar al
brazo seglar. Fué quemada.
Gonzalo Yaez , portugués , fué luego llama-
do i declarado por judio i mandado al brazo
seglar i confiscazion de bienes.
Acabadas las ejecutorias i el dicho Auto, que
fué hecho con tal solemnidad i admirazion de
las jentes que no se puede creer , fueron lleva-
dos a la carzel Real D. Pedro Sarmiento , i D.
Luís de Rojas , su sobririo , i Juan de Ulloa
Pereira , i dicha la causa de su prisión , no se
sabe de cierto mas , que fué mandato del Reí
expreso , que los nueve hombres i seis mujeres
con la estatua fuesen llevados a quemar a la
.puerta del campo de esta villa , adonde murie-
ron. El uno que fué Herrezuelo quemado vivo
con la mayor obstinazion que se vio jamas , i a
los demás dieron garrote ; e hizieron muestras
'^ue morían arrepentidos , prinzipalmente el
Dr. Ag^istin de Cazalla que dijo muchas buenas
palabras i persuasiones a Herrezuelo para que
se convirtiese , i en razón del reconozimien-
to de sus culpas algunos de ellos , como el Clé-
rigo , hermano de Cazalla morieron con una
69
osadia i liberalidad que no contentó mucho.
Los demás penitentes fueron llevados a la
carzel del Sto. Ofízio ; i con esto se acaba el
Auto , que duró desde las cinco de la mañana
hasta las cuatro de la tarde con el mayor es-
pectáculo de jente que jamas se vio.
Sacóse este Memorial para el Conde
de Benavente.
Memoria sumaria de los que salieron al se-
gundo Auto que fué en la dicha villa de Yalla-
dolid a ocho de Octubre de 1559 anos i contar
de la congregación que se halló en el escusado,
pues está claro ser tanta i mas que el Auto pa-
sado , por hallarse presente a él la Majestad
del Rei ntro. Sr. D. Felipe II , que desembarcó
en el Puerto de Laredo , viniendo de Flandes
el dia de N.* S/ de Setiembre de dicho año.
Los quemados son los siguientes.
D. Carlos de Cesar , vezino de Yillamediana,
quemado vivo , i confiscados sus bienes.
Juan Sánchez , criado de Cazalla , quemado
vivo. Hizole prender Sotelo , vezino de la Al-
dea del palo. Quemado i confiscados sus bienes.
Fr. Domingo de Rojas , hermano del Mar-
ques de Poza quemado.
El Cura tal de Pedresa.
N. Vivero , hermano de Cazalla , quemado.
Gaspar Blanco , cuchillero , quemado i con-
fiscados sus bienes.
Francisco de Almanzar , fué condenado'por
hereje Luterano : i quemado.
70
Un Morisco , tcúdo de Palentia , quemado i
«OfiRacadoB sus bienes.
1).' María de Guevara , Monja de Belén fié
condenada a c|uemar.
María de Miranda , Monja de Belén fué con-
denada a quemar.
D.* Margarita S. Estevan , Monja de Belén
lué condenada a quemar.
D.' EuTrasía , heata de la Orden de S. Fran-
cisco veiina de Valladolid , quemada.
La estatua deJuana Sancnei , vezina de Va-
lladolid , quemada.
Reconziliados i en San Benilados son los
siguientes.
Una hermana de D.' Catalina de Reinosa ,
San Benito.
D.' Ana de Mendoza , S. Benito , carzel per-
petua i conriscazion de bienes.
Ana Hernández , carzel perpetua , S. Benito
i conflscazion de bienoe.
Ana de Castro , carzel perpetua , S. Benito i
^wafiscazion de bienes.
D.* Tereaa de Olmos . S. Benito i confisca-
zion de bienes.
-Francisca de Losa , declarada por hereje , i
S. Benito para siempre.
La mujer de D. Carlos de Cesar , S. Benito i
carzel perpetua.
Dos sobrinos de la mujer de D.Carlos de Ce-
sar , declarados por herejes , i San Benito.
Al Alguazil que se hizo del Sto. Ofizio seis-
cientos azotes.
A UDO que fué testigo Talso, seiscienlus azotes.
D.' Francisca Zuñiga , declarada por hereje i
S. Beoito.
Heredia , Beata , declarada por LuteraDa4 S.
Beaito perpetuo.
D.* Catalina de Alcázar , S. Benito , i carzel
perpetua.
Magdalena Hernández . declarada por Lute-
rana , i S. Benito.
Isabel de Pedrosa , declarada por Luterana ,
i S. Benito.
Una labradora de Pedrosa , declarada Lute-
rana.
Todos estos treinta i cuatro penitentes arri-
ba dichos salieron con sus hábitos de S. Bonito
i corozas i velas en las manos i cruzes verdes-.
Los que quemaron traían cordeles a los pescue-
zos , acompasados de sus TaBiiliares , salvo el
Fraile i Clérigos basta que los degradaron el
Obispo de Paleozia , i luego se los pusieron con
S. Benito , corozas . velas i cruzes verdes en las
manos , i cordeles al pescuezo.
Estaban en lo mas alto del cadalso dOs silfas
por remate de él , mui bien labradas , las cua-
les ocuparon al primer Auto Agustín de Cazalla
i el Lie. Herrezuelo , Tezino de Toro . i al se-
gundo Auto las ocuparon Fr. Domingo de Hojas
de la Orden de Sto. Domingo , i Juan Sánchez,
criado que fué de Agustin Cazalla i D. Carlos
de Cesar , vezino de Villamediana. . Tenian las
dichas dos sillas dos cruzes teñidas de negro ,
con unos rótulos en los remates , que dezian :
exurge , Deus , judica causam tnam. Levanta-
te , Seflor , i juzga tu causa.
^
72
¥o temo, que los que hayan leido las dos pe-
sadas Relaziones que antezeden , de un mismo
asunto , queden como cansados de tan prolija
charla , i no dejen de censurar el que se inclu-
yan relaziones dobles de semejantes hechos , i
autores. Pero, en los volúmenes que a este si-
pn , se verá motivada la inclusión de estas vc-
jezes , en nuestros Apéndizes.
Paj. 174. «Suzedió en Sevilla,» etc.
Llamo la atenzion sobre este paso de nuestro
Autor , por haberle trocado del todo , el que
publicó el a. 1603 , en Haidelberga , un curio-
so compendio del Montes , con el titulo : < De
Jnquisílione Hispánica OraliuncuUe sepiem.»
Es un libro de unas 164 pajinas i en la paj. 109
comienza un párrafo en él , de este modo ; —
uAccidit Hispali , ut Lieentiaius quídam nomi-
ne hasco , post nescio quotannos tn voluntario
carcere exaclo& , liberationem obniré peteret,
etc. Véase ahí, cómo al Lie. Gaseo ademas de lla-
marle Ha9co , le pone preso voluntario , cuando
era voluntarioso inquisidor : i echa a perder ,
lo que Montes refiere en las pajinas 174 i 175
de este volumen. Simón Stenio , natural de
Lomme , es el autor del vol. publicado en Hei-
delberffa en el a. 1603 aue, como ya he dicho,
es un Compendio de la onra de Montes , hecho,
según refiere la Portada , en siete discursos , o
disertaziones , que recitó publicamente Stenia.
Pajinas ]89 i 190.
Léanse coD cuidado. I por haberse contraído
Montes a solo notizías del Tribunal de Sevilla .
calcúlese , cuan espanlvsa no sería la Historia
de la Inquisizion de España , solo dentro dé la
Península , i sí de las cárzeles de Valladolid ,
Toledo , Córdoba , Granada , Barcelona , i de-
mas Ciudades , se hubiese escapado una vícti-
ma, que luego nos hubiese referido, como Guu-
zales de Montes , las Artes con que lo habían
martirizado. Enlunzes si , que podría dezírsu :
ilaquisilio quid sit Ibérica , quidve Pápalas
Si nescis , lÚ>ros hos loge , certus eris.»
Con todo : basta lo que Montes reñere , para
conozer de qué modo , obraba dentro de casa
la Inquisizion. 1 de qué modo , ésta misma In-
quísizíou española , se conduzia Tuera , en los
países donde EspaRa alcanzó a dominar , pero
ito a dominarse a sí propia ; se lo haré ver al
lector, publicando (í ojalá pronto!), la obrado
otro español , mui comparable a Juan de Val-
dés , eu estudios, en amor patrio , í en evangé-
lico espíritu : i acrisolado mas aun que J. Val*
des , por los padezimientos de toda clase , que.
su fé Cristiana le acarreó.
Pajinas 197 — 207.
En estas pajinas se cuenta , como en otras
74
de este libra , la crueldad con que se aplkabaír
loB tormentoB. No voi yo a furmar aqui otro
libro , presentando la historia jt^neral de las
máquinas de tortura , que la Inquisizion em-
pleaba. Mi objeto es solo .reclamar del lector,
detenida meditazion sobre esas pajinas. Aunque
la InqutBizion. no tuviera otro delito sobre si ,
que la apllcazion de los tormentos ; ése basta
para proscribirla. De tribunales irresponsables,
I cuyos prozedimientos son secretos , h crimi-
nalidad es inseparable. El cometer delitos judí-
Ziales , era la única faena de la lm|uÍ8Íxion ,
por lo mismo que su jurisiliczion criminal era
ilimitada. En el a. de tSIS? K. L. Pearsall . le-
yó una Memoria , en la Real Soziedad de Anti-
cuarioa de Londres , sobre la maquina de tor-
tura llamada <i Beso delaVirJen>que deben leer
todos los amigos de la Inquisizion , i de los tri-
bunales Cliaperoríanos . mas o menos secretos,
e irresponsables. — Que la Inquisizíoii no ator-
mentaba abora , suelen dezirnos ; que D. Jtian
Van-Halen , i cuantas aseguran lo contraria ,
mienten: que el a. 1784 visitaron la Inquisizion
de Barzclona dos Caballeros dinamarqueses , i
que nada les hizieron , según nos lo prueba un
clérigo . que escribiendo la vida de otro clérigo
refiere , o acota , las apolujias que hazia otro
clérigo Inquisidor , del lindo invento que le
prnporzionaba sueldo , honores , i prcstijío * :
que la Inquisizion trataba bien , i regaladamen-
te , a los presos. Todo esto , i mas , se nos di-
75
ze : i aun mas se puede aumentar , puesto que
aun viven personas , que representaron a Fer-
nando Vil pidiendo el restablezimiento de la
Inquisizion. Pero estos argumentos de autori<
dad , se responden con los otros : pues si el
Jeneral D. Javier Castaños p. e. pidió el resta-
blezimiento del Santo Ofízio , ahí está el otro
Jeneral Van-Halen ,que asegura , en sus Memo-
rias impresas en Madrid en 1842 , que los In-
quisidores le dieron tormento treinta i cuatro
años después, de haber estado sin chamuscarse
en la Inquisizion de Barzelona , los citados di-
namarqueses el a. de 1784 cosa que sin duda
asombra , por lo inusitada , al clérigo Aniat.
El a. de 1780 quemaron viva los Inquisidores ,
en Sevilla a una- infeliz ciega. I bien creo yo ,
que si hubiera nazido en Dinamarca , i pasado
a Sevilla , con fuertes recomendaziones de la
Corte , i de los Clérigos de campanillas ; no la
hubieran quemado. Pero la quemaron. Aun vi-
ve el literato D. Eujenio Tapia , que también
nos asegura en sus obras , que estando mala-
mente presos él i su 'mujer , en las carzeles del
Santo Ofízio , murió su hijo , por la mala leche
con que lo alimentó la asustada madre. Asi que,
argumentos de autoridad , son casi inútiles : i
argumentos de razón , jamás se presentará, ni
regular , uno solo, para defender cosa tan irra-
zional , i nefanda como la Inquisizion , con i
sin tormentos. El Año de 1820 se publicaba en
Madrid un periódico úíuháo La Colmena, En
su n.** 21 correspondiente al 13 de Mayo , se
lee el siguiente : «Articulo comunicado. — Sres.
editores de la Colmena. En 21 de Abril halla-
n
ron una carta en lus |)rÍsioiies o calabozos de lá -
lni|uisizion , unos Ubziales de Guardias Es|>a-
ñolas , que alnlieron hueco en una pared : la
rompieron ', i la extrajeron : su conlenido es
el siguiente : «¡DiosTodupodfiroso! Compade-
•zcos de esle trisle pecador , pues sin culpa es-
otoi padezíendo , bazc cinco aúos , itiozente ,
•solo poruña mala voluntad que la lengua ca-
lila , I el Todopoderoso sabe. Me han senten-
■ziado a muerte estos verdugos infernales : me
•lian sentcnziado al tormento de la Gota.
■A Dios, paüre, a Dios, madre, a Dios, her-
•mauos; que no se de ellos desde el día 14 de...
c<1814. A Dios , parientes , amigos , compañe-
•ros. A Dios , mundo , (¡ue esta misma tarde ,
«a las tres en punió , me sacan para darme di-
•cho tormento. Pues que no hai remedio : su-
«frir con pazienxia. =' entonto Rui%.»
Sírvase Vd. inseríala en su periódico , i se lo
estimará S. S S. Q S. M. B. =b:i Capitán S. C.
■?JOTA. Se asegura que esta espezie de tor-
«mento de la Gota , se reduzia . a colocar al
'pazienle , eii una espezie de sillón , con una
"argolla al cuello , ¡ sujetos con prisiones los
•brazos i los píes : con lo cual , i con una fuerte
■barra de hierro que le sujetaba el cuerpo , que-
•daba absolutamente sin movimiento. Una go-
«tera le caia sin cesar sobre la cabeza , pcrma-
lueziendo en tan dolorosa aptitud , hasta que
'<la muerte le redimía de un padezcr tan azer-
-bo.»
do la parei , i eiirsjeroii I
ri^deiLr : irompier
77
Ese , con Nota i todo , es el coxnanicado que
trae la Colmena. I no le aduzco, como caso que
yo crea , pues me pareze increíble : sino , por-
que la cierta narrativa de Montes sobre Tor-
mentos , me mueve a nombrar aquí el de fa
Gota ; ya que son bastantes los que piensan ,
usó , a vezes , el santo Ofízio , de semejante
tortura. I , bien podrían nuestros literatos di-
luzidar el caso. Cierto es , que en los diez pri-
meros siglos del cristianismo , fué absolutamen-
te desconozido , el uso de los tormentos , por
juezes i en juiztos eclesiásticos. Alfonso de Aze-
vedo , entre nosotros , lo demostró el a. 1770.
en su Disertazion tan filosófica como humana.
De que suerte , haya habido , luego , españo-
les, i clérigos que hoi viven , los cuales defien-
dan i abonen los tormentos , solo fundándose ,
en que son cosa , de antiguo usada ; no es fazil
ni agradable explicar.
10.
Paj. 217 — 18.
Léanse con atenzion. Tal vez A. Cazalla, por
haber sido quemado en Yalladolid , i no en Se-
villa , que es de donde Montes tomó sus noti-
zias ; apareze hoi con la nota de poco firme.
11.
Paj. 247.
La Inquisizion , en su diabólica i activa cons-
<
78
tanzia en perseguir , no olvidó el tener esnías
apostados , fuera de España. El aserto de Mon»
tes , se ve hoi plenamente justificado con el
Prozeso del Arzobispo Carranza , impreso el a.
1844. Véanse , en dicho Prozeso , las pajinas
401 , 531 , 532 i otras , i se verá en ellas , co-
mo el Reverendo Agustino Fr. Lorenzo de Yi-
llavizenzio ,bucna persona , e docto , era uno de
los espías , quitándose , por supuesto , los ves-
tidos de fraile : que otra de estas buenas pie-
zas , era un mercader español eu Amberes, lla-
mado Diego de Ayala , el cual sabia mui bien,
junto con el Juez 1). Francisco de Castilla , ha-
zer el papel del Iscariote : i que contra los que
mas dirijian su espionaje todas estas buenas al-
mas , era , contra los españoles que , desde
Francfort , enlendian en mtroduzir Biblias , i
libros bíblicos , en España , a los que llaman
libros malos , i de tráfico dañoso : i que de esos
españoles . dos habían huido de Sevilla / i eran
Antonio de Corro é Diego de Santa Cruz , i el
primero era fraile en Sant Isidro de Sevilla , e
es tuerto de un ojo. = Todo esto verá en dicho
Prozeso el que le consulte : i verá la grazia ,
con que , a cabo de rato , salen sus editores
diziendo , que los mismos protestantes han cotí-
fesado que trajeron los salmos traduzidos , a
Cádiz : i versiones adulteradas de los Libros
Santos. Que , no es mala confesión de protes-
tantes : adulterada por su puesto.
79
i2.
Paj. 261 — 262.
En estas pajinas alude nuestro Montes , a
otro de los grandes , i de los mas insulsos e
inútiles inventos Inquisitoriales. A la prohibi-
zion de Libros. — Después de la invenzion de
la Imprenta , los efectos de la prohibizion son
cortísimos , i parziales : i la medida es ilusoria
i ridicula , a la vez. Si asi no fuera , en España
ya no correria uno solo de los escritos prohibi-
>dos , i sin embargo , suzede todo lo contrario.
El santo ofízio , en esta parte , tuvo con sus
prohibizíones > la suerte , que la Real Haziendá
liene con la suyas. Pues , como ésta , crea el
contrabando de jéneros : él creó el contraban-
do de libros prohibidos. Así también el santo
Ofízio , ha sido un promovedor en España , de
las ideas de Reforma. Yo me acuerdo , que ha-
ze años , compré en un pueblo de Galizia , de
un Cura Párroco , « El Católico Reformado » i
después , en un pueblo de Castilla , compré :
«La Imajen del Antecristo.» Estos hechos se re-
piten cada dia , dentro de España : i no hal un
«spañol , que busque libros prohibidos ; que
uo dé con ellos. Las personas , que se llaman
timoratas , mercan ana Lizenzia para leer , i
retener libros , que suelen tener , pero no leer:
haziendo también , de este modo , ridicula e
ilusoria , la prohibizion. Sabido es , que en je-
neral , los españoles , todavía leen poco , o na-
da : i que , sin embargo , suelen por curiosi-
m
liad lener libros proliibidos. El sistema de pro>
liiliiziones , usado por los hombres , es , en los
mas <lc los casos , un delirio , a la par 'que un
delito. Los Gobiernos pueden , i deocn , repri-
mir , i castigar, a lodo aquel , que directamen-
te ataque a la persona , o a la propiedad , de
otro hombre : a todo violador patente de la paz
i orden públicos. Pero , cuando prevalidos de
máximas tan santas i saludables, algunos Go-
biernos , como fueron siempre hasta ahora los
de lispana , comprimen , i tratan de aniquilar
la libertad de los que gobiernan : i con esa ar-
ma de las probibiziones , persiguen a los hom-
bres , hasta (lenifo de sus casas , i les fisgan las
papeleras , i estantes ; i les arrancan las hojas
de sus libros , o se las borran ; entonzcs Ioe
Gobiernos , no solo cometen delitos , i degra-
dan , i desmoralizan , i envilen : sino que nada
consiguen de bueno. Por lo menos , es innega-
ble , que la prohibizion de libros en Bspaíia ,
no nos ha hecho a los españoles , dentro de ca<
sa , mjs ¡nozentes , senzillos i Telizes ; ni mas
respetados i anreziados fuera de nuestro país.
I en cuanto a la puriflcazion , i pureza de nues-
tra literatura , i recta enseñanza de nuestros
entendimientos : seguramente que las probibi-
ziones , poco de bueno habrán produzido :
cuando ambas cosas , las estamos viendo abati-
das , i torzidas de modo ; uue va no es fazil , i
si cosa dificultosísima , el alzarlas , i rectificar ■
las. — Pero , indicados aqui esos puntos : es
dezir , que las prohlbiziones de libros , lejos de
produzír el buen fruto que los prohibidores
manifiestan proponerse ; solo acarrearon males
81
i locuras , sin cuento, a nuestra España : i que
ademas de eso , los Inquisidores , se hizieron
ridiculamente fautores , i promovedores , de lo
mismo que perseguían : ya ornándolo con el
inzentivo del secreto , i del misterio : ya .pre-
sentándolo recojido , i ordenado , en sus Indi-
zes expurgatorios i prohibitorios. — Dejo para
roas oportuna ocasión , el probar con deteni-
miento lo que ahi antezede , respecto a la im-
posibilidad absoluta , i ridiculez de las prohibí-
ziones , después de la invenzion de la imprenta.
Nada prueba mas, el que no son los Papas in-
falibles , que el verlos fallidos , en su empeño
constante . i jesuítico , de prohibizion de Li-
bros. — Ahora , conlrayéndome a Montes, ¡ ya
que él cita ahí paj. 262 a Erasmo, observaré ,
que para levantarse ios frailes contra todos sus
escritos , notándole de hereje [V. la nueva ediz.
de los dos Diálogos de J. de Yaldés , p. 5J , se
prevalieron cabalmente de ese fatal sistema de
prohibizion de libros. Enconados los frailes ze-
lotas contra Erasmo , a quien debieran de ha-
ber agradezido cristianamente , porque les ad-
vertía de sus vizíos , i de los defectos de sus
institutos , lograron se prohibiesen sus obras ,
i levantaron tal guerra , que , a su vez , los es-
pañoles que gustaban de los libros de Erasmo,
Se apiestaron mas ya para lucha , que para de-
fensa : i dezian : « que si no hubiera habido
frailes en el mundo , las obras de Erasmo fue-
ran buenas , i no se habría vedado nada en
ellas.» 1 hasta llegó a quedar en proverbio
aquel dicho de un canónigo de Salamanca :
<iQuien dhe nud de Erasmo , o es fraile , o es
8'i
Asno.' ' 1 , si no hubiera sido , Jize Valdés ,
por el Inquisidor Jeneral Manrrique, liabriao-
6c orijinaüo grandes escándalos. Pues bita :
todo esto , que evitó casualmente , la prudeo-
zia de un hombre , capaz do haierlo por ter
¡nquisidor , i no por ser prudenle : no hubiera
nuilido Buzeder , con .la libertad de imprenta
amplia i erecliva . para ambiis bandos. Los unos
i los otros , tuvieron escuela de intoleranzia ,
en el dogma Inquisiturio de probíbizion de Li*
broa. — 1 , antes de concluir esta Nota , se me
ofreze recordar , los tres vizios , quz ademas
de lo dicho , lleva consigo la Tacultad de prohi-
bir libros que los Inquisidores se arrogan. —
La pruhibizion es discrezional, o arbitraria ,
siempre. — Se prozede en ella snzia i ridicula-
mente. — Ataca siempre la quietud de espíri-
tu . del que lee el escrito prohibido , o expur-
gado.— I , cuando acaeze , que los Inquisido-
res se entrometen a ser editores de un libro
que |>rohibieron ; entonzes , pareze que se mo-
Tai) de loda jnstizia i derei'lio. Vresenlaré bre-
ves ejemplos, en prueba de todo. Como el pro-
liibir , o expurgar uu libro , lo haze el Inqui-
sidor , o la Autoridad clerical que le sustiluye.
mediante lo que cKpoue , o dize , un sujeto que
83
para ol caso , revisa el escrito ; de ahi dimana
lo discrezional, o arbitrario de una prohibizion:
p. e. Hai un librillo de unas i 73 pajinas en
8.°, i no compactas, intititulado «Obras deD. Jo-
sé Somoza. Madrid 1842.» Son juguetes litera-
rios, o pensamientos, del Autor, cuanto abraza
el libro. I, el Autor, es auízá, loque en cierto
país llaman un Freethlnker, maso menos mo-
dificada la acepzion. Pues, a un tal Manuel, que
es Obispo de Avila, se le ocurre, que el libro
es digno de prMbirse por contener^roposi-
úones falsas,
temerarias,
injuriosas a la Autoridad de la Iglesia,
escandalosas,
contrarias a la palabra de Dios,
próximas a herejia,
sapientes hceresim ,
contrarias a la fé,
pemisiosas,
mal sonantes,
erróneas,
inductivas al materialismo i panteistno,
leí Obispo, acaba de aconsejar al Autor, que
como que le sale de suyo, condene él mismo
su Libro , en el término de diez o doze días : i
3ue si no lo liaze, Manuel , Obispo de Avila,
ara un edicto prohibiendo el Lioro. El Au-
tor asegura, que imprimió el libro de orden
del gobierno del ilustre Espartero (son sus pa-
labras), que lo dedicó al Ayo de la Reina, que
cedió el producto de su venta a la Escuela de
Párvulos: i se resuelve, en que no puede con-
denar él su libro : pero que publicará (como en
DD
84
efecto , publicó) el püstoral coniejo . en los pe-
riúdicoB : ¡ concluye pidiéndole su bendtiioH
epiacopal, i besándole el anillo : i nada mas.
Ahora bien : ahí está un libio . que el Jene-
ral Espartero , entusiasta católico , como lo
mostró adoranilo la Virjen del Pilar Je Zara-
goza , asÍBliendo a PrüzesioDes , i otros ac-
tos , tuvo por bueno : un libro cuya dvilicato-
ria admitió el Ayo de la Reina , de la cual dijo
Pío IX , al rezibir al Embajador Marlínrzde la
Bosa , en Agosto de 1848 , que era una Rñna,
que haúa la feliíidad de España : 1 un libro ,
cuyo Autor se muestra tan católico que siente
no poder deferir al consejo pastoral, o pastoril,
de BU obispo i i le pide su bendiziun , i promete
besar su anillo : i ése libro , tiene que prohi-
birle Manuel Obispo de Avila , nada menos que
por dtite lazones , o motivos : si antes no se
presta a prohibirle el mismo Autor. ¿ Que cosa
Suede ser mas arbitraría que esta , en materia
e libros , ni mas ridicula r El uno se escuda .
con que no puede condenar el libro , porque el
Jcneral . i el Ayo , i la Escuela de Párvulos le
abroquelan : el otro , Manuel , Obispo , dize que
no puede dejar de prohibirle , porque los clé-
rigos , que le examinaron , le dijeron etc. nlc.
I todos estos caballeros , Autor , Obispo , Jene-
lal , Ayo i Examinadores , andan ahí como a la
rueda , i de un modo grotesco , para encubrir,
i descubrir cosas , que pueden muí bieu ser
ciertas i también pueden no serlo. I entretan-
to.. la verdad . . aparcze en el fondo de todas
esas miserias , diziendonos : que la libertad i
dignidad de un pais no se establezieron nunca.
85
sometiéndose ««n ronzeria a prohibisiones de
libros . besandb anillos de Obispos , que se tie-
nen a la vez por Ilustrisimos , i por Pastores ,
ni peanas de Yirjenes de palo , ni engalanándo-
se con la virtud i el mérito , de educaziones no
hechas. Cuento el caso : pero ni lo extraño : ni
lo cargo a ninguno de los contendientes. José i
Manuel , ambos tienen razones , i alegan razón.
Yeamos ahora como se practican los expur-
gos de libros. El expurgador se provee , ante
todo , de unas tijeras , un poco de engrudo mal
hecho , unos retazos de papel , i un tintero ,
plumas etc. Co^ el desdichado libro que va a
expurgar : i en el emplea (según su discrezion
i arbitrio) todos los utensilios que preparó , o
solo parte de ellos. En libros]semejantes p. e. al
de Gregorio Giraldo Hislorice poetarum etc.
Ediz. de Basiiea^^de 1545 ; no se haze , por lo
jeneral , mas que borrar , i manchar el libro.
Siempre p. e. que se imprimió en el tal libro
divus Plato ; el expurgador borra con tinta
bien negra la voz dtvus. Lo mismo si a aque-
lla buena alma deG. Giraldo , se le ocurrió de-
zir algo contra la codizia , i avarizia de algunos
clérigos , entonzes se borra también aquello.
Véanse las pajinas 47, 370, 311 , 562, 662, 938,
39, i alguna otra mas , del dicho libro. En este
caso, con áccido oxálico , u otro deterjente ,
puede lavarse la borradura : i aunque el libro
queda manchado , se haze lejible el expurgo.
Hai algunos expur^adores , que sobre lo que
borran, echan arenilla , i sobre ella, pegan con
engrudo , un retazo de papel. A vezes , pegan
«ina hoja , con otra del mismo libro , tijere-
85
sometiéndose <c*o ronzeria a prohÉbizionei de
libros , besBQdb anillos de Obispos , que se tic-
neD a la vez por llustrisimog , i por Pastores ,
ni peanas de Tirjenes de palo , ni engalanándo-
se con la virtud i el mérito , de educaziones no
liecbas. Cuento el caso : pero ni lo estraño : ni
lo cargo a ninguno de los contendientes. José i
Manuel , ambos tienen razones , i alegan razón.
Veamos ahora como se practican los expur-
gos de libros. El expurgador se provee , ante
todo , de unas tijeras , un poco de engrudo mal
hecho , unos retazos de papel , i un tintero ,
plumas etc. Coje el desdichado libro que va a
expurgar : i en el emplea (según su discrezion
i arbitrio) todos los utensilios que preparó , o
saín \\nne. de ellos. En liliros'semejantes p. e. al
de Gregorio Girnldo ¡UsloritB poetarum etc.
Ediz. de Üasilua^de 1543 ¡ no se haze , por lo
Í'eneral , mas que borrar , i manchar el libro,
iiempre p. e. que se imprimió en el tal libro
divus Pialo : el expurgador borra con tinta
bien negra la voz divus. Lo mismo si a aque-
lla buena alma de G Ciíaldo . se le ocurrió de-
lir algo contra la codizia , i avarizia de algunos
clérigos , entonzes se borra también aquello.
Véanse las pajinas 47. 370, 311 , 562, 662, 938.
■ alguna otra mas , del dicho libro. En este
JH áccido ex.ilico , u otro deterjente ,
.ovarse la borradura: i aunque el libro
r manchado , so haze Icjible el expurgo.
Wtios expurg:Hlui'es, que sobre lo que
litchan arenilla . i sobre ella, pegan con
, un retazo di' ¡lajwl. A vezes , pegan
, con otra dül mismo libro , tijere-
»e hazen editoreM de lo mÍBinn qae prohibieron,
advirtiéndolo . pero Bolo al comienzo , lo qu«
viene a conTunair , de suerte , que el Autor di*
le , lo que no dijo. E8te>nreda ae entenderá
trayendo un hIo ejemplo 'i no mas por la bre-
vedad. Bien coDOtido es el Eüsebio : obra del
Jesuíta D. Pedro Hontengoo. Publicó , por pri-
mer vez , este libro en 4 toI. 8.' mayor prolon-
Ssdo , el impresor D. Antonio de Sancha, el a.
e 1786. Viendo la Inquisizion, que apesar de
haberla prohibido , la obra se leia por muchos:
promovió una JViieva Edision de ella , el a. de
1807 correjida con permiso de laSuprema iJe-
neral Inquisiiim. Con Usensia. También en 4
vol. en 8.° aunque mas peqnc&os que los de la
primera ediiion. Las alteraziones que autorizó
el Santo Ofiíio en ésta Obra , ademas de ser
muchas , son de tal calidad , que habiendo su
Autor querido enseñar i dezir una cosa , se le
haze ex{>reBar la contraria: i esto ,' porque
ios Inquisidores |>ermitieron hazer las varian-
tes , i supresiones, sin señalarlas. Véanse es-
tos pocos |>asos. La 1.' Ediz. pone la Dedica-
toria del Autor , a D. Simón Rodríguez Laso ,
que fué Rector del Colejio de espafioles en Bo-
lonia. La inquisizion suprimió esta Dedicatoria,
sin duda porque R. Laso , era Canónigo i Clé-
rigo ; i no parezer convenible, que un clérigo,
admita Dedicatorias , de Libros como el Euse*
bio del a. 1786. El primer periodo del Prologo
dize asi : 'El hombre es el objeto de este libro:
las costumbres i las virtudes morales son el ci-
miento de su Relijíon • La Ed. de 1807 le varió
asi : lEl hombre es el objelo'de este libro. El
89
culto exterior e interior que ü dAe a su Dios ,
es el objeto de su Bdijion.» — Ahi , ademas de
basar dezír a Moniengon , lo que no dijo , se le
atribuyen absurdos : pues llama objeto de la
Relijion , lo mismo que dize que es relijion. /
ésa es la única frase , que del corto prólogo del
Autor , se dí^a conservar en su mas largo
prólogo el Editor Inquisitorio. — El primer toI.
paj. 3. 1/ Ed- se lee : «La casa manifestaba en
sus estanzias i muebles , todas las comodidades
sin ostentazion » i d aseo de un rico Cuákero ,
sin lujo,9 I a esta ult* frase añade el Editor in-
quisitorio «i el aseo i primor de un rico Cuáke-
ro sin lujo > I cabalmente los Cuákeros evitan
eso de ser primorosos. En la paj. 4 se retrata a
la Cuákera Susana así : «Instruida en las letras
«sagradas , i dotada de una dulze elocuenzia ,
era tenida por la mas cabal predicanla de su
secta.» El editor Inquisitorio varió la ult. frase
así : «era tenida por la mas cabal predicanta de
«su secta rídictda en muchas de sus ceremonias
•i ritos » I , ademas de que no lo dijo Monten-
gon, se le atribuye, con eso, otro absurdo , pues
los Cuákeros , no tienen ceremonias ni ritos ; i
asi , por ese lado , no es secta ridicula. En el
tomo 2.° al hablar de los Cuákeros primeros , i
de Jorje Fox , se lee el siguiente trozo que díze
asi en ambas Ediziones :
Edizion orijinal.
¡Buena jente ! esclamó
el viejo, ¡buena jente!
me acuerdo todavía del
Edizion Inquisitoria*
¡ Buena jente ! dize el
Castor. ¡ Buena jente I
lástima que hayan in-
90
oriien de eaa sectti. Si
todas bs que fueron
naziendo en Inglaterra
hubieran tenido el mis-
mo eapirilu , a buen
seguro que no hubiera
sido este pais el mas
sanóle n lo teatro del
furioso fanatÍBmo : por-
que : jde que horrores
no fui testigo?
jConoiistets , pues a
Jerje Fox? le pregunta
Hardil. Noaololeco-
Bozi , dijo el viejo , sino
aae también le oi pre-
icsr , siendo yo mu-
chacho , en la plaza de
de la ciudad de Lancas-
tro. Iba vestido con
una medía casaca de
baqueta , i la cabeza
cubierta de un ruin
sombrero , que no se
quitaba a ninguno. Vt
también atormentar en
Londres a otros Cuá-
keros sus diszipulos ,
perseguidos de Crom-
well : 1 os aseguro), que
era espectáculo digno
de admirazioD , la pa-
Eienzia con que sufrían
todo jénero de injurias
troduzido en so secta ,
algunas ridiculas ex-
travaganzias.He acuer-
do todavía de su ori-
jen. ^ConoEisteis pues
a Jorje Fox? le pregun-
ta Hardil. ¡ 1 cómo si
lo conozi ! responde el
viejo. Le oí predicar
siendo yo muchacho ,
en la plaza de la ciu-
dad de Lancaster. Iba
vestido con una media
casaca de baqueta ,:lle-
vando siempre cubier-
t» la cabeza con un
ruin sombrero , que
no se quitaba a nadie.
Vi también dar tor-
mento en Londres a
otros Cuákeros, perse-
guidos por CromweII ,
aunque después los fa-
Torezíó él mismo.
i malos tratamientos :
aunque después Crom-
well , cuando le pare-
zió que le podía traer
cuenta , los fayorezió.
Nótese, cómo aiíade i quita , en ese párrafo,
el editor Inquisitorio , a yezes con sentido , i a^
vezes sin él. Pues nada mas propio , que el que
un Inquisidor suprima los testimonios dados a*
fator de la pazienziai esfuerzo de los compañe-
ros i amigos de Fox , i llame ridiculas extra-
vagansias , todo lo que no agrade al Santo Ofí-
zio. Pero , ¿en aué sentido cabe, el que un In-
quisidor , introduzca ahi esta frase : « Lástima
que hayan etc. ? Porque , pareze , que si no tu-
viera la secta de los Cuákeros algunas ridiculas
extravaganzias ; los inquisidores , nada encon-
trarían que reprobar en ella. I mas de suponer-
se es, cuando se dejó antes el elojio de , ¡Buena
jentel i eso , ya publicada la Advertenzia V im-
presa en el último Indize , en la paj. 4 [i paj.
XXXIII , de la Ed. del a .1790]. — Podrían citar-
se ,. creo, centenares de variantes , semejantes a
esas , en los cuatro tomos. I yo veo , que esa
manera de prozeder es ya de falsarios menda-
zes , no que de remirados Inquisidores. Mon-
t'Cngoa no les dio el derecho de usar de su nom-
bre: i ellos , ni aun debieran de haber admitido
tal lizenzia , aunque se la hubiese dado. Ade-
mas, por lo que toca al estilo , i descuidos lite-
rarios del Eusebio , que sin duda los tiene ; el
editor Inquisitorio , por casualidad corrijo uno
que otro : i , al mismo tiempo , quita algunas
93
bellezas , i lo que es peor , le cuelga algunos, a-
muchos desaliños.
Esos , i otros , son los patos por diHide se-
camina en la prohibizion , correciion , i expur*
fo de Libros en España : í ems pasos continúan
cmpeflados en dar , aquellos mismos clérigos ,
frailes , golillas , i militares , que sin tiento , i
■in ré , entregan atado este mísero país, a mer*
zed ik potestades eitraflas , solo por sostener-
se en me;Muinog empleos , unos cuantos afios.
Ignoro si España poorá ver , o no , días alegres,
mientras no haya en ella , una completa liber-
tad relijiosa , i mientras no siga c«da espaflol
voluntaria i libremente , eljénero de relijion
que le dicte su espiritu : — pero lo que no igno-
ro es , que la prohibizion de libros , i la tiranía
relijioBU que pesa sobre nuestro pais , no le ha
becbo mas que daños indezibles , por espazio
de cuatro siglos : ¡ que , bajo tal sistema , el cle-
ro de España también , es en ieaeral , el mas
atrasado i descreído , de todos los cleros , que
se apellidan cristianos. Ni la virtud , ni los ta-
lentos , i buena inlenzíon , que puedan t«ner
varios individuos que pertenezen al clero, bas-
tarán nuQi^ , a remediar el vizío inherente a
un sistema relijioso basado en la compulsión i
la fuerza , í orijen , de todos estos miserables
extravíos de prohibiziones , i dezisiones huma-
nas , respecto a relijion. Esta, en cada uno de-
be ser voluntaria , i para serlo tiene que ser
libre. El poder de la Autoridad humana . des-
pués de la promulgazion del Evanjelio, en ma-
teria de relijion , está bien claramente deslinda-
do , a mi parezer , i limitado también , así en
93
los Gobiernos , como en los Individuos. Solo
puede consistir , en la promulgazion del Evan-
jelio , en el esparzimiento de las Escrituras » i
de solo las Escrituras , en el lenguaje de cada
pais : i a eso únicamente extenderse , puesto
que la realidad de relijiosa creenzia en cada in-
di ?iduo , solo él mismo , entre los hombres ,
puede conozerla : i , por eso , toda responsabili-
dad relijiosa es individual ; i solo juzgable por
el Hazedor de los hombres. I en este punto ,
tiene también una aplicazion mui importante ,
i segura , el paso de la i.* Epístola de S. Juan
que leemos , en el cap. II t. 26 ,27. I ^ en
cuanto a la ignoranzia , que puede acarrear i
fomentar la prohibizion de libros , sin valemos
de otro ejemplo qne del ya citado , del Eiise-
bio. A la prohibizion de libros^ puede atribuir-
se , el juizio que hizo de dicha obra D. Juan
Sempere i Guarinos , en su Biblioteca Espafio-
la t. IV p. 75 Ed. del a. i 787 : i a la misma cau-
sa , la manera con que presentan a Jorje Fox,
los Autores, o traductores de la Biblioteca Re»
lijiosa, en el t. 3.° pajinas 182 - 92 Ed. de Ma-
drid del a. 1850 a 1851. Con libertad de Im-
prenta , el escritor del a. 1787 habría podido
expresar libremente su sentir : i los escritores
del a. 1850 no se habrían fiado tanto en la ilusa
credulidad de sus adeptos , i secuazes.
94
15.
Paj. 247.
La Terdad de lo que en esa paj. refiere Mon-
tes , la corrobora el prozeso del Arzobispo Ga-
rrama , antes menzionado , baze poco , impre-
so , en la Coleczion de Documentos inéditos.
14.
Paj. 324.
Lo que asegura Montes , en esta pajina , lo
comprueba , el Indíze , o Catálogo , que formó
D. Juan de triarte de los Papeles , o Archivo
de Salazar , que existia haze años , en la libre-
ría del convento de Monserrate de Madrid , i
ahora , si no me engaño , en la de la Academia
de la Historia. Bajo el n."" 320 de ,los cajones
rotulados , se menziona , en dicho Indíze , una
canzion coutra Cazalla , hecha por un fraile »
la cual comienza :
A la caza , cazadores ,
pues tanta caza se halla.
A caza : a caza ; a Cazaíla.
I, añade , que no sin misterio se llamó Ca^
zalla al primer hereje. — Ahora si , a Cazalla ,.
a quien tuvieron ellos por arrepentido , i biena-
venturado , le agasajaron con esa canzion , que
no respira , seguramente los sentimientos ex-
presados en los vers. 14, 15 cap. iii. I- Ep. de
S. Juan ; — ¡ qué clase de versos , na dirijirian.
\ contra Constantino !
4
\
t
f
95
Í5.
Paj. 330.
He puesto ahí , bajo del escudo , esas pala-
bras que se leen en uua obra del Dr. Constan-
tino , no solo porque son una traduczion del
dicho latino que orla el escudo ; sino porque ,
tal vez , recordándolas Montes , i recordando
el destino del que las escribió en la üSuma de
Doctrina Cnsttana» ; hizo fin con ellas a su
libro.
En la paj. 328 , se extiende Montes a elojiar,
sobre todas las obras del Dr. Constantino , la
que intituló «Confesión de un Pecador.» Yo creo
que esta obra debió imprimirse en Sevilla antes
del a. 1551 pues el Privilejio , que viene a !a
cabeza del libro ya citado » de la Suma de Doc-
trina Cristiana , i el cual se le despachó el a.
1548 comienza de este modo. «El Prinzipc. Por
«cuanto por parte de vos el doctor Constan ti-
«no , vezmo de la Ciudad de Sevilla , me fué
•hecha relazion , diziendo : que vos , por ser-
«vizio de Dios nuestro Señor , hezistes e orde-
«nastes cinco libros , intitulados el uno Confe-
«sion de un pecador : i otro , Doctrina Chrís-
«tiana : i otro , Exposizion del primer psalmo
«de David , Beatus vir : i otro Summa de Doc-
«trina Christiana : i otro, Catecismo Cristiano
«para instruir los niños : que eran obras muí
«provechosas.» etc. Pero , como luego , a causa
de la prohíbizion i persecuzion inquisitoria , se
han hecho tan raras todas las obras de esta cía-
!to : yo no he visto b Confesión de un Pecador,
sino traduzida a) Snmét , en el libru ¡nlitula-
i\a: Hittoiredet Martyn. EA. del a. iG08 lib.
8." paj. 502 , TUelU. I de aquí , la pusieron los
oditores de la MÍMCrilanea Grottingana, ed- de
17l>0 ea el tomo ti. p^j. 459.
TABLA DE NOMBRES :
I DE ALGUNAS COSAS NOTABLES.
Pajiaas.
Abuso de la Confesión auricular. 92, 201 , 205.
Arellano (Cristo val de) 255.
Arias (Garzia) , llamado lambien el Mro.
Blanco 258.
Artes notables de los Inquisidores » para
cazar a sus perseguidos ; i sutilezas
para deslumbrarlos. Véanse , con aten-
zion . las paj. 8, 9. 27. 28, 33. 41, 45,
66—69. 82, 84, 86, 95, 100, 105, 109,
155 , 167. 177, 183 i otras.
Auto de Fé en Sevilla , a 24 Setiembre
1559 219.
Auto de Fé en Valladolid (Apéndize) . .31.
Azotes. Cómo los dábala Inquisizion 151 -
52, 154.
Baena (Isabel de) , . 229.
Su casa , eseuela de relijion 230.
Derribada i asolada . por los Inquisidores. 233.
Belga : que se libra , por su serenidad ,
el a. 1566 10.
Benavides (Gaspar de). Alcaide en la In-
qnisizion de Sevilla 119.
Blanco. £1 Maestro Blanco. Y. Arias.
Bohorques (María) 229. — Su edad . 230.
— Su erudizion grande en la Biblia ; i lo
(jue de ella dezia el Dr. Ejidio, 231. —
Él trato inhumano que la dieron hasta
el eadahalio ni7 i 232.
Boborques (JuaDa). Hermana de Dofka Ha-
ría. Fué presa, i cruelmenle tratada. 197,198^
Burlón (Muolas) 190.
Calabozos de la inquisizion ,112, lf5. —
Véase también en el Apéndize . . . 22.
Carranza de Miranda (B) 297.
Cevallos 262.
Qérigog adúlteros. Dos fc'élloa , qué ha-
zen : .210.41 i 214.
ConfesiDa auricular. Notable abuso de
ella , i su impunidad . . . . 201 , 205.
Confesores de los presos .... 92,105.
Constantino Poiize de la Fuente (Dr.) It 1,264,
277 , 278. 293 , 503.
Copiadores de versos. Castigados . . . 215.
Córdoba (Pedro de) 262.
Coroné! , o Cornal (Haría] 229.
Criada del Alcaide llenaTÍdes, 122. Casti-
gada por compasiva. [Véase González] . 123.
Crueldad indecente de los Inquisidores 89 - 71.
Chaves (Francisca de) 250.
Degradazion. Ceremonia Inquisitorial. . 15%
Delazionea del Hosca. Fuerza que tienen. 102.
Donzeila piadosísima, quemada en Sevilla. 198,
Donzblla cneaüada i atormentada: quien era 87.
90.
Ejidio 295.
Ejidio. V. Jil.
Enistola Consolatoria , reimpresa en el a.
1848 234.
Erasmo , 202 — i en el Ap 81 .
Ermitailo , que se acusó de hereje. . . 212.
Españoles , que dejan a Jinebra . i pasan
a Inglaterra 246.
Espías apostados fuera de España . . 257.
FernaDoiez (Julián , o Juliánillo), 237. In-
troduze Biblias en castellano, 238 ,254.
Muere Talerosamente 244.
Fernandez (Juan) » 248. Yítíó con el Dr.
CSazalla. [Véase también el Apéndize] . 248.
Fox. Véase , Monillo.
Frontón (Juan). Como prozeden con él 191 - 95.
El Trad. indes le llama John Fromton,
ciudadano de Brístow.
Gaseo (Lie. e Inquisidor). Su carácter i
condizion . 175. —Sus arterías. . . 193.
González (Juan). El Predicador . . . .225.
González de Montes. Véase Montes.
González (María). [Este es el nombre, que
seguñ Llórente , tenía la criada del Al-
caide Benavides. I añade , que era natu-
ral de Utrera], V. Llor. t. iv. paj. 97 . 122.
González de Munebrega (Juan). Obispo e
Inquisidor. 96 , 97. — Su poca instruc-
zion , í su mucha inhumanidad, 98. —
Su Fausto i pasatiempos. 99. — V. tam-
bién , pajinas . . . . 192 , 208 , 210,
Gonzalo. Véase González Munebr^a.
Guerra 262.
Hermanas del Predicador J. González .sa-
crificadas en Sevilla a. de 1559 . . . 227.
Hernández (Julián]. V. Fernandez.
Herrera (Pedro de). Alcaide en la Inquisi-
zion de Sevilla 116.
Inglesito preso en Sevilla. 128. — Llamá-
bale el Alcaide magnum hwreiiculum o
grande herejito 129.
Inquisidores. Siguen las Máximas de Ti-
berio. 208. — Suclemenzia. 210, — Có-
mo defienden b Pé d« Cristo. 311.—
Como calHinnian a loa qne mirtirixan.
317 — 18. — En ioslmczion , segon
Arias , arrieros de borros .... 379.
Italiano. Cojido ••tuUmeDte en Sevilla . 9.
Jil(Dr.Juan). 231,351,253,364,277,381.
Jnan Crisóstemo. No se diie su apdlids.
Quemado en Sevilla 258.
Jaliano Apóstata. Imitado por los Inqui-
dores , en lo malo 94.
Juramento que eiijia de todos, b Inqnisi-
zioD, en los Autos deFé 156.
LeoD (Juan de) 344.
Losada (Cñstoval de). 252.
Llorenle(D.J. A.]. Citado euTlasp. 97,
11 1 , 248 , i en el Apéndue . . .1-5.
Manso 262.
Matrona presa , con sus dos hijas , en Se-
villa , azia el a. 1558 87.
Heditazion profunda e intensa de las cosas
celestiales , puede acarrear locura . , 263.
Holonlo , Inquisidor : recorta una hos-
tia. Prólogo 26.
Montes (el Autor). Padezió en Sevilla . . 189.
Pudo ser mome en S. Isidoro , afueras
de la ciudad. Nótense bien las p. 358 • 81.
Habla con el Dr. Ejidio en la carzel . 300.
Moro , preso por la lnquÍBÍzion , i dicho
agudo suyo azerca de ella . . . 131-32.
Horzillo [En el primer Rejistro de la Tr.
de Skinner se llama Francisco Foxio
Horzillo , i se aflade , fué hermano del
escritor ea FilosoGa Sebastian Fozto
Morzillol. Convertido en la carzel por
Hernando de San Juan 236. Quemado
el a. de 1559 ,....•.. 237.
Moscas. Quienes i coales eran. . 100 , 103.
Mujer loca. Lo que por ella suzede el a«
1555 50,51,
Olmedo lil.
Orazion. Cual debe ser. , . * . . 268.
Pajezicos de los Inquisidores. Como los
quieren i autorizan 209 - 10.
Pena de muerte: i de qué manera la apli-
caban los Inquisidores .... 160 - 62.
Ponze de la Fuente (Dr. Constantino).
Véase Constantino.
Ponze de Lean (Juan). Hijo del Conde de
Bailen , D. Aedrigo de León . . . ^ 219.
Preso en la Inquisizion , que qnizá fuese
el Autor 175.
Presos i quemados en Sevilla a. 1559 . . 240.
Regalos. Modo con que los Inquisidores
los rezibían 137-38.
Rebukin [Quizá d. d. Beuchlia. En el ori-
jinal : erat nomen RebukinoJ . . . 196.
Reinado de Cristo. Su diferenzia del de
Satanás. I cual de ellos aumenten i pro-
paguen los Inquisidores 216.
Respuestas de los Inquisidores » a los pre-
sos , en invierno , o en verano . . .155.
Rodríguez (Dr. Fernando). Confundido
por Julianillo . . > 243.
Ruiz (Gregorio) . 265.
Sambenito. Reirse de él , cosa peligrosa . 185.
Sancbez (Juan). Véase Fernandez . . . 248.
San Juan (Fernando). [N«eíó en Málaga ,
según el Rej. i.** en SK.l. 234.— Fue
arrastrado semi destrozado dtíl tormen-
to , d calabozo 235. Quemárode , sin
miitarle la mordaza ^7.
Sellos que diBiinguen al aeguidor del
Evanjelio » i al oe la Carne .... 97.
Sevillano, acusado » i castigado, por ami-
go de economías 2i3.
Sinzerídad i senzillez para con los Inqui-
sidores , de qué sirven . • . .30-33.
Sixto lY . Sus armas bordadas en el estan-
darte de la Inquisizion . • . , . 149.
Soto (Domingo de). Sagaz ajesuitado . . 298.
Su maldad con el Dr. Ejidio, . . . 300.
Toca. Utensilio inquisitorio, — Una Toca
se encontró, creo, el a. 1820 en la Inqui-
sizion de Barcelona. — Véase deserita248-49.
Tormento. — Como le daban : 67a 82.-^
Cuanto doraba : 76.
Tormentos. Cuatro de los mas usado^por
los Inquisidores 72.
Valdés (Juan de). Véase citada la Ed. mo-
derna de sus «Dos Diálogos» , en la Nota. 201 .
Vargas (Francisco de). Hombre prinzipal.
Sefior de Higuera 197 , 277.
Vargas 293.
Versos de doble sentido , que corrían en
Sevilla, en alabanza i vituperiodeLuther.215^
Vibar. (Véase Juan Fernandez),
Victimas de la Inqjuisizion. Para calcu^
lar su número , léanse con atenzion las
pajinas 189-90.
Virues (María) . 229.
Viuda presa por la Inquisizion de Sevilla.
I como la despoja de sus bienes . • . 84.
Zafra (Francisco). [Hijo de Juan de Zafra,
que fué quemado el a. 1559]. ... 52.
Zelo de los Inquisidores. De qué clase es . 107.
FE DE ERRATAS.
PRBFAZION DEL MOr^TES.
^in. Lineas Díse. Debe dezir.
12 7 de des
15 24 colojia colejiál
90 10 oontumaaon contumázia
21 II los lo
TEXTO DEL MONTES.
4
al marjen
47
4
20
11
29
19
49
17
56
6
71
10
77
En la Nota
81
6
85
19
117
4
154
En la Nota
163
1
468
6
168
24
169
25
17i
17
177
13
178
14
181
34
183
18
186
11
22 . léase 5
mal : o malo :
multiplica maltiplican
para la para
releve revele
la circunspecsion circunspeczion
estarles serles
reiaut rei aut
último intimo
sutiles , sutiles
siquiera un cuarto de hora
venditar um venditarunt
se echan encima se echan de encima :
Ir. lit. der.sibi probó
«X cussise : del orij.
j)Oveeria proveerla
sagazidad , sagazidad
acostumbrada acostumbrada »
sobre todo sobre todo ,
purificadas purificados
I sig. debe leerse asi.
Todas estas direren-
lias de cárceles , son
a semejanza del Pur-
gatorio.
seber saber
iucupable inculpable
cuales cual es
IDO Al n»rjfn piU pacilo ITJ , por
m ii uBon uOora
300 n Siílon Sefton
Sgg il cuino •!••■ os
SU NoHjili (Dnm qu"",
34U I lemvHCia lermialOQ
ai9 54 e> IM
SiS NoU b Bdeain *u c"
S8Í 11 Fillulnurjínaln."
aUdetiEdu.lalioi-
gee ^0U a Injonü "**^_>
«9 EdUKoW i
En l> paj. 2M al n.^ *- del miri*» . J«b«
APÉNDIZE.
r ibBiiaiigin« prMCriban i)<«n»»
el pro al pro
exfuico oxálico
Blasfemia, Kasfemias
Erímera cdamna , sobra el - de
io. A bio , a
Loe derecto»3de imprenta , si la intenzion se desapanona , o
■o se notan , o se disimulan.
82
23
85
28
86
17
90
18
95
17
Vaelto a requerir B. Wiffen , sobre la copia del MS. en poder
de J. Mendham : este último ha tenido la cortesía de remitir
otra Tes el MS. i B. W. la bondad de repasar los puntos quo du«
daba yo estn-viesen con fidelidad trascritos. [Véanse en el Apén-
dice , las paj. 46 - 65J. De este nuevo coorronto , resultan las
siguientes correcxiones.
En la ps^'. 47 Un. 21 dize el ms. «dicha causa tuviesen gran-
disimo cuidado» i dilijenzia en el castigo, dándoles todo el ca-
lor i favor que tan etc.
Paj. 56 fin. 4 «suplicarte le alumbrase.» — Esta equivocazion
del copiante , fué torpeza en mi no conozerla , i correjirla , con
las dos -siguientes.
Paj. 58 lineas 16 i 21 «regaladoi i «sujeta» : en vez de reglado
i st^esta.
Las demás aquí no correjidas , i que llevan al marjen la se-^
nal Y* » son efectivamente yerros del MS. de J. Mendham.
En la paj. 30 lin. 4 del Apéndize , debí' añadir que B. B. Wiflen,
publicó en el «Fríend» números 95 i 95 correspondientes al a.
1850 * dos Autos de Fé zelebrados , d uno en Madrid el Domingo
12 de Enero de 1621 en el cual asistió «omo familiar del Sanio
Ofizio , nuestro poeta Lope de Vega Carpió : i el otro en Sevilla ,
en 30 de Noviembre del mismo ano de 1624.